sábado, 15 de mayo de 2010

HUEHUETEOTL

Huehuetéotl-Xiuhtecuhtli era el dios viejo y del fuego de la mitología azteca. Su culto se remonta a las primeras civilizaciones mesoamericanas, pues su figura fue encontrada en asentamientos muy antiguos como Cuicuilco y Monte Albán en México.

Al igual que la mayoría de los pueblos primitivos, los pueblos precolombinos concebían el universo en tres niveles: el celeste, el terrestre y el inframundo. El nivel terrestre tenía un centro fundamental expresado a través del templo principal donde habitaba Huehuetéotl-Xiuhtecuhtli y de donde partían los cuatro rumbos del universo, o cuatro puntos cardinales. Huehueteotl ocupaba el axis mundi, o “centro del mundo”, pues era no sólo el dios del fuego sino además el abuelo de los hombres y el dueño del tiempo.
Como elemento de la naturaleza, el fuego tenía su dios particular, una divinidad solar y por lo tanto, asociado al calendario, que los aztecas llamaban Huehue-téotl, o “el Dios Viejo”, debido a su antigüedad.
También se lo llamaba Xiuhtecuhtli, que quiere decir –entre muchos de sus significados- “el Señor del año”, y se lo representaba como un anciano sedente cargando un brasero en su cabeza para encender el fuego. En este brasero aparece la cruz que se repite en las figuras de los sacerdotes de este dios, pues Huehuetéotl representa una de las más viejas concepciones del hombre mesoamericano y era el centro en relación con los puntos cardinales que marca la cruz que lo identifica.
Al final de cada siglo azteca –el cual duraba 52 años- se celebraban rituales en honor de Huehueteotl-Xiuhtecuhtli para evitar que los dioses abandonaran a los mortales. Dentro de estas celebraciones se realizaban sacrificios humanos en los que se inmolaban a un cautivo ataviado con el ropaje del dios tras haberle extraído su corazón. Otro ritual descrito por los cronistas españoles era la ceremonia del fuego nuevo en la cual se encendía fuego sobre el pecho del sacrificado.
Xiuhtecuhtli tenía una contraparte femenina llamada Xiutecihuatl o “Señora del año”, y ambos eran personificaciones de los padres de los dioses y de la humanidad. Se pueden ver representaciones de este antiguo dios del fuego en relieves y estatuillas de carácter litúrgico, donde presentan sus atributos iconográficos correspondientes; sin duda una de las figuras divinas más representativas del arte precolombino.

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