domingo, 17 de mayo de 2015

LOS SECRETOS DE LA LUNA


          Empezaremos a hablar hoy sobre un profundo tema, algo inquietante, que a pesar de ser de tipo cósmico, sin embargo está relacio­nado en alguna forma con la autorrealización íntima del Ser. Quiero referirme, en forma enfática, a la Luna (conviene que conozcamos las influencias de la Luna, y la relación de és­te satélite con nosotros mismos y con el planeta Tierra en general).
            Hay dos teorías contradictorias en relación con el satélite lunar. La una asegura, en forma enfática, que la Luna es un pedazo de Tierra disparada al espacio; son varios los autores de tipo pseudoesotérico y pseudoocultista que preconizan tal teoría. Se asegura que hace unos cuantos millones de años, cuando el Cometa Condoor cho­có con nuestro mundo Tierra, dos fragmentos de éste, nuestro planeta, fueron disparados al espacio (he ahí las dos Lunas; porque si bien es cierto que la gente cree que tenemos una Luna, en realidad de verdad tenemos dos Lunas. La otra es tan pequeña que realmente sólo se percibe, a través del telescopio, como un grano de lenteja. Es de unos cuantos kilómetros, está bastante alejada de nuestro mundo Tierra, se le denomina "Lilith". Y gira alrededor de nuestro mundo; es la Luna Negra). Más no nos vamos a ocupar ahora de Lilith; es necesario que nos ocupemos de este satélite que nos ilumina en la noche, porque guarda íntima relación con la parte psicológica, ínti­ma, de cada uno de nos.
            En nombre de la verdad hemos de decir que éste, nuestro satélite, es más antiguo que nues­tro mismo mundo Tierra, y así quedó demos­trado ahora con las pruebas del Carbono 14. Se han examinado cuidadosamente los guija­rros traídos por los astronautas, y definitivamente quedó aclarada tal tesis.
            El mundo oriental afirma, en forma enfá­tica, que la Luna es la madre de la Tierra (he ahí dos posiciones ante este satélite, y nosotros tenemos que desentrañar, pues, su misterio). ¿Es un pedazo de Tierra disparado al es­pacio? Así lo aseguran muchos pseudoesote­ristas, y hasta esoteristas famosos. ¿Es más antigua que la Tierra? Así lo afirma el mundo oriental. ¿Cuál de las dos tesis será exacta? Los hechos tendrán que hablar.

            Cierto autor, cuyo nombre no menciono, porque en verdad nosotros no debemos en modo alguno criticar a nadie, se atrevió a decir que "es un planeta nuevo, que está naciendo, que está en proceso de formación", y "que vampiriza o succiona a la Tierra; que vive de la Tierra"; pero los orientales dicen que "la Tierra es quien lo vampiriza a él"... ¿Quién tendría razón? Remitámonos a los hechos. Los astronautas han estado en la Lu­na, ustedes lo saben, nadie lo niega. Se han to­mado fotografías, y no hay nada que esté demostrando que la Tierra está vampirizando a la Luna; si la estuviera vampirizando, habría vida en la Luna ya, y resulta que parece una bola de billar: volcanes apagados, mares sin agua, arenas y más arenas, guijarros y más guijarros, enormes rocas, y nada de vida ve­getal ni animal. Entonces los hechos están demostrando, que no está vampirizando a la Tierra; en cambio la Tierra sí está vampirizando a la Luna, a la que ya no tiene qué vampirizarle: tiene rica vida mineral, vegetal, animal y humana, es decir, se absorbió la vida de la Luna. Son los hechos, me remito a los hechos: si la Luna estuviera vampirizando a la Tierra, tendría vida, y está bien muerta.
            Dicen los orientales que "es la madre de la Tierra" (estoy de acuerdo con ese concepto). Pues, ¿cómo podríamos saber algo en realidad sobre la Luna, algo que no fuera la mera repetición de lo que dicen los orientales y de lo que dicen los occidentales? Solamente por la visión Olooesteekhnoniana, solamen­te por ese tipo de visión, nada más (repito: por la visión O-LO-OES-TEEKH-NO-NIANA. Grábenla bien, apúntenla: la visión OO, dos veces, LO-OES-TEE-KH-NONIANA). Correcto, ese tipo de visión es lo único que puede permitirnos investigar algo sobre la Luna. Pe­ro, ¿qué clase de visión es esa?, ¿qué clase de visión es esa que se llama Olooesteekh­noniana? Ese es un tipo de visión que no pertenece al psiquismo inferior, es el tipo de visión de aquel que conoce "la luz de la luz", de aquel que conoce "la llama de la llama", "la inteligencia de la inteligencia", "la verdad de la verdad", "lo oculto de lo oculto". ¿Podría acaso poseer ese tipo de visión, el que todavía no ha desintegrado los agregados psíquicos que en su interior lleva? ¡Obvia­mente que no! Sólo con tal grado de visión, se­ría posible saber algo cierto sobre la Luna.
            En nombre de la verdad he de decirles que a mí, como iniciado o Bodhisattva, me tocó trabajar en pasados Mahamanvantaras, y conocí en realidad de verdad a la antigua Tierra-Luna; entonces era aquel satélite un mundo como nuestro mundo: tenía rica vida mineral, vegetal, animal, humana; mares tempestuosos y volcanes en erupción, etc. Todos los satélites de nuestro sistema solar formaron parte del pasado sistema solar, que en esoterismo se le denomina "La Cadena Lunar". Entonces, cualquier sistema solar nace, crece, envejece y muere: así fue La Cadena Lunar, incluyendo la Luna esta que nos ilumina en la noche, que era un mundo de los varios mundos de La Cadena Lunar.
            Al tiempo de actividad se le denomina en esoterismo "Mahamanvantara"; al tiempo, a la noche cósmica, se le denomina "Pralaya". Así pues, la Luna tuvo vida y es la madre de la tierra, esto hay que comprenderlo. Cuando llegó la noche cósmica, la vida lunar se volcó en las dimensiones superiores de la naturaleza y del cosmos, y la corteza geológica quedó abandonada, esto es, los mares poco a poco se fueron agotando, evaporando, y los volcanes agotaron sus fuegos (después de la séptima raza). La Luna tuvo siete grandes razas, pero al finalizar la séptima gran raza, la vida lunar to­da se volcó en la cuarta dimensión; mucho más tarde en la quinta, posteriormente en la sexta, y por último en la séptima dimensión; la cor­teza física, propiamente dicha, quedó abando­nada, convertida en un cadáver. Y ese pasado sistema solar todo, cuyos únicos exponentes hoy en día son los satélites lunares de nuestro sistema actual, murió físicamente, pero con­tinúa existiendo desde el punto de vista de eso que se llama "substancia", es decir, en última síntesis quedó convertido en algo que podríamos decir promateria, en algo que se llama "Iliaster". Esto es algo que nos hace pensar: Ilias­ter... ¿Qué es Iliaster? Diríamos, el "Protilo" para nuestra materia física (sin embargo este término, muy moderno, tampoco nos satisface); es substancia, es el "Mulaprakriti" de los orientales, etc.
            ¡Parece mentira, pero nuestro sistema so­lar, en última síntesis, podría reducirse a una semilla, a su Iliaster, y eso es todo! Tomemos un árbol: un árbol se ha de­senvuelto de un germen, y en el germen está en potencia el tronco, y las ramas, y las hojas, las flores, y los frutos; el Iliaster es la semilla de cualquier sistema solar. Así pues, La Cadena Lunar quedó reducida a su Iliaster, pero en el Iliaster quedó en potencia la materia, quedó latente.
            Tengo que decir, en nombre de la verdad, que mediante ese tipo de visión citado, de na­turaleza profundamente endotérica, se ha podido pues investigar a los mundos en su Iliaster, mundos que están más allá del tiempo, también más allá de la eternidad: están depositados en el espacio profundo. Olooesteekhnoniana: he allí el tipo de visión que nos ha permitido investigar en el Mulaprakriti; mundos depositados entre el seno de la inmanifestación, aguardando una nueva manifestación, ¡cuán interesante es eso!
            Bien: cuando se inició la aurora de la nueva creación, del nuevo Mahamanvantara, es decir, del nuevo gran día en que estamos actualmente, el Logos Causal o Logos Causa entró en actividad; él fue el que ini­ció el torbellino eléctrico, el huracán eléctrico, y fue entonces la elec­tricidad la que diferenció al Iliaster primitivo, y una vez diferenciado, entró en acción la dualidad. Sin embargo, el Iliaster en sí mismo es dual, es monista, incluye a Purusha y a Prakriti, es decir, al espíritu y a la substancia; por lo tanto, es monista. Pero la electricidad del Logos Causal, en la aurora de la creación, diferenció a ese Iliaster, y entonces surgió Ideos, es decir El Caos, el misterium magnum, el Magnus Limbus, pues hay dos limbus existenciales: el Magnus Limbus del Macrocosmos y el Limbus del Microcos­mos. Y así como del Magnus Limbus surge el universo nuevamente, despierta a una nueva actividad, así también, de nuestro Limbus Microcósmico pueden surgir si así se quiere, los Cuerpos Existenciales Superiores del Ser.
            Cuando surgió el Limbus Magnus, como resultado de la diferenciación iniciada por el Logos Causa, de inmediato entró en actividad el Logos Solar, el fuego (tenía que ser así). Los Elohim, desdoblándose, se con­virtieron en Padre Madre; en suprema unión creadora de él y ella, de Osiris-Isis, surgió el tercero, el Kabir, el fuego que hizo fecundo a aquel Magnus Limbus donde estaba la semilla de este universo (allí estaba contenida en potencia la materia; ese es el auténtico Protilo original, esa es la promateria, allí estaba en potencia, aguardando, y el fuego fecundó al Limbus Magnus entonces la vida lunar entro nuevamente en actividad, ese Protilo sur­gió a la existencia).
            Los mismos elementos, base fundamental de la existencia de las criaturas: fuego, aire, agua y tierra, indubitablemente tienen su Proti­lo original, su Iliaster. Quien lle­gue a manejar el Iliaster de los elemen­tos, se convierte en rey de los elementos de la naturaleza y del cosmos.
            Así surgieron los elementos: el fuego, indubitablemente cristalizó en aire, el aire en agua y, el agua en tierra, y vino a la existencia un nuevo mundo, un nuevo sistema solar que sur­gió del Iliaster, una nueva Tierra, hija de la Luna, hija del Alma Lunar, hija del Espíritu Lunar, resultado de su Protilo original, o de su Iliaster.
            Si la Tierra, en principio, fue meramente mental durante la Primera Ronda, astral durante la Segunda Ronda, etérica durante la Tercera Ronda, y ahora que estamos en la Cuarta Ronda es física, en la Quinta volverá a ser etérica, en la Sexta volverá a ser astral y en la Séptima mental, y por último la vida regresará otra vez a su Protilo ori­ginal, a su Iliaster, al germen de donde salió, a su semilla auténtica. Así como en un grano, en un germen (por ejemplo en el germen de un árbol) esta contenido en potencia todo el árbol, así, en el germen del universo, está contenido en potencia todo el universo.
            Vean ustedes cómo la variedad es unidad, dense cuenta ustedes cuan equivocados están muchos pseudoesoteristas, pseudoocultistas y científicos, cuando pretenden que la Luna es un pedazo de Tierra disparado al espacio. Ese es un concepto falso; hoy el cascarón grosero que ha quedado, el cadáver ese, ya sin vida, muerto, gira alrededor de su hija, la Tierra, y la Tierra la sigue vampirizando, absorbiendo todos sus elementos, aunque ya no tiene ni qué absorberle, ya le absorbió todo, la vampirizó.
            Así pues, no es la Luna la que está vampirizando a la Tierra, es la Tierra la que ha vam­pirizado a la Luna; se equivocan los pseudoesoteristas y pseudoocultistas que pretenden que la Luna es un pedazo de Tierra disparado al espacio. Hay que investigar directamente. En nombre de la verdad tengo que dar tes­timonio que como Bodhisattva, viví en la anti­gua Tierra-Luna y conocí sus siete grandes razas, y sus poderosas civilizaciones.
            Un día llegará en que la pala de los astronautas, ar­queólogos o geólogos que vayan por allí, descubran en el subsuelo lunar vestigios de anti­guas culturas, y entonces se van a dar cuenta de que, realmente, la Luna es más antigua que la Tierra.
            Ese frío cadáver irradia hoy muerte y desolación, desgraciadamente. Por allí cierto hermano, que le dio por mirar fijamente la Luna durante horas, al fin perdió sus ojos, quedó ciego para siempre, y ya ese hermano desencarnó.
            ¡Qué gran influencia la de la Luna sobre las altas y bajas mareas (puesto que es la madre de la Tierra), sobre la savia de los vegetales, sobre los ciclos de las enfermedades, etc.! Sin embargo, es muy amiga de los brujos y de los magos negros. Recordemos nosotros a las hechiceras de Tesalia, que conocían a fondo los secretos de la Luna: recordemos a las Tántrica Negras de Bengala, y también Trans Himaláyicas, que no ignoran los secretos de la Luna... Los Adeptos del Círculo Consciente de la Humani­dad Solar, que opera sobre los Centros Superiores del Ser, guardan muchos secretos con relación a la octava esfera sumergida, que es de tipo lunar.
            Cuando uno estudia "La Eneida" de Vir­gilio, el Poeta de Mantua, el Maestro del flo­rentino Dante Alighieri, bien puede recordar lo que sobre las Islas Strófadas y aquella bru­ja Selene, hablara entonces el gran iniciado Virgilio.
            En nombre de la verdad decimos que la Luna es tenebrosa, terriblemente mecanicista. Desgraciadamente la heredamos en la carne, la heredamos en la sangre, en los huesos, en la psiquis, en todo, pues nuestro mismo mundo Tierra, con todas sus criaturas, es hija de la Luna; el mismo mundo de Jesod, el mercurio o Mundo Vital Etérico, contiene también en sí mismo a la Luna (Tierra y Luna, en Jesod, es como un huevo de dos yemas). La misma cristalización de toda simiente, tanto en los seres humanos como en las plantas, y en todo lo que es, ha sido y será, se debe a las radiaciones lunares.
            ¿Cuál es el misterium por ejemplo de un árbol? Su semilla, su germen. ¿Cuál es el misterium de un hombre? Su germen, su semilla; luego, en el germen está el misterium magnum del hombre. Si nosotros no trabajamos con el misterium magnum del germen humano, no lograremos jamás la autorrealización íntima del Ser, eso es obvio.
            Incuestionablemente, ha surgido éste universo de su Protilo original. Cuando Aries, el Cordero, el fuego sagrado fe­cundó al Gran Limbus, al Magnus Lim­bus, surgió la vida. Sólo por el lado de Aries, del Cordero, del fuego (que se puede escribir con estas cuatro letras: INRI), es posible que nos independicemos de las fuerzas lunares; de otro modo, no es posible.
            Es terriblemente mecanicista la Luna. En alguna ocasión les había dicho a ustedes que el Sol ha creado esta raza para hacer un experimento. ¿Cuál? Crear hombres, hombres solares, y las creaciones han sido pocas. En la épo­ca de Abrahán se realizaron algunas creaciones humanas: en la época, durante los ocho primeros siglos del cristianismo, hubo algunas otras creaciones humanas; en la Edad Media unas pocas, y ahora, en estos momentos, el Sol está haciendo supremos esfuerzos para ver si logra algunas creaciones más. Lo intenta, antes de que llegue Hercó­lubus, el mundo que viene a producir el incendio universal y la revolución de los ejes de la Tierra, con el fin subsiguiente de la gran Raza Aria. Pues bien, entonces sólo por el lado del fuego, del Logos, por el lado de Aries, podríamos nosotros independizarnos de la mecánica lunar.
            Todos los seres humanos son mecanicistas en un ciento por ciento, e inconscientes: traba­jan con la Conciencia dormida, viven dormi­dos, no saben de dónde vienen, ni para dónde van, están profundamente hipnotizados (la hipnosis es colectiva, masiva, fluye en toda la naturaleza, deviene del abominable Organo Kundartiguador). Esta raza está hipnotizada, inconsciente, sumergida en el sueño más profundo, y solamente es posible despertar des­truyendo al Yo, al Ego, aniquilándolo, re­duciéndolo a polvareda cósmica.
            Tenemos que reconocer, con entera claridad, que casi todos los seres humanos están en un Nivel muy inferior del Ser. Ante todo pensemos un poquito, reflexionemos un instan­te sobre nosotros mismos. Hemos surgido de un Rayo de Creación particular, cada uno de nosotros tiene su rayo particu­lar de creación, y en ese rayo, al cual pertenecemos, hay distintos Niveles del Ser. Algunos están en Niveles demasiado inferio­res, otros en Niveles un poco más altos, porque uno es el Nivel del borracho y otro el Nivel del esoterista u ocultista: uno es el Nivel del intelectual y otro es el Nivel del sujeto emocio­nal: uno es el Nivel de la mujer digna, modes­ta, y otro el de la mujer no digna, inmodesta (hay distintos Niveles del Ser).
            Ustedes, mis queridos hermanos, ya a través de estas pláticas y de estas conferencias, han recibido mucha ilustración esotérica; les he­mos indicado cómo independizarse de las fuer­zas lunares, que son mecanicistas, y cómo ad­quirir la inteligencia solar; les he dicho que por medio del fuego, podemos libe­rarnos de la mecánica lunar: les he dicho que por medio del fuego, podemos nosotros convertirnos en hombres solares: pero ante todo quiero que seamos sinceros: todos, esta noche, ¿ya se dieron ustedes cuenta, acaso, de su propio Nivel del Ser, del Nivel del Ser en el cual se encuentran? ¿Están conscientes ustedes de que están hip­notizados, de que están dormidos? ¿Ya se han dado cuenta de que ustedes se identifican, no solamente con las cosas externas, con el mundo exterior, sino que también andan identificados con ustedes mismos, con sus pensamientos lujuriosos, con sus borracheras, con sus iras, con sus codicias, con la autoimportancia, con la vanidad, con el puro orgullo, con el orgullo místico, con el automérito, etc.? ¿Ya se dieron cuenta ustedes de que no sola­mente se han identificado con lo exterior, sino también con eso que es vanidad, con eso que es orgullo? Por ejemplo: ¿triunfaron hoy ustedes en el día, triunfaron sobre el día, o el día triun­fó sobre ustedes? ¿Qué hicieron en el día de hoy, mis queridos hermanos; qué defecto psicológico eliminaron? ¿Están seguros de no ha­berse identificado hoy, ustedes, con algún pen­samiento morboso, o con algún pensamiento codicioso, o con el orgullo, o con el insultador, o con alguna preocupación, con alguna deuda, etc.? ¿Están ustedes seguros de eso? ¿Qué hicieron en el día de hoy: ya se dieron cuenta del Nivel del Ser en que se encuentran, pasaron a un Nivel del Ser superior, o se quedaron donde estaban? ¿Qué hicieron, a qué se dedicaron en el día de hoy, mis caros hermanos? ¿El día triunfó sobre ustedes, o ustedes triunfaron sobre el día? Creen ustedes, acaso, que es posible pasar a un Nivel del Ser superior si no elimináramos determinados defectos psicológicos, o es que están ustedes acaso contentos con ese Nivel del Ser, en el que actualmente se encuentran? No olviden, vuelvo a repetir, que en ese rayo al cual pertenecemos nosotros, hay distintos Niveles del Ser, y si nos vamos a quedar toda la vida en un Nivel del Ser, ¿entonces qué es lo que estamos haciendo?
            Para cada Nivel, en cada Nivel, existen determinadas amarguras, determinados sufrimientos, eso es obvio. Todos se quejan de que sufren, todos se quejan de sus problemas, todos se quejan del estado en que se encuentran, de sus luchas, pero yo me pregunto una cosa: ¿se preocupan los hermanos, acaso, por pasar a un Nivel del Ser superior? Obviamente, mientras estemos en el Nivel del Ser en que estamos, tendrán que repetirse todas las circunstancias adversas que ya conocemos, todas las amarguras en que nos encontramos; tendrán que surgir, una y otra vez, los mismos problemas. Muchos se quejan; dicen: "Pero bueno, ¿cómo hago yo para salir del estado en que me encuentro?, ¿cómo haré yo para pasar a un Nivel Superior del Ser? Les explico que tienen que eliminar determinados defectos, más no quieren entender.
            Debajo de nosotros, de cada uno de nos, hay diversos Niveles del Ser; encima de nosotros, hay distintos escalones. En el Nivel en que nos encontramos, hay problemas; las luchas, ya las conocemos, las dificultades son las mismas, nada cambia; mientras estemos en este Nivel en que nos encontramos, una y otra vez surgirán idénticas dificultades. ¿Quieren ustedes cambiar, no quieren tener más los problemas que tanto les afligen: los económicos, los políticos, los sociales, los espirituales, los familiares, los de negocios, los de lujuria, los de odio, los de envidia, los de... etc., etc., etc.? ¿Quieren ustedes salvarse de tan­tas dificultades? No tienen más que pasar a un Nivel del Ser superior. Cada vez que nosotros damos un paso hacia un Nivel del Ser superior, nos independizarnos un poco más de las fuerzas de la Luna, que las llevamos, como ya les dije, en la carne, en la sangre, y en los huesos, y en el espíritu, y en el Alma, y en todo, porque somos hijos de la Luna, por desgracia.
            Algunas veces hemos hablado nosotros sobre el Rasgo Psicológico Característico, particular, de cada persona. Ciertamente, cada persona tiene un rasgo característico, psicológico; eso es cierto, pero unas tendrán como rasgo característico a la lujuria, otros la codicia, otras el odio, etc., pero el Rasgo Característico es una suma de varios rasgos típicos, particulares. Y he de decirles a ustedes, mis queridos hermanos, que para cada Rasgo Característico Particular, existe siempre un evento definido, una circunstancia definida. ¿Que un hombre es lujurioso? Obsérvese luego su vida, y siempre habrán circunstancias de lujuria en su vida, acompañadas de determinados problemas. ¿Que éste es borracho? Ese es su rasgo característico (obsérvese su vida). ¿Que aquél es codicioso? Bueno, ese es su rasgo característico, y alrededor de él habrán cárceles, habrán proble­mas económicos, abogados, pleitos, etc., etc., etc. Para cada Rasgo Psicológico Particular, existe siempre una circunstancia, o una serie de circunstancias definidas que se repiten siempre, y siempre, y siempre. De manera que si nosotros no conocemos nuestro Rasgo Característico Psicológico, vamos mal. Y necesitamos conocerlo, si es que queremos pasar a un Nivel Superior del Ser, y eliminar de nosotros los elementos indeseables que constituyen ese Rasgo Característico Psicológico, particular. De lo contrario, ¿cómo pasaríamos a un Nivel del Ser superior? Ustedes quieren dejar de sufrir, pero no hacen por cambiar, no luchan por pasar a un Nivel Superior del Ser; entonces, ¿cómo podrían cambiar?
            Ahora, hay un hecho concreto en la vida, y éste es la discontinuidad de la naturaleza; eso es obvio: todos los fenómenos san discontinuos. Así pues, los distintos Niveles del Ser son discontinuos; esto significa que mediante la evolución, no llegaríamos jamás nosotros a la perfección; el dogma de la evolución no sirve para nada, como no sea para estancarnos.
            Yo conozco a muchos pseudoesoteristas y pseudoocultistas, gentes sinceras, de buen corazón, embotelladas en el dogma de la evolución, que aguardan a que el tiempo los perfeccione, y pasan miles y millones de años y nunca se perfeccionan. ¿Por qué? Por­que nada hacen por cambiar el Nivel del Ser, permanecen siempre en el mismo escalón. Se necesita pasar más allá del dogma de la evolución, y meternos por el camino revo­lucionario, por el camino de la Revolución de la Conciencia.
            La evolución, y su hermana gemela la in­volución, son dos leyes que se procesan simul­táneamente en todo lo creado, constituyen el eje mecánico de la naturaleza, pero jamás nos llevan a la liberación (forman la "Rueda del Samsara"). Hay evolución en el grano que germina, en la planta que crece, da ramas y frutos, y hay involución en el árbol que se va marchitando poco a poco, degenerando, entra en decrepitud y al fin muere. Hay evolución en la criatura que se forma entre el vientre materno, en el joven que se lanza a la lucha con la vida; hay involución en el anciano que entra en el estado de decre­pitud y al fin muere. Las leyes de la invo­lución y de la evolución, son puramente ma­teriales, físicas, nada tienen que ver con la autorrealización íntima del Ser. No las negamos, existen, pero no sirven para la autorrea­lización. Nosotros lo que necesitamos es ser revolucionarios de verdad, meternos por el ca­mino de la Revolución de la Conciencia. ¿Cómo podríamos pasar a un Nivel del Ser superior, si no fuéramos revolu­cionarios?
            Observemos los distintos peldaños de una es­calera: son discontinuos. Así también son los distintos Niveles del Ser: discontinuos; a cada Nivel del Ser pertenecen determinado número de actividades. Cuando uno pasa a un Nivel del Ser superior, tiene que dar un salto, y dejar todas las actividades que tenía en el Nivel del Ser inferior. Me viene todavía a la memoria aquellos tiempos de mi vida, hace unos treinta, cuarenta o cincuenta años atrás, que fueron trascendidos. ¿Por qué? Porque pasé a Niveles Superiores del Ser, y lo que entonces constituía para mí lo de la máxima importancia, mis actividades de aquella época, fueron suspendidas, cortadas, porque en los escalones superiores hay otras actividades, y son completamente diferentes. Así ustedes, si ustedes pa­san a un Nivel del Ser superior, tienen que de­jar muchas cosas que actualmente son para ustedes importantes, y que pertenecen al Nivel en el cual se encuentran.
            Fluye esto, pues, de un salto, y ese salto es revolucionario, rebelde; jamás es de tipo evo­lutivo, siempre es revolucionario, rebelde; no es evolutivo, ni es involutivo tampoco: es revolucionario, rebelde. Y así nosotros, subien­do por los distintos Niveles del Ser, llegaremos al Nivel del Ser más elevado, o a los Niveles del Ser más elevados en Dios. Dios mismo es inteligencia, es la inteligencia de la inteligencia: no es la luz espiritual, es la luz de la luz espiritual, es la llama de la llama, la verdad de la verdad. Llegar a esa experiencia de lo real, requiere pasar a Niveles Superio­res del Ser, y esto solamente es posible a través de incesantes revoluciones, de constantes revoluciones.
            Cuando uno estudia los Evangelios del Cris­to, viene a darse uno cuenta, realmente, de que el Señor de Perfección quiere que nosotros nos liberemos. Veamos "Las Bienaventu­ranzas", por ejemplo (son solares en un ciento por ciento, no lunar). Comienzan Las Bienaventuranzas enseñándonos la no identificación. "Bienaventurados -dice el Señor de Perfec­ciones-, bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos". Pues bien, ¿quienes son los "pobres de espíritu"? ¿No se les ha ocurrido a ustedes pensarlo? Un hombre que está identificado con el dinero, con sus pleitos, con sus negocios, etc., ¿es acaso un "pobre de espíritu"? Un hombre que está identificado consigo mismo, que está lleno de imágenes de sí mismo, se siente grande, poderoso, sublime, inefable. etc.. etc., ¿es acaso "pobre de espíritu"? ¡Es obvio que no! El que está lleno de sí mismo, no ha dejado un puestecito para Dios; entonces no es "pobre de espíritu" (¿cómo podría ser "bienaventurado"?).
            Tomemos el orgullo, por ejemplo. No es solamente orgulloso el que tiene dinero, no es solamente orgulloso el que pertenece a una familia muy "popoff", como se dice; no es solamente orgulloso el que tiene un flamante automóvil, y que se siente feliz con él; hay otro orgullo (quiero referirme en for­ma clara al orgullo místico). Algunas escuelas de tipo pseudoesotérico y pseudoocultista, dicen: "Mediante la Ley de la Evolución, algún día nosotros llegaremos a ser Dioses inefables; el hombre está llamado a convertirse en un Dios"... Claro, enseñanzas así, lo conducen a uno al orgullo místico, al engreimiento espiritual, a la mitomanía, porque el hombre, aunque sea muy perfecto en realidad, aunque llegue a ser un Bodhisattva, no es más que eso: un hombre. Dios es el Padre que está en secreto, sólo él es Dios. El Padre puede tomar al hombre, si es muy perfecto, si es un Bodhisattva; ponerlo en su mente, o ponerlo en su corazón, o ponerlo a trabajar fuera de sí mismo, en algún lugar, para que haga algo; pero que ese hombre, ese mequetrefe se sienta siendo Dios, eso es mitomanía de la peor clase, del peor gusto. Los hombres somos hombres, y nada más que eso: hombres; Dios es Dios, pero nosotros los hombres somos hombres. El que se siente muy sabio porque tiene algunos conocimientos de pseudoesoterismo o de pseudoocultismo aquí, en la mente, y piensa que ya es un gran iniciado, etc., etc., etc., ha caído en la mitomanía, está muy lleno de sí mismo.
            Cada uno de nosotros no es mas que un vil gusano del lodo de la tierra. Cuando digo así, empiezo por mí, que me considero eso y nada mas que eso: un vil gusano del lodo del mundo. Dios es Dios, pero eso es él, ¡allá él! Nosotros no somos Dioses, somos simplemente viles gusanos del lodo de la tierra, y creernos Dioses es un absurdo, o creernos sabios. Así que, en realidad de verdad, mis queridos amigos, estar llenos de sí mismos, tener falsas imágenes de sí mismos, fantasías de sí mismos, no es ser "pobres de espíritu".
            Cuando uno reconoce su propia nadidad y miseria in­terior, cuando no se siente tan sublime, ni tan Dios, ni tan sabio; cuando comprende que es un pecador como cualquier otro, entonces ya no está lleno de sí mis­mo, y será "bienaventurado"... Pero, ¿qué es eso de "ser bienaventurado"? Muchos piensan que será "bienaventurado" el día que se muera y se vaya por allá arriba, a gozar de la dicha celestial, con los angelitos. ¡No, ese es un concepto falso! "Bienaventurado" significa "felicidad", "será feliz". ¿Donde? ¡Aquí y ahora! ¿Entrará en el Reino de los Cielos? ¡Correcto, que entre en el Reino de los Cielos! Pero, ¿dónde está el Reino de los Cielos?, ¿en qué lugar del universo está? Seamos sin­ceros consigo mismos: el Reino de los Cielos está formado por el Círculo Consciente de la Humanidad Solar, que opera sobre los Centros Superiores del Ser; ese es el Reino de los Cielos. Así pues, seamos prácticos y comprendamos todo esto; así debemos actuar.
            Así pues, el Evangelio del Señor comienza por enseñarnos la no identificación. Uno se identifica consigo mismo, pensando que va a te­ner mucho dinero, un lindo automóvil ultimo modelo, o que la novia lo quiere, o que va a conseguir una gran fortuna, o que es un gran señor, o que es un gran sabio; hay muchas formas de identificarse consigo mismo. Uno tiene que empezar por no identificarse consigo mismo, y después no identificarse con las cosas de afuera. Cuando uno no se identifica, por ejemplo con un insultador, lo perdona, lo ama, no puede herirlo, y si alguien le hiere a uno el amor propio, pero uno no se identifica con el amor propio, pues es claro que no puede sentir dolor ninguno, puesto que no le duele. Y si no se identifica uno con su vanidad, no le importa andar por la calle aun­que sea con unos calzones remendados. ¿Por qué? Porque no está identificado con la vanidad. Sí: primero que todo no identificarnos consigo mismos, y luego no identificarnos con las vanidades del mundo exterior.
            Cuando uno no se identifica consigo mismo, puede perdonar. Recordemos la Oración del Señor: "Perdónanos nuestras deudas así como nosotros perdonamos a nuestros deudores". Yo digo algo más: no basta simplemente perdonar, hay que cancelar las deudas, y eso es todo; alguien podría perdonar a un enemigo, pero no cancelararía las deudas jamás. Hay que ser sinceros, necesitamos cancelar, y ese es el sentido, o el fondo de aquella frase que dice: "Perdónanos nues­tras deudas, así como nosotros perdonamos a nuestros deudores". Mientras uno se identifique consigo mismo, no puede perdonar a nadie. A uno le duele que lo insulten, a uno le duele que lo humillen, a uno le duele que lo menosprecien. ¿Por qué? Porque tiene el Yo del orgullo, tiene el Yo del amor propio allá adentro, bien revivo, y mientras uno tenga el Yo del amor propio, pues le duele que otro le hiera ese amor propio. Así pues, si no nos identificamos, entonces nos es fácil perdonar, y aún mas, digo: cancelar las deudas, que es lo mejor.
            Dice también el Evangelio del Señor: "Bienaventura­dos los mansos, porque ellos recibirán la Tierra por heredad". Esta es otra cosa que nadie ha entendido. "Bienaventurados", dijéramos, los "no resentidos", porque si uno está resentido, ¿cómo puede ser "manso"? El resentido se la pasa haciendo cuen­tas: "¡Ah, pero yo que le hice tantos y tantos favores a este individuo; que yo, yo, yo, y yo, y yo que lo protegí, que le hice tantas obras de caridad, y vean como me ha pagado!" "¡Ah, este amigo que tanto le serví, y ahora no es capaz de servirme!" El Evangelio del Señor, cuando dice "Bienaventurados los mansos, porque ello recibirán la Tierra por heredad", debe traducirse: "Bienaventurados los no resentidos". ¿Cómo podría ser uno "manso", si está lleno de resentimientos? El que está lleno de resentimientos, vive haciendo cuentas a todas horas; luego no es manso. Entonces, ¿cómo podría ser "bienaventurado"? ¿Qué se entiende por "bienaventurado"? Se entiende la felicidad. ¿Están seguros ustedes de que son felices? ¿Quién es feliz? He conocido gentes que dicen: "Yo soy feliz, yo estoy contento con mi vida, yo soy dichoso". Pero esos mismos, les hemos oído decir: "Me molesta fulano de tal", "aquel tipo me cae gordo", "no se por que no se me hace esto que tanto he deseado". Enton­ces no son felices, ¡realmente lo que sucede es que son hipócritas, eso es todo!
            Ser feliz, es muy difícil; se necesita, antes que todo, ser "manso". La palabra "Bienaventuranza" significa "felicidad íntima" (no dentro de mil años; ahora, aquí mismo, en el instante que estamos viviendo). Si nosotros verdaderamente nos tornáramos "mansos", mediante la no identificación, entonces llegaríamos a ser felices. Pero no solamente no identificarnos con nuestros pensamientos de lujuria, de odio, de venganza, de rencor o de resentimientos; no, hay que eliminar de nosotros a los demonios rojos de Seth, a esos agregados psíquicos que personifican nuestros defectos de tipo psicológico. Tenemos que comprender, por ejemplo, lo que es el proceso del resentimiento, hay que hacerle la disección al resentimiento. Cuando uno llega a la conclusión de que el resentimiento se debe a que poseemos en nuestro interior el amor propio, entonces luchamos por eliminar el Ego del amor propio, al Yo del amor propio. Pero hay que comprenderlo para poder­lo eliminar; no podríamos eliminarlo, si antes no lo hemos comprendido previamente.
            Sí, mis queridos hermanos, para poder eliminar, se necesita apelar a Devi Kundalini Shakti; sólo ella puede desintegrar cualquier defecto psicológico, incluyendo el Yo del amor propio. ¿Están ustedes seguros de no estar resentidos? ¿Quién de ustedes está seguro de nos estar haciendo cuentas? ¿Cuál?
            Pues esto que les digo a ustedes es de tipo lunar; vean ustedes cómo llevamos la Luna hasta en la médula de los huesos. Y si queremos nosotros independizarnos de la mecánica lunar, tenemos que eliminar de nosotros mismos el Yo del resentimiento, el Yo del amor propio, porque escrito es­tá: "Bienaventurados los mansos" (es decir, "los no resentidos"), "porque ellos recibirán la Tierra por heredad". Todo esto hay que entenderlo, mis caros hermanos, entenderlo con toda claridad meridiana. Cuando uno va entendiendo esto, avanza en el camino que conduce a la liberación final.
            Sólo mediante el fuego solar, mediante el fuego de Aries, del cordero, del carnero encarnado, el Cristo Intimo, es que nosotros podemos, en verdad, quemar todos esos elementos inhumanos que en nuestro interior llevamos, y a medida que la Conciencia se va desenfrascando o desembotellando, vamos despertando. Pero la Conciencia no puede despertar en tanto continúe embotellada entre los agregados psíquicos que en su conjunto, constituyen el mí mismo, el Yo, el Ego. Necesitamos pasar por la aniquilación budista, aquí y ahora; necesitamos morir de instante en instante, sólo con la muerte adviene lo nuevo; si el germen no muere, la planta no nace.
            Necesitamos aprender a vivir, liberarnos, pues, de esa herencia lunar que tenemos; tal herencia la traemos en verdad, mis queridos hermanos, desde el mismo Protilo del cual surgió el universo.
            La Luna ha sido, pues, nuestra madre; somos lunares, somos selenitas, aunque vivamos en la Tierra. Ahora necesitamos volvernos solares, marchar hacia la vida solar, recibir la Iniciación Solar. Si procedemos así, lograremos en verdad la felicidad auténtica y la liberación; de lo contrario, no será posible, no será posible. Necesitamos convertirnos en hombres solares, en el sentido más completo de la palabra, y no sería esto posible si no eliminamos, de nues­tra naturaleza psicológica, lo que tenemos de lunar. Si lo logramos, el fuego nos liberará, nos transformará, hará de nosotros criaturas diferentes.
            Ahora daremos oportunidad de hacer preguntas. Todos pueden preguntar lo que necesiten preguntar en relación con el tema; no salirse del tema al hacer la pregunta. Necesitamos tomar conciencia, en nombre de la verdad, de que estamos en Tercera Cámara, y los que vienen aquí, tienen que venir preparados, o no venir, quedarse en Segunda Cámara hasta que estén preparados; aquí no tenemos, en ese sentido, consideraciones de ninguna especie. Las preguntas deben estar a la altura de Tercera Cámara. A ver, pregunten lo que necesitan preguntar.

            P.- Maestro: ¿el Rasgo Psicológico tiene íntima relación con el Nivel del Ser?
            R.- Eso es incuestionable, y cada cual tiene su Rasgo Psicológico característico, que es una suma de pequeños rasgos característicos. Y digo más: al Rasgo Psicológico de cada uno de nosotros tiene, le corresponden determinadas circunstancias, y mientras uno no elimine de sí mismo ese Rasgo Psicológico característico, original, representado por múltiples Yoes o agregados psíquicos, pasará siempre por las mismas circunstancias, una y otra vez, porque a cada Nivel del Ser le corresponden siempre las mismas circunstancias, que se repiten una y otra vez. Por lo tanto, si se pasa a un escalón más arriba, a otro Nivel del Ser, las circunstancias cambian de inmediato, totalmente. Pero, para pasar de uno a otro escalón en el Nivel del Ser, necesitamos antes que todo conocer el Rasgo Psicológico Característico que tenemos, que no es sino una suma de distintos agregados característicos, originales.

            P.- Venerable Maestro: en conferencias pasadas, nos hablaba de la Ley de Reabsorción. Siendo la Luna, como usted dice, un cadáver, ¿ella no se reabsorberá entre el seno de lo increado, siempre permanecerá sobre la Prakriti?
            R.- Está usted hablando desde el punto de vista de una sola clave para la investigación de la naturaleza. Los materialistas, los secuaces marxistas o materialistas, tienen en realidad de verdad, una sola clave para la investigación de los misterios de la naturaleza, y esa clave se llama "materia" (no la conocen, pero la llaman "materia", aunque no la conozcan). Nosotros, los gnósticos, tenemos siete claves para el estudio de los misterios de la naturaleza. Ya dije, y repito, que los elementos de la antigua Tierra-Luna regresaron a su Iliaster; obviamente, al regresar los elementos, que son fundamentales: fuego, aire, agua y tierra a su Iliaster, la Luna quedó convertida en un cadáver; porque no podrían existir las criaturas sin los elementos, no podrían existir ni el vegetal, ni el animal, ni el humano sin los elementos fuego, aire, agua y tierra. Pensemos que el cuerpo humano tiene los cuatro elementos dentro: el fuego, representado en sus glóbulos rojos; el agua en la linfa, en el esperma sagrado; el aire en sus pulmones y la tierra en sus huesos.

SAMAEL AUN WEOR

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