domingo, 28 de junio de 2015

LA VOZ DEL MAESTRO





            P.- Venerable Maestro: muchos piensan que Samael es un seudónimo y que su ver­dadero nombre es otro.
            R.- Les voy a decir una gran verdad: resul­ta que Samael no es un seudónimo ni mucho menos. Hay la creencia en todos de que es un seudónimo; realmente yo soy Samael. Ustedes habrán oído y leído, en Cábala, que se habla de Samael y se le define como "el Regente del Planeta Marte", como un Angel, y se le define también "como un demonio". Bueno, la cruda realidad de los hechos es que yo soy Samael, y digo con toda franqueza lo soy. 

Si me tocara ir al paredón de fusilamiento por decir quién soy, con mucho gusto tengo el valor de ir; de manera que no tengo ningún seudónimo.

 ¿Por qué se dice que "prime­ro fue un Angel y después un demonio"? Sencillamente porque en la Meseta Central del Asia, cuando comenzó la Raza Aria a existir sobre la faz de la Tierra, entonces cometí el error del Conde Zanoni.

 Yo tenía un cuerpo inmortal, un cuerpo le­mur, es decir, de lemures; yo vi hundirse a la Lemuria, a través de diez mil años, entre el Océano Pacífico; conocí a la Atlántida y acom­pañé al Manú Vaivasvata en su éxodo; enton­ces huimos de la Atlántida con el "Pueblo Selecto", rumbo a la Meseta Central del Asia. 

Yo conservaba el mismo cuerpo; desa­fortunadamente, repito, cometí un error en el antiguo continente asiático, en los Himalayas. Allí habían distintos reinos y yo me fui a uno de esos reinos, junto con todos aquellos que habían logrado salvarse de la catástrofe atlante. 

Se me había prohibido tomar esposa, porque a los hijos de los Dioses se les tiene prohibido tomar mujeres; ya no la necesitá­bamos, pero yo no obedecí y fallé por ese lado. 

Entonces tomé esposa; como resultado, mi Di­vina Madre me llevó a una caverna profunda y me mostró la suerte que me aguardaba. Vi lluvia, lágrimas; todo: enfermedades, miseria; me vi como un judío errante por todos los pueblos de la Tierra... 

Le pedí perdón, mas no valió: ya había "metido la pata". Con­clusión: ya caído, me quitaron aquel cuerpo espléndido de la Lemuria, inmortal, y quedé sometido a la rueda de los nacimientos y de las muertes, como cualquier hijo de vecina, como cualquiera... 

Por eso digo: mi Real Ser es ciertamente la Mónada Regente del Planeta Marte.

 En cuanto a mí, me había convertido en Bodhisattva caído, habían resucitado en mí todos los Yoes; entonces me había convertido en verdadero diablo. 

Andaba muy mal, de capa caída, más en esta existencia com­prendí la necesidad de eliminar todos los agregados psíquicos y de realizar la Gran Obra, y de volver al Padre.


            De manera que estoy hablándole a ustedes con el corazón en la mano; soy Samael Aun Weor; es el nombre mío como Bodhi­sattva, Samael es el nombre de mi Móna­da...

 Estoy consciente del amanecer de la vida, yo asistí a la aurora de la creación; estoy aquí con la humanidad desde que rayara la aurora, desde que el corazón del sistema so­lar comenzó a palpitar, después de la noche profunda del Gran Pralaya; vine aquí por­que me mandó mi Dios Interior Profundo, mi Padre que está en secreto, con el propósito de servir a la humanidad, y creo que estoy sir­viéndole, estoy trabajando por la humanidad.

 Permanecí unos cuantos siglos caído, ¡como no!, pero gracias a Dios ya me levanté del lodo de la tierra y estoy dedicado a hacer la Gran Obra del Padre.

            Así pues, yo digo lo que he experimentado. Estoy metido dentro de este cuerpo para ayu­dar a la humanidad; pero en nombre de la verdad les digo: ¡Soy el Arcángel Samael! Si los necios no creen, no me im­porta; si se ríen, tampoco me importa; yo cum­plo con decir lo que soy, sin importarme si creen, si no creen, si ríen, si dudan. ¡Allá ellos! A mí lo único que me toca es decir lo que soy cuando se me interroga, y enseñar la doc­trina, que es una orden del Padre, de mi Padre que está en secreto.

            Ahora les voy a con­tar algo extraordinario... Cuando yo recon­quisté en mi presente existencia (digo "recon­quisté", porque ya les conté que andaba de Bodhisattva caído, que tuve que luchar para volver a levantarme), el grado de Adepto Calificado, obviamente fui recibido en el Mundo Causal, porque en el Mundo Causal está el Templo de la Gran Logia Blanca. 

Dentro del templo, los adeptos hicieron desfiles completamente militarizados; todos me saludaron con el saludo gnóstico, los movimientos dentro del templo fueron completa­mente militares; desfilaron ante mi insignifi­cante persona que nada vale, únicamente para darme la bienvenida, para recibirme como lo hacen con cualquier adepto que sea recibido en esa región; la transmisión se hizo toda tele­pática, no vi ni una sola sonrisa en todos los adeptos. 

Allí habían adeptos chinos, alemanes, ingle­ses, franceses, y de todas partes del mundo; adeptos que están trabajando en la Gran Obra del Padre. 

Más no había una sola sonrisa en ninguno; había en todos ellos una seriedad tremenda. Telepáticamente se me hizo toda la transmisión; sin palabras. Se me dijo del gran acontecimiento que va a haber, y que está ya a las puertas: de los millones de seres humanos que van a perecer por el fuego, el agua y los terremotos; de las guerras que vendrán antes, del hambre que nos aguarda; de las epidemias, de la terrible desolación. 

Total, en ellos no había nada de alegría, ni sonrisas; no había tiempo para sonreír, sino una severidad terrible. Se me hizo enten­der la gran responsabilidad que pesa sobre mis hombros, cual es la de guiar al Ejército de Salvación Mundial. 

Así lo entendí, la trans­misión fue telepática. También se me dijo que "nave que no andara sería cortada", es decir, que si a un grupo gnóstico de pronto se le diera por entregarse, dijéramos, a la negli­gencia, a no hacer aplicación de la enseñanza, por flaquear, en una palabra, ese grupo sería cortado, se le quitaría la fuerza psíquica a ese grupo (la fuerza terrible de los mundos superiores), y fracasaría ese grupo.

            Así pues, se necesita establecer un ejército, y antes de que venga la gran catástrofe, ese ejército tiene que ser sacado secretamente, llevado a un lugar. Yo sé cuál es ese lugar, pero si lo digo perjudicaría a la Obra del Padre. 

En ese lugar no les va a pasar nada; serán llevados los hermanos de ese Ejército, los herma­nos que de verdad demuestren que están tra­bajando sobre sí mismos. 

Serán llevados a ese lugar en su hora, en su día; en su momento se les dará el aviso (¡her­manos: ha llegado el momento!) y nos reuni­remos para ir a ese lugar, desde donde contem­plaremos el duelo del fuego y el agua durante siglos; padres e hijos, todos, debemos contem­plar ese duelo. 

Después de dos siglos, cuando del fondo de los mares salgan nuevas tierras, en esas nuevas tierras irá a vivir ese grupo se­lecto y se convertirán en el núcleo de la futura Sexta Gran Raza Raíz. 

Obviamente, en ese intervalo la Tierra es­tará envuelta en fuego y vapor de agua; du­rante ese intervalo habrá que acabar de disol­ver el Ego, porque en la nueva edad, en la Edad de Oro, no se le dará cuerpo físico a alguien que tenga Ego, porque uno solo que tuviera Ego, ese solo acabaría con la Edad de Oro, corrompería la Edad de Oro, la dañaría; esa es la cruda realidad.

            En la Edad de Oro no habrán fronteras, será una Tierra transformada, una Tierra re­generada. Esto que estoy diciéndole a uste­des, está simbolizado por el Toro Alado, ese toro con alas, símbolo de una Tierra rege­nerada, símbolo del Evangelio según San Lu­cas, que es el Evangelio según la Luz, el Evan­gelio Solar, el Evangelio para la futura Edad de Oro.

            La Edad de Oro no será dentro de unos tantos millones de años; no. Es ahora, en Acua­rio, y ya estamos en Acuario. Nostradamus dice que "bajo Acuario viene la Edad de Oro", y Nostradamus no se equivocó jamás... Además, los hechos son hechos: ya Hercólu­bus está a la vista de los telescopios; entonces, ¿qué más queremos? Así pues, que el obje­tivo de estos estudios es precisamente ese: preparar un grupo de gentes que sirvan de núcleo para la futura Sexta Raza Raíz; eso es lo fundamental. Si ustedes cooperan con el Sol, si trabajan sobre sí mismos, podrán formar parte de ese núcleo. Está a las puertas la catástrofe, pero las gentes oyendo, no oyen y viendo, no ven.

            Hace muchísimos años, cuando yo era muy joven, me revelaron en los mundos superiores, esto que estoy aquí diciendo; entonces supe que me tocaba cumplir esta misión, y me veía así, ante ustedes, delante de los grupos, dicién­doles esto que estoy diciendo ahora, y veía tam­bién, con mi facultad clarividente, al Hercó­lubus; me veía, a través del tiempo, cómo más tarde me tocaría hablarle a las gentes, decirles esto; veía que muchos no creían, y que muchos otros me ponían atención, pero no me creían, dudaban de mí, se reían; me veía tam­bién en las calles, hablándole a las gentes, pero no me creían. 

Más al fin llegó la catástrofe y acabó con todos; de manera que lo que estoy diciéndole a ustedes, se cumplirá. Así le decía yo a los atlantes y se reían. El día en que se vieron "metidos en la bolsa", como decimos por allí, quisieron seguirnos para ver si se salvaban, pero nos fuimos antes de que despertaran.

SAMAEL AUN WEOR

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