domingo, 5 de julio de 2015

LA PIEDRA FILOSOFAL


         Espero que todos pongan el máximo de atención.
         Hoy vamos a hacer un bautizo del niño...

         P.- ¿Cómo se va a llamar?
         R.- Michael.

         Michael, pues. Es necesario comprender lo que es el bautismo en sí mismo. Obviamente el bautismo es un pacto de magia sexual. Se le va a bautizar el niño con mucho gusto. Si el cumple con ese pacto, mas tarde, el bautismo le quedará sirviendo. Si no cumple con ese pacto, entonces, ¿en qué quedamos?
         En la Iglesia de Oriente, el bautismo en el día de Epifanía está asociado a las Bodas de Caná. En La Iglesia Occidental, considerando la Epifanía, se asocia el bautismo al matrimonio de Jesús con su Iglesia. De manera que tanto en el Oriente, el bautismo está asociado al sexo, como en el occidente; en ambos casos se relaciona con el matrimonio. Es, pues, el bautismo, un pacto de magia sexual.
         Si se cumple, el bautismo queda sirviendo; si no se cumple, el bautismo no sirve de nada. Esa es la cruda reali­dad de los hechos.
         Ilustro a ustedes sobre todo esto, para que vayan comprendiendo lo que es la trascendencia esotérica del bautismo. La pila bautismal, por ejemplo, en las Iglesias cristianas representa precisamente a la Piedra Filosofal, o a los órganos creadores. En cuanto a las aguas magnetizadas o aguas lustrales contenidas en la piedra, representan indubitablemente al esperma sagrado. Con otros términos diríamos que el agua es el mercurio de la filosofía secreta, que el fuego de las velado­ras representa al azufre de la Al­quimia.
         Solo mediante el mercurio, o sea, la entidad del semen, y el azufre, o sea, la entidad del fuego, es posible lograr entonces el Nacimiento Segundo.


         ¿Qué se entiende por Nacimiento Segundo? Por Nacimiento Segundo se entiende el nacimiento del hombre verdadero. Recordemos las palabras de Jesús a Nicodemus: "Hasta que no nazcas de nuevo, no podrás entrar en el Reino de los cielos". Lograr el Nacimiento Segundo, eso es lo fundamental. Pero ese Nacimiento Segundo no se logra si no se han fabri­cado los Cuerpos Existenciales Superiores del Ser. Y esos cuerpos no se pueden crear de la nada, porque de la nada, nada sale. Esos cuerpos hay que crear­los a base de mercurio y azufre.

         El mercurio, o sea, el alma metálica del esperma, está representado aquí en nuestros rituales con el pan de la transubstanciación. Y en cuanto al azufre, o sea, el fuego de la Alquimia, está representado con el vino sagrado. Así que el mercurio y el azufre tienen que combinarse incesantemente dentro de nosotros, a fin de crear por medio de ellos, los Cuerpos Existenciales Superiores del Ser.
         Comprendiendo todo esto, se darán cuenta ustedes del misterio del Sello de Salomón: El triángulo hacia arriba (el superior), indica al azufre, el fuego. El triángulo inferior que se enlaza con el superior, indica el mercurio, o sea, el alma metálica del esperma sagrado. Cuando uno ha concluido la Gran Obra, recibe en los mundos superiores un anillo maravilloso que es de materia divinal. Es colocado siempre en el dedo anular de la mano derecha. ¿Qué aparece en ese anillo? El Sello de Salomón. ¿Qué indica tal sello? Que el Iniciado ya logró, mediante los cruces incesantes del mercurio y del azufre, la Piedra Filosofal. Así que, mediante los cruces incesantes del mercurio y del azufre, se logra en primera medida crear el Cuer­po Astral; como segunda medida, crear el Mental; como tercera, crear el Cau­sal.
         Quien posea un Cuerpo Físico, un Cuerpo Astral, un Cuerpo Mental, y un Cuerpo Causal, recibe por tal motivo los principios anímicos espirituales y se convierte en un hombre auténtico, en un hombre real, en un hombre verdadero. Así pues, quien llega a ser hombre verdadero se dice que ha llegado al Nacimiento Segundo, porque si como ani­mal intelectual nació, con el nacimiento primero, como hombre verdadero viene a nacer con el Nacimiento Segundo. El Nacimiento Segundo es para los hombres reales.
         Todo eso se logra mediante los cru­ces incesantes del mercurio con el azu­fre. En el bautismo se alegoriza eso sabiamente: El agua contenida en la piedra, representa precisamente al mercurio; el fuego de las veladoras, al azufre de la Alquimia. Si quien se bautiza sabe combinar inteligentemente el mercurio con el azufre, pues, logra el Nacimiento Se­gundo, entra al Reino de los Cielos. Pero si quien se bautiza, jamás trabaja con el mercurio y el azufre, pues ese bautismo no le ha servido de nada. Así pues, el bautismo es un pacto de magia sexual. Hay que entenderlo así y no de otro modo.
         Se dice que en el bautismo, la paloma blanca del Espíritu Santo flota sobre la cabeza del niño que se va a bau­tizar. ¡Ciertamente! Es que el Espíritu Santo es el mismo mercurio de la filosofía secreta.
         Cuando yo entré en la parte más importante de la Gran Obra, fui presentado precisamente ante el espejo de la Alquimia. Allí vi, en el cristal, reflejado mi propio mercurio. En nombre de la verdad, debo decirles a ustedes, que el mercurio da a los grandes inicia­dos, precisamente ese aspecto trascendental del gentil hombre. Veamos, si no, por ejemplo, a hombres como Kout ­Humi: esa sapiencia que demuestra como hombre se la debe al mercurio, que es el mismísimo Espíritu Santo en manifestación. Veamos, por ejemplo, a un Conde de Saint Germain, quien yo cito tantas veces como un ejemplo viviente de Superhombre, alguien que maneja la política mundial tan formida­blemente, alguien que conoce las psico­política, y que sabe de verdad manejarla, que sabe adaptarse a todas las condicio­nes diplomáticas del mundo; esa característica se debe al mercurio de los sa­bios. Cuando yo vi reflejado mi mercurio en el espejo, quedé sencillamente asom­brado. Fue cuando conocí cómo el mercurio viene a darle a uno la característica trascendental del gentil hombre; hace de uno un sabio, en el sentido más completo de la palabra.
         Así, mis queridos hermanos, bien vale la pena comprender la trascendencia del bautismo.
         En cuanto al azufre, es el fuego; eso hay que entenderlo así. Obviamente, se relaciona con Lucifer. No tendría uno el impulso sexual, si no existiera la potencia luciférica dentro de uno. Esa potencia azufrada es extraordina­ria. El mercurio solo, nada podría ha­cer. Pero el mercurio es fecundado por el azufre, o sea, por el fuego, y de esa mezcla resultan los Cuerpos Existen­ciales Superiores del Ser.
         Es bueno ir entendiendo todas estas cosas para saber valorar el bautismo. Y es bueno no olvidar por qué motivo las Iglesias cristianas, tanto de oriente como de occidente, con la cuestión ésta de Epifanía (o sea, la Ascensión del Cres­tos Cósmico en nosotros), relacionan siempre el bautismo con el matrimonio. Realmente, una Iglesia, por muy santa que sea, si no enseñara las claves de la autorrealización, pues no lograría salvar a nadie; eso es obvio.
         Cuando uno estudia a fondo, pues, todas estas cuestiones del mercurio y del azufre, sabe valorar el bautismo, como debe valorarse. El bautismo es sagrado en el sentido más trascendental de la palabra.
         No olviden también ustedes, que el Sagrado Sol Absoluto quiere cristalizar en nosotros las tres fuerzas primarias de la naturaleza y del cosmos. Estas son: Santo Afirmar, Santo Negar, Santo Conciliar. Santo Afirmar es la fuerza positiva, la del Padre; Santo Negar es La fuerza negativa, la del Hijo; Santo Conciliar es la fuerza neutra, la del Espíritu Santo. En el oriente, el Padre es Brahma, el Hijo es Vishnú, el Espíritu Santo es el Señor Shiva.
         El Espíritu Santo, o sea, el mercurio de la filosofía secreta, cristaliza en nosotros cuando trabajamos con el azufre y el mercurio. Este trabajo no se podría realizar fuera del laboratorio. Hay que saber mezclar las distintas partes del mercurio, con las distintas partes del azufre, pero esto es dentro del laboratorio, y ese laboratorio es el organismo humano. De manera que el mercurio, o sea, el alma metálica del esperma, se combina inteligentemente dentro de nuestro propio laboratorio; se combina con el azufre. El resultado de esa combinación viene a ser formidable: El primer resul­tado sería el nacimiento del Cuerpo Astral en el hombre; el segundo resultado, es el nacimiento del Cuerpo Mental en el hombre; el tercer resultado, es el naci­miento del Cuerpo Causal en el hombre. Cuando se ha conseguido esos vehículos, como ya les dije, entonces adviene el Nacimiento Segundo, o sea, nace el hom­bre verdadero (nace del mercurio y del azufre, o sea, del agua y del fuego); así hay que entenderlo.
         Por eso dijo el Cristo: "Si no nacieres de nuevo, no podréis entrar al Reino de los cielo". Hay que nacer de nuevo. No basta haber nacido como animales intelec­tuales; eso es muy relativo. Ahora nece­sitamos nacer como hombres, pero co­mo hombres verdaderos, y el hombre verdadero nace del azufre y del mercurio, tal como se enseña siempre en el bau­tizo.
         Si no se cumple con ese sacramento, de nada sirve la bautizada. ¿De qué sirve? ¡De nada!
         Así mis queridos hermanos, es bue­no que ustedes vayan entendiendo es­tas cosas.
         Ahora bien, en todo hay reglas y medidas. La justicia es algo muy sa­grado, y existe. Los antiguos alquimistas representaron la justicia por una criatura inefable, una especie de Reina Diosa con una balanza en su izquierda; en ella tiene algunos pesos (son necesarios para poder balancear la balanza), está parada sobre una piedra cúbica: Es la Piedra Filosofal. Lleva, natural­mente, la túnica blanca; encima de la túnica, está la púrpura, el manto, y está tocada la cabeza con una corona de oro. En la izquierda lleva la balanza, en la derecha lleva la espada, la espada ­de la justicia. Pero lo interesante, son los pesos y medidas de la balanza de la Justicia Cósmica. Es claro que el tra­bajo que hay que realizar en el laboratorio, tiene que estar de acuerdo con la ley. ¿Qué cantidades de azufre, por ejemplo, se mezclan con qué cantidades de mercurio? Eso no lo saben las gentes comunes y corrientes, ni aún siquiera los mismos alquimistas. Esos son secretos de la gran naturaleza.
          En todo caso, la justicia rige los trabajos del alquimista, y la justicia es la ley.
         Si un alquimista, por ejemplo, tiene esposa sacerdotisa, y de pronto deja a la esposa sacerdotisa, y estando en pleno rendimiento sexual va y se mete con otra mujer, pues adultera. ¿Por qué? Porque dos corrientes mezcladas dentro de la espina dorsal chocan entre sí. Un alquimista carga una corriente eléctrica, y si luego se mete con otra mujer, entonces la corriente contraria se mezcla con la primera corriente, con la que cargaba en su organismo, y ahí resulta un corto circuito, y entonces se quema un hilo que es por donde sube la serpiente sagrada. Ese hilo es el Nadi Chitra. De manera que si se quema el Nadi Chitra, entonces la serpiente, o sea, el fuego, o sea, el azufre mez­clado con el mercurio (que tiene la figu­ra de la serpiente), baja una o más vértebras, según la magnitud de la falta. Es, pues, muy grave el adulterio.
         Otra cosa grave que es, la forni­cación. Si el alquimista derrama el vaso de Hermes Trismegisto, si pierde el mercurio, incuestionablemente, se quema el Nadi Chitra y baja la serpiente sagrada. Para poder uno realizar la Gran Obra, tiene que estar sometido a la Diosa de la Justicia. Si viola la Ley de la Balanza, el trabajo alquimista fracasa rotundamente. Téngase en cuenta que la fabricación de los Cuerpos Existenciales Superiores del Ser, es una obra de Alquimia, pero que esa obra tiene que estar dentro de los Cánones del Derecho de la Jus­ticia Cósmica, de lo contrario, hay fracaso inevitable.
         Otro caso muy distinto (y éste ya es de reflexiones), es el caso en que el alquimista, por ejemplo, no disponga de un vaso hermético. Supongamos que el alquimista tiene, dijéramos, un vaso hermético destruido, que ya no sirve, que no funcio­na. El laboratorio, en este caso, estará detenido, no funcionará, porque no dis­pone de un vaso hermético para la combinación del azufre y del mer­curio. Pero, ¿qué se entiende por vaso hermético? Son términos que los hermanos deben ir comprendiendo. Vaso hermético, es lo que se denomina el cáliz, o el mismo Yoni femenino. Eso se entiende por vaso hermético (el órgano sexual femenino). ¿Y qué se entiende por Lingam? Son términos con que deben familia­rizarse los hermanos, sobre todo los mi­sioneros, porque no va uno a hablarle al pueblo en lenguaje vulgar. Las cosas sagradas del sexo, se deben exponer con honestidad. Se entiende, pues, por Lingam, el órgano sexual masculino, el Phalus griego.
         Y observen ustedes la forma cómo explico los Misterios del Sexo, que no estoy utilizando ningún termino vulgar, y lo hago a propósito, para que los misioneros a su vez, cuando estén enseñando, sepan enseñar, eviten cuidadosamente los términos grotescos, o dijéramos, inmodestos.
         Si un vaso hermético (ya expliqué qué cosa es un vaso hermético) no sirve, si ha sido destruido, si ya no sirve para la Gran Obra, el alquimista tiene pleno derecho, por ley, a escoger un nuevo vaso hermético, y en eso no hay delito. Más grave sería que la Gran Obra quedara estanca­da y que el alquimista fracasara. Ahí sí sería lo grave. Pero aún así, el alqui­mista no debe hacer jamás su voluntad personal, porque si hace su voluntad personal, fracasa. El alquimista tiene que obedecer la voluntad del Padre.
         Téngase en cuenta que uno no pue­de entender la ciencia de la Gran Obra, si antes no ha recibido el Donum Dei. El Donum Dei es el Don de Dios para en tender la ciencia de la Gran Obra. Uno no podría entender esta cien­cia, si no ha recibido el Donum Dei, el Don de Dios que le permite entender; y ese don, el único que puede dárselo a uno, es el Padre de todas las luces. Sólo él puede darle a uno el Do­num Dei.
         Así que la ciencia de la Alquimia es muy sagrada. Tomar un vaso hermético para el trabajo es loable, pero siempre y cuan­do el Padre de todas las luces sea el que ordene y no uno. Porque si uno hace su voluntad personal, si uno hace lo que le viene en gana, fracasa en la Gran Obra.
         Son puntos muy importantes en re­lación con la Alquimia, y puntos muy importantes en relación con el bautismo, porque cuando se habla de bautismo y de Alquimia, se habla de lo mismo. El bautismo es un pacto de magia sexual. Así pues, el bautismo encierra en sí mismo una fórmula: la extraordinaria fórmula de la Alquimia.
         En estos estudios lo que nos debe interesar a nosotros es la Gran Obra; exclusivamente eso. Y en la realización de la Gran Obra, lo único que cuenta es la Ley de la Balanza, o sea, la Ley de la Justicia Cósmica. Esta, está por encima de todos los falsos códigos de moral que existen por ahí; por encima de todos los prejuicios y al margen de toda clase de sentimentalismos morbosos. Aquellos que están esclavos únicamente de los prejuicios, del que dirán, de las máximas, dijéramos, de ética existentes en los distintos códigos mora­les del mundo, se quedan con el mundo, pero no con la Gran Obra.
         Si hemos de cumplir con el bau­tismo, tenemos que ser sinceros consigo mismos y trabajar de verdad para conseguir el Nacimiento Segundo. Y una vez conseguido el Nacimiento Segundo, en modo alguno podríamos detenernos. Quien ha logrado el Nacimiento Segun­do debe luchar intensivamente para in­tegrarse con la divinidad. Si un hombre no se integra con la divinidad, tarde o temprano tendrá que involucionar entre las entrañas de la tierra. No se integran con la divinidad los hombres que no eli­minan los agregados psíquicos inhumanos que en nuestro interior cargamos. Esos agregados psíquicos inhumanos, constituyen, son mercurio seco. Todo ser humano carga mucho mercurio seco y azufre ve­nenoso, o arsenicado. El mercurio seco debe ser eliminado. Y en cuanto al azufre venenoso, este reside en los bajos fondos animales de cualquier ser viviente. Si no eliminamos ese azufre venenoso o arsenicado, no progresamos; y si no eliminamos también el mercurio seco, no progresamos. Cuando uno elimina mercurio seco y azufre venenoso, pues, entonces consigue que el oro se fije en el mer­curio.
         Si consideramos que los Cuerpos Existenciales Superiores del hombre son esencialmente condensaciones del mercurio azufrado con algo de sal su­blimada, podremos entonces entender la relación que existe entre el oro y el mercurio. Aún en las minas vemos la íntima relación existente entre el oro y el mercurio. Los átomos de oro deben ser fijados en el mercurio. Nor­malmente el mercurio está asociado al oro.
         Dentro de nosotros existe el an­timonio. Este no es una mera sustancia química como creen muchos. El antimonio es una de las partes autoconscientes del Ser. Esa parte es un artífice que cargamos todos en nuestro in­terior. Todos llevamos antimonio en lo más íntimo de nuestra psiquis. Esa parte autoconsciente, ese artífice, ese alquimista, es quien fija los átomos de oro en el mercurio, es decir, en nuestros Cuer­pos Existenciales Superiores del Ser.
         Cuando los Vehículos Existenciales Superiores del hombre han quedado constituidos por oro puro, incuestio­nablemente, sirven para recubrir al es­píritu metálico que todos lleva­mos dentro. Quiero referirme al Cristo Intimo, al Magnes Interior de la Cábala y de la Alquimia, al Señor. Estos vehículos penetrándose y compenetrándose mutuamente y entre sí, son denominados en Alquimia el To Soma Heliakon, el cuerpo de oro del Hombre Solar. Quien posea el To Soma Heliakon, obviamen­te puede recubrir con el mismo al Cristo Intimo. El Cristo Intimo recubierto con el To Soma Heliakon, constituye la Piedra Filosofal.
         Ya ven ustedes lo que es la Piedra Filosofal. Se dice que esa piedra puede vivir entre el fuego, que es fusible como la manteca; pero, ¡ay del alquimista que la arroje al agua, porque se disuelve! ¿Qué quiere decirse, o qué quiere expresarse con eso de arrojar la piedra al agua? Sencillamente el que derrame el vaso de Hermes, o el adúltero. Para esa clase de seres son las tinieblas exteriores, donde no se oye sino el llanto y el cru­jir de dientes. Arrojar la Piedra Filosofal al agua es eso. En ese caso, se funde un metal y la piedra se dice que se evapora, es decir, el espíritu metálico escapa, el Cristo escapa, se pierde la piedra, se disuelve.
         Puede atravesar la Piedra Filosofal a través de un cristal sin rom­perlo ni mancharlo. De la piedra se puede sacar el eli­xir de larga vida. De la piedra se puede sacar los polvos de proyección, con los cuales se puede fabricar oro, oro físico, efectivo, oro material.
         Aclaro, porque si un alquimista que ya logró, que ya tiene la Piedra Filosofal en su poder, en estado de éxtasis, deposita, por ejemplo, aquí en esta agua, sus átomos de oro, entonces esta agua se convierte por tal motivo en un licor extraordinario, en los mismos polvos de proyección. Y si luego pone una gotita, así, entre un cri­sol donde hubiere plomo derretido, ese plomo se convertiría en oro efectivo, físico, material... y con ese oro vive.
         El Conde de Saint Germain, por ejemplo, fabricaba oro físico, pero invertía ese oro. ¿En qué lo invertía? En distintos bienes materiales. Cuan­do la policía francesa invadió la casa de Saint Germain para saber de donde provenían sus riquezas, se quedaron asombrados al ver que todo estaba en perfecto orden; tenía sus libros de cuentas, los bienes que tenía, todos debidamente documentados, es decir, no se halló una sola falla. Nunca reali­zaba sus transmutaciones metálicas públicamente, siempre en secreto. De manera que, aparentemente, el vivía exclusiva­mente de sus haciendas, de sus propie­dades, fincas, bienes raíces, etc., y todo estaba debidamente documentado.
         Así, mis queridos hermanos, por algo es que cuando uno concluye la Gran Obra, se encuentra ante el Arbol de la Vida, portando en su diestra el cuerno de Amaltea. ¿Cual es ese cuerno? El de la abundan­cia, el cuerno de Amaltea.
         En "El Apocalipsis" de San Juan se le dice a las gentes: "Te sientes grande, te sientes rico..." Bueno, eso sería muy largo citarlo, pero poco más o menos, les digo el sentido de las palabras: "... ¿pe­ro no te das cuenta que eres un cuitado, pobre, desnudo y miserable?". Son palabras que no las entienden sino los iniciados; nadie más. ¿En qué sentido se es pobre, o miserable? Bueno, voy a hablarles algo que las distintas escuelas, pues, no entende­rían a fondo: El oro es el que manda, mis queridos amigos; el oro y nada mas que el oro. En el mundo físico, vemos que un individuo que tiene mucho dinero, man­da con su dinero, así digamos lo que digamos, manda. Si nosotros no tuviéramos con qué pagar esta casa, ¿qué sucedería? Nos ponen de patitas en la calle. Bueno, total, que la cruda realidad de los hechos es esa físicamente. Pero, bueno, dirán ustedes: "¿Qué tiene que ver esto con lo esotérico, con lo espiritual, con lo trascendental, con lo divinal? ¿No es acaso que el Ma­estro está materializando, o metalizan­do la enseñanza?"
         No mis amigos, no es eso. La cruda realidad de los hechos es que si noso­tros no tenemos oro en nuestros Cuer­pos Existenciales Superiores del Ser, después de haberlos fabricado, somos unos cuitados (como nos trata "El Apoca­lipsis", de desnudos, de cuitados, de po­bres, de miserables), y es verdad.
         Saint Germain no hubiera podido hacer oro si no hubiera tenido oro adentro. ¿Dónde lo tenía? Pues, en sus cuerpos, en su aura; oro de la mejor calidad; oro cual ninguna de las minas de la Tierra puede producirlo.
         Entonces, en síntesis alquimista, ¿qué es lo que que­remos nosotros? Estamos reunidos aquí en Tercera Cámara. ¿Qué buscamos? Les voy a ser sincero: ¡Fabricar oro! ¡El que no sabe hacer oro, no sabe nada, aunque se haya metido en la cabeza millones de volúmenes! Si no sabe hacer oro, es un ignorante, nada sabe.
         ¿Fabricar oro? ¿De donde lo vamos a fabricar? ¡Pues, en los Cuerpos Existenciales Superiores del Ser! ¡Queremos vehículos de oro puro, con los cuales poder recubrir la presencia del Logos en no­sotros. ¡Eso es lo que quere­mos!
         Cada uno en su interior carga un templo. Ya vimos el caso de nuestra noble Madrecita Dolores. Bueno, ya platicábamos sobre el asunto de un templo, ese templo es de ella, lo carga; ese es su templo; cualquiera puede visi­tarlo.
         Yo tengo mi templo, también lo tengo, y ustedes en Astral si se proponen visitar mi templo, pueden visitarlo; pero no se olviden que cuando ustedes entren en ese templo, han entrado es en mi Conciencia. Yo cargo el templo aquí, se proyecta en los mundos superiores. ¿En qué forma se proyecta? Co­mo una catedral, verdaderamente. Si les digo que en esa catedral, pues, todos los objetos son de oro, no estoy exage­rando; obviamente así es. Pero, para fabricar ese oro en la cate­dral esa del alma, he tenido que trabajar en la Forja de los Cíclopes, eso es obvio, en el laboratorium oratorium del Tercer Logos. Digo del Tercer Logos, no lo olviden ustedes. ¿Por qué digo del Tercer Logos? A ver, ¿quien me responde?

         R.- Al Espíritu Santo.
         Correcto, al Espíritu Santo, que tan asociado está al bautismo; eso es indu­bitable. De manera que hay que saber entender eso.
         Cualquiera de ustedes puede visitar en Cuerpo Astral, la catedral del Maestro Samael Aun Weor; la hallarán, ahí está. No falta, claro, sobre el altar, el cáliz. Y no faltará jamás sobre el altar de un Maestro el cáliz, que es el mismo vaso hermético. Si faltara, el templo estaría triste, pobre, miserable. ¿Cómo ir a faltar sobre el ara el Santo Grial? ¡Eso sería un absurdo! En ningún Templo de Misterios Mayores falta el Santo Grial; eso es indubitable.
         ¿Ustedes saben cual es el Santo Grial? Creo que sí saben algunos. Es el mismo vaso hermético. Hasta en los templos de los Dioses está el Santo Grial. En ese vaso hermético, colocan los judíos el Maná del desierto, ese Maná con el que se alimentan los israelitas entre las arenas del desierto; con el que se mantuvieron durante cuarenta años.
         Pero, ¿por qué tenía que estar precisamente en el Gomor, la copa, el vaso hermético, el Maná del desierto con el que se alimentaban los judíos? Ahora, téngase en cuenta que ese vaso está a su vez colocado dentro del Arca de la Alianza. También está ahí la Vara de Aarón, o sea, el Lingam generador y las Tablas de la Ley. Con esto, documento todo lo que he dicho.
         En cuanto a los querubines, la Bla­vatsky dice que dos querubines se toca­ban con sus alas sobre el Arca de la Ciencia, y que se hallaban en la acti­tud del hombre y de la mujer durante la  cópula. Eliphas Levi sostiene que son cuatro los querubines que se toca­ban con sus alas, masculino y femenino. De todas maneras, se coincide en que los querubines, masculino y femenino, se to­caban con sus alas y que se hallaban en la actitud de la cópula química en el Sanctum Sanctorum.
         Los soldados de Nabucodonosor Rey, cuando invadieron el Templo de Sa­lomón, lo destruyeron, y vieron antes, previamente, el Arca de la Cien­cia. Dijeron: "Este era el Dios que vo­sotros los judíos adorabais tanto? ¿Este era el Dios de tanta castidad y santidad que vosotros mencionabais?" Claro, rápidamente acabaron con todo, destruyeron el Templo de Jerusalén.
         Así, mis queridos hermanos, no entendieron. Pero, bueno, no nos salgamos del te­ma. ¿Por qué el Maná con el que se alimentaban los judíos en el desierto ten­ía que estar en la copa o Gomor? Les explico: sencillamente el Maná es el néctar de la inmorta­lidad. El néctar sagrado no está en otra parte, sino en el vaso hermético, y el vaso hermético esta dentro del Arca de la Ciencia.
         Si los Dioses no tuvieran el Maná del Desierto (porque la vida es un de­sierto cuando se renuncia a la verda­dera felicidad nirvánica), pues hombre, teniendo cuerpos físicos, sus cuerpos físicos se envejecerían y morirían. Enton­ces ellos necesitan de ese vaso hermético en el cual está contenido el Maná.
         Quienes tengan entendimiento en­tiendan, porque ahí hay sabiduría. Hay que saber entender.
         Incuestionablemente, el error más grave de los distintos grupos, de escue­las pseudoesotéricas y pseudoocultistas, estriba precisamente en creer que la autorrealización íntima del Ser, es a base de teorías; se equivocan. Pensemos por un momento en la forma como surgimos nosotros a la exis­tencia, en esos encantos del Viernes Santo. ¿Cuál es la raíz de nuestra vida? Un hombre, una mujer, una cópula química o metafísica; de allí salió nuestro cuerpo físico. ¿Qué precedió a esa concepción? ¿Qué instantes? Esto nos lleva a los encantos del Viernes Santo. Incues­tionablemente, en todo eso hubo, pues, amor, estuvo Eros activo, etc. Estuvieron también las fuerzas cósmicas más pode­rosas del universo, las que crearon precisamente al universo. Pero, y las teorías, ¿dónde estuvieron? Todos esos millo­nes de volúmenes, de escuelas, ¿dónde estaban? Nada de eso existía para noso­tros. Entonces, ¿de donde surgió, pues, este cuerpo que tenemos? ¿Por qué vino a la existencia?
         Así también digo a ustedes, que sólo entendiendo esos misterios del Viernes Santo, tan fundamentales para los trabajadores de la Gran Obra, se logra la cristificación, la autorrealización íntima del Ser. Esto es cuestión de sexo, de fuerza erótica, de ondula­ciones cósmicas de amor, de emoción trascendental, y de gran voluntad.
         Por ese camino, trabajando, se hace oro, y el que llega a tener oro es inmensamente rico. Mediante el oro, puede uno mandar a la naturaleza, y la naturaleza le obedece. Quien tiene vehículos exis­tenciales de oro, es el amo, rey y señor del universo, según la Orden de Melchisedek.
         Más, si uno no tiene oro en su in­terior, es un cuitado, un miserable, un desnudo, aunque se crea muy rico y po­deroso.
         Así pues, el objetivo de nuestros estudios es uno: ¡fabricar oro!
         Se llega a fabricar oro, cuando se conoce el misterio del bautismo, que como les he dicho, es un pacto de magia sexual.
         Bueno mis queridos hermanos, hasta aquí la plática de ésta noche. Pero, eso sí, tienen todos perfecto derecho a pre­guntar, porque no quiero que queden con dudas de ninguna especie, y lo que no hayan entendido, será explicado.

         P.- Venerable Maestro, ¿cómo podría uno percatarse cuando se ha llegado a la destrucción del Lingam, del vaso hermético?
         R.- Los hechos son hechos, y ante los hechos tenemos que rendir­nos. Si por ejemplo, un hombre quiere trabajar con su esposa sacerdotisa, y el estado de salud, o el estado fisiológico de ella no sirve para eso, si ya pasó sus funciones sexuales, si ya no puede trabajar, se dice que el vaso hermético ha sido destruido, y así se repre­senta en Alquimia: Vaso hermético destruido. ¿Alguna otra pregunta?

         P.- Venerable Maestro, ¿cómo se entendería, ya que usted dice que el mercurio seco son los Yoes, y en el caso del azufre arsenicado, qué sería? ¿Cómo se logra destruir esto?
         R.- El azufre arsenicado es el fuego venenoso animal, que todo el mundo carga en sus infiernos atómicos. Un fuego bestial, inmundo, abomina­ble; todo ser humano lo carga. Y en ese tipo de fuego animal, hay muchos agre­gados psíquicos vivientes, de tipo, dijéramos, que pertenecen al mundo de noventa y seis leyes, o mundo infernal.
         ¿Cómo se elimina ese azufre venenoso o arsenicado? Pues, hombre, trabajando en forma pura y limpia, eliminando el mismo mercurio seco, por el mismo camino queda eliminado el azufre ve­nenoso. Al eliminarse el mercurio seco, el azufre venenoso queda eliminado de hecho. Eso es todo.

         P.- Venerable, el vaso hermético destruido en una persona en que no puede ser ya reconstruido, si no puede ser reconstruido, ¿cómo hace esa persona? ¿Cómo puede traba­jar en la Gran Obra?
         R.- Entiéndase por vaso hermético en este caso, Alquimista, el Yoni, que como se sabe, no es el Lingam.

         P.- Me refiero al Yoni.
         R.- Un Yoni destruido, no sirve para la Gran Obra. Si un alquimista tiene en su laborato­rio un vaso y se le rompe, pues tiene que conseguir un nuevo vaso. Pero co­mo quiera que las leyes son muy sagra­das, sucede que el primer vaso está car­gado de cierta fuerza, de cierta radiación, y esa radiación ha impregnado al alquimista; se hace necesario que pase un tiempo no menor de tres años, para que el alquimista pueda conseguir un vaso nuevo, si es que no quiere un corto circuito dentro de su sistema central espinal, porque un corto circui­to puede quemarle un alambre del labo­ratorio. En ese caso, el azufre y el mercurio bajan, descienden y hay hasta una reducción metálica. En otros términos se diría que el alquimista se ha ido de cabeza al abismo.

         P.- Venerable Maestro, lle­gado el caso específicamente, quien posea el elemento femenino, que tenga, pues, su vaso dañado, ¿cómo puede trabajar en la Gran Obra?
         R.- Repite con más clari­dad.

         P.- O sea, que el elemento femenino tiene sus órganos creadores, dijéramos, dañados, pero entonces esa persona, ese elemento femenino está trabajando en la Gran Obra, ¿cómo puede continuar si se le dañó, pues, sus órganos?
         R.- No es posible, no pue­de, no puede continuar. Es como si el elemento masculino, el alquimista, destruyera su Lingam generador. En ­este caso, tampoco puede trabajar en la Gran Obra. ¿Cómo haría? Necesitaría cambiar de cuerpo para trabajar. Es decir, si el Lingam generador ­queda destruido, ¿cómo trabaja? ¿Cómo trabajaría, por ejemplo, un individuo a quien le castraran? En este caso, pues, hay un fracaso.

         P.- Maestro, ¿por qué causas se daña el vaso hermético?
         R.- Puede dañarse por accidente; puede dañarse por la edad; puede dañarse por el Karma. Si no sirve el vaso para el laboratorio, pues, el alquimista tiene que utilizar un nuevo vaso hermético, y en eso no hay delito. Delito hubiese si el alquimista, teniendo un vaso correcto, hermético, menospreciara tal vaso y lo tirara fuera para tomar uno nuevo. En eso sí habría delito.

         P.- Venerable Maestro, ¿en el caso de que fuera lo contrario, que la mujer se le dañara, por ejemplo, el Lingam para trabajar?
         R.- Pues en este caso, la mujer está trabajando con un varón idóneo, todo marcha muy bien. Si el va­rón no le sirve, todo marcha mal.

         P.- ¿Y se operaría igualmen­te como operaría el alquimista en el caso citado, no?
         R.- Pues la ley, la justicia hu­mana misma, tiene sus postulados. Si un hombre, por ejemplo, es impotente, y la mujer se queja ante la ley, pues indubitablemente recibe carta de divorcio; eso es obvio. Si un hombre no cumple sus deberes para con la mujer, sus deberes sexuales, y la mujer se queja, eso es motivo más que suficiente para el divorcio. Así pues, si una mujer está trabajando en la Gran Obra y no sirve el alquimista, no dispone ella de un Lingam generador, de una lanza para los Misterios, de una lanza con la cual pueda combatir a los agregados psíquicos, de una lanza con la cual pueda herir el costado de Lucifer, pues en ese caso, se encuentra ella ante un dilema: o ante el dilema de tener que desposarse nuevamente con un alqui­mista idóneo, o ante el dilema de tener que aguardar hasta una futura existencia. En tal caso, cualquiera de esas dos resoluciones resulta justa; eso es obvio.

         P.- En este caso, se presenta por Karma, Venerable Maestro, ¿se podría esperar hasta que alguna de esas personas cancelara las deudas?
         R.- Sí, puede esperar per­fectamente bien. También un alquimista que ha perdido el vaso hermético puede esperarse si quiere, hasta La futura existencia, o aguardar cincuenta existencias hasta que encuentre un vaso bueno, pero eso sería el colmo de los colmos. Lo mejor es que el ini­ciado deje toda clase de sen­timentalismos morbosos y to­me un vaso hermético idóneo para el trabajo en el labora­torio. Nosotros debemos dejar aquí, las actitudes pesimistas, dijéramos, el Ta­mas de la inercia, esa especie de flojera mental o espiritual que tanto abunda en las escuelas de tipo pseudoesotérico y pseudoocultista; eso es claro.

         P.- Maestro, y en el caso de que el vaso hermético está bueno, pero la dama no quiere colaborar en la fragua, la dama no quiere trabajar en la fragua, y ya lleva determinado tiempo de colaborarle, ¿el esposo, en este caso, qué puede hacer?
         R.- Pues hombre, el está bueno, pero si ella no quiere trabajar en la Gran Obra, si no le da, ¡psss! por trabajar (iba a decir un termino más duro, pero se saldría del concepto cátedra), naturalmente no le queda más remedio al alquimista, sino buscar un vaso hermético idóneo que sirva, alguien que colabore, que coopere. Pero eso no podría hacerlo, sino después de varios años de duros ruegos y suplicas a la es­posa sacerdotisa. Porque escrito está, que sólo por causa de fornicación, se le debe dar a la mujer, dijéramos, el divorcio; si hay fornicación. De manera que si la mujer fornica, hay derecho. Si una mujer quiere que el alquimista fornique y el alquimista quiere autorrealizarse, y ella quiere es fornicar, se le debe dar carta de divorcio inmediatamente, para que fornique con otro, pero no con el alquimista. Aquí, en esto, hay una de dos: o nos resolvemos a entrar al Reino por asalto, o fracasamos. El Reino se toma por asalto, los valientes lo han tomado. Si no se procede así, se fracasa.
         Estando precisamente yo en los mun­dos superiores de conciencia cósmica hube de solicitar al Padre me mostrara la síntesis de mis trabajos mas recientes en la fragua encendida de Vulcano. Entonces el Padre me llevó a una gran ciudad, una de esas Ciudades Jinas, ciudades mágicas, de las cuales hay cuatro importantes en Europa. Nosotros tenemos una en Yucatán, fundada anti­guamente por los Tuatha de Danand, que fueron, entre otras cosas, grandes viajeros, viajeros Jinas. Bien, allí encontré a muchos adeptos de distintos grados de esplendor. Hasta encontré Adeptus Exentus. ¿Ustedes saben lo que es Adeptus Exen­tus? Significa, Adeptus Exentus ya de Karma, que no deben Karma. En esoterismo se dice, "Adeptus Exentus". Claro, entre todos organizamos una excursión a la cima de la montaña del Ser. Grandiosa fue tal excursión. En los mundos superiores de conciencia cósmica se pasa por vivencias trascendentales, divinales, formidables.
         Cuando conseguimos llegar a la cima, con el animo de encontrarnos con Iod ­Heve, el Anciano de los Días, entonces tuvimos la grata sorpresa de hallarle transformado en una palmera elevadísima. La Palma es el símbolo de la victoria del Crestos. Todos los adeptos se prosternaron en tierra para rendir culto a Iod Heve. Sabía que esa palmera era mi Real Ser, el Anciano de los Días, es decir, el interior de mi interior, para hablarles esta vez a ustedes en el lenguaje de la Pistis Sophía. Es un lenguaje esotérico, simbólico, alegórico. Claro, yo avancé. Como quiera que el Cuerpo Astral tiene cierta elasticidad, ductilidad, no me fue difícil aumentarle su tamaño para tomar aquella palmera por aquí, como quien dice, por el cuello, y asirla con fuerza hacia mi pecho, y acariciar sus hojas, sus ramas. Aquellos adeptos venerables, venerabilísimos, me miraron con terror. No se oyó sino un clamor. Se asombra­ron al ver cómo tomaba yo al Anciano de los Días, nada menos, en esa forma. Más luego, la palmera se transformó en una gran torre, en la torre de mi templo interior, de mi propia catedral. Esa torre corresponde a la cabeza de lo divinal.
         Estaba tatuada, toda llena de pie­dras preciosas. Los ojos eran los de la mismísima divinidad, y tenía brazos, como brazos de hombre.

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