domingo, 22 de mayo de 2016

CONCIENCIA - CUERPO Y AMBIENTE EXTERNO


            Es conveniente que los hermanos Gnósticos no se olvi­den jamás de sí mismos. Cuando digo no olvidarse de sí mismos, esto tiene que ser debidamente compren­dido.

            Un atleta, un deportista, parecería como si no se olvi­dara de sí mismo y sin embargo está completamente olvidado de sí mismo.
            Un anacoreta, un ermitaño, viviendo en una caverna solitaria, pasando por grandes ayunos, con su cuerpo lleno de cenizas, complicado por las penurias, hambriento, entregado por completo a sus cuestiones esotéricas, parecería en realidad de verdad, como si no se olvidara jamás de sí mismo, más en verdad está totalmente olvidado de sí mismo. ¿Por qué? Porque ha olvidado su cuerpo físico, porque no lo mantiene como debe ser.

            El cuerpo es un instrumento útil, que se nos ha dado para la autorrealización íntima del Ser. Si lo abandona­mos, quiere decir que nos hemos olvidado de sí mismos, pues el cuerpo tiene un objetivo, se le ha designado por la ley; sirve para la consumación del Karma, pero sirve también para la autorrealización íntima del Ser. Es un laboratorio maravilloso que debe ser cuidado.


            Vean ustedes pues los dos extremos, el del atleta que parecería como si nunca se hubiera olvidado de sí mismo, y el del anacoreta o penitente que vive en la caverna, muriéndose de hambre, que parecería también como un sujeto, que jamás se olvidara de sí mismo, pero am­bos extremos resultan absurdos, tanto uno, como el otro, se han olvidado de sí mismos, tanto el uno como el otro, han violado la ley de la balanza, tanto el uno como el otro, están en perfecto desequilibrio.


            ¿Cual sería el correcto modo de proceder, para no olvidarse jamás de sí mismo?
            En realidad solamente mediante la perfecta relación, de conciencia, cuerpo y ambiente exterior se logra ese sabor maravilloso, del espíritu, esa conducta auténtica, del que jamás se olvida de sí mismo.

            La Conciencia, debe expresarse a través de los órga­nos del cuerpo, a través de la máquina humana orgá­nica; la Conciencia, tiene que estar alerta y vigilante como el vigía en época de guerra.

            Es por medio de la máquina, como nos relacionamos con el ambiente en que nos movemos, así pues que, Conciencia, cuerpo y medio ambiente, en perfecto equi­librio son necesarios si es que no queremos olvidarnos de sí mismo jamás.

            Si la Conciencia no se relaciona inteligentemente, con el cuerpo, vienen las enfermedades. Si no se relaciona con el medio ambiente, vienen los conflictos. Así pues, Conciencia, cuerpo y medio ambiente son vitales, cardinales, definitivos en aquel que no se olvida de sí mismo.

            Quienes se olvidan de sí mismos, marchan por el camino del error. Cuando nos olvidamos de sí mismos, frente a una copa de vino, terminamos borrachos; cuan­do nos olvidamos de sí mismos frente a una persona del sexo opuesto, terminamos fornicando; cuando nos ol­vidamos de sí mismos frente a un insultador, terminamos insultando.

            Así que en realidad de verdad nadie podría llegar a despertar Conciencia si se olvida de sí mismo.

            ¿Como procedemos en la vida diaria? Si miramos a las gentes en la calle, o en su trabajo, o en su casa, podremos evidenciar el hecho concreto de que se olvidan de sí mismos. Obviamente aquél que se olvida de sí mismo no podrá autodescubrirse y con­tinuará con la Conciencia dormida. 


Indubitablemente, necesitamos autodescubrirnos, y esto solamente es posible con la interrelación, es decir, con la convivencia. En relación con otras personas, los defectos que llevamos escondidos afloran espontánea­mente y si estamos alertas y vigilantes como el vigía en época de guerra, entonces los vemos; defecto des­cubierto debe ser sometido a estudio, a través de la autorreflexión evidente del Ser, defecto descubierto de­be ser sometido a la meditación.

            Sólo por ese camino profundo del discernimiento, po­demos hacernos conscientes de cualquier defecto de tipo psicológico.

            Indubitablemente, todo defecto está representado por un agregado psíquico. Estos agregados sólo pueden ser vistos con el sentido de la autoobservación psicológica.

            Incuestionablemente, tal sentido se halla latente en todos los seres humanos, sin embargo, diremos que órgano que no se usa se atrofia; órgano que se usa, se desarrolla. A medida que vayamos usando el sentido de la autoobservación psicológica, éste se irá desarro­llando; incuestionablemente, el desarrollo de tal sentido nos permitirá ver a nuestros propios agregados psíqui­cos; resulta muy interesante ser testigo de nosotros mismos, ver como tales agregados, se van pulverizando en una forma didáctica y dialéctica.

            Es obvio que para conseguir la desintegración, de tal o cual agregado, se necesita inevitablemente apelar a un poder que sea superior a la mente; este poder existe, está latente en cada uno de nosotros. Es la serpiente ígnea de nuestros mágicos poderes, es Kundalini, y es la Madre Cósmica, es Marah, es Tonantzin, Isis, Diana, Celene, etc. Incuestionablemente, es un poder que se encuentra en estado latente en toda materia orgánica e inorgánica; es una parte de nuestro propio Ser, pero derivada.

            Nosotros podemos ser auxiliados por Marah, por nuestra Madre Cósmica, durante la meditación interior profun­da, entonces ella podrá desintegrar cualquier agregado previamente comprendido, en todos los niveles de la mente.

            Así que en verdad conviene que reflexionemos profun­damente en todo esto. Conviene que nosotros compren­damos profundamente, la cruda realidad de estas cuestiones; Marah, María, Isis, Adonía, Isoberta, Rea, Cibeles, nos prestará su ayuda. Nosotros en realidad de verdad necesitamos ser ayudados.

            La Conciencia normalmente, está enfrascada entre los agregados psíquicos, cada agregado parece una botella, dentro del cual la Conciencia está embotellada, si rom­pemos la botella, la Conciencia quedará liberada.

            Necesitamos despertar la Conciencia, para poder tener acceso a la verdad. Necesitamos despertar la Concien­cia para lograr el Samadhi constante; necesitamos liberar la Conciencia, para experimentar eso que no es del tiempo, eso que está más allá del cuerpo, de los afectos y de la mente. Así pues hermanos, quie­ro que comprendan ustedes la necesidad de estar aler­tas y vigilante, como el vigía en época de guerra.

            Este estado de alerta, no se consigue a través de los extremos, sino en el medio, en el centro; ya dije, un atleta no está atento, no está alerta, se ha olvidado de sí mismo; dije también que un anacoreta metido en la caverna solitaria, con el cuerpo hambriento, mise­rable, tampoco está verdaderamente alerta, se ha olvidado también de sí mismo. El camino está en el centro, el de saber relacionar el estado de alerta, Con­ciencia alerta, un cuerpo sano, y un medio ambiente, sólo así no nos olvidaremos de sí mismos. El ca­mino es interior, profundo.

            Ante todo debemos saber nosotros, que el máximo po­der de la Divina Madre es fuego. Ella en sí misma es fuego. Stella Maris, la Virgen del Mar, es Fohat, es el fuego.

            Mediante el fuego podemos destruir los agregados psí­quicos. Incuestionablemente, es la cobra sagrada de los grandes Misterios, la que tiene su máximo poder en la Forja de los Cíclopes. No hay duda que la electricidad sexual trascendente, fuerza el poder de la Kundalini Shakti. Por eso es que aquellos que siguen la Senda del Matrimonio Per­fecto, deben invocar a la cobra sagrada. Precisamente, en la fragua encendida de Vulcano y desintegrar los agregados psíquicos.

            El fuego en sí mismo es profundamente divino. Se le denomina Fohat. Existe una tremenda diferencia entre el fuego que sirve para cocinar los alimentos y el fuego que se pone en el altar. El fuego, con el que se vela a los difuntos y el fuego luciférico. El fuego del Kundalini, es un fuego muy especial, es el fuego "vulcaniano", que pue­de transformarnos radicalmente. Hay que desarrollarlo en nuestra naturaleza. En verdad hermanos, que uno es el fuego que arde aquí, en toda la naturale­za del mundo tridimensional de Euclides, y otro es el fuego del fuego, la llama de la llama, la signatura astral del fuego.

            Incuestionablemente, hay muchos fuegos, pero aquel con que se destruyen los agregados psíquicos, es vul­cánico y esto resultará sorprendente. La salvación de nosotros está en el fuego. Los libros sagrados han sido escritos en el crepitar del fuego. El Apocalipsis que es el libro de los libros, con el que se guían los alquimistas, está escrito con carbones encendidos. El chisporrotear del fuego se encuentra en cada versículo apocalíptico.

            Los Cuatro Evangelios han sido escritos con fuego; el Antiguo Testamento también ha sido escrito con fuego; el crepitar incesante de las llamas. Debemos volvernos comprensivos, nuestro evangelio es ígneo, chisporro­tear en toda el aura del Universo y transformarnos radicalmente. Pero necesitamos estar alertas y vigilan­tes como el vigía en época de guerra. Necesitamos no olvidarnos de sí mismos jamás; sólo así marcharemos por el camino que nos lleva a la liberación final.

            Fohat en el mundo físico tiene múltiples usos, más en los mundos superiores Fohat es diferente. Uno se acuerda de Apolo, Dios Solar, que es una llama. Uno se acuerda de las llamas que iniciaron la aurora del Mahamanvantara (todos aquellos Dioses Santos de la antigua mitología griega son llamas). Todos aquellos Dio­ses inefables de los Panteones Nahuas, Egipcios, Hindú, Chinos, Druidas, Hiperbóreos, etc., son llamas vivientes.

            Por eso San Pablo asegura en forma enfática que los ángeles son ministros del fuego y que Dios es un fuego devorador. Moisés, sabio cuál ninguno nos habla de Aelohim, tambien cita a Elohim. No olvidemos que existen dos unos: El Manifestado y el Inmanifestado. El Inmanifestado que jamás podríamos buri­lar, simbolizar, pintar, etc., porque es incognoscible y está más allá del fuego.

            En alguna ocasión cuando se le preguntó a un Gran Dios Elemental del Fuego, ¿Qué habría más allá del fuego? respondió: Esa es cosa que nosotros no sabe­mos. Es que la Sonda Incognoscible está aún más allá del fuego. El Aelohim, el Eterno Padre Cósmico Común. A él de ninguna manera sería posible alegorizarlo, pero de ese gran uno, surge Elohim, las huestes de las palabras, del verbo. Incuestionablemente, cada uno de estos Elohim de las Grandes Huestes es una llama viviente, que surge de las entrañas de lo Incognoscible.

            Quiero que ustedes entiendan que el fuego es el verbo manifestado que ha surgido de las entrañas mismas de lo incognoscible. Quiero que ustedes sepan que el fue­go es la palabra, es el verbo.

            Con justa razón Juan, inicia su evangelio diciendo: "En el principio era el verbo, y el verbo estaba con Dios, y el verbo era Dios, por él todas las cosas fueron he­chas, y sin él, nada de lo que es hecho, hubiera sido hecho. La Luz vino a las tinieblas, pero las tinieblas no la comprendieron".

            Todo el Ejército de la Voz, el Logos, el Demiurgo Arquitecto del Universo, es el fuego. De esto resulta como corolario o secuencia lógica lo siguiente: El fuego tiene poder para manejar las fuerzas cósmicas del Universo; el fuego tiene poder para crear y para destruir. El fuego tiene poder para hacer y el fuego puede organizar la materia caótica. Puede integrarla y puede desintegrarla.

            El fuego asciende al primer impulso las fuerzas atómicas que estén contenidas en el caos, con el propósito de crear mundos. El fuego da el primer impulso. Des­pués se convierte en ley. El fuego tiene poder para crear y volver nuevamente a crear. El fuego es inteligente, puede hacer nuevos átomos, lo que jamás pensó Demócrito, puede desintegrar los átomos existentes. En todos los universos, existe. No se extinguirá, no se irá acabando en la forma en que las gentes lo creen, sino que antes bien, un día de estos tantos dormirá entre el caos. Todas sus partes desintegradas se sumergirán en los centros de la llama.

            Su vida no se extinguirá, únicamente se desintegrara y en cada una de sus partes, la vida quedará latente con posibilidades de resurgir más tarde. No hay duda que un día, este universo, después de haber desapare­cido, resurgirá con más esplendor que antes, más fuerte que antes, más poderoso que antes.

            ¿Quién es el que realiza esta maravilla? ¿Quién es el capaz de hacer todas las cosas siempre nuevas? Fohat, el fuego, el Ejército de la Palabra, las 
ígneas llamas de la aurora de la creación.

            Comprendiendo esto mis queridos hermanos, debemos velar el fuego. Los Parsis le rendían culto y se le siguen rindiendo. En las distintas sectas cristianas existe la lámpara ardiendo con el fuego sagrado. Quiero que ustedes sepan en forma clara Vishnú... Etimológicamente Vishnú es el Christus Cósmico, es el Logos, es el Verbo.

            El fuego sagrado que crepita entre el espacio infinito, tiene el poder de penetrar como lo indica etimo: lógicamente la sílaba Vish de Vishnú. El puede pe­netrar en todas partes, él tiene poder para entrar en nosotros mismos y crepitar en nuestra naturaleza orgá­nica, convertido en Devi Kundalini Shakti, la serpiente ígnea de nuestros mágicos poderes. Vishnú, El Logos, "El Christus" debe siempre dar tres pasos dentro de las siete regiones del universo, así nos lo han dicho los sabios Orientales.

            El primer paso seria dado en el mundo del Espíritu. El segundo en nuestra propia alma y el tercero en nues­tro cuerpo. A la inversa, nosotros trabajamos en el Laboratorium Oratorium del Tercer Logos y damos el primer paso. El segundo paso que el Cristo debe dar en nosotros será en el mundo anímico; el tercero, en el mundo espiritual.

            Estos tres pasos del Christus en nosotros, a través de las siete esferas es fundamental para lograr la liberación final.

            El fuego mismo que habrá de pulverizar completamen­te a los agregados psíquicos, una vez cumplida su la­bor se establecerá totalmente en el alma, el tercer paso será en el espíritu. Cristo ha de dar vida a nuestro cuerpo, ha de desarrollarse en nuestro organismo como fuego viviente y filosofal, ha de arder en nuestra Con­ciencia es decir en nuestra alma. Y ha de resplandecer en nuestro propio espíritu.

            He ahí los tres pasos del Demiurgo Arquitecto, es decir el fuego.

            Ignis Natura Renovatur Integram. El Fuego Renueva Incesantemente la Naturaleza. Hay que renovar el cuerpo por medio del fuego. Hay que llevar el fuego en nuestra alma y hay que llevarlo a nuestro espíritu; el fuego descendiendo resplandece en nuestro espíritu, se hace fecundo en nuestra alma y transforma a nuestro cuerpo.

            Así son los tres pasos del Christus en las siete regiones de este universo, El Christus nos guía, es el Sol de me­dia noche, que a los místicos indica el camino, él brilla en el Oriente cuando algo nuevo ha de surgir en noso­tros. El brilla en el Cenit, cuando estamos en Plenum Esotérico, él se oculta en el ocaso, él surge cuando muere el Ego.

            El místico de la media noche, en estado de meditación profunda debe aprender a conocer todo el simbolismo del Señor. Obviamente, el Sol de la Media Noche ha de guiarlo en la lumbre de la llama, que debe condu­cirlo por la senda del filo de la navaja hacia la liberación final.

            Christus Intimus es fuego. Existe el fuego en el es­tado pétreo; existe el fuego en el estado acuoso; existe el fuego en el estado vaporoso, y existe el fuego como llama ardiente y sin limite. El Ejército de los Elo­him, es el ejército del fuego.

            Da tres pasos para des­cender aquí en el mundo de las formas. Tres 
pasos debe dar, para concebir la plena manifestación en este mundo físico.

            Los Dioses Antiguos, los Dioses Solares, esas llamas ar­dientes de los antiguos tiempos, ante los cuales se inclinaban reverentes los adeptos de Egipto, India, Per­sia, Gran Tartaria, Lemuria, Atlántida, etc., etc., sa­lieron de las entrañas de lo Incognoscible, dieron tres pasos para venir a ser resurrectos y desgraciadamente muchos de ellos cayeron.

            Esos Dioses Solares de antiguamente, ahora se han convertido en criaturas vulgares y sólo se les recuerda en el mundo de los arquetipos universales en la forma de simbólicas esculturas de piedra viva. ¡Los Dioses de la antigüedad murieron! Se nos ha dicho que en la fu­tura sexta raza, resucitarán. Tendrán que hacer arder el fuego en su cuerpo, en su alma y en su espíritu, para convertirse nuevamente en Elohim, posteriormente, en la noche profunda del Maha Pralaya, cuando se ter­mine este universo, se sumergirán en el seno de lo incognoscible.

            Hoy en día hay muchos Dioses caídos que deben despertar el fuego en sí mismos. El fuego que so apagó en ellos, debe de arder nuevamente en sus cuerpos, en su alma y en su espíritu. No sería posible, para esos Dioses caídos, dar los tres pasos dentro de las siete regiones para llegar al estado de Elohim y volver a ser lo que otrora fueron, si no desintegran mediante el fuego, a los agregados síquicos que ellos desgra­ciadamente cometieron el error de crear. ¡Hay de esos Dioses!

            La Conciencia de cada uno de ellos quedó embotellada entre tales creaciones demoniacas, entre tales engen­dros del Infierno, ahora sólo utilizando el fuego para quemar a tales agregados, podrán regresar a su estado Cristiano Universal, a ese estado que tuvieron en la aurora del Mahamanvantara.


SAMAEL AUN WEOR

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