domingo, 8 de mayo de 2016

DIALOGO ENTRE EL MAESTRO SAMAEL Y DISCÍPULOS SOBRE LAS CULTURAS MAYAS Y NAHUATLS



            P.- Vemos aquí, Maestro, el Valle de México y en todo el centro del valle hay una montaña. Cuando fuimos a esa mon­taña, nos dimos cuenta de que es un volcán, situado en el centro de la montaña. Y allí hay una Pirámide, en todo el centro. Claro que está destruida, pero entonces captamos que hay un círculo en el centro de la montaña, donde está precisamente ubicada la Pirámide. Como en el valle hay otras ciudadelas antiguas (muchas ciudades), donde en determinadas épocas del año se encendían fuegos para los ritos ceremoniales, entonces desde allí se daban las señales hacia las otras. ¿No es eso cierto, Maestro?
            R.- Sí, a través de caracoles.

            P.- Exacto, se comunicaban por medio de caracoles. El fuego que allí prendían era como un mensaje, dirigido a las otras ciudades.
            R.- Sí, los ritos ceremo­niales de aquellos pueblos que se celebraban cada cincuenta y dos años; la renovación de los fuegos, que se usaba mucho en los tiempos antiguos.

            P.- Allí, Maestro, ponían acei­tes y resinas, para encender ese fuego. ¿Estoy en lo cierto, Maestro?
            R.- El fuego sagrado. Ca­da cincuenta y dos años hacían fiestas especiales, de ri­tuales especiales del fuego.

            P.- Maestro, otra cosa que me permitieron captar, es que allí hay unas cue­vas, dentro de la montaña, donde hay un tesoro guardado, además de un templo de oro puro. Es eso cierto, Maestro?
            R.- Sí.

            P.- Yo no sé si es el tesoro de Moctezuma, o de quién es, Maestro.
            R.- Bueno, el tesoro de Moctezu­ma no está allí.

            P.- Pero hay un tesoro, ¿no es cierto?
            R.- Hay un tesoro allí, pero no es el de Moctezuma.

            P.- Cuando llegaron los con­quistadores, lo guardaron allí, en el centro de esa montaña. ¿No es así, Maestro?
            R.- Los Dioses Náhuatls dejaron todos sus tesoros guardados. En cuanto a lo de los conquistadores, no he investigado ese caso.

            P.- Me refiero, Maestro, a que cuando ellos llegaron, pues escondieron sus tesoros.
            R.- Sí, las gentes autóctonas es­condían esos valores (piedras preciosas) que simbolizaban o alegorizaban determinadas vir­tudes, etc., etc., etc. Eso es obvio.


            P.- Nosotros, Maestro, en cada Pirámide hacemos pequeñas meditaciones.
            R.- ¡Correcto!

            P.- Hoy hemos venido a traerle esto...
            R.- Realmente, yo casi nada he leído (si es que nada), casi nada he leído sobre Antropología. Sin embargo todo esto que existe aquí, entre los Náhuatls y entre los Mayas, todo lo conozco (íntegro, todo). Me ha resultado, inclusive, que ya lo había conocido ¿Por qué? Porque en los tiempos antiguos, yo estuve relacionado con esta gran cultura, con estas Culturas Mayas y Náhuatls. A mí me to­caba venir de la Atlántida, conduciendo caravanas.

            P.- Maestro, ¿en esas épocas ha­bían camellos, venían en camellos también?
            R.- Sí venían, pero por el Norte del Golfo de México, donde había una franja de tierra que comunicaba al Africa, a través de la Atlántida. Entonces venían, ciertamen­te, en caravanas. Se hospedaban en los "Ca­ravancin", especies de restaurantes o "Ca­fés" (más bien diríamos restaurantes, u ho­teles); allí se hospedaban. Yo siempre me encontraba esta gente de raza negra que venía del Africa, a través de la Atlántida. Yo conocí todo eso, y también muchas veces me tocó conducir peregrinaciones hasta Teotihuacán y Yu­catán. A eso se debe que yo me conozca toda esa sapiencia de los antiguos Náhuatls, Mayas, Toltecas, Zapotecas, etc.
            Abunda mucho una forma de cabeza que hay por allí, de un sujeto de facciones negras. Yo lo conocí. Esa es una recordación de los iniciados africanos que venían hasta acá.
            Repito: conocí esa sabiduría antigua de los Mayas, Zapotecas, Toltecas, etc. Yo no he leído casi nada sobre Antropología (no he leí­do, para ser más claro). Lo que conozco yo en cuestiones autóctonas, es algo completamente experimentado por mí mismo; porque cuando venían las caravanas, y venían del Norte de Africa (de toda el Africa, pero especialmente del Norte de Africa) hasta acá, fui testigo de muchas cosas. Habían caravanas que venían desde Atlán­tida, caravanas que venían de Africa, a través de la Atlántida. Como ya dije, había una fran­ja que comunicaba con el Africa, por el Norte del Golfo de México. Allí encontraba yo, siem­pre, muchas caravanas de africanos que venían a través de la Atlántida y llegaban al Norte de México. Yo conocí a esos negros africanos que se hospedaban en los Caravancin (especies de hoteles que habían). Ahí se quedaban, ahí se hospedaban. Y ha­bían, también, iniciados africanos negros. Todavía, como recuerdo de eso, aparece un tipo de cabeza grande, de pómulos sa­lientes y boca africana, nariz africana (los antropólogos le dan determinado nombre). Bueno, yo oigo lo que dicen, pero yo digo lo que sé. Lo que dicen es una cosa y lo que yo sé, es otra.
            Quien observa esas cabezas de piedra (enor­mes, con facciones africanas), verá que cierta­mente son africanos, y son recordación de aque­llos iniciados africanos que venían, pues, desde el Africa a través de la Atlántida.
            Africa no se llamaba "Africa" en aquella época; era entonces un pequeño continente: el Continente de Graboncsi. Sí, ese continente no era muy grande; era pequeño el Continente de Graboncsi. Más tarde, después de la sumersión de la Atlántida, nuevas tierras surgieron del fondo de los mares y se añadieron a ese continente, y creció, se hizo grande. Pero en los tiempos aquellos pues, de los que les estoy hablando, el Continente de Graboncsi era muy pequeño. Los iniciados africanos venían desde el Africa, a través de la Atlántida, y llegaban al Norte del Golfo de México, y como secuencia de esto, los descendientes levantaron monumentos y luego tallaron cabezas, como testimonio de aquella gente africana. Pero, realmente, observen ustedes que no coinciden con ninguna de las razas prehispánicas, establecida aquí en el país; es un tipo completamente negroide. ¿De donde salió? ¡Recordación de aquella época!
            Con el hundimiento de la Atlántida, fue desaparecida aquella franja de tierra que comunicaba con el Africa por el Norte del Golfo de México. Se acabó, se tragó el océano esa franja de tierra y hubo cambios colosales. Por ejemplo, normalmente a mí me gustaba vivir en un valle muy tranquilo, que había donde hoy está el Golfo de México. Sucedió que con la gran catástrofe, entonces aquel valle fue inundado por las aguas y hoy es el Golfo de México. Hubo cambios terribles en la corteza geoló­gica.
            Esto estaba lleno de muchos reinos; a mí me encantaba vivir de reino en reino. Yo visitaba todos estos reinos, y a estos reinos no se les llamaba "México"; tenían distintos nom­bres, según los reyes, según las tradiciones. Claro, más tarde México o Mexitlan vino a tomar su nombre, pero en aquella época que yo les cuento, habían muchos reinos, muchos... Yo los conocí. Todos esos conocimientos y todo lo que hay en esas piedras (toda esa cuestión), son conocimientos  esotéricos trascendentales. A mí me ha tocado o me tocará develarlos, y me ha tocado desde antes. Yo fui testigo de los cultos que se hacían tanto en Yucatán como en la antigua Tenochtitlán y lugares vecinos.
            Pero observen una cosa muy curiosa: ese tipo de cabeza negroide (a que estoy aludien­do), no encaja, realmente, dentro de ninguna de las culturas existentes acá. Es algo distinto, algo raro, algo diferente, algo que no tiene que ver con esas culturas antiguas.

            P.- Ciertamente, Maestro, no encaja, ni dentro de lo Náhuatl ni dentro de lo Maya. Eso siempre lo hemos observado, desde hace mucho tiempo: que no encaja, no son iguales. Las pinturas, las expresiones huma­nas, no encajan.
            R.- No, no encajan.

            P.- Y estas piedras, Maestro, que están así, unas en una forma, otras en otra; esas piedras grandísimas, ¿con qué objeto las ponían?
            R.- ¡Ah, eso es allá en Villa Hermosa, en Tabasco! Yo las he visto; se dice que son de la Cultura Olmeca. Hay una construcción que es rectangular, pero está formada por enormes monolitos, enormes rocas, enor­mes piedras que tienen una disposición, digamos, más o menos así: están clavadas, están empotradas en el suelo y de esta manera, como una gran "jaula" en el centro del cuadrilátero. Y entonces, en la parte de arriba, también tienen unas grandes rocas, a manera de colum­nas, pero no tienen regularidad ni simetría, ni nada más. Son enormes, son como una especie de jaula. Cada una de esas piedras empotradas, pues tendrán unos seis metros de altura. Son gigantes, son como una especie de casa. Las piedras empotradas están separadas, como una jaula.

            P.- ¿Podría ser la estructura de una casa, la que luego recubrían con otras co­sas, para utilizarlas como vivienda?
            R.- Las cubrían con palmas, o con hierbas, o con otra cosa.

            P.- ¿Son, entonces, esqueletos de casas?
            R.- Sí, estructuras de casas. Pero esas piedras tan grandes no eran cargadas, como creen muchos. ¡No! Entonces se amasa­ban las piedras, por medio de cierta fórmula que se ha perdido hoy en día.

            P.- ¿Las amasaban con hierbas?
            R.- Con plantas. Entonces, en el lugar, se colocaba estrictamente la piedra, de­bidamente amasada. Ellos no las cargaban; ellos la amasaban allí mismo y colocaban su roca amasada.

            P.- ¿Eso explica el porqué de esas piedras redondas?
            R.- ¡Sí!

            P.- Maestro, aquí el hermano conoce a una persona que tiene el secreto de amasar las rocas; él tiene piedras de ese tipo, amasadas... ¿Nos podría usted, Maestro, dar esa clave?
            R.- Bueno, no tengo esa clave, o por lo menos no recuerdo esa fórmula en este momento. Más tarde puede que la recuerde, pero en este preciso instante no la estoy recor­dando.

            P.- Maestro, voy a hacerle otra pregunta. Ese valle del centro de México, donde está el cerro que le nombramos, con su tesoro allí guardado y su templo de oro, ¿lo hizo la Madre Natura como un centro magnético, como un "ombligo", como una cosa de energía? ¿Está hecho a conciencia?
            R.- Hay muchos centros magné­ticos maravillosos, formidables, donde se cele­braban varios cultos, cada tantos años, como los que se celebraban en Yucatán. Pero el más importante era el de la Renovación de los Fuegos cada cincuenta y dos años. Es un culto muy especial. Hay un ciclo de fuego, cada cincuenta y dos años.

            P.- ¿Cada cincuenta y dos años se encendía el fuego aquí, en el centro?
            R.- Bueno, se renovaba; había una renovación, venía toda la liturgia, litur­gia extraordinaria que se ha perdido.

            P.- ¿Un cambio, algo nuevo para todos?
            R.- Fuego nuevo; pero se ha perdido toda esa liturgia del fuego. Se usaron caracoles también, como sahumerios: caracoles negros, blancos, amarillos y rojos. Se reducían al fuego y se usaban como sahu­merios, en ciertas fiestas religiosas donde se rendía culto a Venus.

            P.- ¿Qué relación hay, Maestro, entre las conocidas como las "Siete Cabri­llas" o "Pléyades", con el Sol? Porque, precisamente, en esa fecha en la que se cumplía el ciclo de los cincuenta y dos años, debían pasar esas estrellas perpendicularmente al cerro. Y si pa­saban, ellos daban por cierto que al amanecer debía salir el sol; porque está predi­cho que al término de un ciclo de cincuenta y dos años, fi­nalizaría el Quinto Sol. Eso, sobre los cincuenta y dos años, ¿entraña un ciclo mayor? Sabemos que el ciclo anual de cincuenta y dos días, cubre un septenario, ¿verdad? 7 X 52 = 364, de modo que debe haber un septenario mayor.
            R.- ¡Naturalmente! Así como dentro de un cosmos hay otro cosmos, y dentro de ese cosmos hay otro, así también, dentro de los siete ciclos de cincuenta y dos años, hay otros siete ciclos más grandes que abarcan, pues, a la humanidad entera. Ahora, por ejemplo, estamos dentro del ciclo más grande; nos encontramos, exac­tamente, en el Quinto Sol.
            Así pues, por esta época aguardamos noso­tros la gran catástrofe. Ese acontecimiento será en el Katún 13 de los Mayas, cuando llegue el Katún 13. El Katún 13 entrará en el año 2.043.

            P.- El Katún, ¿es también un ciclo? Algunos dicen que es un ciclo de veinte años, pero yo creo que no es así, sino de cincuenta y dos años.
            R.- No; hay ciclos pequeños y dentro de los ciclos pequeños, hay ciclos más grandes, y dentro de los grandes hay mucho más grandes. Así, por ejemplo, el Katún­ 13 es algo grandioso. En el año 2.043, entrará el Katún 13, y entrando el Katún 13, viene la gran catástrofe, viene en el Katún 13 de los Mayas.
            Los Náhuatls aseguran que los Hijos del Quinto Sol perecerán por el fuego y los te­rremotos; pero hay siete ciclos (ciclos de 52 años, que son pequeños), pero dentro de esos siete ciclos de cincuenta y dos años, figura el Quinto Sol en forma cada vez más y más grande. Por ejemplo, el Quinto sol pertenece a la Raza Aria; el Cuarto Sol, Raza Atlante; el Tercer Sol, los Lemures; el Segundo Sol, Hiperbóreos; el Primer Sol: gentes de la Raza Polar, Protoplasmática. Estamos en el Quinto Sol; por esta época se aguarda la gran catástrofe, por el fuego y los terremotos.
            Ahora, en cuanto a Las Pléyades, propia­mente dichas, tenemos actualmente habitantes que vienen de esas Pléyades. Las Pléyades están muy relacionadas con el Archipié­lago de los atlantes, las siete Pléyades correspon­den a las siete islas más importantes de la Atlántida. Y sucede que los Náhuatls eran descendientes de Atlántida; entonces se habló de Las Pléyades, conocimiento que a través de los Toltecas, se heredó de Atlántida.
            Así que, Las Pléyades son muy importan­tes: están relacionadas, naturalmente, con las siete islas sagradas y con las siete razas de la humanidad. Si pasan por todo el centro del "Cerro de la Estrella", pues hicieron cálculos exactos. Ellos no habla­ban de "meridianos", como nosotros, sino de que "pasaron", y ya. Se podían deducir, de eso, calamidades, guerras, etc.
            Todo eso es maravilloso, ¿no? En el Ce­rro de la Estrella, pues, se rendía mucho culto a las cosas cósmicas. Claro, no dejaba de celebrarse, como es natural, cada cincuenta y dos años, la Renovación del Fuego.

            P.- Maestro, cuando estuvimos allí, a pesar de ser nosotros animales intelec­tuales, lunares, internamente sentíamos una gran euforia, sentíamos a los Maestros, sentíamos que había algo especial. Sentimos hoy, en fin, una gran alegría, un júbilo en nuestros corazones, cuando llegamos allí.
            R.- Pues estuviste refrescando, en tu memoria, los conocimientos que otrora tu­viste. Tú estuviste en todas esas cosas, cono­ciste todos esos ritos que se realizaban allí, en el Cerro de la Estrella.

            P.- Sí, Maestro, e incluso me vi en la época de los cincuenta y dos avos, en la que se encendía el fuego. Mi corazón estaba allí y creo que oímos exclamar: "¡Por fin, por fin regresan!"
            R.- En todo caso, tú fuiste sacerdote de estas tierras; fuiste un sacerdote, anti­guo iniciado. Trabajaste, pues, en estos Tem­plos de Anáhuac, y ahora es necesario que vuel­vas a refrescar tus conocimientos. Como viejo sacerdote del antiguo México, tú mismo tenías estos conocimientos, como, por ejemplo, cuando se cogía una rosa, una flor, y tú sabías bus­car allí, predecir. A través de los pétalos, lle­gabas al corazón de la rosa y encontrabas cier­tas signaturas que te permitían predecir acon­tecimientos cósmicos. Eso fue en una antigua edad y esos conocimientos hoy en día se han perdido. Por ahora, lo único que te queda es contar el número de pétalos, para que te vayas orientando. Eso te da el correspondiente Ar­cano y la relación con Las Pléyades.

            P.- Maestro, hoy a las cuatro de la mañana desperté y oí que me decían que me acababan de nombrar Sacerdote de Tláloc.
            R.- Pues no es que "te acaban de nombrar", ¡es que eres!

            P.- Maestro, hay una cosa que no le hemos dicho, ciertas vivencias... Estábamos en una de las Pirámides; fue allí donde nos sentimos como eufóricos. Al entrar en el Templo de los Caballeros Aguilas y los Caballeros Tigres, hallamos un reci­piente, tallado en el piso (los profanos dicen que allí era donde se arrojaban los corazones). Nosotros, por nuestra parte, percibimos que era el lugar donde se encendía el fuego. En­tonces, aunque es una zona arqueológica, con guardianes y toda esa cosa, tuvimos la audacia, con el grupo que llevábamos, de encender el fuego allí. Era como un horno aquello, porque empezó el fuego a crepitar, a sentirse como si un aire lo atizara; empezó el fuego a crecer, en forma maravillosa. Tuvimos que apagarlo porque venía el guardia, pero en lo interno sentimos gran alegría, al oír que los Maestros nos dijeron que hacía miles de años que no se encendía el fuego allí, que hacía miles de años que no llegaban gentes así, como ese grupo de hermanos que alguna vez fueron sacerdotes o sacerdotisas... Luego fuimos a otro templo. También, en simila­res circunstancias, fuimos recibidos con ale­gría. Luego fuimos a otro, y nos recibieron con mucha solemnidad, nos dieron un bastón y unas flechas. Mas tarde fuimos al Templo de Quetzalcóatl. En esa ocasión fuimos recibi­dos con mucha severidad; no solamente con solemnidad, sino también con mucha severidad. Entonces temíamos volver, pero al fin lo hi­cimos. Llevamos a otros dos hermanos y en esta ocasión, por el contrario, se nos trató con una refinada atención, con una refinada armonía, con mucho amor.
            R.- Claro, habían sacerdotes en­tre ustedes. En lo que a experiencias vívidas se refiere, ésta (de plano) es muy cierta.

            P.- Luego, en Teotihuacán, dentro de un templo nos entregaron una capa, una capa cubierta de plumas. Esto, naturalmente; nunca se lo habíamos dicho absoluta­mente a nadie.
            R.- Sí, es que esa es tu herencia, tu herencia secreta. Ahora tienes que volver otra vez a levantarte, para volver otra vez a oficiar; tienes que oficiar.

            P.- Allí, en ese templo, donde fuimos la vez anterior, antes de entregársenos ese bastón y esas flechas, se nos dijo: "¡Al fin has vuelto, después de un largo pere­grinaje!"
            R.- ¡Y bastante largo y duro el peregrinaje! Ahora, pues, ya estás en el cami­no; ahora hay necesidad de volver otra vez a oficiar, de volver otra vez a actuar, como actua­bas en aquellos tiempos. Tú debes recordar que no solamente la Gran Pirámide, en Egip­to, estuvo orientada hacia Sirio en determinada época, sino que también la Pirámide del Sol coincidía con Sirio en determinadas épocas. Y algunos Templos y Pirámides, en aquella época, también se dirigían hacia Sirio. A Sirio se le rindió mucho culto, no sólo en Egipto, sino también en los antiguos pueblos de América.

            P.- En una Pirámide de Guate­mala, en una experiencia interna, vi que había sido arrojado del templo, por haber revelado los secretos; porque yo nunca he llegado a entender por qué se guardaba el secreto del Gran Arcano, que tanto necesita la humanidad. Yo traigo el recuerdo de que, por esa razón, he sido arrojado más de una vez de los templos.
            R.- Por divulgar el Gran Ar­cano. Era una violación entregarlo, era gravísimo. En Egipto, por ejemplo, el que divul­gaba el Gran Arcano, se le llevaba al pie de una muralla (donde aparecían pieles de corderillos y todas esas cosas) y entonces allí se le decapitaba.

            P.- Hay algo muy importante, Maestro y es la extraordinaria riqueza cultural de los Mayas y Náhuatls, que comienza a ser vista, por los estudiantes universitarios, desde un ángulo diferente.
            R.- ¡Hay que ver las riquezas in­calculables de los Mayas y del cristianismo en­tre los Mayas! ¿Qué diríamos, por ejemplo, del Decapitado, en el que aparecen, en vez de la cabeza, siete serpientes? Dos gru­pos de a tres, con la coronación sublime de la séptima lengua de fuego, que nos une con el Uno, con la Ley, con el Padre.

            P.- ¿Dónde está eso?
            R.- Estaba entre los Mayas; lo encontré en una piedra que había allá.

            P.- Nosotros hemos podido ve­rificar, Maestro, que cada Pirámide contiene un determinado tipo de sabiduría, es decir, se especializa en algo. Por ejemplo, en una, pudimos captar el origen del hombre, el origen de la humanidad. Cada una, dijéramos, es en ese sentido diferente, contiene diferentes aspectos doctrinarios. También observemos que antes de la construcción de las Pirámides, habían grandes bohíos en esos sitios.
            R.- Sí, antes de la construcción de las Pirámides, todavía estaba la Atlántida en plena actividad. Las Pirámides son de la época de la Atlántida, así como la gran Tenochtitlán, que para ese tiempo no era todavía Náhuatl. No es como creen los "super civilizados" españoles que vinieron por aquí, que creían que eso sucedió en el año 1.325 de nuestra era. La cultura de la antigua Tenochtitlán (como la cultura de las tierras sagradas del Mayab etc. etc.), es de la época de la Atlántida, es de miles y miles de años atrás. Pues, ¿cómo de va a levantar una civilización, como creen estos in­tonsos, de la noche a la mañana, en el espacio de unos cien o doscientos años? ¡Eso es ab­surdo!

            P.- También las Pirámides de Egipto son de la misma época?
            R.- No, las Pirámides del antiguo México son anteriores a las de Egipto. Precisamente, durante la época aquella en que exis­tía la Atlántida, venían millares de peregrinaciones, unas hacia Yucatán, otras a las tierras del Mayab y otras a Teotihuacán, que eran lugares de peregrinación. Otro lugar era Egipto. A veces salían las peregrinaciones para Egipto y otras veces salían para México. Todas las pe­regrinaciones se hacían a través de la Atlántida, pero las construcciones de México son más antiguas que las de Egipto.
            Así pues, eran lugares de peregrinación: o se iban a Egipto, o se venían por acá. Y habían muchos reinos en todos esos países, reinos maravillosos, grandes culturas, florecientes, lle­nas de gran sabiduría. Por ejemplo, allí tene­mos el caso del Dios Pacal, que no es su verdadero nombre. Le pusieron ese nombre, pero, para entendernos, le diremos "Pacal". Lo llaman también "el astronauta", aquí en Palenque. No hay tal, de que sea un astro­nauta; eso no es cierto.
            Examinemos, por ejemplo, los pectorales que carga y los nueve collares que lo decoran. Eso indica que es un verdadero hombre, que trabajó en la Forja de los Cíclopes (un verdadero hombre). Tres collares tiene aquí, en la garganta, lo que revela o indica que logró cristalizar, en sí mismo, las tres fuerzas superiores de la naturaleza y del cosmos. Luego tiene diez anillos (en cada dedo, un anillo), lo que va indicando, perfectamente, que logró totalmente, pues autorrealizarse íntimamente, logró cristalizar a los Diez Sephirotes de la Cábala, tal como son, logrados en la plena autorrealización ín­tima.
            En cuanto a una esfera que cargaba en la mano derecha y al cubo que cargaba en la mano izquierda, éste ultimo representa, clara­mente, que poseía la Piedra Cubica, o sea, la Piedra Filosofal. ¿Y la esfera? Es la perfección; tenía pleno derecho a usar ya la esfera. Porque téngase en cuenta que nosotros usamos aquí la cruz, como instrumen­to de cristificación, de autorrealización, de eliminación, etc., etc., etc., pero cuando uno ha conseguido ya todo eso, cuando ya es un autorrealizado perfecto, entonces gana el de­recho a usar la esfera, porque ya está hecha, la hizo. La cruz es el instrumento, pero cuando ya uno se ha autorrealizado to­talmente, carga la esfera. Este Dios Pacal (así lo llamamos, porque ese es el nom­bre convencional que le pusieron), pues carga la esfera.

            P.- ¿Y cuál es el nombre verda­dero del Dios Pacal?
            R.- No lo he investigado, no lo he investigado...
            Luego, la entrada al sepulcro está sellada con una piedra triangular, y de día y de noche; para recordarnos al Santo Triamanzikanno, a un hombre que cristalizó, en sí mismo, las tres fuerzas primarias de la na­turaleza y del cosmos; a un hombre perfecto. Hay que bajar, a donde está el sepulcro. Esto nos está diciendo que para poder subir, uno tiene primero que bajar.
            Ahora, lo enterraron con gente decapitada: decapitaron a seis hombres para darle sepul­tura a Pacal; les cortaron la cabeza, sangrien­tamente (¡ésta es un actitud bárbara!, ¿no?). Con eso se quiso dar a entender que fue un hombre que eliminó todos los agregados psíquicos. Y que si pensamos en la estrella de seis puntas, que es la Estrella de Salomón, la estrella que brota de entre el caos del microcosmos hombre; si pensamos también en esa frase: "Lux in Tenebris Lucem" (la luz brota de las tinieblas, la luz sale de las tinieblas, es decir, del caos brota la estrella de seis puntas), veremos que ella es profundamente significativa, es el Sello de Salomón. Las seis puntas son masculinas; las seis on­das de entradas, entre punta y punta, son fe­meninas. Total, son doce radiaciones que cris­talizan, mediante la alquimia sexual, en las Doce Constelaciones del Zodíaco. Pero enton­ces pensemos en el Sexto Misterio, sin el cual no funcionaría el ministerio sexual; el Misterio Veinticuatro de "La Tejedora" del Tarot, no funcionaría. ¿Cómo funcionaría? Sólo mediante el Sex­to Misterio, puede funcionar el Miste­rio Veinticuatro. Dentro del Misterio Veinticuatro, está con­tenido el Sexto Misterio; pero el Mis­terio Sexto es fundamental para que el Misterio Veinticuatro funcione (el de la Gran Obra). Y ese Sexto Misterio, pues, es el del Enamorado, el Amor, y ese pertenece a la Región de Tiphereth de la Cábala hebrai­ca, o sea, a la zona crística del "Arbol de la Vida".
            Bueno, es un Alma Humana cristi­ficada, la de Pacal, que logró la perfecta cristificación y la eliminación de todos sus agregados psíquicos; que pasó por la de­capitación de Juan Bautista, que pasó por la Decapitación de los Inocentes, que se quedó completamente cristifica­do. Para dar testimonio de esa terrible ver­dad, decapitaron a seis hombres, los enterra­ron con Pacal y sellaron la tumba.

            P.- Maestro, ¿qué son en reali­dad los Veinticuatro Ancianos de que habla El Apo­calipsis?
            R.- Bueno, esos Veinticuatro Ancianos son veinticuatro partes del Ser. Ya hemos dicho noso­tros que el Zodíaco tiene veinticuatro Maestros. Hay muchos testimonios, muchos libros donde se da el nombre de los veinticuatro Maestros, o de las Veinticuatro Ordenes de Adeptos. Bien, pero los Veinticuatro Ancianos del Macrocosmos son una cosa y otra son los Regidores dentro de nosotros mismos. Los poderes de los Veinticuatro Ancianos están ubicados alrededor de la glándula pineal: áto­mos o Dioses Atómicos, que se despiertan y desarrollan cuando uno logra la cristificación. De manera que si un hombre consigue la resurrección, los Veinticuatro Ancianos dentro de nosotros mismos (las veinticuatro partes del Ser, que son fundamentales), arrojan sus coronas del triunfo (del Zodíaco) a los pies del Cordero de Dios, es decir, a los pies del Cristo Intimo.
            Pero bueno, para no apartarnos de lo de Pacal, pensemos ahora en la cuestión de la tapa sepulcral, que está ubicada, obviamente, sobre la sepultura. Muchos, examinando esa tapa, pensaron que se trataba de un astronau­ta. No es eso exacto. Sí, no negamos que hay signaturas de Marte; eso no lo negamos. No negamos que es un iniciado del ocultismo marciano; lo acepto, es co­rrecto. Pero una cosa es eso, y otra cosa es que él haya sido un marciano, o habitante de otro planeta. Eso no es cierto.
            La cruz de caña de maíz, que apare­ce sobre la piedra, habla claro. Ya sabemos que el maíz, el trigo y también el arroz, representan al mercurio de la filosofía secreta. Ese mercurio es el alma metálica del esperma sagrado, o en otros términos, hablando más exactamente, diríamos que re­presenta a los gérmenes del hombre, a la simiente. De manera que es profunda­mente significativa.
            Se adoró, se rindió mucho culto al maíz, entre los antiguos Náhuatls, Mayas, Toltecas, Zapotecas, etc., porque representa nada menos que a la simiente, y hablando en forma más trascendental, diríamos: representa al al­ma metálica del esperma, produc­to de las transformaciones del esperma sa­grado o Exiohehari. Entonces, como allí está la realización del hombre, pues había que rendirle el culto debido. Y la cruz de caña de maíz, está indicando el cruzamiento legítimo del Lingam-Yoni, para fabricar el mercurio de la filosofía secreta y así lograr la cristificación.
            Aparece como desprendiéndose, éste hom­bre, de esa caña, que no es como muchos creen: que es un aparato que él maneja (mecánico, de astronauta). No hay tal. Eso que aparece aquí, como desprendiéndose, significa que por la cruz se puede bajar, como también que por la cruz se puede subir. Esa es la cruz, debidamente entendida, como se debe entender y que hay que saber entender.
            Y hay otras signaturas, hay otras signaturas ahí (creo que aparece Sirio, y todo eso). Pero, en todo caso, nos está representando a un Avatara, en el sentido más completo de la palabra; a un Avatara, a un hombre que entregó un mensaje a la humanidad, entre los Mayas; a un verdadero mensajero de los mundos su­periores.
            Se le pone una máscara de jade, para alego­rizar su grandeza y también que ninguno es digno de mirarle el rostro. La máscara, claro, se ha ido dañando a través del tiempo, pero la han restaurado, a la máscara de jade.
            Lamenta mucho, la gente de Palenque, que estos señores aquí, de la ciencia oficial, hubie­ran ido a saquear el sepulcro. Y aún más todavía: que se hayan llevado el cráneo. Se ha exi­gido o se exigió, al Presidente de la República de México, la devolución del cráneo. No han querido devolverlo, y es una lástima, una verdadera lástima.
            Yo estuve explorando toda esa zona, alrede­dor de Palenque (propiamente dicho) y encontré, pues, una Ciudad Funeraria (un templo, un gran sepulcro, etc.), escondida bajo tierra, en la selva. Y me metí entre la selva, a explo­rar. Anduve por entre un riachuelo, caminando, metido entre la maleza, explorando, visitando el sepulcro. Es bastante interesante todo eso; pero una cosa es el mensaje grandioso que se recibe en Palenque y otra cosa es, por ejemplo, el mensaje que se recibe en Cancún. Cada zona tiene su propio mensaje, cada zona tiene su mensaje propio. Por ejemplo: no sería posible entender el descenso del Logos (en su aspecto triuno, como Santo Triamanzikan­no, para fecundar la materia caótica y llegar por último hasta el mundo), sin la Vida, Pasión, Muerte, Resurrección de Nuestro Señor Quetzalcóatl. Por eso fue que en un templo del Maya, analizando a Quetzalcóatl, encontré en la portada principal, el descenso del Logos, con los pies hacia arriba y descendiendo hacia la materia. Pero también, allí mismo, esta gra­bada en piedra toda la Vida, Pasión, Muerte, Resurrección y Ascensión de Nuestro Señor Quetzalcóatl.
            Fue admitida la doctrina de Nuestro Señor Quetzalcóatl, entre los Mayas, en la forma como la llevaron los Náhuatls, precisamente para explicarnos esa verdad biológica: el des­censo del Logos a la materia y su reascenso más tarde. Con tal drama se puede explicar total­mente, en forma dialéctica, el descenso y reascenso del Logos.

            P.- Sobre los sacrificios huma­nos al Dios Tláloc, en el México precolombino, ¿qué nos puede usted decir, Maestro?
            R.- Sobre Tláloc, precisamente, recaían ciertas dudas. Yo le hice una recrimi­nación a él en el Mundo Causal. Le pregunté: Bueno, ¿y por qué permitió usted los sacrifi­cios humanos (sacrificios de niños y de doncellas), allá en el mundo físico? Respuesta: "Yo no tuve la culpa de eso, yo no exigí esa clase de sacrificios". También me dijo: "Volveré, en la Nueva Edad de Acuario"... Tengo entendido que él va a tomar cuerpo físico en la Edad de Oro, después de la gran catástrofe que se avecina; tomará cuerpo físico, en la Edad de Oro de la futura Sexta Raza Raíz.

            P.- ¿Vendrá, entonces la resurrección de los Dioses?
            R.- Viene la resurrección de los Dioses, y Tláloc va a tomar cuerpo físico.

            P.- ¿Se reestablecerá el culto a los Dioses, en esa futura Sexta Raza Raíz?
            R.- ¡Sí señor; se va volver a establecer el culto a los Dioses; los cultos sagrados a los Dioses, volverán a entrar, nuevamente!
            Hasta ahora, el monoteísmo exclusivista (rechazando de plano a los Dioses Santos), no resultó precisamente una bendición para la humanidad, sino todo lo contrario: una maldición. Cuando la humanidad rechazó a los Dioses, se corrompió y llegó al estado actual.

            P.- ¿Ellos, los Dioses, son los intermediarios?
            R.- Los Dioses, sí, son los inter­mediarios, entre la humanidad y el Eterno Padre Cósmico Común.

            P.- ¿Por qué no prevaleció ese culto a los Dioses, después de la venida de Je­sús, el Gran Kabir? ¿Es que acaso él era monoteísta? Y si no lo era, ¿por qué no lo dijo con claridad?
            R.- Bueno, Nuestro Señor El Cristo era politeísta; Jesús de Nazaret no era monoteísta. Recuerden aquellas palabras, donde Jesús El Cristo expresa: "¡Dioses sois!" Está claramente escrito, en el Evangelio: "¿No habéis oído decir, vosotros, que Dioses sois?" En el Evangelio está; Jesús dice: "¡Dioses sois!" Jesús no se pro­nunció jamás contra los Dioses. ¿Cuándo? ¡Esas son cosas de las gentes: él nunca se levantó contra los Dioses Santos!

            P.- Yo no he visto que en La Bi­blia se hable de los Dioses.
            R.- El Apocalipsis, por ejemplo, habla de los Angeles. ¿Qué son los Angeles? Son los mismos Dioses. ¿Que ahora les dan otro nombre? Eso es otra cosa; pero son los mismos Dioses.

            P.- ¿Cuál es, Maestro, el orden jerárquico de esos Dioses, a quienes ahora llaman "Angeles"?
            R.- El orden es: Angeles, Arcán­geles, Principados, Potestades, Virtudes, Do­minaciones, Tronos, Querubines, Serafines, y aún más todavía. No se mencionan algunos de esos, pero hay muchos más.
            Pero, en todo caso, los Angeles son los mis­mos Dioses; esos son los Dioses Santos. Ahora, no queremos decir que, porque le rindamos culto a los Dioses Santos, vayamos a subestimar al Eterno Padre Cósmico Común. Nunca hemos negado nosotros al Eterno Padre Cósmico Común; lo que nosotros rechazamos es al Dios del dogma ortodoxo, a la espantosa deidad vengativa de la Ley del Talión: "Ojo por ojo y diente por diente".
            Lo que sucede es que Dios no es ningún in­dividuo (humano o divino) en particular; Dios es Dioses, es el Ejército de la Voz, la Gran Palabra, el Verbo, el Logos Creador, la Unidad Múltiple Perfecta. La palabra "Elo­him" o "Elojim", que significa "Dios", se traduce correctamente como Dioses y Diosas. Una religión sin Diosas, está en la mitad del camino que conduce hacia el completo ateísmo.

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