domingo, 15 de mayo de 2016

EL ARBOL DE LA VIDA

            P.- Venerable Maestro: la vez pasada, usted dictó una cátedra muy importante sobre Jesucristo, sobre el Salvador. Ahora quisiera preguntarle lo siguiente: ¿por qué el centro de gravedad del Movimiento Gnóstico radica precisamente en Tiphereth? Para nosotros es interesante saber todo lo que usted pueda aclarar al respecto.


            R.- Bueno, indudablemente que tenemos que distinguir entre lo que es Jesús El Cristo como Gran Kabir, el hombre, pues, que predicara la doctrina del Cristo Intimo, y lo que es el Jesucristo Intimo particular, de cada cual. De manera que Jesucristo como Kabir, como gran instructor que apareció en la Tierra Santa hace 1.974 años, lo único que hizo fue predicar la doctrina de nuestro Jesucristo particular, interior.


            Ante todo, tenemos que pensar en los diez sephirots de la Cábala hebraica para poder entender; es decir, considero que para poder entender esto, necesita orientarse uno con el Arbol de la Vida. Sólo así podría hacerse inteligible este tipo de conocimiento.





            Si miramos juiciosamente el Arbol de la Vida, descubrimos los diez Sephirots de la Cábala hebraica. Primero que todo está Kether, el Viejo de los Siglos, la verdad de la verdad, lo oculto de lo oculto, la misericordia de las misericordias. De manera que él es nuestro Padre que está en secreto, que se desdobla (a sí mismo) en Chokmah. Este Chokmah de la Cábala hebraica, es el Cristo Cósmico, o el Crestos o el Vishnú de los indostanes (Kether, por ejemplo, es el Padre, el Brahma de los indostanes). A su vez Chokmah se desdobla en Binah, que es el Espíritu Santo, el Tercer Logos, el Señor Shiva de los indostanes.


            Existe una tendencia muy marcada, en el mundo occidental, a antropomorfizar los tres aspectos del Logos, y resulta que no es posible antropomorfizarlos. El Padre en sí mismo, el Primer Logos, es múltiple. Esto significa que hay tantos Padres en el Cielo, cuantos hombres en la Tierra. El Segundo Logos, el Cristo Cósmico, es una fuerza universal que se expresa a través de cualquier hombre que esté debidamente preparado, y en cuanto al Tercer Logos, el Espíritu Santo, se manifiesta como potencial sexual en todo lo que es, ha sido y será.



            El Primer Logos, en sí mismo, es sabiduría; el Segundo Logos, Chokmah, es el fuego ígneo que arde en toda la creación (el Agnus Dei, el cordero, inmolado desde el principio del mundo para nuestra salvación), es el fuego que subyace en el fondo de toda materia orgánica e inorgánica. Y en cuanto al Tercer Logos, es esa fuerza sexual que vemos entre los pistilos de las flores, y que se expresa a través de los órganos creadores de todas las especies que viven (fuerza maravillosa, sin la cual el universo no podría existir).


            Claro que, entre esos tres aspectos, dijéramos, superiores: Primero, Segundo y Tercer Logos, y los diez Sephirots inferiores, hay un abismo que está lleno de alguien, dijéramos, de un Sephirot oculto que es Daath. Daath propiamente dicho, es el conocimiento tántrico, mediante el cual es posible trabajar uno por su autorrealización; es un Sephirot secreto (muy distinto a los diez), es cognición tántrica.



            Vienen después, en manifestación, los Sephirots subsiguientes: Chesed, que en sí mismo es Atman, el Intimo (también se le dice Gedulah). A su vez Atman, o sea Chesed, se desdobla en Geburah, y Geburah es el rigor, la ley; es el Buddhi, el Alma‑Espíritu, la Walkiria (de la cual nos hablara Don Mario Rosso de Luna, el insigne escritor español), es la Bella Helena, etc.


            Continuando con este orden, nos encontramos al esposo de la esposa: el Manas Superior de la Teosofía Oriental, que no es otra cosa sino Tiphereth, el Alma Humana causal.


            Y ya hemos llegado, pues, es esta cuestión de los Sephirots, a un punto delicado, delicadisimo, porque es muy fácil confundir a Tiphereth, en sí mismo, con el Causal, y sin embargo el Causal viene a ser el vehículo de Tiphereth; pero debemos distinguir entre lo que es el Alma Humana y Tiphereth. Es claro que todo lo vamos explicando en orden...


            Pero continuemos con los Sephirots inferiores... 


Sigue en descenso Netzach, que es el Mundo Mental, la Mente Cósmica, la mente del ser humano. Luego viene Hod, que es el Mundo Astral, el Cuerpo Astral. No hay duda de que en Netzach, por ejemplo, venimos a encontrar nosotros la magia hermética y en Hod la magia natural. Otros autores piensan diferente: creen que en Hod, o sea el Astral, está la magia hermética y que en Netzach, el Mundo Mental, está la Magia Natural. Tengo que disentir con ellos, en ese sentido, porque resulta que la mente, propiamente dicha, es mercuriana; pero hay autores que no están de acuerdo con mi concepto: suponen que es venusina (yo lamento disentir con esa clase de conceptos) y cualquiera puede darse cuenta que la mente es mercuriana.


            Así pues, la magia hermética hay que buscarla con Mercurio, en la mente, y en cuanto a la magia natural o magia ceremonial o ritualistica, etc., podemos bien encontrarla en el Mundo Astral, en el Cuerpo Astral.


            Después continúa (en descenso, pues) Jesod, el Cuerpo Vital o Etérico, y por último Malkuth, el físico. Mas abajo están los Klifos de la Cábala, que son los mundos infiernos.


            Pero hay puntos delicados que pueden conducir al error. Jesod, por ejemplo, en sí mismo influye sobre los órganos sexuales. El asiento vital, el Lingam Sarira, no es mas que la sección superior del cuerpo físico. Quienes no acepten este concepto, o quienes no lo aceptan, para hablar mas claro, piensan que el físico es un cuerpo aparte, el Vital otro muy distinto, etc., y trazan entonces un orden un poco equivocado. Si consideramos a Jesod como fundamento, es claro que se encuentra en los órganos sexuales. Que el Cuerpo Vital sea el asiento de las actividades biológicas, físicas y químicas, es otra cosa; que en alguna forma esté influenciado por Jesod, no lo negamos; pero en todo caso, Jesod son los órganos sexuales.


            Así pues, conviene discernir y aclarar todas estas cosas: el cuerpo físico, con su asiento vital, es terrestre; en cuanto a Jesod, son los órgano sexuales. En "La Vedanta", el Cuerpo Vital y el Físico se consideran como un solo cuerpo.


            El Cuerpo Astral está gobernado por la Luna; por eso es que las salidas astrales se hacen mas fáciles con la creciente, un poco mas trabajosas en la menguante.


            El Mental es mercuriano, ciento por ciento, y en cuanto al Causal, la región de Tiphereth, pues ciertamente es venusina. Los "encantos del Viernes Santo", donde están el amor y la crucifixión del Cristo, y toda esa cuestión, pues los encuentra uno en el Causal.


            En cuanto a Geburah, el Buddhi (que se ha considerado marciano), en el fondo es solar, y en cuanto a Chesed, es mercuriano de verdad‑verdad.


            Claro, esto no lo aceptan muchos cabalistas (pueden considerarlo hasta absurdo, ¿no?), pero quien tenga experiencia directa sobre Chesed, sabe muy bien que Chesed es un guerrero, es el Intimo que está en lucha a muerte contra las tinieblas. Ha luchado, y es que tiene que luchar duro por la autorrealización (está en batalla y eso es obvio). ¿Que tenga algo de jupiteriano, por su cetro de mando y de dominio? No lo niego, pero es guerrero...


            Si proseguimos pues, en estas reflexiones, pensando aquí con ustedes, en voz alta, a través de la comprensión, de la meditación íntima del Ser y de la confrontación lógica (es muy importante esto), veremos pues que hay centros de gravedad en todo esto.


            El Primer Triángulo es, dijéramos, logóico, y obviamente tiene su centro de gravitación (y eso cualquiera lo puede observar) en el Padre, en el Viejo de los Siglos, en Kether. Si agarramos el Segundo Triángulo, lo encontraremos ético. ¿Por qué le decimos "ético"? Pues, sencillamente, porque allí priva la ética, la recta conducta; es el Mundo del Espíritu Puro.


            La Trimurti indostánica de Atman‑Buddhi‑Manas (Chesed, Geburah, Tiphereth), es completamente ética. Obviamente, su centro de gravedad (y esto resalta a simple vista) es el Alma Humana, esa Alma que sufre y que llora, la parte muy humana de nosotros, o sea Tiphereth, que coincide con el Causal; eso muy humano que uno lleva adentro.


            Así pues, obviamente, el centro de gravedad del Triángulo Etico, es directamente Tiphereth.


            Descendemos por el Arbol de la Vida y encontramos el Tercer Triángulo: el mágico. Ese triángulo mágico está formado por Netzach (o sea, la mente), por Hod (el Astral) y Jesod, el fundamento sexual. Como vemos, es mágico.

            Pero, ¿dónde encontraríamos el centro de gravedad del Tercer Triángulo? Obviamente, yo lo encuentro en el sexo, porque de allí viene el nacimiento, la muerte, la regeneración, la recreación. Todo eso es logrado a través del sexo, es decir, el Tercer Triángulo tiene su centro de gravedad en el sexo. Pero si pensamos en el sexo (o sea en Jesod), que es la fuerza del Tercer Logos, entonces descubrimos que el Tercer Logos tiene su centro de gravedad en Jesod, que el Segundo Logos (o sea Chokmah) tiene precisamente su centro de gravedad el Alma Humana, en Tiphereth.


            Así pues, hay tres centros de gravedad básicos en todo este Arbol de la Vida. El primero es el del Viejo de los Siglos, como centro de gravedad o fundamento del Primer Triángulo. En el Segundo Triángulo, en el ético, se manifiesta el segundo aspecto del Logos (el Crestos) en Tiphereth. En el Tercer Triángulo, se convierte Jesod en el centro de gravedad del Espíritu Santo, es decir, de la fuerza sexual. Es mediante esa fuerza sexual que surge la vida, que surge el cuerpo físico y que surgen todos los organismos que tienen vida.


            Malkuth ya es el mundo físico, pero Malkuth (el cuerpo físico) no podría existir sin la presencia del sexo, puesto que somos hijos de un hombre y de una mujer. Así pues, Jesod es el fundamento del Tercer Logos, el centro donde gravita la fuerza sexual del Tercer Logos.


            Conviene no perder de vista todo esto; mirar al Primer Triángulo y pensar en ese centro de gravitación del Primer Triángulo: el Viejo de los Siglos. Bajar al Segundo Triángulo y pensar en que el Cristo Cósmico viene a manifestarse en Tiphereth, que ahí gravita, dentro de la manifestación. Descender aún mas, al Tercer Triángulo, y descubrir las fuerzas sexuales (el fuego vivo de toda nuestra fisiología erótica) en Jesod, donde está el Espíritu Santo.


            Ahora bien: hay cosas que merecen ser reflexionadas, analizadas, comprendidas... Para que el Segundo Logos, o sea Vishnú, o el Cristo Cósmico, pueda salvar a un hombre, tiene que convertirse en Jesucristo, porque el Cristo en sí mismo, es una fuerza cósmica, sólo que si se humaniza esa fuerza en alguna forma, de alguna manera, puede salvar a un hombre (¡eso es claro!). ¿Y hay alguna manera, como para que él se humanice? ¡Si La hay!


            Y hemos llegado a un punto que es bastante difícil, porque hay que aprender a manejar las trimurtis. Hay hermanos que les cuesta mucho trabajo entender esta cosa de las trimurtis; están acostumbrados, por ejemplo, a pensar en el Primer Logos, el Segundo Logos y el Tercer Logos, o sea, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Pero luego viene una segunda trimurti, donde les hablamos nosotros de Osiris, Isis y Horus, y entonces allí se confunden, porque realmente la conversión de una trimurti en otra trimurti, no se puede hacer a base de puro racionalismo. Hay un factor, en esta conversión de trimurtis, que es completamente espiritual y que sólo intuitivamente se puede aprehender, capturar, asir.


            El Primero, Segundo y Tercer Logos, en el fondo son un solo Logos (indivisible, aunque triuno), que es el Padre. Dentro del Padre está el Hijo y está el Espíritu Santo. Así como dentro de un hombre verdadero está el cuerpo, está el Alma y está el Espíritu, así, dentro del Viejo de los Siglos, está también el Hijo y el Espíritu Santo, que forman uno solo, integro, unitotal.


            Ahora bien, en el Egipto a ese único, unitotal, se le llamaba Osiris. Osiris puede desdoblarse (¿quién le prohíbe a Osiris que se desdoble?). El puede desdoblarse, y así, pues, se desdobla en Isis (Eva siempre sale de la costilla de Adán, tanto abajo como arriba).


            ¿Qué tiene de raro, pues, que de Osiris, del Adán Solar, salga la Eva Solar también, la Urania, la Urania‑Venus, la esposa de él? ¿Que puede hacer uno, si del uno siempre sale el dos?


            Así pues, el Padre que está en secreto tiene su esposa, y es la Divina Madre Kundalini; Osiris siempre tiene por esposa a Isis.


              Ahora, de la perfecta unión de los dos (del divino esposo y de la divina esposa), nace el Niño Horus que la Madre Divina lleva en sus brazos. Ella lo concibe por obra y gracia del Espíritu Santo, es decir, del Tercer Logos. Pero téngase en cuenta que, aunque ella sea la esposa del Tercer Logos, dentro del Tercer Logos está el Segundo y el Primero también; porque, al fin y al cabo, el Logos es triuno e indivisible, unitario, integro, unitotal.


            Se necesita mucha sutileza para entender esto, mucho refinamiento, mucho sintetismo conceptual, gran intuición. La conversión de las trimurtis, de una en otra, es algo que al estudiantado gnóstico le da mucho que hacer, pero si ustedes agudizan un poco la intuición, pueden entender.


            Claro, les repito, de la plena unión o cópula sacra‑divinal, entre él y ella, deviene Nus, que en el Egipto se llama Horus y que en los tiempos hebraicos se le llamaba "Jeshua".


            "Jeshua" significa "Salvador". Bien sabemos que "Jesús" viene de la palabra "Jeshua", y "Jeshua" es "Salvador".


            Así pues, Jeshua o Jesús, o Horus, es lo mismo. Este Horus, o este Jeshua (como queramos decirle), este Jesús, es el mismo Cristo que ha descendido de su esfera, el mismo Logos Segundo o Crestos Cósmico, ya humanizado convertido en un Hijo de un Hombre Divino y de una Mujer Divina (para hablar mas claro), convertido en un Rey Niño Salvador; pero es un Rey Niño particular, de uno, puesto que es el Ser mismo de uno.



            P.- ¿Es el Niño de Oro de la Alquimia?


            R.- El Niño de Oro de la Alquimia Sexual, precisamente. Y está coronado el Niño Dios, Jesucristo. Cristo, porque es el Segundo Logos; Jesús, porque se ha convertido en Salvador.


            Para convertirse en Salvador, ha tenido que (por decirlo así) descender de su misma esfera, penetrar en un vientre purísimo, virginal, y nacer por obra y gracia del Espíritu Santo.


            Eso es claro: se ha hecho Hijo de la Madre Divina, un hijo (de hecho) de su Padre.



            P.- Maestro: ¿puede decirse que Tiphereth es Jeshua, en otras palabras...?

            R.- Sí, puede decirse que Tiphereth es Jeshua, en otras palabras.


            Está bien captado, intuitivamente... El es el Hijo del Hombre.


            Alguien podría, por ejemplo, alcanzar la Quinta Iniciación del Fuego (de que hablan todos los textos, tanto de oriente como de occidente), que por ello recibiese la Iniciación de Tiphereth, y sin embargo Tiphereth relacionado con el Causal y la Quinta Iniciación es del Causal.


            Cualquiera diría que al alcanzar la Quinta Iniciación, forzosamente se recibe la Iniciación de Tiphereth y eso no es así: la Iniciación de Tiphereth viene un poquito mas tarde y no todos la reciben. ¿Quien la va a recibir? Entiendo que el que "agarra" la Vía Directa. Pero, en todo caso, yo tengo que hablar de lo que por mí mismo he experimentado, ¿no?


            Después de la Quinta Iniciación del Fuego, hube de ser llamado por mi Divina Madre Kundalini. Tenía ella el Niño en sus brazos. Hice cierta petición de tipo esotérico; ella me respondió: "¡Pídele al Niño!" Y claro, le pedí al Niño lo que tenía que pedir, después se me dieron algunas instrucciones que por ahora guardo en secreto. Posteriormente pude recibir la Iniciación de Tiphereth, es decir, sobrevino después de la Quinta Iniciación del Fuego entonces aquel Niño que había visto en brazos de su Madre (es mi Madre Divina puesto que cada uno tiene la suya) penetró ya dentro de mi propio organismo, por la puerta maravillosa de la glándula pineal, que como dijera Descartes es el asiento del Alma. Claro, mi cuerpo en este caso viene a ser el establo donde nace el Niño, y el cuerpo de cualquier Iniciado que recibe la Iniciación de Tiphereth es el establo donde el Niño nace, viene al mundo.


            Ya en principio puedo decirles que no se nota mucho la presencia del Niño dentro de nosotros, el nace, dijéramos, entre los animales del establo, que no son otra cosa sino los animales del deseo, las pasiones, es decir, los elementos que componen al Yo pluralizado. Ese Niño tiene que sufrir mucho, nacer entre un establo, el no nace en un gran palacio, el nace en un establo. Claro que va creciendo poco a poco, a través del tiempo. La labor que tiene que hacer ese Niño es muy dura, es el Cristo, y nace en el establo para salvarnos; de manera que todos esos animales del establo él tiene que matarlos en sí mismo, y las tentaciones por las que uno pasa como ser humano, como persona que tiene cuerpo de carne y hueso, son las tentaciones que él tiene que pasar, son sus tentaciones, y el mismo cuerpo de carne y hueso de uno viene a convertirse en su cuerpo de carne y hueso. Así es como el Hijo del Hombre viene al mundo y se convierte en un hombre con carne y hueso, ahí está el mérito de sus sacrificios, de sus esfuerzos.


            A medida que va creciendo, los sufrimientos para él van siendo mas y mas grandes, vencer a las potencias de las tinieblas en sí mismas, siendo él tan perfecto, tiene que vencer a las tinieblas en sí mismo. Siendo el tan puro, tiene que vencer a la impureza en sí mismo. Habiendo pasado él mas allá de toda posibilidad de tentación, tiene que vencer a las tentaciones en sí mismo. De manera que nuestras tentaciones vienen a ser las tentaciones que él tiene que sufrir en sí mismo. Nuestros dolores vienen a ser sus dolores multiplicados hasta el infinito. Nuestros sufrimientos sus sufrimientos, nuestras preocupaciones sus preocupaciones, nuestras ansiedades sus ansiedades, nuestros anhelos sus anhelos. Es el Hijo del Hombre, por eso así se le llama el Hijo del hombre, el resultado de sus amarguras. Conforme él va creciendo, también es cierto que todo va muriendo, o mejor dijéramos, conforme van muriendo todos los elementos del establo él va creciendo. Se va desarrollando, se va haciendo hombre, hasta que llega a tomar la palabra para predicar la enseñanza, la doctrina, hace la obra del Padre, pero tiene que vivir el mismo Drama Cósmico, es el drama de la Alquimia, él es alquimista, es cabalista y él tiene que vivir todo el drama de la Alquimia, el drama alquímico, vivirlo en sí mismo.

            El Judas es uno mismo, que lo ha vendido, lo ha cambiado por licores, dinero, mujeres, placeres, por todas las cosas terrenales. El Pilato es uno mismo, que se lava las manos, se cree un santo y muy bueno, se justifica siempre, nunca tiene la culpa de nada. El Caifás de la mala voluntad, es también uno mismo, uno mismo es Caifás. El Judas, Pilato y Caifás lo llevan a la muerte.

            El tiene que ser azotado, tiene que ser coronado de espinas y todos los sufrimientos de él, son ocasionados por uno mismo. Sus angustias son espantosas, porque él tiene que vencer para poder ser glorificado. En la glorificación, está su mérito.

            Si por algo es digno de honras y alabanzas el cordero inmolado que borra los pecados del mundo, es precisamente por ser el Salvador, porque es capaz de sufrir en uno y vencer a la muerte en sí mismo, pues él tiene que llegar a saborear la muerte, a gustar la muerte en sí mismo, porque sólo él puede vencer a la muerte.



            P.- ¿Por eso señalaba usted, Maestro, que la vida, pasión y muerte que se representa en las primeras iniciaciones, son simbólicas, pero que las que se representan en la Segunda Montaña ya son auténticas, reales?

            R.- Bueno, es claro que antes de recibirse la Iniciación de Tiphereth, se recibe la ilustración del drama químico, o drama alquimista, o cósmico, porque todo alquimista tiene que vivir el drama, el drama de la alquimia sexual. Uno tiene que ser alquimista, para poderse autorrealizar.


            Algo te dije yo el otro día o ayer. Te dije que a medida que el tiempo, que fuera pasando el tiempo, yo te iría explicando la Alquimia a la luz de tus propias vivencias, de lo que tu mismo fueras viviendo. Es decir, tú me dijiste que a ti no te gustaría una cosa meramente intelectual (y es verdad, ¿no?), sino que, aquello que es la Alquimia, como fundamento o base, lo quisieras vivir. Y es claro que esa Alquimia, toda, se desenvuelve en el Drama Cósmico: es la vida, pasión, muerte y resurrección de nuestro Jesucristo íntimo, particular. No del Jesucristo de la Tierra Santa, del Venerable que predicó esta doctrina, sino el de nuestro Jesucristo interior, particular, al que alude constantemente Pablo de Tarso y los grandes Maestros.


            Así pues que, todo ese drama, tal como está escrito en los Cuatro Evangelios, es el Drama Cósmico que tenemos que vivir dentro de nosotros mismos, y él, precisamente él, es el personaje central del drama. Cualquier clarividente iluminado puede verlo, a él, cuando está salvando a un Iniciado: puede ver como sufre, lo puede ver coronado de espinas, lo puede ver sujeto a las grandes vejaciones.


            ¿Quienes son esas multitudes que piden su crucifixión? ¡Todos los Yoes! ¿Quién es ese Pilato que se lava las manos? ¡El demonio de la mente! ¿Quién es ese Judas que lo cambia por treinta monedas de plata? Pues no es otra cosa sino el deseo animal, el Yo, base del deseo, o los elementos mas abominables del deseo. Y en cuanto a Caifás, pues es el demonio de la mala voluntad.



            P.- Venerable Maestro: ¿y qué significan los tres clavos?


            R.- Los tres clavos con los que se le crucifica, con los que se le clava a la cruz, son las tres purificaciones, por el hierro y por el fuego.


            La cruz misma, es un símbolo sexual. Ya sabes que el palo vertical de la cruz es el phalus, y el horizontal es el útero. Ya sabemos que la inserción del lingam dentro del yoni, es decir, el phalus vertical dentro del cteis formal, hacen cruz, y la verdadera fidelidad del místico, del cristiano auténtico, se prueba con la cruz. Pero me refiero a la cruz sexual, aquélla que se forma con la inserción del phalus vertical dentro del cteis formal (esa es la cruz auténtica). Un individuo puede decir que es fiel al Cristo, que lo ama, que lo adora, pero si no lo prueba con la cruz en el mismo lecho matrimonial, es falso y es mentiroso, está demostrando que no es fiel al Cristo.


            Pero bueno, no nos apartemos tanto del temario... En todo caso, quiero decirles a ustedes que él vive el Drama Cósmico, hasta que con su muerte mata a la muerte. Cuando lo ha logrado, entonces es cuando exclama: "¡Sorbida es la muerte con victoria! ¿Donde está, oh muerte, tu victoria? ¿Donde está, oh sepulcro, tu aguijón?"


            De manera que, entonces, lo importante es que él logre redimirnos. Al resucitar, es claro que el Alma en él resucita, y todos nuestros principios anímicos y espirituales, en él resucitan.


            Así pues, es necesario comprender que él es nuestro auténtico Salvador Interior, nuestro Jesucristo particular, íntimo. Esto mismo lo sabe el Gran Kabir, que vino al mundo y que predicó esta doctrina, pues él sabía muy bien que cada cual lleva su Jesucristo Intimo, particular.


            El no quiere (el Gran Kabir Jesús de la Tierra Santa, y que vino al mundo hace 1.974 años), él no desea que nadie lo siga; lo que quiere es que cada cual siga a su propio Cristo Intimo, porque ese es el que cuenta, porque es nuestro Salvador, el que viene a reconciliarnos con nuestro propio Padre que está en secreto, con el Viejo de los Siglos (él es el gran reconciliador).


            Una vez que él ha logrado el triunfo de salvarnos, se glorifica y digno es de toda alabanza y gloria, puesto que ha vencido al mal, y en sí mismo, que es lo grave; no lo ha vencido desde afuera, sino en sí mismo. Se ha inmolado como cordero; por eso se le dice el "cordero inmolado". Se ha inmolado para salvarnos con su sangre, es decir, con el fuego, porque en Alquimia la sangre representa al fuego sagrado del Kundalini.


            Es muy bueno entender todo esto, y yo les estoy hablando de lo que yo mismo he vivido, de lo que estoy experimentando en mí mismo. No cometería yo el crimen de ir a decirles que yo soy el Cristo, ni mucho menos. Eso sería una blasfemia, una falta de respeto al Salvador. Pero si les digo que él a mí me está salvando. Como él a tantos ha salvado, yo puedo ser uno mas de los salvados, y como él está trabajando, lo he experimentado, y lo que estoy diciendo es lo que me consta, lo que he vivido.
Samael Aun Weor

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