domingo, 5 de junio de 2016

EL AGNOSTOS THEOS


            Ha llegado la hora de comprender lo que es realmente el Ser, lo que son nuestros estu­dios, lo que es la Gnosis. Ante todo, tenemos que rendir culto al Agnostos Theos, al Espacio Abstracto Absoluto, incondicionado y eterno.
            Indubitablemente, la divinidad incógnita y desconocida, es eso que no tiene nombre: aquello, lo innominado, lo ine­fable.

            El Absoluto está más allá de todo lo que ten­ga forma y figura, lado por lado, cantidad, cualidad, número, medida y peso: es lo que no es, lo que no tiene forma, lo real.

            Al usar esta clase de términos, deben ustedes saberlo entender desde un punto de vista intuitivo; cuando digo "es lo que no es", hay que aprehender su honda significación.

            Una forma de ser, sería la que tenemos en nuestro intelecto, pero "aquello" no es lo que tenemos en nuestro intelecto; por eso digo: "es lo que no es", ese no Ser que es el real Ser; sólo así podremos entender algo puesto que "aquello" está más allá de toda comprensión.


            Sat, el inmanifestado, indubitablemente pertenece al aspecto negativo de la luz. Estamos acostumbrados a pensar en la luz en su aspecto positivo, pero el aspecto negativo de la Gran Vida está mucho más allá de todo lo que podamos entender, mucho más allá de los sephirotes de la Cábala, mucho más allá del silencio y del sonido y de los oídos para percibirlo; mucho más allá del pensamiento, del verbo y del acto.

            Cuando se habla de "existencia ne­gativa", debemos entender aquello que no es y sin embargo es. La "luz increada", pues, es el aspecto negativo de la luz, es lo real; la "existencia negativa" tomémosla en el sentido de que no es manifestada, que se oculta tras los velos de la manifestación.
            El Anciano de los Días, por ejem­plo, en cada uno de nosotros, resulta siendo el Malkuth, es decir, un aspecto inferior, es para el absoluto. Así como Malkuth den­tro de la manifestación cósmica, o sea el mun­do físico, es el aspecto más inferior de todos los diez sephirotes, así también el Anciano de los Días, con toda y su grandeza, majestad y señorío, es el Malkuth para el Absoluto.
            De esa divinidad incógnita y desconocida, que se halla latente en todo lo que es, ha sido y será, surge toda emanación: los inefables, el Ejército de la Voz, la Gran Palabra, los Dioses Santos, los Gobernadores de todo el universo. Ellos no son sino manifestaciones de la divi­nidad incógnita y desconocida: del Agnostos Theos.

            Bien, mis caros hermanos, no olvidemos pues al Jehová, al Iod Heve. Cuando hablo en esta forma, no quiero referirme, en modo alguno, al Jehová aquel antropomórfico de la Iglesia de Roma y de Jerusalén y de todas las gentes dogmáticas en general; no, el Jehová a que me refiero, a que hago alusión, es el Jehová íntimo de cada cual; es obvio que cada uno de nosotros trae dentro su propio Iod Heve. Iod es el principio masculino, Heve es el principio femenino; Iod es nues­tro Padre que está en secreto, Heve es nues­tra Divina Madre Kundalini (ese es el Jehová íntimo, particular, de cada cual).

            Jesús de Nazaret rechazó al Jehová antro­pomórfico de los judíos, a ese Jehová bíblico, al de la "Ley del Talión", al de la venganza; Jesús de Nazaret amó a su Padre que está en secreto, y a su Divina Madre Kundalini. Ve­mos al Divino Rabí de Galilea, crucificado, exclamando al Padre con gran voz: "¡Padre, en tus manos encomiendo mi Espíritu!" Su Madre Divina Kundalini está al pie de la cruz; ella le asiste, ella es Ram Io. "Ram" es un mantram, el mantram del fuego, el mantram del Tattva Tejas: "Io" nos recuerda los Misterios Isíacos, "Io" es el punto dentro del círculo, es el Lingam-Yoni.

            Así pues, hermanos, Jesús rechazó definiti­vamente al dogmático Jehová, a ese que funda­mentaba toda su doctrina en la venganza de "ojo por ojo y diente por diente", y adoró firmemente a su Padre que está en secreto y a su Divina Madre. El Jehová auténtico, pues, hay que buscarlo íntimamente; cada uno de noso­tros lleva, más allá de su Conciencia, al Padre que está en secreto y a la Divina Madre (Iod ­Heve).

            Hemos citado al Espacio Abstracto Absolu­to, de donde emanó el Ejército de la Voz, de donde brotó nuestro Jehová particular, el di­vino macho-hembra. Vemos, pues, que detrás de nuestra divinidad particular está la divinidad abstracta, el Ser de nuestro Ser, el dios desconocido, ante el cual se prosterna todo el ejército de la voz: la deidad que no tiene nombre, la "existencia negativa", "aquello" que no es y sin embargo es.

            Hemos visto, pues, de dónde ha brotado nuestro Ser Interior; habiendo sabido que ema­nó de entre las entrañas del Espacio Abstracto, necesitamos orientarnos. Ante todo se hace indispensable que nuestro Padre-Madre interior sea autorrealizado en nosotros; eso es posible si nos comprendemos a sí mismos, si logramos eliminar de nuestra na­turaleza, los elementos inhumanos que cargamos dentro.

            Veamos: ¿por qué en las profundidades de sí mismos, está nuestro Padre-Madre, nuestro Elohim primordial que ha emanado del dios desconocido, de la luz insondable, del Espacio Abs­tracto, incondicionado y eterno? El ha ve­nido con un propósito, y es tomar forma en no­sotros, autorrealizarse, cristalizar en noso­tros. ¿Será posible eso? ¡Sí lo es! Pero necesita­mos, repito, primero, la eliminación de los elementos inhumanos, a fin de que él pueda expresarse a través de nosotros; segundo, nece­sitamos la creación de instrumentos o vehícu­los capaces de almacenarlo, de recubrirlo con su presencia, de protegerlo; vehículos que deben tener una constitución fuerte y sin em­bargo elástica y dúctil, sublime.

            ¿Qué clase de vehículos serán esos? Ayer estuvimos, precisamente, hablando sobre los Cuerpos Existenciales Superiores del Ser. To­das las gentes creen que ya poseen tales cuer­pos (cuando hablo de "todas las gentes", me refiero a los pseudoesoteristas y pseudoocultistas); desafortunadamente, son muy pocas las personas que nacen con un Cuerpo Astral.

            Si examinamos cuidadosamente a las gentes, vemos que solamente poseen un cuerpo plane­tario y ese cuerpo está gobernado por cuarenta y ocho leyes; lo que estoy diciendo, está comprobado por las cuarenta y ocho cromosomas que existen en la célula ger­minal. Como ya se sabe, el elemento masculi­no proporciona veinticuatro cromosomas para formar esa célula; no ignoran los Biólogos que el ele­mento femenino aporta otros veinticuatro cromosomas; sumadas, nos dan cuarenta y ocho, que es el número que se necesita para una célula germinal.

            Así pues, nuestro cuerpo físico está gober­nado por cuarenta y ocho leyes. Es un instrumento maravi­lloso; desafortunadamente, la humanidad solamente posee dicho instrumento. El asien­to vital de tal vehículo, es el Cuerpo Vital, el Lingam Sarira de los teósofos, la conden­sación biotermoelectromagnética, en la cual se haya la raíz misma de nuestra existencia. Más allá de estos cuerpos, lo único que existe es el Ego (y eso es la humanidad).
            El bípedo tricerebrado, el animal intelec­tual, solamente posee el cuerpo planetario con su asiento vital, y dentro, muy dentro, lleva el Ego, el Yo, el mí mismo, el sí mismo. Tal Yo, tal Ego, esta compuesto por diversos elementos inhumanos. Desafortunadamente, la Esencia se halla enfrascada, embutida entre los citados elementos y es obvio que se procesa de acuerdo con su propio condicionamiento.

            Nos hallamos, pues, en un estado desastroso y sin embargo estamos llamados a recubrir con nuestras presencias al divino macho-hembra, a ese que emanó del Espacio Abstracto Absoluto.

            Entonces, ¿cómo hacer, cómo proceder, có­mo actuar, cómo trabajar para que, un día, nuestro sagrado Elohim pueda ser recubierto con nuestra presencia?, ¿de qué mane­ra? Ante todo debemos empezar por eliminar de nuestra naturaleza, los elementos inhumanos. Tales, repito (y para que me entiendan bien, aclaro), se hayan personificados con las diversas figuras que constituyen el Yo, el mí mismo, el sí mismo: ira, codicia, lujuria, envidia, orgullo, pereza, gula, etc. (son tan innumerables los defectos, que aunque tuviéramos mil bocas para hablar, no acabaríamos de enumerarlos a todos detenidamente). Se hace muy necesario, urgente, inaplazable, poder eliminar todos esos defectos. Cada uno de ellos es un elemento inhumano y den­tro de cada uno de ellos está enfrascada, embo­tellada, embutida la Esencia, que es lo más digno, que es lo más decente que poseemos.

            Ante todo se hace urgente comprender que es indispensable hacer conciencia de nuestros propios errores. En relación con las gentes, en la lucha por el pan de cada día, en relación con nuestras amistades, los defectos que llevamos escondidos afloran, y si nosotros nos ha­llamos alertas, como el vigía en época de guerra, entonces los descubrimos. Defecto descubierto, debe ser comprendido muy íntegramente, en todos los departamentos de la mente.

            Cada defecto es polifacético y tiene muchas raíces. Una vez que hayamos comprendido nuestros errores a través de la técnica de la me­ditación, entonces procederemos a eliminarlos. Podríamos comprender, por ejemplo, el defecto de la ira y sin embargo continuar con ella; podríamos comprender el defecto de la envidia y sin embargo llevarla adentro. Se hace necesario también, repito, eliminar y esto solamente es posible utilizando la fuerza eléctrica sexual.

            Así pues, durante el Sahaja Maithuna po­demos invocar a Devi Kundalini, la serpiente ígnea de nuestros mágicos poderes y suplicarle elimine, erradique de nosotros el defecto descubierto. Ella procederá, utilizando la lanza de Minerva para arrojarlos fuera. Recorde­mos aquel símbolo maravilloso, en el que aparece Jesús, el Gran Kabir, dentro del Templo de Jerusalén arrojando con el látigo a los mer­caderes. Así también debemos proceder nosotros: arrojar con el látigo de la voluntad a los mercaderes del templo (la ira, la codicia, el orgullo, etc., etc., etc.). Devi Kundalini se encargará de hacerlo; ella empuñará la lanza de Minerva y con tal fuerza fohática extraordinaria, eliminará los elementos inhumanos que llevamos dentro.

            Así, mis caros hermanos, la Conciencia se irá emancipando, liberando, y conforme se vaya liberando, irá despertando, y cuando todos los elementos inhumanos hayan sido deshe­chos, entonces ella resplandecerá abrasadora­mente, entonces podremos ver, oír, tocar y palpar las grandes realidades de los mundos supe­riores.

            Repito: necesitamos arrojar del templo, a los mercaderes y eso es cuestión de Thelema (voluntad).

            Continuando pues hacia adelante, el traba­jo de preparación es extraordinario, porque ne­cesitamos realmente trabajar demasiado para poder, un día, recubrir con nuestra presencia al divino macho-hembra, al Elohim Interior, que emanó de la luz increada, del Espacio Abstracto Absoluto.

            Hablando más profundamente (para la preparación del templo) diremos que se necesita la fabricación de un Cuerpo Astral. Eliminar el Ego, es una parte; crear los Cuerpos Existenciales Superiores del Ser es otra parte y sacri­ficarnos por la humanidad es nuestro deber. Con esos tres factores de la Revolución de la Conciencia, conseguiremos la autorrealización íntima del Ser; con esos tres factores de la Revolución de la Conciencia, nos capacitare­mos para poder cristalizar, en nuestro interior, al Elohim íntimo, al Padre-Madre, al Jehová particular, al Iod Heve.

            La creación de los Cuerpos Existenciales Superiores del Ser, es también de suma pacien­cia: necesitamos transmutar el sagrado esperma en energía. En otros tiempos, cuando la humanidad no había desarrollado el abo­minable Organo Kundartiguador, nadie extraía de su cuerpo el sagrado esperma; mas cuando le fue proyectado, al animal inte­lectual, el abominable Organo Kundartiguador, entonces gozó eliminando el sagrado esperma. Si nosotros transmutamos esa materia venerable en energía, podremos crear los Cuerpos Existenciales Superiores del Ser, pero ante todo hay que comprender los diversos procesos alquímicos.

            Se nos ha dicho que para la Gran Obra, con una sola substancia tenemos. ¿Cuál será esa substancia? Nosotros respondemos: el mercurio de la filosofía secreta. ¿Y dónde está ese mercurio? Pues bien, es el alma metálica del esperma. Es claro que al no gastar el licor seminal, éste se transmuta en energía y esa energía es el mercurio de la filosofía secreta, es decir, el alma metálica del esperma es el mercurio de la filosofía se­creta y esa alma metálica está representada por Lucifer; al citar a este persona­je, no debemos escandalizarnos.

            Ese es Lucifer; pero no pensemos en un Ar­cángel antropomórfico, el Lucifer es muy indi­vidual, cada uno de nosotros, tiene su Lucifer particular, individual. Lucifer es uno de los aspectos de nuestro Ser Interior y en verdad que el más importante; es, por decirlo así, el du­plicado del Tercer Logos en nosotros, la sombra de Shiva, el archihierofante y archimago. ¿Que él resplandecía? Es verdad: abrasado­ramente. Como Arcángel inefable, era un santo Kumarat, pero cuando cometimos el error de caer en la generación animal, en esa, dijéramos, la raíz de nuestros actos (por ser él uno de los aspectos más importantes de nuestro Ser, por ser el duplicado de nuestro Dios Intimo), cayó de hecho en las tinieblas de este mundo y se convirtió en el diablo.

            Hay tantos diablos en la Tierra, cuantos se­res humanos; cada uno de nosotros tiene su propio diablo y este diablo particular de cada uno de nosotros, es negro como el carbón, cris­talizó por el Organo Kundartiguador, en el Fohat negativo, en el fuego de la fatalidad, el fuego luciférico.

            Está en desgracia Lucifer, después de ser la criatura mas excelente, no dentro del Ser, sino en nosotros. Debemos blanquearlo y eso está escrito. Los Alquimistas medievales dijeron: "Quema tus libros y blanquea el latón"... Ya se sabe que el latón es de cobre y el cobre está relacionado con Venus, la estrella de la mañana y de la hora vesper­tina. "Blanquear el latón" significa blanquear al propio diablo interior para liberarnos. El es Prometeo encadenado: un buitre le devora las entrañas incansablemente (el buitre del deseo). Nuestro Lucifer tiene poder sobre los cielos, sobre la tierra y sobre los infiernos, pero lo tenemos en desgra­cia; si lo blanqueamos, seremos recompensados (y con creces). ¿Cómo blanquearlo? Eliminando el Ego, creando en nosotros los Cuerpos Existenciales Superiores del Ser y sacrificándo­nos por la humanidad.

            Entre los aztecas, Lucifer aparece lanzán­dose de cabeza al fondo del abismo, símbolo de nuestra caída sexual. Más hay algo novedo­so en la doctrina azteca: Lucifer ciñendo el cordón de penitente, de anacoreta... ¿Lucifer haciendo penitencia? ¿Habrán visto algo más extraordinario? Es digno de ver ese Lucifer; es, dijéramos, la representación de nuestra Piedra Filosofal (en el fondo, ese paradigma tiene en nosotros; pero está tan relacionado íntimamen­te con el mercurio de la filosofía secreta, que parece como si hubiésemos nosotros pasado por una disgregación, mas no hemos pasado por ninguna disgregación; se necesita poner mucha atención). Ya dije que el alma metálica del esperma es la Piedra Filoso­fal, ya dije que Lucifer es la Piedra Filosofal. Adivinen: ¿cuál de los dos es la Piedra Filosofal? En realidad de verdad, tanto Lucifer como el alma metálica del esperma, constituyen la Piedra Filosofal; esa piedra está velada por Lucifer.

            Bien, en la Catedral de Notre Dame de Pa­rís, aparece un ave, un cuervo, con la vista di­rigida hacia la "piedrecita del rincón". ¿Qué hay en la piedrecita del rincón? Una figura, un diablo... ¿Qué significa el "cuervo de la putrefacción"? ¡La muerte! Necesitamos la eliminación, matar, destruir el Ego animal; sólo así es posible "blanquear al diablo" que está en el rincón del templo y que desea su liberación, pues quiere volver a ser el Arcángel luminoso de otros tiempos.

            Esa alma metálica del esper­ma, repito, es extraordinaria: ha emanado del Caos y está en las aguas seminales, en verdad. A su vez, de esa alma metálica, mediante la transmutación, se desprende una tercera agua: es el producto, propiamente crea­dor, que sube por los Canales de Idá y Pin­galá hasta el cerebro. Cuando el fuego, el azufre hace fecundo a ese mercurio, entonces comienza el proceso maravilloso de la Iniciación; pero ténganse en cuenta los tres aspectos del mercurio:
            Primero: Como caos metálico, simple esperma.
            Segundo: Como alma metálica o mercurio.
            Tercero: La tercera agua, el fluido aquel maravilloso que sube por los Canales de Idá y Pingalá hasta el cerebro.
            Un momento llega o llegará en que ese ter­cer aspecto, esos fluidos sexuales, ascendiendo por los Canales de Idá y Pingalá, sean fe­cundados por el fuego sagrado (he ahí el ligamen del mercurio y del azufre en su primer aspecto), y todo el proceso esotérico de noso­tros, se fundamenta en los cruces incesantes del mercurio con el azufre.
            El Hidrógeno Sexual SI-12, del cual nos hablan los mejores ocultistas, entre ellos Gurd­jieff, seriamente corresponde al mercurio mismo, al tercer aspecto, a la tercera agua mercurial. Ese mercurio, al cristalizar en su primer vehículo, que es el Astral, se hace extraordinario, maravilloso; pero para que ese mercurio tome la forma del Cuerpo Astral, hay que trabajarlo. Mediante la transmutación, llegará el mo­mento en que ese mercurio tome esa figura y ya provistos de un Cuerpo Astral, podemos viajar con él a través del espacio infinito. Mucho más tarde, el mercurio viene a cristalizar en la forma del Cuerpo Mental y muchísimo más tarde, en la forma del Cuerpo Causal (vean ustedes las tres formas de cristalización del mercurio).
            Cuando esos Cuerpos Existenciales son creados, formados, encarnamos al Alma Humana: pero no basta crear, con el mercurio, los Cuerpos Existenciales Superiores del Ser; debemos saber que el mercurio está llamado a cargar el oro del Cristo Cósmico dentro de sí mismos (San Cristóbal, cargando al niño, es una alegoría de esta verdad que estamos diciendo). Cada uno de nosotros debe, ante todo, preparar el mercurio; una vez preparado, no olvidar que dentro de nosotros, debe desarrollarse el Niño de Oro de la Alquimia Sexual.
            Así pues, el Hidrógeno Sexual SI-12 de que nos habla Gurdjieff, no es otra cosa sino el mismo mercurio. Cuando se dice que "el oro se desarrolla dentro del mercurio del Ser", ¿qué clase de oro es el que se forma? Repito, el oro crístico, porque Cristo es el oro; dentro de esos cuerpos y el mercurio, debe for­marse el oro, el oro del Cristo. En fin, debe el Logos tomar forma en nosotros y ese es un trabajo dispendioso, arduo.
            No basta crear los Cuerpos Existenciales Su­periores del Ser, hay que ir más lejos: se nece­sita perfeccionarlos para que puedan ser recu­biertos, más tarde, con las distintas partes del Ser.
            Repito, para que comprendan los aquí pre­sentes y los que me escuchan: el mercurio es la materia fundamental de la Gran Obra y tie­ne, ya dije, tres aspectos (y lo repito y lo aclaro): primero, el Caos, propiamente dicho, que es la se­creción semilíquida, semisólida, de las glándulas sexuales, y eso se da no solamente en los varones sino también en la mujer, porque si bien es cierto que el hombre durante un orgas­mo, gasta su esperma, la mujer también tiene su esperma y cuando pasa por el orgasmo, lo pierde miserablemente. ¿Que los médicos no quieran llamar "esper­ma" a la secreción sexual femenina? Eso es otra cosa; pero los Alquimistas sí le damos el nombre de "esperma", porque es esperma y estoy hablando en términos de Alquimia rigurosa, no en términos clínicos, médicos, y eso debe quedar aclarado en esta plática.
            ¿Que tiene tres aspectos? Eso es verdad y lo estoy repitiendo para que sea entendido: el primero, ya lo dije, es el esperma; el segundo aspecto resulta de la transmutación, es, dijéra­mos, la parte tetradimensional del esperma la parte sutil, etérica; el alma dijéramos, de ese esperma, el alma metálica. Ese es el mercurio en su segundo aspecto; pero el tercer aspecto deviene del segundo: es la energía ya ascendiendo por los Cordones de Idá y Pin­galá hasta el cerebro.
            Dicen los Alquimistas que el mercurio debe ser fecundado por el azufre y conviene que us­tedes me entiendan. Es claro que cuando los átomos solares y lunares hacen contacto en el Tribeni, cerca del coxis, por inducción despierta una tercera fuerza que es el azufre, el fuego que asciende victorioso por el Canal de Sushumna, es decir, por el canal medular de la espina dorsal hasta el cerebro, y en su ascenso va abriendo los chacras...


SAMAEL AUN WEOR

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