domingo, 24 de julio de 2016

COMO SE FORMA EL HOMBRE SOLAR


         Cuando se piensa en sexo, la gente se acuer­da únicamente de sus vicios, de sus lascivias, de sus inmundas fornicaciones, de sus abom­inables adulterios.
            
Miremos nosotros como se unen los polos positivo y negativo en el cáliz de la flor para que haya creación; miremos nosotros las espe­cies que viven y alientan bajo los rayos del Sol. El cisne, por ejemplo, con su lívido plumaje, nos habla de amor. El cisne se alimenta con amor; cuando uno de la pareja muere, el otro sucumbe de tristeza... Existe una Orden del Cisne, que existe tanto en Europa como en los Estados Unidos; dicha Orden solamente se dedica a estudiar eso que se llama "amor".


            


Obviamente, el amor fluye del fondo mismo de la Conciencia, es un funcionalismo del Ser, es una energía cósmica y trascendental. Para que haya amor, se necesita que haya afinidad de pensamientos, afinidad de sentimientos, preocupaciones mentales idénticas. El beso es la comunión mística de dos almas, ávidas de expresar en forma sensible lo que interiormente viven; el acto sexual, en sí mismo, es la con­substancialización del amor en el realismo psicofisiológico de nuestra naturaleza.

            Miremos a un anciano enamorado: se rejuvenece, todas sus glándulas trabajan mejor y las energías que fluyen del fondo de la Con­ciencia reactivan esos pequeños microlaboratorios que se llaman las glándulas endocri­nas; entonces ellas producen mayor flujo, mayor poder, mayor cantidad de hormonas. Dichas hormonas invaden los canales sanguíneos y viene el proceso de reconstrucción, de revitalización celular. Así que vale la pena reflexionar en eso que se llama amor, en eso que se llama sexo, porque sexo y amor están íntimamente relacionados, ya que, repito, el acto sexual es la consubstancialización de el realismo psicofisiológico de nuestra naturaleza. ¡Cuan grande es el amor, solo las grandes almas pueden y saben amar! Sencillamente no debemos confundir el amor con la pasión, como ya lo he dicho.


            Gracias pues al amor, al sexo, a esa fuerza extraordinaria que fluye en todo lo que es, en todo lo que ha sido, en todo lo que será, pueden reproducirse las criaturas incesantemente, pueden existir las flores y los frutos, sobre la faz de la Tierra, pueden multiplicarse todos los seres. Así pues que, mirar al sexo con asco, considerándolo tabú o pecado, motivo de vergüenza o disimulo, es una blasfemia, equivale a escupir, francamente, en el Santuario del Tercer Logos. Así que vale la pena entender que es necesario trabajar con el poder maravilloso del sexo.

            Si por la fuerza maravillosa del Tercer Logos existe toda la naturaleza, si gracias a la fuerza sexual existimos nosotros, entonces se hace indispensable entender lo que es esa fuerza para no profanarla, es necesario saberla usar para transformarnos radicalmente.

            Muchas veces hemos dado la clave de la transmutación: conexión del Lingam Yoni sin eyaculación del ens seminis, porque dentro del ens seminis está todo el ens virtutis del Fohat. Esa es la clave, ese es el secretum secretorum de la transmuta­ción. No uso para ello toscas palabras, porque el sexo es sagrado y su clave debe ser expuesta con rectitud; pero el que entiende, entienda, trabaje, que eso es lo fundamental. Cuando uno transmuta el esperma sagrado en energía, puede originar el cambio total.

            Los sabios alquimistas medievales nos hablan del mercurio de la filosofía secreta, y éste en sí mismo no es otra cosa sino el alma metálica del esperma sagrado. Cuando se transmuta el esperma, el Exiohehari, cuando no se comete el crimen de derramar el vaso de Hermes Trismegisto, el tres veces grande Dios Ibis de Thot, obviamente se fabrica mercurio, el mercurio de los sabios, que no es otro que la energía creadora que sube al cerebro. Pero ese mercurio tiene que pasar por fases definidas antes de que pueda ser útil, y eso lo saben los alquimistas.

            Saber preparar el mercurio es indispensable. En principio las aguas mercuriales son negras como el carbón, putrefactas, inmundas. Muchos alquimistas pierden su tiempo porque jamás blanquean las aguas de la vida, y no las blanquean sencillamente porque no saben refinar el sacramento de la Iglesia de Roma. Este sacramento hay que entenderlo; si ustedes leen la palabra "Roma" a la inversa, ¿qué diría? Amor, ¿verdad? Si ustedes las sílabas las cambian: en lugar de "Roma" ponen la frase al revés, dice "Amor". El sacramento de la Iglesia del Amor está siendo profanado por muchos neófitos: trabajan toscamente en la Forja de los Cíclopes, brutalmente, pasionalmente, pero no refinan su trabajo y las aguas permanecen negras. Cuando se comienza a refinar el trabajo, tales aguas se vuelven blancas, inefables; entonces se tiene el derecho a usar la túnica blanca de Thot, de la castidad; mucho más tarde, cuando las aguas se vuelven amarillas, son ya útiles para que puedan ser fecundadas por el azufre. El azufre es fuego, el fuego encerrado pues en nuestros órganos creadores, el fuego que al mezclarse con el mercurio, es decir, con la energía sexual, asciende victo­rioso por el canal medular hasta el cerebro; el ascenso del fuego sagrado es extraordinario.

            El primer centro que se abre es el de la Igle­sia del coxis o Iglesia de Efeso, en el hueso coxígeo, y que nos da el poder sobre el elemen­to tierra. El segundo centro que se abre está a la altura de la próstata, y nos da poder sobre las aguas tormentosas del océano. El tercer poder que se abre está a la altura del ombligo, y el poder que se nos confiere es sobre el elemento fuego; podemos entonces poner en actividad los volcanes de la Tierra. El cuarto poder que se abre está a la altura del corazón, y nos da poder para entrar y salir del cuerpo a voluntad, o para poner el cuerpo en Estado de Jinas (nos confiere señorío sobre el elemento aire). El quinto centro que se abre está en la laringe creadora, que nos permite hablar en síntesis y escuchar las sinfo­nías del cosmos. El sexto poder está a la altura del entrecejo, y nos confiere la divina clarivi­dencia, facultad que nos permite ver los mundos superiores. El séptimo centro que se abre está en la glán­dula pineal; nos confiere el poder de la poli­videncia, ver en todas las regiones del espacio infinito. El mercurio, mezclado con el azufre, abre todo eso. Cuando el mercu­rio se mezcla con el azufre, es decir, con el fuego, se vuelve rojo como la púrpura. Desgraciadamente, repito, muchos son los que permanecen estancados, porque no refinan el sacramento de la Iglesia de Roma.

            El excedente de todo este azufre, de todo este mercurio y aún de la sal sublima­da que asciende mezclada con el azufre y el mercurio, cuando cristaliza en nuestras células, en nuestro Sistema Nervioso Gran Simpático, toma la forma maravillosa y extra­ordinaria del Cuerpo Astral. Este es un cuer­po que viene a fabricarse dentro del organis­mo, en el laboratorio, un cuerpo magnífico. Uno sabe que tiene un Cuerpo Astral cuando puede funcionar con él, cuando puede usarlo, como las manos, como los pies. Con el Cuerpo Astral podemos visitar, no­sotros, otros planetas del sistema solar; con el Cuerpo Astral podemos ponernos en contacto con los Treinta Aeones que surgieron en la aurora de la creación; con el Cuerpo As­tral podemos ponernos en contacto con todos esos Decanos, Arcángeles y Tro­nos que existen en el universo; con el Cuerpo Astral podemos viajar a todos los mundos de la galaxia, incluyendo a Sirio, que es la capital central, alrededor de la cual gira toda esta gran Vía Láctea. Está prohibido, sí, ir más allá del Sol Cen­tral Sirio (quiero que ustedes sepan que Sirio es el centro fundamental de la galaxia. Todas las constelaciones de la Vía Láctea, todos los sistemas solares y hasta nuestro sistema solar, hasta en el que vivimos y alentamos, giran alrededor de Sirio; él es el centro de gravita­ción de todos estos mundos, incluyendo al nuestro). Por eso al iniciado, al que tiene Cuer­po Astral, sólo se le permite ir hasta Sirio. Más allá de Sirio está prohibido, porque más allá de Sirio hay otras galaxias con leyes diferentes que uno no entiende. Yo mismo, con mi Vehículo Sideral Sirio, Astral, con el Eidolón, como diríamos en Alta Magia, cuando he intentado pasar más allá de Sirio, he sido regresado a Sirio, pues nos está prohi­bido ir más allá del Sol Central Sirio. Sé que hay otras galaxias mucho más allá, ga­laxias cuyas leyes no entendemos. También hay antigalaxias, antimateria, antimundos, antisoles, antiestrellas, antiátomos. galaxias, por ejemplo de antimateria, son para nosotros incomprensibles (no sería posi­ble entenderlas). Aún sabios como Einstein, resultarían absolutamente ignorantes en mate­ria de Física o Matemáticas, si se les llevara a existir en una galaxia de antimateria donde las cargas eléctricas están a la inversa... ¿Cómo entenderemos nosotros esto, una estre­lla con cargas a la inversa, hecha de antima­teria? No es posible que la entendamos, no existe en nuestros textos de Física.

            Ahora pensemos lo que significa pasar más allá de Sirio, a manejar leyes que no podemos entender, que no hemos estudiado en nuestra galaxia, estaríamos prácticamente indefensos, quedaríamos convertidos en leños, llevados por el borrascoso océano; aún poseyendo un Cuer­po Astral, no seríamos más que míseros leños. Así es el Infinito. ¿Cómo podríamos entendérnosla con gentes que tienen cuerpos de antimateria, que sus cargas son a la inversa, que sus conceptos per­tenecen a dimensiones que desconocemos? ¡Imposible: no entenderíamos ni jota!

            Así que, tener Cuerpo Astral vale la pena, vale la pena para conocer otras regiones del espacio, pero jamás podríamos pasar con tal cuerpo más allá de Sirio.

            Una vez que nos hemos dado el lujo de crear dicho vehículo, se hace indispensable crear también el Cuerpo Mental, si es que queremos ser hombres, hombres con una men­te individual, porque hoy por hoy no tenemos una mente individual, tenemos muchas men­tes. Si pensamos que cargamos en nuestro interior al Ego, al mí mismo de la Psicolo­gía Experimental, y que éste existe en nosotros en forma pluralizada, indubitablemente cada uno de esos elementos tiene su propia mente. Hay dentro de nosotros, pues, muchas mentes; cada mente tiene sus ideas, cada mente tiene su criterio. El Yo de la ira tiene sus ideas, su criterio, su documentación; se justifica, tiene su lógica para argumentar o para defender o para situar; puede perfectamente defenderse, ante un Tribunal con una inteligencia sorprendente, para decir: "Yo tenía razón, maté a ese hom­bre porque había cometido tal y tal delito". El Yo de la lujuria también tiene su lógica; podría presentarse ante el mejor de los Tribu­nales y con textos de Psicología en la mano, autodefenderse. Posee muchos argumentos; podría decir que "su lujuria es una función natural del ser hu­mano", que "todo lo que existe debe desenvolverse sexualmente"; podría decir que "él no tenía lujuria", que "lo que hacía era que se estaba desarrollando dentro de la función erótica" y que "Eros es natural que exista en nosotros"; podría hacer una exposición de Fisiología ante una Cátedra, podría pintar en el pizarrón toda la fisiología de Eros y el funcionalismo de ovarios y testículos, y dejar a todos asombrados. Así pues, que cada uno de los Yoes que llevamos dentro, tiene su lógica, tiene su mente, tiene sus razonamientos, su mente propia. Lo interesante es que cada mente de esas que cargamos en nuestro interior, discuten con cada una, chocan las distintas mentes que car­gamos, unas con otras. ¿Entonces qué? Tenemos muchas mentes, eso no lo ignora nadie.

            Necesitamos crear la mente individual, pero ésta no se podría crear si no transmutáramos el esperma sagrado en energía. Obviamente, con la transmutación se fabrica eso que se llama mercurio, y es con el mercurio de los sabios con el que podemos nosotros cristalizar en nuestro interior, formar, organi­zar, crear la mente individual. Cuando alguien posee un Cuerpo Mental individual, puede aprehender, capturar, asimi­lar toda la ciencia del universo; también puede usar el vehículo mental para viajar por el sagrado espacio, de mundo en mundo; con la Mente Individual se puede penetrar en el De­vachán, es decir, la Región Mental Supe­rior del cosmos y de la naturaleza.

            La Mente Individual resulta espléndida, formidable, maravillosa, pero eso no es todo. Las gentes son víctimas de las circunstancias, a las gentes las mueven las circunstancias, dependen de la Ley de los Accidentes (esto lo vemos a diario). Uno no podría verdaderamente aprender a dirigir las circunstancias, si antes no ha creado el Cuerpo de la Voluntad Consciente. Cuando uno fabrica tal cuerpo, obviamente ya no es esclavo de las circunstancias, puede dirigirlas intencionalmente, se con­vierte en amo, en señor. Ese cuerpo solamente se fabrica con el mercurio de los sabios, que es la re­sultante de la transformación o transmutación de la energía creadora. Ya con los Cuerpos Astral, Mental y Causal, y teniendo un físico espléndido, nos damos el lujo de recibir nuestros principios anímicos y espirituales y nos convertimos en hombres de verdad, en hombres reales.

            El Cuerpo Causal es el último de los vehícu­los que hay que crear; podría decirles a ustedes que el Hombre Causal es el hombre verdadero. En el Mundo de las Causas Naturales encontramos al verdadero hombre, al Hombre Causal; da gusto ver en la re­gión de las Causas Naturales al Hombre Causal, allí los vemos trabajando por la hu­manidad. Los Hombres Causales son verdaderos Bodhisattvas en el sentido trascendental de la palabra, Bodhisattvas que trabajan bajo la dirección del Padre que está en secreto; cada uno obedece a su Padre, porque hay tantos Padres en el Cielo, cuantos hombres en la Tierra (cada uno de nosotros tiene su Padre que está en secreto). El Hombre Causal se desenvuelve bajo la dirección del Padre y vive en el Mundo de las Causas Naturales, es el verdadero hombre.

            Al Hombre Causal, al hombre real, al hombre en el sentido más grande de la palabra, lo encontramos en el Mundo de las Causas Naturales; es esa región donde se escuchan las sinfonías del cosmos, es esa re­gión donde escuchamos las melodías de la vida universal, es en esa región donde veni­mos a hallar el Karma, porque en esa región trabajan los Señores de la Ley.

            El Hombre Causal puede absorberse en sus vehículos Astral y Mental para vivir pre­cisamente en esa región; desde allí se proyecta, ya hacia las regiones de la Mente Cósmica y sus profundidades o ya hacia las regiones del Mundo Astral, para aparecer posteriormente en el mundo físico.

            En nombre de la verdad tendría yo que decirles que para poder existir aquí con ustedes, para poder platicar aquí con ustedes, necesito proyectarme, en lo personal, desde el Mundo Causal, porque yo tengo mi centro de gravedad en el Mundo de las Causas Naturales; desde aquí me proyecto hacia el Mental, posterior­mente hacia el Astral y por último, haciendo grandes esfuerzos, vengo aquí al físico para platicar con ustedes. Luego estoy platicando con ustedes por concentración, porque mi centro de gra­vedad está en el Causal, soy un hombre del Mundo Causal, y si digo algo, si algo explico, es por mandamiento, porque se me ha ordenado entregarle a ustedes este mensaje, y lo hago con el mayor gusto, a fin de que ustedes puedan hollar la senda de la Revolución de la Conciencia, de la Revolución en Marcha, de la Revolución Espiritual, integral, divinal.

            Quiero pues que entiendan que el hombre es lo que cuenta y que el Sol tiene interés en crear hombres, el Sol desea una cosecha de Hombres Solares y trabaja febrilmente en estos momentos para lograrlo. Quiero que sepan ustedes que cuando una raza pierde todo interés por las ideas solares, el Sol también pierde todo interés por la raza y la des­truye. En estos momentos el Sol quiere destruir esta raza, porque ya no le sirve para su expe­rimento, más antes de destruirla hace un es­fuerzo supremo, saca con grande esfuerzo una cosecha, pequeña aunque sea, de Hombres Solares. Si ustedes atienden a nuestro llamado, si en ustedes se crea la disponibili­dad al hombre, el Sol podrá absorbérselos como Hombres Solares, pero se necesita que ustedes cooperen con el Sol; sólo así podrán transformarse en Hombres So­lares.

            Se hace urgente que ustedes, antes que todo, sepan transmutar. El Hombre Solar sola­mente puede crearse con la energía solar, y esa energía está contenida precisamente en el azogue en bruto de los sabios, en el mineral en bruto; tal elemento es el Exio­hehari, es decir, el esperma sagrado. Quienes cometen el crimen de extraerlo de su organismo con propósitos pasionales, se hun­den definitivamente en los Mundos Infiernos, hasta su desintegración final.

            Para que los gérmenes del hombre puedan desarrollarse en el organismo, se necesita que sean tocados por los rayos o emanaciones que vienen del Sagrado Sol Absoluto; sin tales emanaciones, los gérmenes permanecen infe­cundos y degeneran e involucionan espantosa­mente, hasta la Muerte Segunda.

SAMAEL AUN WEOR

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