domingo, 6 de noviembre de 2016

LA NUEVA EDAD DE ACUARIO. I Y II


                                                    
 I

            Con el mayor placer me dirijo a este grupo de estudiantes gnósticos, deseando (naturalmente) saludarlos aquí en el mundo físico, ya que en los mundos superiores, conocemos nosotros, a todos y cada uno de los aquí presentes.
            Ciertamente, la Gnosis viene a llenar una necesidad en esta Era del Acuarius.
            En nombre de la verdad, debo decirles a ustedes, que la nueva era comenzó, exactamente, el 4 de febrero del año 1.962, entre las dos y tres de la tarde. Entonces hubo un embotellamiento del tránsito celeste, en la Constelación del Aguador. Los observatorios de todos los países de la Tierra, pudieron observar tal evento. Fue algo, pues, que se conoció en los cuatro puntos cardinales del mundo, fue algo que se vio desde el Observatorio Palomar (en los Estados Unidos), o en el de Manila, o en el de Londres, etc. No se trata, entonces, de una afirmación a priori, sin documentación de ninguna especie. En realidad de verdad, este evento fue un hecho concreto, rigurosamente observado por la ciencia oficial: los planetas del sistema solar se reunieron en supremo congreso, bajo la Constelación de Acuario. Desde entonces, como secuencia o corolario, empezó la Era del Acuarius, la Nueva Era.


            Sin embargo, es de saberse que los últimos tiempos de Piscis tratan de mezclarse con los primeros albores de Acuario. Hay una especie de mezcla entre las dos corrientes: la que agoniza y la que nace, entre lo viejo y lo nuevo, entre lo que está caducando y la que tiene sabor revolucionario. A medida que vaya pasando el tiempo, la Era del Acuarius se irá haciendo sentir cada vez más y más y más.
            Obviamente, esta era trae grandes acontecimientos. Si observamos rigurosamente la Constelación de Acuario, veremos que está gobernada por dos planetas. El primero de ellos es Urano (un planeta revolucionario, catastrófico en un ciento por ciento); el segundo es Saturno. Tal mundo está representado, en la Alquimia, por el cuervo negro (la muerte), y significa, de hecho, el regreso al Caos original, primitivo (esto lo saben los divinos y los humanos). Frente a la Constelación del Aguador, está la Constelación de Leo. Obviamente, el signo de Leo, es un signo zodiacal de fuego. Incuestionablemente, el león de la ley sale al encuentro de una humanidad lo suficientemente madura (vergonzosa, dijéramos) como para el Karma o castigo final.


            Observen bien la posición de esas dos constelaciones. En la una, hayamos el agua, en la otra, el fuego. Bien sabemos que a través del curso de la historia, el fuego y el agua siempre se han disputado el destino de este mundo.
            Indubitablemente, así como existe el año terrestre, también existe el año sideral. Un año terrestre es la vuelta de la Tierra alrededor del Sol; un año sideral, es la vuelta o el viaje del sistema solar nuestro alrededor del cinturón zodiacal. Nuestro sistema solar inició el presente viaje bajo la Constelación de Acuario, y después del gran diluvio universal, que no fue otra cosa que la sumersión del Continente Atlante (entre las embravecidas olas del océano que lleva su nombre), desde aquélla época (comenzando, pues, con el nuevo viaje) también se inició la nueva raza, que es la nuestra.
            Los atlantes perecieron, pero surgió la Raza Aria. Esta raza surgió desde el instante mismo en que el sistema solar iniciara su nuevo viaje alrededor del zodíaco. El nuevo viaje, repito, se inició baja la Constelación de Acuario.
            Así como existe el año terrestre, existe el año sideral. El sistema solar ya está concluyendo su viaje alrededor del zodíaco, acaba de regresar a la Constelación de Acuario, y al final del viaje, incuestionablemente, tiene que haber un gran cataclismo.
            El pasado viaje fue maravilloso. En el pasado viaje surgió la raza de los atlantes, pera concluyó su viaje (precisamente en la Constelación de Acuario) con un gran cataclismo (el diluvio universal). Ahora, nuevamente, concluye el viaje del sistema solar en la mismísima Constelación de Acuario; luego, tiene que haber, indubitablemente, una gran catástrofe.
            Hay fenómenos cósmicos que son extraordinarios. Así como el sistema solar viaja alrededor del Cinturón Zodiacal, hasta regresar al punto de partida original, así también hay un mundo, un planeta gigantesco que hace juego con esta mecánica sideral. Quiero referirme, en forma enfática, al planeta Hercólubus, que es un mundo gigantesco, seis veces más grande que el titán de nuestro sistema solar, llamado Júpiter. Hercólubus tiene una órbita enorme y pertenece a otro sistema solar: el Sistema Solar Tylar. Dicho sistema se está acercando peligrosamente a nosotros, y en cuanto a Hercólubus, viene viajando, pues, rumbo hacia la Tierra, está a la vista de todos los telescopios del mundo. En nuestra Asociación Gnóstica, allá en México, tenemos nosotros el mapa, un mapa de su trayectoria, encontrado en una hemeroteca del Distrito Federal. No se trata, pues, de simples suposiciones, sino de algo que todos los astrónomos conocen. No hay observatorio del mundo donde no se sepa, donde se ignore la cuestión ésta de Hercólubus.
            Cuando aquél enorme y gigantesco planeta se acerque demasiado, se procesarán en nuestro planeta Tierra acontecimientos extraordinarios. La enorme masa llamada Hercólubus, obviamente tiene un poder magnético formidable y atraerá por tal motivo, el fuego líquido que existe en el interior de la Tierra. Entonces brotarán volcanes por todas partes, acompañados de intensos terremotos.
            Nuestros antepasados de Anáhuac dijeron lo siguiente: "Los Hijos del Quinto Sol (refiriéndose a nosotros), perecerán por el fuego y los terremotos". Esto vendrá a suceder con la llegada de Hercólubus; vendrá, obviamente, el gran incendio universal, profetizado par los mejores videntes: San Juan, el vidente de Patmos; Jesús de Nazaret, el Gran Kabir; Daniel el profeta, Nostradamus, etc., etc., etc.
            La llegada de Hercólubus causará, verdaderamente, espanto en todas las latitudes del mundo. Asegura Nostradamus, en forma enfática, que "ese gigante de los cielos será visible en pleno medio día", que "vendrá a interponerse entre el Sol y la Tierra", lo que "provocará un gran eclipse, un eclipse total"... Como quiera que la masa planetaria de Hercólubus es demasiado gigantesca, es obvio que tiene que atraer el fuego líquido del interior del mundo, hacia la superficie. Por tal motivo, tienen que brotar los volcanes por doquiera. Lo más grave es que cada volcán nuevo, surge en medio de espantosos y terribles terremotos. No es nada extraño que en aquéllos días, las grandes ciudades del mundo caigan hechas polvo: Nueva York, París, Londres, Buenos Aires, etc., etc., etc. En el máximo de acercamiento de Hercólubus hacia la órbita terrestre, incuestionablemente, tendrá que producirse una revolución de los ejes de la Tierra. Entonces, los mares cambiarán de lecho y los continentes actuales se sumergirán entre los océanos. Por aquellos días, la Tierra toda, entera, habrá regresado al Caos original primitivo, tal como se puede percibir cuando uno observa la Constelación del Aguador. Es necesario ese regreso al Caos, para que del fondo de los océanos surjan tierras nuevas y aparezcan cielos nuevos, como dijera el Apóstol Pedro.
            No está demás (y viene a colación ahora) citar precisamente la Epístola de Pedro a los Romanos. Dice: "Los elementos, ardiendo, serán desechos y la Tierra y todas las obras que en ella hay, serán quemadas"... Pablo de Tarso, también dice que habrán cielos nuevos y tierras nuevas, y lo mismo dice el vidente de Patmos.
            Así que, en realidad, nuestro sistema solar está concluyendo su viaje alrededor del zodíaco. Algo similar sucedió con la vida de los atlantes, cuando terminó el pasado viaje alrededor del zodíaco. Llegó Hercólubus, entonces se produjo una revolución de los ejes de la Tierra, los mares cambiaron de lecho y desapareció la Atlántida entre las embravecidas olas del océano que lleva su nombre. Ahora, finalizando el nuevo viaje (que se iniciara después del Diluvio), podemos afirmar en forma enfática, que una catástrofe similar se avecina. Si fue el agua la que iniciara la gran catástrofe de los atlantes, ahora será precisamente el fuego, el que iniciará la tragedia.
            Empero, es de saberse que el Demiurgo Arquitecto del universo, todo lo tiene bien previsto. Como quiera que habrán de surgir tierras nuevas para una nueva humanidad, tendrá que formarse la siguiente, la penúltima raza. Por tal motivo habrá de prepararse un núcleo que sirva de basamento para la Era del Acuarius, para la Edad de Oro, para la nueva raza. Ese núcleo estará formado por hombres y mujeres de buena voluntad. Tal grupo será sacado (secretamente) de entre el fuego y el humo, en la hora del terror, y se le llevará a una isla que existe en el Océano Pacífico. Esa isla está colocada en forma tal (tan estratégica, tan protegida por las potencias cósmicas) que los que allí vayan, no recibirán daño alguno y podrán convertirse en espectadores de la gran tragedia. Les tocará vivir, como los nibelungos de la sumergida Atlántida, entre el va­por del agua y del fuego, porque por aquéllos días, la Tierra toda estará envuelta en nieblas de vapor de agua. Les tocará a ellos contemplar, con entera claridad, el duelo de los elementos durante varios siglos. Entonces, allí se acabarán de preparar, eliminando radicalmente (de sí mismos) los defectos psicológicos; tendrán que reconquistar la inocencia, si es que anhelan o anhelamos vivir en la Edad de Oro, en la nueva edad.
            Quiero decirles a ustedes, en forma enfática, que cuando aparezca un doble arco iris en las nubes (por aquellos días), los que estén debidamente preparados lo tomarán como señal y pasarán a vivir en tierras nuevas y bajo cielos nuevos, porque estas tierras dejarán de existir; y estos cielos, cargados de tanto veneno, habrán pasado a ser otros.
            Surgirá una Tierra nueva. Lo que es hoy la fisonomía geológica de nuestro mundo, será cambiada totalmente. Habrán continentes nuevos, donde vivirá una nueva humanidad, donde vivirá la Sexta Raza Raíz. Nosotros somos gentes de la Quinta Raza; la sexta será muy diferente. Antes de nosotros existió la Cuarta Raza, en la Atlántida; mucho antes de los atlantes existió la Tercera Raza, que fue la lemúrica (en el gigantesco continente lemur, que entonces cubría todo el Océano Pacífico), y antes de que los lemures pudieran surgir, existieron los hiperbóreos, alrededor del Polo Norte, en la herradura que ese continente formara alrededor del Polo Norte. Y antes de que los hiperbóreos surgieran a la existencia, vivió la Primera Raza, la Raza Protoplasmática, en el casquete polar del norte, que otrora estuviera situado en la línea ecuatorial. Digo así, porque a través del tiempo hay cambios geológicos extraordinarios. Los Polos actuales, por ejemplo, ahora se están desviando y un día estarán en la zona ecuatorial, y el actual Ecuador se convertirá en Polos en un futuro. Esto ya ha sido debidamente estudiado por los mejores sabios (nos referimos a la revolución de los ejes de la Tierra, a la verticalización de los Polos, etc.).
            Así que, nos preparamos para la gigantesca catástrofe; eso es obvio. El Movimiento Gnóstico, nuestra Asociación de Estudios Gnósticos, Antropológicos y Culturales sólo tiene un objetivo: preparar el núcleo que ha de servir para la futura Sexta Raza Raíz.
            Todos ustedes sepan que así como la Tierra tiene cuatro estaciones, que son primavera, verano otoño e invierno, así también cada raza, durante el viaje del sistema solar alrededor del zodíaco, pasa por cuatro estaciones: primavera, la Edad de Oro; verano, la Edad de Plata; otoño, la Edad de Cobre; invierno, la Edad de Hierro.
            Daniel, el Profeta, ve allá, (en la lejanía) un enorme y gigantesco mar, un gran océano, y cuatro bestias que luchan y se disputan entre sí la supremacía. Luego, ante su clarividencia, surge la primera bestia, que parecía un león y que tenía alas de águila y que le fue dado corazón de hombre (es la Edad de Oro). Luego ve, ante sí, una segunda bestia que parecía un oso y que holla toda la Tierra (es la Edad de Plata). Y luego ve una tercera, que más bien parecía un simio (es la Edad de Cobre), y luego una cuarta que es completamente distinta a las otras tres, porque es de hierro, sus uñas y sus pies son de hierro, sus dientes son de acero (tritura todo lo que encuentra) y tiene poder para formar el desorden en todas partes para destruir la naturaleza y aún para vencer a los Santos del Altísimo. Pero luego, al fin, se le quitó su dominio y el Reino le fue entregado a los Santos del Altísimo. Esta cuarta bestia es la Edad de Hierro, es la edad en la que estamos, y que terminará catastróficamente.
            Recordemos también aquél sueño que tuviera Nabucodonosor Rey. Veía él, en su sueño, una gran estatua: su cabeza era de oro, sus pechos y sus brazos de plata, su vientre era de cobre (de ese metal, digo) y sus pies eran en parte de hierro y en parte de barro cocido. Entonces Nabucodonosor Rey, llamó a todos los sabios de Babilonia para que le interpretaran el sueño. Cuando ellos le pedían que se los diese a conocer, diciéndole: "Dinos tu sueño y lo interpretaremos", él guardaba silencio y sólo se limitaba a responder: "Mi sueño no lo cuento, no lo digo, porque sé muy bien que vosotros ponéis dilaciones, en tanto se cambia el tiempo y se mudan las circunstancias. Si sois tan sabios, decidme cual fue mi sueño, que fue lo que yo soñé, y luego dadme la interpretación". Protestaban, naturalmente, todos los sabios y decían: "Jamás Rey ni Príncipe alguno fue tan exigente". Enfurecido, el monarca les hizo llevar a las prisiones y a la muerte. Así estaban las cosas, hasta que apareció Daniel, el Profeta, que entonces se llamaba Bebsafá en la tierra de Babilonia, y dijo: "Yo diré el sueño al Rey y daré su interpretación". Claro, Daniel se había preparado con anticipación, había estudiado en el Mundo Astral el sueño del Rey; había salido del cuerpo, había investigado ese sueño, de manera que ya estaba listo. El Monarca dijo: "¿Eres tu capaz de saber cuál fue ese sueño?" "¡Sí, señor! Tu soñaste con una gran estatua. Su cabeza era de oro, su pecho y sus brazos eran de plata, su vientre era de cobre y sus piernas y sus pies, en parte eran de hierro y en parte de barro cocido. Eso significan cuatro reinos que se suceden siempre en la historia del mundo"... Claro, indubitablemente, se refería a las cuatro edades: la cabeza, a la Edad de Oro; el pecho y los brazos, a la Edad de Plata; el vientre, a la Edad de Cobre, y las piernas y los pies (en parte de hierro y en parte de barro cocido) a la Edad de Hierro, que es en la que estamos nosotros: en parte fuerte y en parte frágil. Fuerte, aparentemente, pero frágil porque vendrán los grandes terremotos, los grandes maremotos y los espantosos cataclismos que acabarán con esta perversa civilización de víboras. ¡Esa es la cruda realidad!
            Asombrado Nabucodonosor, ¿qué hizo? Hizo ponerle a Daniel un manto de púrpura y sujeto al cuello un collar precioso, y en su mano un anillo de diamante, y lo nombró gobernador de todo el imperio.
            Así que, las cuatro edades son un hecho. En la Edad de Oro de una Raza, no existe ni "lo mío" ni "lo tuyo", todo es de todos y cada cual puede coger del árbol del vecino sin temor alguno; sólo reina el amor, la fraternidad, todos adoran conjuntamente al eterno Dios viviente; por ello no existe el Ego en los seres humanos, todos son inocentes, gozan de la belleza de la naturaleza; no hay fronteras, no hay ejércitos, no hay nada que pueda disminuir la felicidad; todo es de todos, lo único que reina, soberano, es eso que se llama "amor". En la Edad de Plata, comienzan los seres humanos a querer conquistar la Tierra (por eso se la representa con un oso que holla la tierra), pero todavía reina el esplendor primigenio, se le rinde culto a los Dioses, a los Cosmocratores; se le canta al Sol de la mañana, a los heraldos de la aurora; se puede todavía percibir a los Príncipes del fuego, de los aires, de las aguas y de la tierra. En la Edad de Cobre, comienzan a surgir las guerras, comienzan a aparecer las fronteras y desaparece el esplendor primigenio. Y en la Edad de Hierro, todo termina con un pavoroso cataclismo. En la Edad de Hierro, la humanidad llega al estado actual en que se encuentra. La cuarta bestia realmente, ha sido espantosa (como dijo Daniel), distinta a las otras bestias, más tendrá su fin de la noche a la mañana.


 II

            Amigos: estamos en una época de confusión y de degeneración, estamos en la Edad de Hierro; pero recuerden ustedes que se está organizando el Ejército de Salvación Mundial. En este sentido, nosotros lo que debemos hacer es prepararnos, todos y cada uno de los aquí presentes, si es que queremos ingresar a ese núcleo, a ese ejército que ha de servir como basamento para la futura Edad de Oro.

            A la Edad de Oro corresponde el Evangelio según San Lucas. El Evangelio según San Lucas, es el evangelio solar. ¿Cual es el símbolo de ese evangelio? Es el Toro Alado, símbolo de la Tierra regenerada, desligada de todo dolor. La época actual está perfectamente ilustrada por el Evangelio de Mateo. El Evangelio de Mateo es el Evangelio según la Ciencia. ¿Y cómo dice el Evangelio de Ma­teo? "Bien veréis (dice) cosas espantosas: guerras y rumores de guerras, Jerusalén rodeada de ejércitos, terremotos, epidemias, enfermedades desconocidas, grandes terremotos", etc., etc., etc., es decir, la gran catástrofe que se avecina. Eso es lo que quiere decirnos Mateo.
            De manera que el Evangelio de Mateo, según la Ciencia, significa que la catástrofe está a las puertas, que está cerca. Obviamente, es necesario regenerar la Tierra, purificarla, porque nuestro mundo Tierra está en estos momentos pasando, o procesándose, dijéramos, de acuerdo con la Ley de la Entropía. ¿Cual es esa ley? Obsérvese, por ejemplo, a dos marmitas llenas de agua: una, con agua caliente; otra, con agua fría. Colóquense las dos marmitas, cerca la una de la otra, juntas (tocándose, quiero decir) y verán ustedes procesos involutivos y desordenados en el agua caliente de las marmitas, y al fin, ambas quedan igualadas. A eso, en Física, se le denomina "Entropía".
            En estos momentos, por ejemplo, la atmósfera está contaminada con el smog, no solamente en las grandes ciudades, sino también en los campos, en las montañas, en todas partes. Ya ni en los bosques más profundos se pueden hacer inhalaciones, como hace cincuenta años. Ahora tiene uno que ir a otros sitios donde el aire esté ligeramente despejado, y esto, en los lugares más lejanos de toda urbe. ¿Qué vemos hoy en las ciudades? Pues vemos el smog, el humo. Sin ir tan lejos, el smog de nuestro Distrito Federal (México) es gravísimo, y de continuar ese smog, antes de cuarenta o cincuenta años una enorme cantidad de gentes habrán perecido, debido al smog.
            Los ríos están contaminados; éstos están desapareciendo. Ya no encuentra uno ríos de agua pura de vida, ni siquiera para bañarse; todos están contaminados. Los mares han sido convertidos en enormes basureros y las especies marítimas están desapareciendo por la contaminación. La Tierra, toda, que antes producía ricos frutos y en abundancia, para sostener a todas las criaturas, se está volviendo estéril. Ahora recorre uno, enormes extensiones de terrenos y los ve convertidos en desiertos. Los abonos químicos, aparentemente magníficos, a la larga terminan por esterilizar las tierras. Al paso que vamos, de acuerdo con la Ley de la Entropía, pronto se habrá igualado todo. Y si pensamos en nosotros, me atrevo a decir que si hoy no luchamos por transformarnos a sí mismos, por transformar nuestras emociones, pensamientos, etc., llegará un día en que todos seremos igualmente perversos, apenas sí habrá diferencia entre persona y persona: nos habremos igualado, de acuerdo con la Ley de la Entropía.
            Por tal motivo, la Tierra entera tiende a convertirse en una nueva luna, y nosotros todos, dentro de ella, involucionando, con esas mentes degeneradas, con esos placeres animales y bestiales, con esos deseos o emociones, dijéramos, de tipo inferior. Claro, como quiera que no trabajamos sobre sí mismos (estoy hablando de toda la humanidad), obviamente llegará el día en que quedaremos igualados, apenas sí habrá diferencia entre persona y persona; todos seremos igualmente perversos. Esa es la Ley de la Entropía universal.
            Se necesita una transformación de la Tierra y del hombre, pero esta transformación solamente es posible mediante un gran cataclismo, mediante una gran catástrofe. Sólo mediante el sacrificio es posible que una energía inferior se convierta en una energía de tipo superior, diferente. Observemos, por ejemplo, el combustible que pone en movimiento a una locomotora, queda sacrificado en aras de la velocidad, en aras de la fuerza motriz que impulsa al tren, y ese sacrificio es indispensable para transformar una fuerza inferior en algo superior.
            Si la Tierra no pasara por una gran catástrofe, entonces dentro de poco tiempo quedaría convertida en una nueva luna: las especies animales morirían por contaminación, la humanidad entera desaparecería por contaminación y por hambre, las tierras actuales quedarían convertidas en un Sahara, en un desierto; seria imposible toda vida, la Ley de la Entropía se encargaría de igualarlo todo, hasta hacer de este planeta una luna, una luna más. Por eso la catástrofe es indispensable.
            Los científicos no ignoran estas cosas, los astrónomos no ignoran que Hercólubus viene, pero eso no lo preconizan demasiado porque está prohibido por los gobiernos hacer escándalos, a fin de evitar la psicosis colectiva. No sólo no lo ignoran, sino que además esperan resultados. Esto es drástico, ¿verdad?, pero indispensable para que entonces la Tierra se transforme.
            Los Maestros del círculo consciente de la humanidad solar, saben que la Tierra se transformará, las Sagradas Escrituras afirman que se transformará, y no solamente las escrituras bíblicas lo afirman, sino también las sagradas escrituras de otras latitudes, de otras grandes religiones han dicho que se transformará, que pasará por una transformación, y esa transformación solamente es posible mediante un gigantesco sacrificio, mediante un gran holocausto.
            La Tierra está agonizando, y lo más grave es que la humanidad no se da cuenta de ello; no se dan cuenta que en los mares están muriendo las especies, no se dan cuenta que en los ríos también están desapareciendo las especies, no se dan cuenta que las tierras se están volviendo estériles, que están agonizando. Añádese, a eso, las explosiones atómicas subterráneas. Es absurdo meterle bombas atómicas al interior de la casa; a ninguno de ustedes se le ocurriría bombardear su propia casa. ¿Cuál de ustedes cometería la necedad o la tontería de meterle una bomba de dinamita (bien fuerte) a su propia casa? Sin embargo, los científicos eso están haciendo: bombardeando este pequeño planeta que se llama Tierra, en el cual vivimos todos. Lo más grave es que lo están haciendo así, en forma dictatorial, posesiva. ¡Con justa razón este planeta está agonizando, está sometido a una gran extinción, a una devastación inmensa!
            ¿Qué decimos nosotros cuando vemos a alguien gravemente enfermo? Incuestionablemente, que el final está cerca, ¿verdad? Pero no queremos darnos cuenta que este gran organismo Tierra, está agonizando y que a la vista está cerca su final. De eso no nos damos cuenta; ¡cuán dormida está la humanidad!
            Todo eso es producto de la Constelación de Acuario, gobernada por Saturno y Urano. Urano es un planeta de carácter revolucionario, terrible. Saturno es el símbolo de la muerte (el esqueleto ese, con la guadaña). También Saturno, es simbolizado, en la Alquimia, con el famoso cuervo negro de la muerte: el regreso al Caos original primitivo. Es necesario que regrese, esta Tierra, al estado caótico, al Caos; que regrese al Caos una nueva Tierra regenerada, simbolizada con el toro alado del Evangelio de San Lucas.
            Así que, los tiempos del fin han llegado, estamos en ellos. Antes de la gran catástrofe que se avecina, habrán muchas guerras a muerte. Ya pronto vendrán revoluciones sangrientas, distintas a las que han habido, y vendrá la tercera guerra mundial, que será un verdadero holocausto atómico. Se multiplicarán las enfermedades por todas partes y no habrá cómo sanarlas. Debido al abuso de la Física atómica, habrá un instante en que vendrá la descomposición del átomo en cadena y los científicos no podrán controlarlo. Cuando Hercólubus se acerque demasiado, olas inmensas serán arrastradas (precisamente por la fuerza magnética de aquél planeta), olas del inmenso mar, olas como jamás se habían visto, azotarán las playas y objetos extraños saldrán de entre el fondo de los océanos. En aquellos días, las gentes saldrán por las calles como locas, porque la energía nuclear contaminará el fósforo del cerebro y las gentes, con su demencia, harán aparecer (en el escenario del mundo) escenas dantescas, horripilantes. Afortunadamente, en el máximo de acercamiento de Hercólubus, finalizará toda esta tragedia dantesca y le marcará el punto final a la Raza Aria. Sin embargo, todo está previsto, como ya dije antes, y habrá un lugar para el núcleo selecto, que servirá de fundamento a la futura Sexta Raza Coradi.
            Estamos, pues, ante el dilema del Ser o del no Ser de la filosofía: o nos transformamos, o perecemos. ¡Esa es la cruda realidad de los hechos!
            Aunque nos creamos muy santos, todos y cada uno de nosotros, en verdad no lo somos. Antes bien, aunque parezca diferente, en el fondo todos somos terriblemente malignos. Esto que estoy diciendo debe ser conocido, poco a poco, a través de nuestra "Psicología Revolucionaria". Ese libro lo he escrito en relación con nuestras características psicológicas. Me refiero al "Tratado de Psicología Revolucionaria", libro que ojalá lo tengan todos los aquí presentes, para que puedan trabajar conscientemente sobre sí mismos.
            Hasta aquí mi plática de esta noche. Ahora, con el mayor gusto, daré oportunidad a los asistentes para que hagan preguntas en relación justa con el tema que hemos planteado. Si alguien tiene algo que preguntar, puede hacerlo con la más entera libertad.

            P.- Maestro: ¿qué más podría decirnos sobre los tiempos del fin?
            R.- Los tiempos del fin, o el principio del fin, ya comenzó; estamos exactamente en el principio del fin. Por donde quiera hay guerras, degeneración sexual, etc. Así que, ya comenzó el final. ¿Alguna otra pregunta?

            P.- ¿En que momento serán llevados a esa isla, que usted mencionó, los sobrevivientes de la gran catástrofe?
            R.- Los vivientes o sobrevivientes, servirán de basamento para la futura Sexta Raza Raíz (que, entre paréntesis, será llamada la Raza de Coradi), y será sacada, precisamente de entre el humo y las llamas, en su momento justo, es decir, antes de que se termine todo el escenario que sirvió para la Quinta Raza Aria. Serán llevados justamente, todos con cuerpo físico, a una isla, a una isla secreta que existe en el Pacífico y que yo conozco. ¿Alguna otra pregunta?

            P.- Las personas que sean llevadas a esa isla y que luego desencarnen, ¿podrán recordar la catástrofe cuando renazcan, cuando se reincorporen en un nuevo organismo físico?
            R.- Los que serán trasladados a la isla, serán sujetos que hayan disuelto (por lo menos) el cincuenta por ciento del Ego animal, por lo tanto, estarán más o menos despiertos. Se les llevará, pues, a donde se les debe llevar. Allí vivirán el tiempo que deban vivir; desencarnarán y volverán a tomar cuerpo allá mismo, en la isla (y volverán a desencarnar y volverán a tomar cuerpo mismo, en la isla), y cada uno de esos sujetos tendrá el trabajo de perfeccionarse. En cuanto a recordar la catástrofe, eso depende del grado de Conciencia que cada cual haya alcanzado. Una persona consciente, pues tendrá que recordar todo; una persona medio consciente, recordará menos. Todo depende de la capacidad conscientiva de cada cual.

            P.- ¿Cuales planetas del sistema solar serían los más afectados con el acercamiento de Hercólubus?
            R.- Afectará (exactamente, de acuerdo con el mapa astronómico que nos han entregado sobre la trayectoria de Hercólubus, y de acuerdo con los cálculos matemáticos que los astrónomos han hecho) fundamentalmente a la Tierra, y en forma secundaria afectará a Urano, a Júpiter y a Marte. De manera que, va a ser verdaderamente catastrófico. Pero, fundamentalmente, la Tierra será la que el principal impulso, la que recibirá el mayor daño.

            P.- Usted señalaba, en su conferencia que Hercólubus provocará un eclipse total. ¿En qué fecha ocurrirá tal fenómeno?
            R.- ¡Así es! Habrá un eclipse total, y ya Miguel de Nostradamus lo había profetizado. Dijo que por aquélla época, habrá una gran obscuridad total. Nostradamus piensa que esto puede acaecer en el año 1.999. Ciertos astrónomos difieren un poco con la fecha; esos astrónomos piensan que esto puede acaecer en el año 2.400. A mí se me dijo, que sería en el 2.043.
            Sin embargo, Nostradamus es terriblemente peligroso, porque nunca ha fallado y esto es lo grave. Si hubiera fallado alguna vez, podríamos tener una especie de esperanza de que no fuera tan cerca; pero no se conoce, hasta ahora, la primera falla de Nostradamus. Anunció la segunda guerra mundial con tal precisión, que causó asombro a todo el mundo. Profetizó hasta la fecha exacta, la cantidad de años que duraría, y aun más: mencionó hasta el nombre de Hitler y lo llama "el revoltoso". De manera que lo grave es que Nostradamus nunca se equivocó; todo lo que él dijo es bastante acertado. Además, Hercólubus ya está a la vista de todos los observatorios del mundo, y si no se habla públicamente de eso, es precisamente porque a los astrónomos se les ha prohibido hacer escándalo, se les prohibe llevar a la humanidad hacia un estado de psicosis colectiva. Pero yo tengo, y tenemos allí, unos mapas de Hercólubus, elaborados por los astrónomos. De manera que el asunto es de conocimiento totalmente oficial.

            P.- ¿Alrededor de cual Sol gira el planeta Hercólubus?
            R.- El planeta Hercólubus gira, tiene su órbita alrededor del Sol Tylar. En cuanto a la dirección que lleva, obviamente marcha hacia la órbita terrestre. Se sabe que pasará por un ángulo de nuestro sistema solar.

            P.- Podríamos nosotros, para ver a Hercólubus, usar pequeños teles­copios? ¿Habrá necesidad de usarlos para poderlo ver?
            R.- No; por aquéllos días será visible. Se dice que en 1.999, o antes de 1.999, ya será visible públicamente, se verá en pleno medio día. ¿Alguna otra pregunta?

            P.- Maestro: los habitantes de otros mundos, ¿en todos los casos están más adelantados que nosotros?
            R.- Ciertamente, los que son habitantes de otros mundos, algunos pueden estar adelantados que nosotros; otros pueden estar como nosotros, o en peores condiciones (de todo hay en el universo). Lo que sí puedo asegurarles es que aquellos extraterrestres que pueden viajar de galaxia en galaxia, son verdaderos Dioses-Hombres. Esos otros que solamente pueden viajar dentro del sistema solar, son hombres en el sentido más completo de la palabra. Los que pueden viajar por la galaxia (por nuestra Vía Láctea, exclusivamente), son hombres trascendentales, pero que todavía no han llegado al estado de Superhombres. La conquista del espacio es para hombres verdaderos o para los Superhombres, jamás para el animal intelectual equivocadamente llamado "hombre".
            Así que, considerando nosotros el estado en que nos encontramos aunque nos parezca muy duro debemos aceptar que somos, hoy por hoy, animales provistos de intelecto. Quitémosle el intelecto a cualquier persona, para ver que sucede. Queda una bestia, y eso es todo.
            Somos animales provistos de intelecto, animales intelectuales. Eso de que somos ya hombres, en el sentido trascendental de la palabra, es demasiado, eso es exagerar la nota.
            El hombre es el rey de la creación. Por ejemplo, un pequeño grupo de hombres pudo paralizar, totalmente, a los Estados Unidos y al Canadá. Este pequeño grupo de hombres pudo provocar un "apagón" (tan terrible) que paralizó a los Estados Unidos, a una nación tan poderosa, tan poderosa que posee formidables cohetes y máquinas de toda especie (a la hora del "apagón", de nada le sirvió todo eso). Este pequeño grupo de hombres, repito, paralizó a los Estados Unidos. Nada más que unos pocos, pudieron paralizar a la poderosa nación del norte. Me refiero a un pequeño grupo de extraterrestres, verdaderos hombres que pasaron con una nave y paralizaron a los Estados Unidos. Todos ustedes recuerdan, perfectamente, el "apagón" de Nueva York, que produjo tan grande escándalo. No hay duda que entonces fueron debidamente fotografiadas las naves que produjeron el "apagón". Desde aquella época se inició la investigación, en los Estados Unidos, sobre esta cuestión de los "platillos" o "discos voladores". Ahora ya no se atreve a hablar, los Estados Unidos, nada sobre eso. Claro, por una parte, se sienten incapaces ante los extraños, y por otra parte no quieren llevar su país al estado de psicosis colectiva. Pero hechos son hechos y ante los hechos tenemos que rendirnos: un puñadito de hombres paralizaron a la poderosa nación estadounidense.
            El hombre es el rey de la creación, es el amo del universo. Ahora, ¿podemos nosotros hacer lo mismo? Si nos proponemos cuatro de nosotros, ¿lograremos paralizar a la poderosa nación del norte? Sí, el hombre tiene poder sobre el fuego del universo, sobre el aire, sobre las aguas y sobre la tierra. Es rey, y si no es rey, no es hombre. Yo no puedo concebir a un hombre que no sea rey de la creación: o es rey, o no es hombre, y la cruda realidad es que nosotros somos, únicamente meros animales intelectuales.

            P.- ¿Qué debemos hacer para convertirnos en hombres auténticos? ¿Quien nos puede ayudar en ese intento?
            R.- El Sol está haciendo un gran experimento, un experimento terrible: quiere crear hombres. Logró crear algunos, en la época de Abrahán; logró hacer cierta buena cantidad de creaciones durante los ocho primeros siglos del cristianismo; en la Edad Media hizo algunas creaciones, y en estos momentos intenta hacer nuevas creaciones, antes de que perezca la Raza Aria.
            Ha depositado el Sol, en nuestras glándulas sexuales, los gérmenes del hombre. Si nosotros cooperamos con el Sol, esos gérmenes pueden desarrollarse. Entonces se forma el hombre dentro de nosotros, en la misma forma que dentro de la crisálida se forma la mariposa. Pero hay necesidad de cooperar con el Sol. Cuando las gentes pierden interés por las ideas solares, el Sol también pierde interés por las gentes y las destruye, porque no le sirven para su experimento. Actualmente la raza humana ha perdido todo interés por las ideas solares, se ha vuelto terriblemente lunar, terriblemente mecanicista, y es obvio que (por tal motivo) el Sol la va a destruir, tendrá que crear una nueva raza para continuar con su experimento.
            El Sol ha creado toda esta delgada capa, dijéramos, de vida orgánica sobre la superficie del mundo, esa delgadísima capa de vida orgánica, y tiene derecho a recoger el fruto de su trabajo. El quiere cosechar, y con justa razón, un grupo de Hombres Solares; desea, el Sol, cosechar Hombres Solares. Si nosotros cooperamos con el Sol, el germen para el hombre se desarrollará dentro de nosotros y nos convertiremos en verdaderos hombres, en el sentido más completo de la palabra.
            Convertirse en hombre es extraordinario, porque el hombre es el rey, el rey verdadero, el rey de la creación. Ya les dije a ustedes que cuatro hombres, nada más, le dieron una herida de muerte a los Estados Unidos con el "apagón" de Nueva York; desarmaron a la poderosa nación, cuatro hombres nada más. Y es que el hombre es poderoso, es el amo de la creación.

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