viernes, 14 de abril de 2017

PISTIS SOPHIA CAPITULO 45.2 Jeú encomendó a Andrés. Prometió que los tiranos serían juzgados y consumidos por el fuego Sabio



            Jeú le dijo: Bien dicho, Andrés, bendito. Amén, Amén, IO te digo: te perfeccionaré en todos los Misterios de la Luz y todas las Gnosis desde los interiores de los interiores hasta los exteriores de los exteriores, desde lo Inefable descendiendo hasta la oscuridad de las oscuridades,  desde la Luz de las Luces descendiendo a la densidad de la materia desde todos los Dioses hasta los demonios, desde todos los Señores descendiendo hasta los decanos, desde las autoridades descendiendo hasta los servidores, desde la creación del hombre descendiendo hasta las bestias salvajes, el ganado, y los reptiles, con el objeto de que tú puedas ser llamado el perfecto, perfecto por entero.


            Jeú Mikael después de felicitar a Andrés por su magnífica exposición develadora de los Misterios, le promete perfeccionarlo haciéndole comprender y realizar dentro de sí todas las Luces contenidas en las Gnosis más sublimes, mismas que abarcan desde la Sabiduría del Ser de los Seres hasta su encarnación en la más densa de las materias, cumpliéndose así el axioma hermético que asegura; “Tal como es arriba, es abajo”.

            Con lo expuesto, se tiene suficiente fundamento como para superar  la inmadurez de considerar  impropiedad y herejía, el afirmar de que hasta Dios Excelso de las Alturas, Luz de las Luces Supremas, desciende a los infiernos más profundos, donde habitan involucionando -entre los más terribles demonios y las bestias más feroces-  dioses,  ángeles, arcángeles, querubines, devas, señores, manes, decanos, arcontes, etc., sólo que éstos -arrastrados por la gravedad de sus Karmas- no pueden escapar a la vorágine de la mecánica regresiva, mientras que el Inefable o el Adepto de la Blanca Hermandad, así como descienden voluntariamente al caos, tienen el poder para emerger de la singular cueva al conjuro de la poderosa clave “Ábrete Sésamo”

            Aclaro que el Laborante que baja al caos, lo hace con la específica finalidad de obtener la superlativa purificación, una vez que ha triunfado sobre la legión de sus egos; esta Labor sólo es posible realizar operando con la Magia de las Runas Gibur y Hagal, esto es, Andrés íntimo  liberándonos mediante la Cruz en movimiento.

            Aquí se hace imperioso complementar el poder de la Runa 27 que siendo la Ching, tiene a Pedro como Apóstol resucitado en la Alquimia, floreciendo con su equilibrante esplendor en la Obra Íntima al impulso mántrico Cham Gam, que nos conduce al interior de los interiores de nuestra Tierra Filosofal, y  que, merced a la decapitación transformadora de los egos en Luz, nos eleva a los goces de la auténtica Amistad, evitando desfallecer ante las narcisistas tentaciones que en deslucida egolatría, destruyen el mágico aroma de la Real Armonía que debemos vivenciar gozosos con todo cuanto el Cielo ha dispuesto a nuestro alrededor.

            Amén, Amén, te digo: en la región donde IO habré de estar en el Reino de mi Padre, tú también estarás conmigo.

            Jeú Mikael confirma a Andrés (La Cruz del Edén, de la Senda o de los Andes, la Cruz del Sur) que en el Reino del Absoluto donde estará como Kristo Cósmico, también Él estará a su lado, como eterno Símbolo purificatorio.

            Y cuando el número perfecto se haya cumplido, de tal forma que la Mezcla deba ser disuelta, daré mi comando para que ellos traigan todos los dioses tiranos, quienes han abandonado la purificación de la Luz, y daré mi comando al fuego sabio, sobre el cual el perfecto pasa para devorar aquellos tiranos hasta que culminen la última purificación de su Luz.

            Merced a la intervención del Gran Receptor de la Luz que es el Glorioso Melkisedek, cuya cifra kabalística está signada por la influencia del número Nueve, se cumple en la esfera del Caos Primordial la conversión de la Sagrada Mezcla de la pareja laborante en el símbolo perfecto que es el Diez (1=Hombre+0=Mujer, 1+0=10=Dios) y así el Andrógino Divino recibe potestad, primero: para atraer hacia la Luz a todos los transgresores que se habían apartado de la Ciencia Pura, y después sublimar en sí el Poder del Fuego  hasta convertirlo en Luz Excelsa, labor que corresponde al sexto Arrepentimiento,  mediante el cual se llega a transformar definitivamente a los egos brujescos y nigrománticos, en el Poder Taumatúrgico del Iniciado, como feliz consecuencia de purificar éste sus infiernos jupiterinos.  

            A.Z.F., V.M.K. EL TAWA MANU

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