domingo, 4 de junio de 2017

LA SABIDURIA DEL SER


                                                   
            Las Sagradas Escrituras dicen: "Pedid y se os dará, tocad y se os abrirá". Así que, pregun­tad y yo tendré mucho gusto en responder lo que se deba responder.

            P.- Maestro: quisiera saber el por qué de una inquietud muy grande, que tengo desde hace mucho, mucho tiempo. ¿Quién soy yo, de dónde vengo, qué papel desempeño yo, si tengo alguna misión? Quiero saber algo relacionado con todo esto.

            R.- Son respuestas a las preguntas vitales, ¿no? ¿Quién soy, de dónde vengo, para dón­de voy, cuál es el objeto de mi existencia?, etc.

 Incuestionablemente, hay que saber si se sien­te o no se siente, dijéramos, alguna inquie­tud de tipo espiritual. Obviamente que si no sintieras tú ninguna inquietud de tipo espiritual, no estarías aquí. 


Eso es claro. Ahora bien, ¿por qué sientes la inquietud espiritual? Si alguien la siente, es porque la chispa di­vina, la chispa inmortal, su Mó­nada, para hablar más claro, en el lengua­je de Leibnitz, está trabajando a la Esen­cia y por eso hay inquietud. Cuando la Mónada no trabaja a la Esencia, tampoco existe la inquietud. ¿Cómo podría sentir anhelos la Esencia, si la chispa divina no la trabaja? Ahora, la chispa divina trabaja a la Esencia cuando quiere la chispa autorrealizarse, llegar a la Maestría. 



Pero si la chispa divina no quiere llegar a la Maestría jamás, pues no trabaja a la Esencia y entonces no hay inquietud íntima, interna. Ahora bien, en ti hay inquietud: se nota que la chispa divina te está trabajando. Obviamente, pues, quieres saber si alguna misión hay en la vida, ¿no? La misma pre­gunta, pues, encierra una honda significación. Si no tuvieras misión específica, definida, en la vida, tampoco harías la pregunta, puesto que no puede existir un efecto sin causa, ni una causa sin efecto. 


Si existe la pregunta, es por­que existe la misión; si no existiera la misión, la pregunta no sería hecha. Ahora, si se quiere aclarar ya la misión, pues los mismos hechos lo están diciendo. 



Si observas cuidadosamente las relaciones que has tenido en la vida, todas las interrela­ciones, podrás darte cuenta de que al combi­narse con la Gnosis, sacan un gran resultado. ¿Cuál? La  divulgación de la enseñanza, ¿verdad? Entonces, obviamente, esa es tu misión. 


Pero es claro que, para poder trabajar con gran acierto, es necesario conocer a fondo la enseñanza; porque si divulgaras la enseñanza sin conocerla a fondo, pues no lograrías la di­vulgación en forma perfecta.


 Entonces se requiere que tú estudies la doctrina a fondo para que la divulgación sea correcta.


            Divulgar la enseñanza: esa es tu misión. Y si observas bien las características de tu vida, lo comprobarás, lo vivenciarás por ti mismo. Conforme vayas trabajando por la humanidad, irás cumpliendo también con el tercer factor de la Revolución de la Conciencia.

            Hay que trabajar con los tres factores: Mo­rir, sí, volver polvo el Ego, reducirlo a ceni­zas. Nacer: sí, hay que crear los Cuerpos Existenciales Superiores del Ser, para lograr el Nacimiento Segundo. Sacrificio por la humanidad: hay que levantar la antorcha del verbo, bien en alto, para iluminar el camino de otros. Debes trabajar con ese ter­cer factor y esa es tu misión, precisamente esa. ¿Hay alguna otra pregunta?

            P.- Esta no es una pregunta. Yo tengo un problema tremendo. Claro que es un defecto: una pereza tremenda para leer, tremenda, tremenda, y esto se debe también a un defec­to físico, de mala vista. Quisiera pedir un crédito para que me den la instrucción arriba, en lo interno, para poder aprender más rápido y poder dedicarme a la instrucción. Por otra parte, yo trabajo demasiado y no me queda mucho tiempo. ¿Qué facilidades podría tener para recibir este tipo de instrucción rápida, en beneficio de la humanidad?
            R.- Se te pueden dar, tú puedes recibir ins­trucciones, pero si no pasas tus conocimientos al cerebro físico, ¿de qué sirve que te den la instrucción? Obviamente, lo primero que tú tienes que hacer, antes de poder recibir esa instrucción, es despertar, y tú lograrás el despertar eliminando tus elementos inhu­manos. Lo que necesitas hacer es trabajar sobre ti mismo. Sólo cuando logres eliminar esos elemen­tos inhumanos, cuando transformes el sub­consciente en consciente, podrás verdadera­mente disfrutar de la iluminación, traer al cerebro físico todas las enseñanzas de orden superior. De modo que debes trabajar sobre ti mismo, no te queda más remedio.

            P.- Va a ser una labor bastante larga. Claro que debo trabajar sobre mí mismo, para poder llevar el mensaje.
            R.- ¡Claro, así es! Las cosas son correctas, como deben ser. Las cosas se deben saber hacer correctamente. Existen muchas gentes, de psiquis subjetiva, que dicen estar iluminadas y que resultan dando enseñanzas a la hu­manidad, pronunciando  conferencias, auto­considerándose Dioses, sin haber eliminado el Ego. Son verdaderamente, dijéramos, far­santes, o en el mejor de los casos, sinceros equi­vocados. Esa es la cruda realidad de los hechos. Nosotros debemos ir a lo concreto, a lo claro, a lo preciso, sin vaguedades de ninguna especie, sin ambigüedades, sin incoherencias. De­bemos trabajar con una lógica de tipo superior: exacta en nuestros conceptos y en nuestros actos.

            P.- ¿Es exacta esta enseñanza?
            R.- ¡Eso es claro! Así pues, tú necesitas realmente, pues, morir para ser; eliminar los elementos indeseables, a fin de poder quedar iluminado. Sólo así puedes recibir esa en­señanza y transmitirla a las gentes. De lo contrario, no es posible.

            P.- ¿Y entretanto?
            R.- Lo que sí puedes, hoy por hoy, es ayu­dar, comunicar la doctrina tal como está escri­ta en las obras. Ahí no se requiere que te metas toda la doctrina de a jalón: un libro en unas cuantas horas. No, más vale ir poco a poco y meditar a fondo lo que se estudia. Así, al dar la enseñanza, se hace en forma más fructífera, más eficiente, mejor... En cambio, si uno se lee un libro "a qui­nientos kilómetros por hora" y luego quiere repetirlo al dar la enseñanza, pues va a hacer la labor mecanicista, ¿no? Cada palabra debe ser meditada, sometida a hondas reflexiones, comprendida íntegramente. Así pues, la información que vamos llevando a nuestras men­tes, debe hacerse consciente. Esa es la manera de elaborar, dijéramos, el conocimiento su­perior en nuestras mentes.

            P.- Si, día a día se está viendo que hay más interés por este tipo de enseñanzas en las gen­tes; pero también uno puede apreciar que este tipo de enseñanzas, que se están dando, es en­tregada por personas que no saben lo que están diciendo, que están especulando. Hay una tre­menda especulación en todo el conocimiento de las cosas, alrededor de todo. Por ejemplo, suceden casos como el de las relaciones con los seres interplanetarios: no han dado nunca la versión exacta...
            R.- Bueno, incuestionablemente se ha venido hablando mucho sobre Platillos Voladores, desde hace ya muchos años. Precisamente, después de la segunda guerra mundial, los diarios del mundo entero se dedi­caron a propagar, a los cuatro vientos, noticias diversas sobre los tales Platillos Vola­dores, sobre los Ovnis, para hablar más claro. En aquella ocasión yo dije, en forma enfática, que esos discos voladores eran na­ves cósmicas tripuladas por habitantes de otros mundos, y así di la noticia, en mi libro titulado "El Matrimonio Perfecto", primera edición. Me queda, pues la satisfacción de haber sido el primero en haber dado esa noticia al mundo. Las gentes no lo creyeron, se reían de mi y hasta me consideraron loco. Sin em­bargo, aquí, allá, acullá y por todas partes, existen informaciones de gentes que han lo­grado ponerse en contacto directo con gentes de otros mundos. No quiero decir que el cien­to por ciento de las noticias sobre Platillos Voladores, sea perfecta. Existe naturalmente, en las gentes, las costumbres titilescas: sujetos que se ríen, echando a volar determinados globos iluminados, haciendo trucos, etc. Es obvio que al lado de la luz, siempre está la tiniebla. Siempre, dijéramos, entre lo solemne y lo ridículo, no hay más que un paso. Sin embargo, no por eso pierde interés la cuestión de los Discos Voladores. Repito: entre lo sublime y lo ridículo, no hay más que un paso. Debemos, pues, tratar de eliminar lo ridículo y buscar las gentes serias, en esto de las naves cósmicas. Precisamente aquí, en la ciudad capital de México, hallándonos en la Torre Latina, vimos nosotros una nave cósmica. Entonces tomábamos café, muy tranquilamente, cuando uno de los presentes quiso que miráramos un punto del espacio y nos llamó la atención. Observamos, ciertamente, una nave cósmica maravillosa, flotando a poca altura sobre la ciudad capital de México y a poca distancia, relativamente, de la Torre Latina. Parecía clavada fijamente en el espacio, resplandecía con la luz del Sol, pues nos hallá­bamos en pleno mediodía. Posteriormente, la nave se fue alejando lentamente y después as­cendió en forma vertical, hasta perderse entre el cielo, entre el infinito.
            Así pues, que fuimos testigos de tal hecho. Claro, si hubiéramos tenido en ese momento una cámara, habríamos podido fo­tografiar a la nave, pero no llevábamos cá­mara fotográfica.
            Hace días, sucede que Jacobo Sar­nosky, por Televisión, se dirigía al pueblo de México y hasta se burlaba de los Discos Vo­ladores. Después de que pasó la emisión, entonces unos jóvenes que estaban en la calle me llamaron la atención. Salí, a ver de qué se trataba. Con gran asombro vimos una nave cósmica pasar sobre la azotea de mi casa: se deslizaba lentamente en el espacio, y los vecinos aque­llos que me habían llamado, no pudieron menos que reírse de Jacobo Sarnosky y de su escepticismo, pues allí teníamos la nave todos, ante nuestros ojos. Vimos a aquella nave, dijéramos, deslizándose, y por último ascen­dió verticalmente, hasta perderse en el infi­nito.

            P.- Maestro: ¿cual es la función, o qué vienen hacer a la Tierra esos seres extraterrestres? ¿Qué misión tienen?
            R.- Bueno, ellos se proponen ayudar a la humanidad, en esta hora crítica en que vivimos. Eso es todo.

            Pero continuando con relatos que a mí me constan, voy a decirte lo siguiente: cierto día logré ponerme en contacto directo con tripulantes de una de esas naves cósmicas. La nave aterrizó en el Desierto de los Leones, aquí en México. Yo me dirigí, naturalmente, al lugar del bosque donde la nave aterrizó. Tuve la suerte de haberla visto, y al acercarme, con asombro pude evidenciar que estaba posada sobre un trípode maravilloso. Era una nave formidable, redonda, extraordinaria. Se abrió una portezuela y descendió el capitán, seguido de toda la tripulación. No tuve ningún inconveniente en dirigirme al capitán de la nave. Le dije: "Yo desearía que usted me llevara al planeta Marte; mi Mónada Divina es el Regente de ese mundo. Sin embargo, yo no he sido llevado allí personalmente, físicamente". Aquel capitán guardó silencio. Después continuó lo mejor: la tripulación, toda, se sentó en el césped, se sentó en el pasto, dijéramos, en el Desierto de los Leones ("desierto", porque hay poca gente, pero no es un desierto, es un bosque). Dos damas estaban entre la tripulación. Continué yo diciéndole al capitán: "Soy un escritor, tengo la misión de ayudar a la humanidad. Si yo pido que se me lleve a otros mundos, no es por mí, dijéramos, sino por la humanidad, y quiero que se me lleve al planeta Marte"... "¿A Marte? Eso es allí no más", me dijo el capitán, como si se tratara de una ida a Xochimilco. Para él fue una petición de muy poca sabiduría.

            Pues continuando, seguí diciéndole: "Es que como soy escritor, quiero traer de esos otros mundos, su cultura y su civilización, y escribir para ayudar a la humanidad. No soy un animal intelectual, soy un hombre, y lo hago, dijéramos, con la responsabilidad con la que un hombre puede hacer la solicitud; no como la haría un animal intelectual, sino como la hace un hombre, que es diferente". Guardó silencio. Una de las damas tomó en ese momento la palabra y dijo: "Si colocamos una planta que no es aromática, junto a una planta que sí lo es, es claro que la que no es aromática se impregnará con el aroma de la que sí es aromática, ¿verdad?" Yo dije: "Sí, eso es cierto, eso es verdad". Me dijo: "Lo mismo sucede con los mundos en el espacio: mundos que en el pasado andaban mal, poco a poco se fueron impregnando con las vibraciones de los mundos vecinos, y entonces, humanidades que iban extraviadas se transformaron y hoy marchan a tono con las humanidades vecinas, van bien. Pero nosotros acabamos de llegar en estos instantes al planeta Tierra y vemos que aquí no sucede lo mismo. ¿Qué es lo que está pasando en este planeta?" Fue la pregunta que me hicieron. Di mi respuesta: "Es que este planeta es una equivocación de los Dioses". Pero luego, reflexionando, acabé de redondear mi respuesta, de esta forma: "Este es el Karma de los mundos"... Claro, aquellas dos damas asintieron, el capitán de la nave también; todos estuvieron de acuerdo.

            Aquellos hombres y damas, pues, eran verdaderos Dioses con cuerpos de hombres. No son profanos comunes y corrientes, ni tampoco humanoides: son Dioses, repite. Las mismas damas, son grandes seres, Dioses con cuerpos femeninos, con cuerpos de verdaderos seres humanos. Son altamente científicos, gentes con conocimientos muy profundos.

            Volví a insistir en mi petición al capitán. Le dije: "Yo quiero que me lleven ya", y hasta me cogí del trípode, sobre el que estaba la nave plantada, dispuesto a salir. Era de mañana, yo estaba dispuesto a irme, pero el capitán me dio una respuesta que fue definitiva. Me dijo: "En el camino iremos viendo"... Yo entendí la respuesta, sé a qué camino se refería: al camino esotérico. Supe muy bien cual era su significado, comprendí que se está aguardando, en estos momentos, lo que llamamos nosotros la resurrección. Una vez conseguida la resurrección, por la cual debe pasar todo Maestro de la Blanca Hermandad (cosa que ya está para suceder), entonces ingresaré a ese grupo. También supe yo que esa nave era intergaláctica y que ellos son viajeros intergalácticos. Como les dije, mi solicitud la consideraron como una pretensión, pobre en el fondo. Entendí que son hombres perfectos, Dioses, repito, con cuerpos de hombre, criaturas inmensamente superiores a los humanos, dijéramos, a los animales intelectuales que pueblan la faz de la Tierra; criaturas que estos animales intelectuales no son capaces de comprender. Es claro que estos homúnculos racionales juzgan mal a sus semejantes extraterrestres, no están debidamente preparados como para comprenderlos. Aquel capitán se dirigió a su nave, yo quedé muy satisfecho con la respuesta. Subió con su tripulación a la esfera aquella, voladora. Me retiré a alguna distancia, para no ir a recibir perjuicios por la radiación, y la nave se elevó desde el centro de aquel bosque.

            Aquellos hombres eran cobrizos, de estatura mediana, de cuerpos delgados, provistos de una gran ciencia y de capacidades inmensamente superiores a la de los terrícolas. No vienen a causarle ningún daño a las gentes; sencillamente, están estudiando al planeta Tierra y se proponen ayudar a la humanidad.

            Pronto podría ser que yo entrara a ese grupo, y será para traer, aquí a la Tierra, pruebas sobre la existencia de vida en otros mundos: elementos minerales, vegetales y hasta organismos vivos, que serán puestos sobre las mesas de los científicos. Escribiremos textos que haremos conocer públicamente; además, entregaremos las pruebas, sobre aquello que escribiremos. Entonces la mentalidad de las gentes se dirigirá a esos otros mundos del espacio. Se dirigirá porque, claro, por medio de nuestras obras y de las pruebas, las gentes lanzarán su mente hacia esos otros mundos y atraerán, en forma magnética, la vibración de esos otros mundos, y así, esa radiación impregnará a la Tierra completa.
            Es necesario que nuestra Tierra se impregne con la vibración de otros mundos. Atando cabos, esa es la conclusión: lo que ellos han dado y lo que yo hablo, forman un todo único. Así será como este planeta recibirá un gran beneficio. Claro, de todas maneras los cataclismos serán los cataclismos, pero la vibración quedará en la Tierra para formar un mundo mejor.

            P.- Maestro: ¿ese tipo de seres tienen un grado de perfección similar a la de Jesús El Cristo, por ejemplo?
            R.- Son hombres de tipo superior, Hombres-Dioses. No podemos hacer comparaciones de ese tipo; resulta que no conviene jamás hacer ese tipo de comparaciones. Sin embargo, podríamos de todas maneras asegurar que ellos tienen al Cristo Cósmico encarnado; son seres de tipo superior.

            P.- El Cristo, ¿es cósmico también?
            R.- El Cristo, propiamente dicho, es cós­mico, universal, se manifiesta en todo hombre que esté debidamente preparado. El Cristo no solamente se expresó en Jesús de Nazaret: un día también se expresó en Quetzalcóatl y se expresó a través de Krishna y a través de Gau­tama, el Buddha Sakyamuni, y a través de muchos hombres superiores, como Hermes Trismegisto o el Santo Lama. El siempre se expresa, cuando hay elementos preparados, cuando hay hombres a través de los cuales ­puede él expresarse.

            P.- El Cristo, ¿qué es en esencia?
            R.- El Cristo es un principio cósmico que está más allá de la individualidad, de la personalidad y del Yo.

            P.- ¿Es un Dios?
            R.- El es lo que es, lo que siempre ha sido y lo que siempre será. Es la vida que palpita en cada átomo, como palpita en cada Sol. Eso es El Cristo. No debemos, dijéramos, definirlo diciendo que es un Dios. El es ese agente maravilloso que se expresa a través de cualquier Dios, o de cualquier hom­bre, siempre y cuando el instrumento sea de­bidamente exquisito.
            Así pues, esos habitantes de otros mundos, con los cuales hemos podido ponernos en con­tacto, son verdaderos Hombres-Dioses, en el sentido más completo de la palabra. Las gentes prefieren atrapar, dijéramos, a los extraterrestres. ¿Para qué? Para quitarles sus navíos, ¿no?, y armarlos después con po­tencial atómico, con el propósito de destruir ciudades indefensas; luego quieren los terríco­las utilizar esos navíos para invadir a otros mundos habitados. Mas como resulta que esos extraterrestres son seres demasiado inteligentes y comprensi­vos, no se dejan atrapar, y eso no les gusta a los terrícolas. Entonces prefieren, los moradores de la Tierra, decir que "los platillos voladores no existen", que "eso es una alucinación", que "eso es una fantasía", etc., etc. Siempre hay un justificativo para todo en la vida.

            P.- Si alguno de esos seres fuera atrapado, ¿quedaría posibilitado para regresar a su sitio de origen?
            R.- Al ser atrapado, pues podría ser asesi­nado, ¿no? Se le metería a cualquier labora­torio con el propósito de saber de qué cosa esta hecho, y la nave sería confiscada y al poco tiempo reproducida por millones en el planeta Tierra. Entonces nadie tendría seguridad de su vida ni de nada.

            P.- ¿Los terrícolas están en capacidad de reproducir una nave de esas?
            R.- Podrían, descubierta la fórmula, hacerlas. Entonces tendríamos la tragedia: vendría la invasión, los terrícolas invadiendo a otros mundos. ¡Sería el desastre! Aún mas: las guerras serían más espantosas, porque esas naves, cargadas con potencial atómico, serían más poderosas que los aviones ultramodernos, que los aviones ultrasónicos, etc. En una palabra, la humanidad utilizaría todo eso para el mal, y a los tripulantes de esas naves los asesinarían. Pero ellos, como son conscientes, como saben lo que son los terríco­las, no se dejan atrapar y se mantienen huyen­do de los terrícolas. Los extraterrestres com­prenden muy bien lo que son estos bárbaros y si bien no les causan un daño, no perjudican a nadie, tampoco se dejan atrapar, huyéndoles. Son gentes de tipo superior, que los terrícolas no han comprendido ni comprenderán nunca.

            P.- ¿Están ellos haciendo algún tipo de experimentación en la Tierra, trabajando con alguna especie de radiación, etc.?
            R.- Pues sí. Actualmente vienen gentes de otros mundos y traen toda una serie de experi­mentos, alguna forma de operar. Así, exactamente, se esta formando, fuera del mundo Tierra, la sexta raza del mañana. Se han llevado ya, esos tripulantes, lo mejor de la semilla. Exactamente, están cargando con gentes de este mundo para cruzarla con gentes de otros mundos.

            P.- ¿Podría explicarnos algo sobre la for­mación de esa sexta raza?
            R.- Digo que, actualmente, muchas gentes están desapareciendo, son llevadas a otros mundos. Esas gentes son llevadas con el propósito de cruzarlas, dijéramos, con huma­nidades planetarias diferentes. El resultado de tales cruces, será traído de regreso a la Tie­rra, después del gran cataclismo. Así pues, esa gente aparecerá en la Tierra purificada del mañana, será la sexta raza raíz. Por lo tanto, la futura Jerusalén, de la cual habla El Apocalipsis de San Juan, tendrá un pueblo nuevo, un pueblo santo y maravilloso. Así pues, ya se está for­mando la sexta raza raíz con gentes que están siendo llevadas de la Tierra, que están siendo cruzadas con habitantes de otros planetas, y eso es bastante interesante, ¿ver­dad? Esto es lo que yo quería aclarar.

            P.- ¿Están siendo llevados hombres y mu­jeres?
            R.- Sí, tripulaciones de barcos han desapa­recido, aviones han desaparecido; gentes que de la noche a la mañana, no se sabe más de ellos y que han sido llevados a otros mundos con el propósito de cruzarlos con gentes de esos planetas.

            P.- Pero se trata de gente sana, ¿verdad?
            R.- Bueno, de gente más o menos sana; porque se trata, pues, de sacar lo mejor: la simiente, la semilla, para cruzarla con otras razas, con gentes de otros mundos, para implantar sobre la faz de la Tierra, un tipo de humanidad mejor.

            P.- Ese nuevo tipo de humanidad, esa sexta raza, ¿aparecerá dentro de unos cuantos años?
            R.- Realmente, dentro de unos cuantos si­glos. Pero aparecerá sobre la faz de la Tierra, en una Tierra transformada.

            P.- La nueva raza será descendiente de esas otras humanidades, porque la actual de­saparecerá, ¿no es cierto?
            R.- Claro está que sí; aparecerán los des­cendientes. Por eso hablo claro: el resultado de los cruces, el resultado de tales cruces, será la humanidad del futuro, la humanidad de la sexta raza raíz.

            P.- ¿Existieron antes de nosotros los atlantes y los lemures?
            R.- Mucho antes de los lemures, están lo hiperbóreos, y antes de los hiperbóreos está la gente de la Raza Polar, los protoplasmáticos. Primero fue la Raza Polar o Protoplasmática; segundo, los hiperbóreos; tercero, los lemures; cuarto, los atlantes; quinto, los arios, los que pueblan actualmente la faz de la Tierra. La sexta raza será la del futuro, que aparecerá después del gran cataclismo.

            P.- Maestro: ¿a qué se debe el que la raza tenga tantos colores, siendo que del cruce, no es posible que del blanco salga un negro, o viceversa?
            R.- Las diferentes razas son necesarias. Esos diferentes colores, pues, se deben también a las diferentes latitudes, donde tienen que vivir sobre la Tierra.

            P.- Pero, ¿no se debe a que los blancos han venido de determinado planeta y los negros de otro?
            R.- No, absolutamente no. Esos diferentes colores de la raza se deben a las diferentes la­titudes, es cuestión de latitud. Eso es bastante interesante, ¿verdad? Vale la pena estudiarlo. Hay escritos distintos libros sobre el particu­lar. En todo caso, estos estudios son largos y profundos. Actualmente estoy escribiendo "La Doctrina Secreta de Anáhuac"; será el Mensa­je de Navidad para el año 1974-75.

            P.- ¿Quién es Anáhuac, o quién era Anáhuac?
            R.- La Doctrina Secreta de las antiguas tri­bus de Anáhuac, es muy vasta, extensa y don­de en sí, tenemos que poner sobre el tapete de actualidad todo el mensaje del Señor Quetzalcóatl.

            P.- ¿Mexicano?
            R.- Sí, el Cristo, el Cristo Mexicano, que es Quetzalcóatl. Tenemos que poner sobre el tapete de las actualidades mundiales, el men­saje del Señor Quetzalcóatl, toda la Cosmología de los Náhuacs.

            P.- ¿En qué época vivió el Señor Quetzalcóatl?
            R.- Muchos, muchos miles de años antes de que la América fuera descubierta. Así pues, hay que divulgar la Doctrina Secreta de Anáhuac, hacer conocer a fondo, los Mis­terios que florecieron en el México antiguo. Hay allí una gran sabiduría que será difundida en toda la redondez de la Tierra. Nosotros haremos conocer esa gran sabiduría, para bien de todo el pueblo.

            P.- ¿Encierra, el Calendario Azteca, muchos datos que hasta ahora no han sido entendidos?
            R.- Hasta ahora no ha podido ser comprendido íntegramente, porque no saben que está, tal Calendario, fundamentado en el Sistema Trigésimal. El no está basado ni siquiera en el sistema duodécimal, sino en el trigésimal, el número tres.

            P.- Maestro: algunas personas consideran que se puede despertar el Kundalini, y que pue­de ascender el fuego sagrado, a través de la columna vertebral, con sólo practicar el Pranayama, es decir, sin necesidad del Sahaja Maithuna. Quisiéramos cono­cer su opinión, saber si esto es posible.
            R.- Con el mayor gusto daré respuesta a esa pregunta. Quiero que ustedes compren­dan, claramente, que existen tres fuer­zas primarias en el Universo. Primero, nadie que haya estudiado Ciencias Naturales puede ignorar la realidad de los organismos unicerebrados, es decir, dotados de un solo ce­rebro. Ejemplo: los moluscos, los caracoles, los insectos que tan sólo duran una tarde de verano, etc. En ellos sólo se expresa una sola fuerza.
            Vienen luego las criaturas bicerebradas, es decir, dotadas de dos cerebros: águilas caballos, perros, gatos, animales superiores de toda especie. En ellos se expresan dos fuerzas.
            Después vienen los organismos tricerebra­dos. Estos tres cerebros solamente existen en el animal intelectual equivocadamente lla­mado hombre. En ellos se expresan las tres fuerzas.
            Quiero decir que los organismos unicerebrados poseen sensaciones, los bicerebrados poseen sensaciones y percepciones, los tricerebrados poseen sensaciones, percepciones y conceptos. Obviamente, sólo los organismos tricerebra­dos podrían cristalizar a las tres fuerzas de la Naturaleza dentro de sí mismos, aquí y ahora. Estas tres fuerzas están representadas, en la India, por Brahma, Vishnú y Shiva: el Santo Afirmar, el Santo Negar y el Santo Conciliar; la fuerza positiva, negativa y neutra. Para crear un hijo, se necesitan, forzosamente, las tres fuerzas. La primera, el Santo Afirmar, estaría representada por el elemento masculino y la segunda, el Santo Negar, estaría represen­tado por el elemento femenino. Durante la cópula, el Santo Conciliar concilia a las dos fuerzas (masculina y femenina) para crear un hijo. Indubitablemente, no sería posible la crea­ción de un hijo sin el concurso de las tres fuer­zas de la Naturaleza.
            Pasemos ahora a Devi­ Kundalini. Obviamente, la serpiente ígnea de nuestros mágicos poderes, jamás podría desa­rrollarse y desenvolverse con una sola fuerza: la masculina o la femenina. Se necesita siem­pre el concurso de las tres fuerzas: positiva, negativa y neutra; Santo Afirmar, Santo Ne­gar y Santo Conciliar. Querer desarrollar el Kundalini con una sola fuerza, es como querer crear un hijo con una sola fuerza. Eso es completamente imposible, eso sería tanto como querer contradecir a la sabiduría tántrica. Quienes quieran verdade­ramente conocer nuestros basamentos, deben estudiar el tantrismo oriental, explorar el tantrismo budista, el tantrismo de la Igle­sia Amarilla del Tíbet, el Tantrismo Zen Budista o Chang, o de la China, etc., etc., etc.
            Todo aquel que haya recibido la Iniciación Tantra, que conozca a0fondo los Tantras y que haya profundizado en el esoterismo del Sahaja Maithuna, sabe muy bien, por ex­periencia directa, que el desarrollo del Kun­dalini solamente es posible mediante el concur­so de las tres fuerzas. Y esas tres fuerzas solamente pueden unirse y trabajar, de verdad, en la Forja de los Cíclopes, en la Novena Esfera, con el Sahaja Maithuna. Mas sucede que muchas personas, que prac­tican Pranayama, pueden hacer saltar chispas de la llama. Es claro que todos tenemos, en el coxis, una verdadera hoguera encendida; tene­mos, allí, a Devi Kundalini Shakti, enroscada tres veces y media.
            Hay íntima relación entre el aliento y el sexo. Es posible hacer saltar chispas mediante el aliento. Ustedes, si soplan, dijéramos, sobre una chispa moribunda que hay por ahí, en algún lugar, habiendo combustible verán ustedes cómo de esa chispa pueden saltar otras chis­pas. Pero, verdaderamente, con el Pranayama lo único que se logra es hacer saltar chispas; jamás podría el Pranayama desarrollar y desenvolver el fuego serpentino anu­lar, que se desarrolla en el cuerpo del asceta; jamás podrían ustedes hacer subir, al Kunda­lini, por el canal medular espinal hasta el ce­rebro.
            Aquellos que practican el Pranayama, al lo­grar que ciertas chispas circulen por sus Na­dis o canales, creen que han despertado el Kundalini por el hecho de haber tenido tal o cual iluminación, tal o cual percepción extrasensorial, etc. Más tarde ellos afirman, en for­ma enfática, que se puede despertar el Kunda­lini, únicamente a base de Pranayama. Eso es completamente falso y va contra la Iniciación Tantra, contra los Tantras, enseñados en las escuelas esotéricas. Así pues, he dicho lo que es, lo real.
            Quien quiera verdaderamente despertar, desarrollar y desenvolver el Kundalini, tiene que bajar forzosamente, a la Novena Esfera. Negar esto sería echar abajo la Di­vina Comedia del Dante, echar abajo los vie­jos textos de la sabiduría antigua, reducir a polvo La Ilíada de Homero, La Eneida de Vir­gilio, el esoterismo de los cuatro Evangelios, El Apocalipsis de San Juan, el esoterismo del Bhagavad Gita y del Corán, etc., etc., etc. Es lamentable que haya todavía, en el mundo, personas que lancen conceptos, tan sin base. Están equivocados, eso es todo.

            P.- ¿Por qué las enseñanzas gnósticas indi­can que sólo en la obscuridad se puede procrear una nueva criatura? ¿Por qué señalan que sólo en la noche es posible fabricar los Cuer­pos Existenciales Superiores del Ser?
            R.- La cruda realidad es que, por la dispo­sición de los órganos creadores, tal procreación se verifica en las tinieblas, porque el zoosper­mo sale de las glándulas sexuales, ni iluminado por la luz del Sol, sino que discurre entre las tinieblas. En tinieblas se abre paso por las Trompas de Falopio, para encontrarse con el óvulo que desciende del Folículo de Graaf, y dentro de las tinieblas de la matriz se gesta.
            ¿Qué sucedería si ese zoospermo, en vez de salir desde las glándulas sexuales protegido por las tinieblas, pudiera discurrir bajo la luz del Sol, pudiera salir, destapado, para que el Sol lo bañara con su luz? ¿Qué sucedería si el feto no estuviera en las tinieblas, sino que estuviera destapado en el vientre de la madre, expuesto directamente a la luz del Sol? Es obvio que el fracaso sería un hecho. De manera, pues, que por la disposición de los mismos órganos crea­dores, la fecundación se realiza siempre en las tinieblas. Asimismo, el sabio debe también trabajar entre la obscuridad y el augusto silencio del pensamiento, para poder llegar un día a la autorrealización íntima del Ser. El trabajo en la noche nos viene indicado por aquella Virgen de la Inmaculada Concepción, parada sobre la Luna y vestida con una túnica azul.

            P.- Querido Maestro: siendo Satán la re­flexión de Dios, y por lo tanto, siendo Satán Amor, ¿no sería incongruente decir que "el Ego es satánico"?
            R.- Recordad que existen dos tipos de tinie­blas. A la primera la denominaremos obs­curidad del silencio y del secre­to augusto de los sabios; a la segun­da la calificaremos de obscuridad de la ignorancia y del error. Obviamen­te, la primera es la super obscuridad: indubitablemente, la segunda es la infraobscuridad. Esto quiere decir que las ti­nieblas se bipolarizan y que lo negativo es tan sólo el desdoblamiento de lo positivo.
            Por simple deducción lógica, los invito a comprender que Prometeo Lucifer, encadenado a la dura roca, sacrificándose por nosotros, sometido a todas las torturas, aunque sea el fiel de la balanza, el dador de la luz, el guardián de las siete mansiones, que no deja pasar sino a aque­llos que han sido ungidos por la sabiduría, que portan en su derecha la lámpara de Her­mes, se desdobla inevitablemente en el as­pecto fatal de la multiplicidad egoica, en esos agregados psíquicos siniestros que compo­nen nuestro Yo, y que han sido debidamente estudiados por el Esoterismo Tántrico Budista. Con esta explicación, señores, conside­ro que ustedes han comprendido mis palabras.

            P.- Maestro: ¿querría explicarnos por qué, para iniciar el trabajo esotérico sobre nosotros mismos, es necesario tener el nivel del Buen Dueño de Casa?
            R.- Ciertamente, el que quiera autorrea­lizarse, recorrer con éxito la "Senda del Filo de la Navaja", debe empezar por ser un Buen Dueño de Casa, saber manejar su hogar con armonía, con belleza, con perfección. Aquellos que en la vida práctica no han sabido orga­nizar un hogar, no sirven para el camino, no pueden jamás autorrealizarse. He podido ob­servar que muchos que actualmente recorren la senda y que no han sabido ser Buenos Dueños de Casa, han resultado, ciertamente, un manifiesto fracaso.

            P.- Maestro: existen algunos directivos del Movimiento Gnóstico que piensan que los gru­pos que dirigen les pertenecen, piensan que esos grupos son de ellos. Quisiéramos saber qué opinión le merecen estos casos que le men­cionamos.
            R.- En la Gran Obra del Padre, todos de­bemos trabajar desinteresadamente. Las ideas pasan, las personas pasan, las cosas pasan; na­da nos pertenece, lo único real es el Ser (ese sí no pasa). Creernos, pues, dueños de determinados grupos, es egoísmo e ignorancia, porque, repito, las personas pasan y las per­sonas que hoy están con nosotros, mañana ya no estarán con nosotros. Es pues absurdo querer adueñarnos de las personas. En el Movimiento Gnóstico trabaja­mos todos desinteresadamente, para el bien co­mún. Todos los hermanos formamos parte de un gran Ejército, que se llama El Ejército de Salvación Mundial. Eso es todo.

            P.- ¿A qué atribuye usted el hecho de que una cifra elevada de personas ingresan a los estudios gnósticos y luego se retiran?
            R.- Debemos pensar, ante todo, en el cen­tro de gravedad permanente. In­cuestionablemente, muy pocas personas son las que han formado, en sí mismas, tal cen­tro. Es claro que el Ego, en sí mismo, está compuesto por una multiplicidad de Yoes, es decir, no tenemos un Yo singular, sino plural, y nuestra Conciencia se encuentra embotellada entre esa multiplicidad de elemen­tos inhumanos que constituyen el Ego. Todos esos elementos psíquicos luchan por la supremacía. El elemento que hoy, por ejemplo, jura lealtad al Movimiento Gnóstico Cristiano Universal, instantes después es desplazado por otro que no tiene ningún inte­rés por el Movimiento, y entonces el sujeto se retira.
            Si las gentes comprendieran que dentro de uno existen muchas personas o Yoes, también entenderían la causa por la cual existe tanta variedad en los caracteres. El hombre que hoy jura lealtad a una mu­jer, no es el mismo todas las veces. Aquel Yo que ha hecho el juramento es sólo uno de sus tantos Yoes, desplazado cuando otro Yo toma el control de la máquina humana: entonces el juramento de amor queda sin fundamento, el sujeto se va, se ausenta y la mujer queda decepcionada.
            Dentro de un mismo cuerpo humano, ha­bitan muchos Yoes. El Ego que hoy está resuelto a hollar la "Senda del Filo de la Nava­ja", es desplazado por otro que no le interesa esta senda, y obviamente, vemos que tarde o temprano la persona se retira.

            P.- Maestro: ¿es usted vegetariano?
            R.- He llegado a la conclusión de que ese sistema de alimentación no sirve; por eso no soy vegetariano. Considero que las proteínas animales no pueden ser reemplazadas jamás por las proteínas vegetales. Podríamos consu­mir alimentos como el aguacate (que dice Yogananda que reemplaza a la carne) y nos convenceríamos de que realmente no la reem­plaza. No quiero decirles con esto que seamos car­nívoros en un ciento por ciento, porque eso sería absurdo. Necesitamos una dieta diversi­ficada, necesitamos, por lo menos, un cincuenta y cinco por ciento de carne entre los alimentos. Así vivi­remos bien. Mas si seguimos con el sistema vegetariano, fracasaremos inevitablemente. Esa es mi respuesta.

            P.- Maestro: ¿los ayunos de treinta o cuarenta días son aconsejables, son buenos para la salud o no?
            R.- ¿Ayunos de cuarenta días? Solamente para Maestros como Jesús de Nazaret. Pero cual­quier hijo de vecino que se vaya a poner a hacer un ayuno de esos, pues puede fallecer, y sería muy lamentable tener que cantarle el "Requiem In Pace" a nuestros pobres hermanos gnósticos, antes de tiempo. Por lo tanto, no es aconsejable. Sin embargo, hay épocas en que se pueden realizar ciertos ayu­nos, pero el máximo serían nueve días, a condición de tener una salud correcta, después de previo examen médico. Eso es todo.

            P.- ¿Se podría ayunar un tiempo apropia­do, con un método adecuado? Es decir, ¿se podría ayunar correctamente?
            R.- Así es; pero eso es un lujo que muy po­cos se pueden dar.

            P.- Pero, ¿no es ese un método para desin­toxicación del cuerpo?
            R.- Sí, eso es cierto.

            P.- Si los que están practicando el vegeta­rianismo usan la proteína animal que contiene la leche y sus derivados, el huevo, etc., que son los patrones que ponen algunos autores, que también excluyen la carne por tener dema­siadas proteínas, entonces, ¿cómo es que van a sentir debilidad?
            R.- Bueno, he escuchado la pregunta y con el mayor gusto, pues, me apresuro a respon­derla. Todo lo que diga determinado autor, o en general los diversos sistemas que, en una u otra forma, defiendan al sistema vegetaria­no, indubitablemente tienden a justificar el mismo sistema. La cruda realidad de los he­chos es que no hay nada que pueda reempla­zar a la proteína de la carne, aunque se inven­ten innumerables teorías en ese sentido. Así pues, indubitablemente las proteínas de la carne vienen a ser el fundamento de la vida celular orgánica. Eliminarla por satisfacer tal o cual teoría, porque tal o cual hipótesis afir­ma que mediante esta otra substancia se puede reemplazar la proteína animal, resulta com­pletamente absurdo.
            Cuando yo fui vegetariano, usé precisamen­te todas esas teorías, usé todos esos modismos, sistemas, procedimientos para reemplazar a la carne, y en nombre de la verdad debo decirles que con ese sistema fracasé totalmente. Ade­más me ha tocado ver morir a muchos; he co­nocido a muchos vegetarianos fanáticos, nunca he hallado uno sano, todos son enfermos.

            P.- Maestro: hay una pregunta que está flotando en el ambiente, en relación a una frase de Nuestro Señor Jesucristo, que dice: "Es más fácil que pase un camello por el ojo de una aguja, que entrar un rico en el Reino de los Cielos". ¿Quiere usted explicarnos en qué for­ma es esto simbólico y en qué se contrapone la riqueza material con la revolución espiritual?
            R.- Precisamente, esa es la palabra del Cristo, ¿no? Indudablemente, no solamente se refiere Jesús de Nazaret a los bienes mate­riales, sino a la cuestión del intelecto. Muchas gentes tienen "rico" el intelecto y jamás les atraen los asuntos espirituales. Por eso es más fácil pasar un camello por el hueco de una aguja, que un rico entrar en el Reino de los Cielos.
            Hay otros que tienen una mentalidad muy sencilla, que son simples y con facilidad entran en el camino. Así pues, las palabras del Maestro no se refieren exclusivamente a los bienes terrenales, sino a la cuestión intelectual.
            También es muy cierto y de toda verdad que hay unos avaros; hay individuos que tienen almacenadas riquezas y claro, nunca entran en la senda por estar apegados a sus bienes. Desde este punto de vista, eso es exacto. Pero se pueden tener riquezas, se puede tener dinero, sin que por eso se deje de entrar al Rei­no de los Cielos. Téngase en cuenta que el Conde San Germán, por ejemplo, poseía rique­zas incalculables; téngase en cuenta que Ca­gliostro podía transformar también el plomo en oro y hacer diamantes de la mejor calidad. Tanto el uno como el otro, poseyeron todos los bienes de la Tierra; sin embargo, estaban dotados de una tremenda espiritualidad, por­que eran Maestros Resurrectos. Así pues, la cuestión no está, en tener o no tener los bienes materiales, sino en saberlos administrar, no apegarse a ellos. El Conde San Germán lo enseñó con su ejemplo: de pronto aparecía como multimillo­nario, rico, archimillonario (como cuando se presentó él ante Luis XV); sin embargo, tiempo después lo ven en una humilde buhar­dilla, viviendo entre los pobres, no porque no tuviera dinero, no porque no tuviera riquezas. Lo llamó el Gobierno de Francia para ofrecerle un empleo; su respuesta fue: "No necesito el empleo, lo agradezco mucho; soy un Príncipe y poseo una rica fortuna". Claro, todo el mundo quedó desconcertado, y cuando desencarnó (cuando se dice que desencarnó, porque él no desencarnó), cuando se hizo pasar por muerto, su discípulo más cercano le vio, pues, en un cuartucho ahí, de mala muerte, de tintas que fabricaba para pintar ceras y hasta medio enfermo, con go­ta y no se qué más. Murió, dicen que murió. Lo llevaron al Panteón. Tiempo después, alguien abrió la tumba; no encontró nada, allí no estaban ni los huesos de San Germán.
            Apareció años después en París, lleno de vida y asombrando a todo el mundo. Así pues, esos Maestros se hacen pasar por muertos cuan­do quieren, y manejan todos los bienes de la Tierra sin apegarse a ninguno. La verdad, pues, del Gran Kabir Jesús no se refiere exclu­sivamente a los bienes terrenales, sino a la cuestión del intelecto.
            Hay muchos que tienen un intelecto pode­roso, pero no les interesa la espiritualidad, no les interesa el esoterismo, la mente de ellos está demasiado complicada. Hay otros que tienen bienes terrenales; están tan apegados a los bienes terrenales, que tampoco les interesa la espiritualidad, porque quieren más sus bie­nes que a cualquier otra cosa. Pero los bienes terrenales no son todo; amplíese el concepto hasta abarcar el intelecto.

            P.- En relación con la práctica del Arcano, he escuchado dos teorías. La una, que cuando se practica el Arcano con pasión, se ob­tiene una mejor transmutación. Y de otra par­te, hay quienes sostienen que el Gran Arcano debe practicarse libre y exento de todo tipo de pasiones. ¿Cuál es la verdad?
            R.- En todo esto hay grados y grados. In­cuestionablemente, no podemos exigir al ani­mal que no sea pasionario. Lo que sí sucede es que los estados animalescos, los impulsos inferiores, deben ser eliminados. Mas esto se va realizando en una forma progresiva, didáctica. Sería absolutamente imposible conseguirse un par de bestias que fueran santas de la noche a la mañana. Hay que empezar primero por lo animal y después vendrá lo espiritual. Y así está dicho también por el Apóstol Pablo de Tarso. Se empieza, pues, a trabajar en una escala muy inferior de animalidad, pero confor­me se va avanzando en la rocallosa sen­da, pues los estados animálicos inferiores se van eliminando y la criatura se va depurando, hasta que al fin se sublimiza completamente.
            Me viene a la memoria, en este caso, algo muy interesante. A pesar de la mística avan­zada con la que yo realizaba mis trabajos, dijéramos, en la Novena Esfera (hace algún tiempo), recuerdo que hallándome por allá, en Acapulco, me sucedió un caso insólito. Fuera del cuerpo físico, me encontré con un místico que parecía como de la edad media. Aquel intentó hacerme, pues, los famosos estigmas en las manos; con un clavo intentó perforarme las manos. Logró avanzar con su clavo hasta cierto punto, y nada mas. Y de las palmas de mis manos brotaban, entonces, rayos y truenos. Mas no consiguió él lo que se proponía; en­tonces me condujo, pues, a la Iglesia Gnóstica y me presentó ante un gran Maestro. Mi Real Ser Interior me acompañó.
            En aquella época todavía yo no tenía perfora­das las manos astrales, y dijo: "Aquí traigo a este Maestro para el asunto de los estig­mas"... Dirigióse entonces (el ser que estaba sentado ante la pila de agua bautis­mal: un andrógino divino) directa­mente a mi Real Ser Interior, es decir, a Samael, a mi Mónada particular, y hablando sobre mí le dijo: "Es muy fuerte y responde bien, pero debe cumplir mejor con el sacramento de la Iglesia de Roma". Yo dije: "Ah, ya entiendo perfecta­mente, cumpliré mejor"... Posteriormente tuve que regresar a mi cuerpo físico, entendí lo que se me había dicho.
            Obviamente, tenía yo que sublimar, mas todavía, la energía creadora. Entonces ya, a pesar de que realizaba el coitus reservatus como un ritual, necesité sintetizarlo mas, volverlo más estático. Y así, durante la práctica, recuerdo que ni siquiera me acorda­ba, dijéramos, de los órganos creadores ni del cuerpo físico, sino que, en sublime éxtasis místico, realizaba el trabajo en la Novena Esfera. Aquello dio por resultado que se refinó ese tipo de energía del sexo, y fue, tal tipo de energía, la que vino a formarme los estigmas en las manos y en los pies. Así triunfé. Así pues, vean ustedes cómo poco a poco va uno refinando la energía y refinando el aspec­to sexual. Se empieza en una forma grosera, burda, pero con el tiempo, conforme uno di­suelve los elementos inhumanos, es obvio que tiene que irse espiritualizando, hasta que por último llega a una castidad absoluta.
            Así son las cosas, miradas tal como están hechas. No es posible exigirle a un par de principian­tes, que tengan la santidad de un Francisco de Asís. Coloquémonos en el terreno de los he­chos concretos y prácticos.

            P.- Maestro, quería hacerle otra pregunta: uno observa que algunos hermanos gnósticos, cuando se están iniciando en la senda, sufren grandes decepciones por cuanto trabajan, por ejemplo, en la Novena Esfera, e incluso luchan por destruir sus agregados, sus Egos, y no ven resultados positivos, resultados inme­diatos. ¿Esos resultados no se ven inmediatamente porque los neófitos no tienen Conciencia para irlos notando, conforme se van produ­ciendo?
            R.- Bien que has afirmado tú lo real. Exactamente, pues, quieren resultados inme­diatos y las cosas no son como la mente las quiere, sino como son. Aquí no se pueden ver los resultados inmediatamente, hay que traba­jar. Pero los resultados que hayan, tampoco podrían percibirse si uno no ha despertado la Conciencia. Sólo despertando la Conciencia vas conociendo los resultados. Este es un trabajo de por vida, esto no se logra de la noche a la mañana. Hay tiempos de terrible soledad y sobre esa soledad han hablado los mejores Iniciados. La "noche espiritual" de un Beethoven, la "no­che espiritual" de un Mozart, la "no­che espiritual" de un Jesús de Naza­ret, la "noche espiritual" de un Her­mes Trismegisto: épocas en que uno se ve en la más tremenda soledad, separado de toda es­piritualidad. Arriba no lo reciben, porque no lo merece; abajo tampoco lo quieren ya, porque éste se ha convertido en enemigo del Yo psicológico. Total, anda como un infeliz sobre el barro de la tierra. La mayor parte fracasan, en esa época de la "noche espiritual". Los pocos que logran resistir, verdaderamente triunfan. Mas son pocos, repito, los que logran resistir esa prueba tan dura.

            P.- Maestro: para saber, exactamente, si nosotros llegamos a ese momento de la "noche espiritual", ¿cuáles son sus características y manifestaciones, para no irlas a confundir?
            R.- Son muy prácticas y concretas: falta de iluminación interna, aburrimiento, fracaso sexual, más desesperación, materialidad en al­to grado. Ni un rayo de luz, ni una nota de esperanza: mundo sensorial nada más, aburri­dor y hasta la saciedad. Esos son, pues, los síntomas de la "noche espiritual; esos son sus síntomas, repito.

            P.- Quisiera saber, Venerable Maestro, cuánto tiempo dura la "noche espiri­tual" y si es igual para hombres y mujeres.
            R.- La "noche espiritual" es para todos: para hombres y para mujeres. Puede durar meses, como puede durar muchos años; el tiempo varía. La mayor parte huyen, se entregan a la bebida, se escapan. Raros son, repito, los que tienen la suficiente fortaleza y tenacidad como para llegar hasta el fin. Esos que perseveren, serán salvados; esos que per­severen, llegarán a la iluminación; esos que perseveren, avanzarán por la Senda de la Ini­ciación. ¡Eso es todo!

            P.- Maestro: ¿qué fórmulas les podría dar usted a las criaturas que pasan por ese trance, para que salgan de él lo más pronto posible?
            R.- En medio de la soledad y del silencio, en medio del dolor y de la viudez; ante el abu­rrimiento, la vacuidad, no queda más que una sola vía: la de la meditación. Cuando la men­te está quieta, cuando la mente está en silencio, adviene lo nuevo. Hay que agotar el proceso del pensamiento, durante la meditación. Agotado tal proceso, adviene entonces lo nuevo. Si logramos hacernos, en la mente, la irrupción del Vacío Iluminador, re­cibiremos iluminación, y esto nos reconfortará enormemente. En tiempos de la rigurosa ten­tación, como dijera Fray Diego de Molina en su "Guía Espiritual", hay que sumergirse en introspección, en profunda meditación. Quien quiera salir triunfante, pues, de la "noche espiritual", que se entregue a la medita­ción de fondo. Eso es todo.

            P.- Maestro: usted estaba ahora diciéndo­nos que la meditación es, prácticamente, "poner la mente en blanco". Pero hay otro sentido de meditación, que por el contrario es muy dinámico, que es concentrarse y pensar sobre un tema, lo cual indica una dinámica mental. O sea, ¿hay dos tipos de meditación?
            R.- Existen muchos tipos de meditación, pero si es que nosotros queremos aprehender lo real, si es que nosotros queremos expe­rimentar la verdad, si querernos sentir en nuestra psiquis ese elemento que trans­forma radicalmente, necesitamos de la quietud y del silencio de la mente. No se trata de "poner la mente en blanco", porque eso verdade­ramente es absurdo; lo que se requiere es lle­gar la quietud y al silencio de la mente, y eso es diferente. Pero "poner mente en blanco", resulta en el fondo, y perdóneseme la palabra, hasta estúpido. Se necesita algo más que esa estu­pidez: se necesita quietud y silencio de la mente. Cuando el proceso del pensar ha que­dado agotado, la mente se queda quieta y en silencio, y entonces adviene lo nuevo.
            No se trata de combatir a los pensa­mientos que lleguen, para que la mente quede quieta. No, lo que se trata, es de contemplar esos pensamientos, de comprenderlos. Con­templar esos deseos inteligentemente, contem­plar y entender a todos los recuerdos que lle­guen a la mente. Cuando uno va compren­diendo todo eso que llega al entendimiento, entonces no puede decirse ni una palabra. Pongamos que llegue a la mente, el recuerdo de una escena de ira en la casa. ¿Qué haremos? Tratar de comprenderla. Y des­pués de comprenderla, ¿qué? ¡Olvidarla! Luego surge otro recuerdo: la conversa­ción con el compadre o con la comadre, o con el vecino. ¿Qué hacer? ¿Rechazar? ¡Absurdo! ¿Entonces qué? Meditar y comprender. Comprendido, olvídelo... Que surge el re­cuerdo de una partida de fútbol, ¿qué hacer? ¿Rechazarla? ¡No! ¿Qué hacer? Repito: comprender la futilidad de aquello, la vanidad de aquello. Una vez comprendido a fondo, ol­vídelo. Y así, todo ese desfile de pensamientos, de deseos, de sentimientos, de recuerdos, etc., tienen un principio y tienen un fin. Cuando esa cinta de recuerdos, deseos, pensamientos, emociones, etc., ha terminado, la mente queda quieta y en silencio; entonces adviene lo nue­vo. ¿Y si no adviene?, diríamos. Si a pesar de creer que ya estamos en quietud y en silen­cio, nada sucede, ¿qué pasa? Sencillamente no hemos llegado a la quietud absoluta en todos los niveles de la mente. Entonces no nos queda más remedio que descender hasta niveles más profundos. Quie­ro decir con esto, que llegada la quietud en el nivel meramente intelectual, debemos pasar entonces a la quietud en el segundo nivel: increpar la mente, preguntarle por qué está así, por qué no quiere el silencio. La mente responderá con absurdos pensamientos, con sofismas. Nosotros debemos tratar de hacerle com­prender a la mente, las futilidades que siente, o su vanidad, y conseguido eso, pasamos a un tercer nivel. Comprender, pues, hacerle comprender, a ese tercer nivel, la necesidad de estar quieto. Y así sucesivamente, de nivel en nivel, hasta alcanzar el cuarenta y nueve. Si lo logramos, si conseguimos que cada uno de los cuarenta y nueve niveles obedezca, entonces quedará la mente quieta y en silencio. El resultado será que la Esencia se desembotella del inte­lecto para experimentar eso que transforma radicalmente: lo nuevo, lo real. De esa forma, pues, iremos poco a poco saliendo victoriosos de la "noche espiritual".
            No se trata, pues, de "poner la mente en blanco", repito, porque eso es completa­mente absurdo, sino lograr la quietud y el si­lencio de la mente, que es diferente. Y si a pe­sar de todas esas prácticas la mente no quiere quedar quieta y en silencio, habremos de re­criminarla, de regañarla y hacerle ver su error (hasta de castigarla), y a ella no le quedará, al fin y al cabo, mas remedio que vencerse y quedará quieta y en silencio, y entraremos en éxtasis, en Samadhi, la Esencia se liberará del intelecto para experimentar lo real. Así, verdaderamente así, es como logramos noso­tros salir de la "noche espiritual".

            P.- Muchos estudiantes no quieren buscar su revolución espiritual en grupos, no les inte­resa asistir a los Lumisiales ni a Cadenas; buscan, más bien, su revolución en forma particu­lar. ¿Qué es más conveniente y productivo?
            R.- La autorrealización es algo demasiado individual, muy de cada uno. Mas debemos tener en cuenta los tres factores, necesarios para la Revolución de la Conciencia. Nacer: esto solamente es posible trabajan do en la Forja de los Cí­clopes. Morir: es cuestión de disolución del Yo psicológico, pero sacrificarnos por la humanidad es amor. En alguna forma tene­mos nosotros que luchar por nues­tros semejantes. En los Santuarios, por ejemplo, en los Lu­misiales Gnósticos, existe la oportunidad para el sacrificio. Con el hecho mismo de tomar parte de una Cadena de Curación, para ayudar o para sanar a otros a distancia, esta­mos nosotros prestando un servicio impersonal. Con el hecho mismo de asistir al Santua­rio, ayudamos con nuestras fuerzas, dijéra­mos, a los demás; porque en cada Santuario se forma un centro magnético especial. Es claro que tal centro es vital para la Conciencia, porque en tal centro se puede practicar la meditación, en tal centro se puede estimular a la Esencia. Por eso, esos centros son tan cardinales y definitivos para la Nueva Era del Acuarius. Conviene asistir siempre a los Lumisiales, no tanto por nosotros, sino por los demás. Eso es todo.

            P.- Maestro: a muchos les ha llamado la atención el hecho de que libros como la "Re­volución de Bel" y otros, están llenos de dia­tribas, criticas severas y afirmaciones en con­tra de ciertos autores. No falta quienes ven una contradicción entre su antigua actitud y la "Doctrina del Corazón" de la que usted habla en numerosas obras. ¿A qué se debieron esos ataques y por qué ya no los utiliza?
            R.- El agricultor que va a sembrar, tiene primero que quemar la hojarasca, los cardos, las espinas y todo lo que no sirve, para luego darse el lujo de plantar el grano de donde ha de salir la vida. Los obreros que van a levan­tar una casa, tienen primero que romper el suelo, excavar en la dura tierra, a fin de esta­blecer los cimientos firmes para construirla. También a mí, que me ha tocado entregar el Mensaje para la Nueva Era de Acuario, me tocó la dura tarea de cualquier agricultor u obrero: me tocó señalar, indicar el obstáculo, mostrar el peligro, el error, antes de poder echar el grano cultural de la Nueva Era, que en estos momentos se inicia entre el augusto tronar del pensamiento.

            P.- ¿Existen algunas plantas estimulantes, como la marihuana, que sirven para alcanzar el desdoblamiento, por ejemplo, en forma más rápida?
            R.- Los elementos de las drogas resultan perjudiciales. Téngase en cuenta que la marihuana y muchas otras drogas, son subjetivas ciento por ciento. Es cierto que mediante las fuerzas de los hongos alucinantes, del L.S.D. (ácido lisérgico), etc., se consiguen, dijéramos, desdoblamientos, sí, pero son de tipo subjetivo e inhumano, se procesan en las infradimensiones de la Naturaleza y del Cos­mos, no conducen a la auténtica iluminación objetiva trascendental. Son, pues, un fracaso.

            P.- Usted habló alguna vez del Peyote, y también el Maestro Huiracocha, preci­samente como ayuda en estos casos de desdoblamiento.
            R.- El Peyote es muy diferente. El coo­pera, sí, con la meditación, no forma hábito de ninguna especie. Es muy exigente: hay que tener castidad; en modo alguno ayudaría el Peyote, por ejemplo, a los lujuriosos. El tiene sus reglas. El Maestro Huiracocha habla sobre el Peyote, cuenta cómo el Maestro Rassinchi, dentro del Templo de Chapultepec, lo utilizó para provocar un desdoblamiento. Es la única planta recomendable, pero eso es para los Hombres Cósmicos, a condi­ción de no abusar de él. Un estudiante que quiso utilizarlo por tercera vez, después de haber recibido varias instrucciones, fue lla­mado al orden por los Señores del Karma, se le prohibió continuar con él, dijéramos, abu­sar de él, para ser más claro. Así pues, el Peyote es útil, pero hay que saberlo usar, no abusar de él jamas. En cuanto a las demás drogas, no diré nada. Al Peyote no lo podemos considerar como droga; es una planta inofensiva que no forma hábito de ninguna especie y que solamente coopera con la meditación, cuando se sabe me­ditar. Alguien podría conseguir mucho Pe­yote y no tener ningún resultado; otro po­dría mascar un pedacito, unos cuantos gramos y obtener un resultado extraordinario. El todo está en que se sepa meditar. El coopera con el que sabe meditar, lo ayuda de verdad, pero como eso no se consigue allá, en otros países, naturalmente no podríamos en modo alguno recomendarlo, porque, ¿cómo, si en los países de Sur América no se consigue y en los de Centro América tampoco? En México se consigue, pero con dificultad.

            P.- Maestro: las damas siempre preguntan por qué están relegadas a un segundo plano. En consecuencia, ellas quieren saber cuáles podrían ser sus logros, es decir, los que podrían obtener si trabajan sobre sí mismas con los tres factores de la Revolución de la Conciencia.
            R.- No se por qué quiere relegarse a la mu­jer a un segundo plano. La cruda realidad de los hechos es que la mujer tiene los mismos derechos que el hombre; eso es obvio. Ella también tiene que fabricar los Cuerpos Exis­tenciales Superiores del Ser, lo mismo que el hombre. Ella tiene que llegar a encarnar su Alma Humana, lo mismo que el hombre. Ella tiene que llegar a desposarse, pues, con su Buddhi, con su bienamado, lo mismo que el hombre. Así pues, no sé por qué quiere relegarse a la mujer a un segundo plano. La cruda realidad de los hechos es que las mujeres, las que son mujeres en el mundo físico, son hombres en el Astral y viceversa: los hombres, aquí en el mundo físico lo son, pero en el As­tral, gústeles o no les guste, son muje­res. Así pues, ¿por qué se quiere en el mundo físico, relegar a las mujeres a un se­gundo plano?

            P.- Maestro: ¿se puede utilizar la Clavícula de Salomón, exclusivamente pa­ra evocar a las entidades peligrosas, o también se puede utilizar para invocar a las entidades divinas?
            R.- Uno, con la Clavícula de Salomón, puede invocar a los Angeles, a los Dio­ses Santos. En la edad media se utilizaban las clavículas para invocar a Lucifer. Cla­ro, se necesita tener mucho valor para hacer un tipo de invocación de esa clase. Son muy pe­ligrosas, puesto que el individuo no tiene todavía la estructura de un Adepto, de un Mago, y ante una cuestión de estas, le sucede lo que le sucedió a un buen amigo: tres días después moría... Y no está de más, en estos momentos, volver a recordar lo que sucedió en Costa Rica: el caso de aquella mujer ramera que vivía en estado de ebriedad, de cantina en cantina. Y aunque resulte un poco grotesco repetir sus palabras, para bien de la Gran Causa cumpli­ré en repetirlas. Ella decía: "Yo, diariamen­te -perdonen ustedes la expresión- me acuesto con tantos, catorce, quince hombres, veinte"... Y decía más: "Y si se me apare­ciere el Diablo en persona -estoy refinando las palabras, no estoy sacándolas totalmente, pues son demasiado vulgares-, pues con ese también me acostaría". Bueno, cuentan, lo sabe todo el mundo en un pueblo de Costa Rica, ciertamente, un día de esos tantos llegó a visitar a la tal mujer, un aparente marino; este, naturalmente, la requirió de amores y también se acostó con ella. Después de que aquella mujer hubo rea­lizado el acto sexual, con el marino en cues­tión, se sentó en el umbral de la puerta de su horrible apartamento. Allí, sentada, contem­pló el paisaje, el panorama de gentes que iban y venían, etc., etc. De pronto sintió que alguien le llamaba; era el marino. El le dice: "Tú no me conoces; crees que me conoces porque dormiste conmigo, pero estás equivocada, no me conoces. Vuelve a mi­rar hacia adentro para que me conozcas". Ella volvió a mirar. Entonces, ¿qué ve? A Lucifer, convertido en un verdadero dia­blo, terrible, como lo pinta la mitología por ahí, con todos sus horrores cavernarios. La mujer cayó instantáneamente privada. Tres días después moría en el Hospital. Dicen los que la vieron, que de aquel apartamento salía azufre. Durante algún tiempo, las gen­tes no quisieron volver a pasar por esa calle. Claro, ella antes de morir contó su historia, la alcanzó a contar a alguien pero no resistió y murió... ¿Qué sucedió? Pues el propio Lucifer de ella, que estaba tan horrendo, es claro que intervino para bien de ella misma. Posiblemente, yo no digo "posiblemente", sino que es obvio, fue enviado por el Anciano de los Días, por su propio Padre de ella, que esta en secreto, y actuó, se materializó físicamente. Claro, la lección para esa mujer fue terrible: desencarnó. Podemos estar seguros de que cuando esa mujer vuelva a tomar cuerpo, cuando regrese, ya no volverá jamás a caer en la prostitución. Hasta es posible que siga la senda de castidad, pues la lección que recibió fue bien amarga, es decir, se ve que su Padre que está en secre­to, resolvió una operación quirúrgica. Sí, la gracia se valió de esa parte del Ser, que se llama Lucifer, y hasta puede esa mujer, más tarde, venir a agarrar el camino.

            P.- Venerable: entonces, para blan­quear nuestro Lucifer, ¿qué debemos hacer?
            R.- Destruir el Ego, reducirlo a polvareda cósmica. Hay necesidad de vestirlo de blanco. Mas aún: hay necesidad de vestirlo con la púrpura de los Reyes. Debemos sentir piedad por nuestro propio Lucifer.

            P.- ¿El nos da algo?
            R.- El da el impulso sexual a todo el mun­do. Tienes que saber aprovechar ese impulso, todo, clavando la lanza en su costado. Recuerden ustedes que Lucifer es escalera para bajar y recuerden que Lucifer es escalera para subir. Lean la "Divina Comedia", y en ella hallarán amplia ilustración sobre Lucifer, en la Novena Esfera.

            P.- Maestro: ¿cómo es que dice usted que Krishnamurti no tiene nada de Ego, cuando en realidad, después de la Segunda Montaña, todavía el Maestro tiene que continuar ejecutando trabajos para conseguir la perfección, y an­tes de conseguir la Resurrección tiene que tra­bajar en los infiernos de los distintos planetas, desintegrando, dijéramos, gérmenes de Egos?
            R.- Sí, Krishnamurti, el señor Krishna­murti, es un Alma muy antigua, pero realmente, a pesar de que no tiene, dijéramos, na­da de Ego, pues no ha conseguido la Resurrec­ción. Obviamente, debe bajar a la Novena Esfera a trabajar. Claro que algo tiene que eliminar, que él desconoce. Pero si decimos que no tiene Ego, que está limpio de Egos, así es, en lo que es humanamente comprensible. Más allá, todavía existen ciertos elementos que escapan, dijéramos, a la comprensión de todos y que hay que desintegrar también.

            P.- Venerable Maestro: volviendo al Génesis, sobre una pregunta que se hizo anteriormente, se dice que después de la separación de los sexos, no todos cayeron y que esos grandes Maestros que no habían caído, pues siguieron su camino. Pero, ¿necesariamente, todo Maestro de un pasado Mahamanvantara ha debido bajar, o siempre se produce la caída?
            R.- Pues así está en El Génesis, así está en la "revuelta de los Angeles"; empero hay que distinguir lo que es una caída de una bajada. Muchos confunden a la bajada con la caída, y como en ambos casos desciende el Iniciado, o los Iniciados, al Noveno Círculo Dantesco, a trabajar con el fuego y el agua, origen de mundos, bestias, hombres y Dioses, entonces se presta, dijéramos, a muchas in­terpretaciones. Pero no hay que confundir ja­mas a una caída con una bajada. Son diferen­tes y siempre se dan, en todo Génesis, las baja­das y las caídas.

            P.- ¿El error del Arcángel Sakaky se pro­cesa, por decirlo así, en todos los mundos?
            R.- Bueno, Sakaky no se procesa en todos los casos; el Arcángel Sakaky se equivocó aquí, en este Sistema Solar, o en este Planeta Tierra, pero ese es un caso de punto y aparte.

            P.- Maestro: refiriéndose ahora, no a Sakaky, pregunto: ¿otros como él también se equivocaron. ¿Siempre se produce la caída en otros mundos?
            R.- En todo universo naciente, hay bajadas y caídas. Los Elohim deben ba­jar y algunas veces caen, pero en todo caso necesitan descender, para poder después ascen­der, subir victoriosos. Es decir, todo ascenso va precedido de un descenso; toda exaltación va precedida de una espantosa y terrible humillación. Si no, ¿dónde estaría el mérito?

            P.- ¿Qué es un Aelohim y qué es un Elohim?
            R.- Aelohim es Aelohim y Elohim es Elohim. Aelohim es el Eterno Padre Cós­mico Común, la infinitud que todo lo sustenta, el omnimisericordio­so, el Absoluto Inefable, y Elohim es la segunda unidad, la unidad mani­festada, la hueste de los creadores Elo­him, la hueste de los andróginos que crearon el Universo, etc., etc., o sea, el Ejército de la Palabra, el Ejército de la Voz, el Verbo. Indudablemente, el Elohim que se sumerge entre el seno del Eterno Padre Cósmico, entre el Absoluto, recibe su verdadero nombre, que es el de Paramartasatya. Un Pa­ramartasatya es algo inefable, algo im­posible de comprender a simple vista. Un Paramartasatya está más allá del bien y del mal, más allá de la personalidad, de la indivi­dualidad y del Yo. El Paramartasat­ya es transparente como el cristal, terriblemente divino. Son muy pocos los que logran convertirse en Paramartasatyas.

            P.- Maestro, volviendo a lo de Lucifer: el Lucifer tiene uno que blanquearlo, volverlo brillante, ¿no? Entonces, ¿él mismo puede co­laborar para que uno lo convierta en ese Luci­fer exaltado?
            R.- El colabora con la tentación, pues si no, ¿de qué otra manera podría colaborar? La tentación es fuego, pero el triunfo sobre la ten­tación es luz. Si uno vence la tentación, pues vence a Lucifer. Al vencerlo, sobre el mismo cuerpo de Lucifer, sobre las espaldas de él, triunfa uno, sube... Recuerden ustedes que en la "Divina Comedia" del Dante Alighieri, Virgilio baja por las costillas del Señor Lucifer y sube por las costillas, también, del Señor Lucifer. Lucifer es escalera para bajar, Lucifer es escalera para subir. Si vencemos la tentación, subimos por las mismísimas espaldas de Luci­fer. El nos pone la tentación para que nosotros podamos subir. Vean ustedes a Cristo, dis­frazado como Lucifer: ¡cuan grandioso es Christus-Lucifer, cuan grandioso, po­niéndonos la escalera para que subamos!

            P.- Quisiera preguntarle, Maestro, ¿por qué dice usted que en el Mundo de las Causas, exis­ten Almas que viven allí pero sin embargo no tienen el Cuerpo Causal? ¿Podría explicarnos eso?
            R.- Sí, son Almas que todavía no han he­cho la Gran Obra y viven en el Mundo Causal. Como no han hecho la Gran Obra, pues no tie­nen los cuerpos. Por eso es que en el amanecer, en la aurora de cualquier Mahamanvantara, surgen los autogeneradores, los autogenerados y los generados. Los autogeneradores son los que ya son capaces de generarse a sí mismos, que crearon sus cuerpos; los autogenerados, que ya se generaron, y también surgen los no generados, aquellos que no han creado sus cuer­pos. Es decir, los que tienen cuerpos y los que no los tienen, surgen del gran invisible en la aurora de la creación.
            Crear los cuerpos es indispensable. Si uste­des no los han creado, pues pueden crearlos; para crearlos hay que hacer la Gran Obra. En el Mundo Causal encontramos millones de Almas que todavía no han creado los cuerpos, que no han hecho la Gran Obra. Se conocen a simple vista, el Hombre Causal las conoce, y esas Almas son muy obedientes, obedecen al Hombre Causal, pero todavía no han hecho la Gran Obra: aguardan hacerla en el futuro.

            P.- ¿Qué podría decirnos sobre esa costum­bre de los haitianos, que lloran al niño cuando nace y hacen una fiesta cuando alguien se muere? ¿Qué de trascendental puede haber en estas cosas?
            R.- Pues, es una forma de comprensión. Realmente, la muerte no es para estar lloran­do; el proceso del morir es tan natural como el de nacer. Para ellos es más duro nacer que morir. Al nacer, se viene a este mundo a su­frir; al morir, se va uno de este claustro de amarguras; por eso hacen fiestas cuando uno se va. Eso es así: es una forma de comprensión de ellos.

            P.- Maestro: ¿hasta qué punto podrían aceptarse las profecías  de Nostradamus? ¿Hasta qué punto podría usted aceptarlas?
            R.- Nostradamus no se ha equivocado jamás, pero hay que tener en cuenta ciertas fe­chas que da con respecto al futuro. El usa cálculos que hay que saber entender. Sin em­bargo, muchas profecías de Nostradamus han salido exactas, maravillosas, se han cumplido matemáticamente. Vale la pena estudiarlo, pero es difícil inter­pretarlo. Se necesita tener el Donum Dei para poderlo interpretar. Toda la obra de "Las Centurias" consiste en versos, y esos versos conducen a muchos al error, porque son versos en francés, antiguos y alegóricos, sim­bólicos, la gente puede darle las más diversas interpretaciones.

            P.- Alguien dijo una vez que usted había sido Nostradamus, que era una reencarnación suya, un cuerpo que usted había tenido.
            R.- No, absolutamente no; no tuve jamás ese tipo de reencarnación. Nostradamus es un individuo aparte, un gran Astrólogo, un gran vidente. Muchas de sus profecías se han cum­plido ya con exactitud, y tienen pensando a to­do el mundo sus profecías, porque se han cum­plido y siguen cumpliéndose, y es el único Astrólogo del cual nadie se ha podido reír. Las gentes están acostumbradas a reírse de los As­trólogos, de los Profetas, de los videntes, etc., etc., pero no han podido reírse de Nostrada­mus, porque les ha costado muy caro. Sucede que todas sus profecías se han cumplido, no ha fallado en ninguna.

            P.- ¿Qué tipo de profecías hizo Nostra­damus?
            R.- Bueno, profetizó hasta su propia muer­te: entre el banquillo y el escritorio, y ahí lo en­contraron muerto. Su cuerpo lo sepultaron en una Catedral de Francia. Lo curioso fue que, algún tiempo después, cierto grupo de gente fueron a destapar el sepulcro de Nostradamus y encontraron su cuerpo allí, intacto y una maldición que decía: "El que profane mi sepulcro morirá, y vosotros moriréis". Leyeron eso y aquellos que habían abierto la sepultura, se fueron riendo de la tontería que habían hecho, pero ese mismo día perecieron todos en un accidente. De manera que siempre fue un problema y sigue siendo un problema. Todo el mundo se ha reído de los Astrólogos, de los Videntes y los Profetas, pero del señor Nostradamus no han podido reírse, la risa les ha costado carísima.

            P.- ¿Era Nostradamus un Maestro Resu­rrecto?
            R.- Bueno, que yo sepa, Nostradamus no llegó a Resurrecto; no, pero no hay duda de que sí fue un gran Astrólogo, un gran Viden­te, y que sus profecías se han cumplido. Se es­pecializó en eso: en las profecías, en la Astrología; describió su mundo en "Las Centu­rias". Dicen que pasaba la noche entera an­te un cazo de esos, de cobre, lleno de agua. Ahí se concentraba, en esa agua, y como era Vidente, pues en esa agua podía ver los acon­tecimientos del futuro. En fin, profetizó con una seguridad absolu­ta, fue dando fechas y nombres en una forma extraordinaria. El libro "Las Centurias" continúa el pie, es un libro de actualidad... Por ahí vi una película, sobre el fin del mundo, comentando eso a la luz de Nostradamus. Está buena la película, sólo que el final no coinci­de; el final de tal película resulta absurdo. Entre paréntesis, aparece ya la Tierra completamente esterilizada por las bombas atómi­cas, y por ahí unos cuantos monigotes, cami­nando por ahí, arrastrándose como sierpes o monstruo. Pues eso es absurdo, porque la realidad va a ser distinta. La realidad es que, con la lle­gada de Hercólubus, se producirá la revolución de los ejes de la Tierra, revolución anunciada por el mismo Nostradamus. ¿Que la Tierra parecerá como sacada de su órbita? Así será, como lo dice Nostradamus. Entonces los mares cambiarán de lecho, porque el Ecua­dor se convertirá en Polos y los Polos en Ecua­dor. Entonces, mediante el cambio de lecho de los océanos, las tierras actuales quedarán hundidas en el fondo de los mares.

            P.- Esa fecha que se da, del año 2.000, ¿es entonces errada?
            R.- Pues se dan muchas fechas, pero la cruda realidad de los hechos es que, en concre­to, Nostradamus dice que en el año 1.999 sucederá el cataclismo final y fija el 1.999, con la llegada de "un gran rey de terror", que no es otra cosa sino Hercólubus, cuando "la Tierra parecerá ser sacada de su órbita, hundida en las tinieblas"...

            P.- ¿Cuáles son los requisitos estrictos para formar parte de la sexta Raza Co­radi?
            R.- Para formar parte del futuro núcleo de la sexta raza raíz, como primer punto de vis­ta, se necesita haber aniquilado el Ego, porque en la sexta raza raíz no se le va a dar cuerpo a nadie que tenga Ego. Cualquier persona que tenga Ego, no podrá entrar en la sexta raza raíz.

            P.- Si una persona está trabajando sobre sí misma y no ha terminado su trabajo, ¿qué le espera?
            R.- El Abismo y la Muerte Segunda; es decir, para poder entrar a la sexta raza raíz, claro, si todavía tiene el Ego, no se le puede dar cuerpo.

            P.- Pero me refiero a que si ese alguien está trabajando con un alto grado Iniciático y todavía tiene entidades subjetivas...
            R.- Pues si tiene entidades subjetivas, aunque esté en un alto grado Iniciático, no se le va a dar cuerpo físico si tiene Ego, porque dañaría a los otros, acabaría con la Edad de Oro.

            P.- ¿Aunque esté trabajando con los tres factores?
            R.- En esas condiciones, no se le puede dar cuerpo para la sexta raza raíz. Podría ser que a ese candidato se le llevase a otro mundo del espacio, pero lo que es en el planeta Tierra, en la Edad de Oro, no pueden tomar cuerpo los que tengan Ego. Con una sola, esa pudre a todas las demás, causaría daño y fracasaría la Edad de Oro por una persona. No sería justo eso tampoco, que fracase toda una edad por una persona, por el capricho de un Maestro, de una persona; eso no es justo. Ya la Tierra ha sufrido mucho con esta raza, es jus­to que descanse un poco. La Tierra sufre, necesita un descansito.

            P.- ¿Qué haría, con su Maestría, el que haya trabajado y aun no ha disuelto la totali­dad del Ego?
            R.- En otros mundos del espacio, podrá encontrar un desarrollo favorable.

            P.- ¿Y luego podrá regresar al planeta Tierra?
            R.- Sí, ya desprovisto de Ego, podrá regre­sar a la Tierra.

            P.- Los que hayan disuelto el cincuenta por ciento del Ego, ¿podrán ir a la "Tierra Prometida"?
            R.- Los que hayan disuelto el Ego, o parte del Ego, podrán acabar de disolverlo en la isla donde va a encaminarse el nuevo éxodo; porque habrá un grupo de humanidad selecta que será llevada, secretamente, a un lugar del Pacífico y allí esa gente selecta podrá acabar de disolver el Ego, si todavía no lo ha disuel­to, para que cuando aparezca el doble arco iris y surjan nuevas tierras, pueda tal persona, o suma de personas entrar, dijéra­mos, en las tierras nuevas.

            P.- Los que hayan merecido participar en el nuevo éxodo, ¿podrán viajar en esas naves cósmicas que tienen los hermanos tibetanos?
            R.- Sí, eso está pensado; muchos podrán ser llevados en esas mismas naves cósmicas ha­cia la isla aquella. También es muy cierto que actualmente hay gentes nuestras, terrícolas, viviendo en Ganimedes, que es un satélite de Júpiter, o viviendo en lugares como Marte, Venus, Júpiter mismo, etc. Son terrícolas que han desaparecido, que se han buscado y no los han encontrado, han sido llevados. Ellos se cruzan, se han cruzado o se van a cruzar con gentes de otros planetas, a donde han sido llevados. El resultado de esos cruces es indispensable; el resultado de esos cruces será traído de regreso a la Tierra, cuando lle­gue la hora de la Edad de Oro. El resultado de esos cruces se cruzará a su vez, con el núcleo fundamental, y de allí saldrá una raza absolutamente nueva.

            P.- Maestro: de mi parte, una última pre­gunta. Voy a exponer mi caso. Sucede que mis padres me han dado, desde pequeño, ropa, calzado, medicinas, estudios y todo eso, y re­sulta que me encuentro con la Gnosis. Yo no he podido cumplir con ellos, ni recompensar­les los favores que han hecho por mí. Ahora no sé qué hacer: si regresar allá o continuar con la Misión. ¿Qué debo hacer?
            R.- Ni modo; la cruda realidad está con­testada ya por el Gran Kabir Jesús, cuando alguien le dijo: "Maestro, permíteme que vaya primero a enterrar a mi padre, que ha muer­to". Entonces Jesús le respondió: "Deja a los muertos que entierren a sus muertos y tú, toma tu cruz y sígueme". De manera que no nos queda más remedio que seguir al Cristo Intimo, ¿no? Esa es la verdad. Y cuando la mujer de Lot volvió a mirar hacia atrás, en instantes en que salía con su marido de las ciudades de Sodoma y de Gomorra, se dice que quedó convertida en una esta­tua de sal. Y el Gran Kabir nos advierte sobre los tiempos del fin, diciendo: "El que esté en los campos, no vuelva a la ciudad y el que esté en la terraza, no baje de ella, y el que esté caminando, no se regrese". En una palabra, Jesús nos advierte, pues, la necesidad de marchar hacia lo que hay que marchar. Todo eso parecerá un poquito cruel, pero, ciertamente, ese es el camino del Super Hombre. ¡Ni modo, así es!

            P.- Entonces, no estoy cometiendo, en estos momentos, ningún error?
            R.- Pues estás, en este momento, siguiendo al Cristo Intimo, y por lo tanto no estás cometiendo error alguno, pues sigues la senda del Cristo Intimo; eso es obvio. ¡Y no hay que retroceder!

            P.- Maestro: ¿cuál será el nombre de la nueva raza?
            R.- Bueno, en la Fraternidad Universal Blanca se le denomina la "Raza de Cora­di". Así como esta raza es la Raza Aria, la futura Raza es la de Coradi.

            P.- ¿Existe alguna razón esotérica por la que se le llama así?
            R.- Bueno, puede existir, pero no se me ha ocurrido preguntar todavía. Unicamente sé que la llaman así, pero yo no he averiguado; porque como todos le dicen "Coradi", yo también le digo así, pero no lo he averiguado.

            P.- ¿De qué manera se podría demostrar que la Luna es más antigua que la Tierra?
            R.- Eso es cosa científica, mi estimado her­mano, eso ya está demostrado. Hoy en día la ciencia tiene aparatos muy finos con los cua­les se puede medir el tiempo. Los guijarros traídos por los Astronautas, han sido ya debi­damente medidos y se ha podido comprobar, hasta la saciedad, que la Luna es más antigua que la Tierra. Dicen los científicos que deviene de épocas remotísimas, tal vez desde los mismos orígenes del Cosmos. Nosotros vamos más lejos, mi querido hermano; nosotros sabemos muy bien, por experiencia esotérica directa, que la Luna es la madre de la Tierra, que la Luna viene del pasado Mahamanvantara de Pad­ma o loto de Oro. La Luna fue un mundo rico: tuvo mares inmensos, llenos de agua, volcanes en in­cesante erupción, rica vida vegetal, animales de toda especie, florecientes vegetaciones, po­derosas civilizaciones humanas, etc. Empero, como es sabido, es claro que todo el mundo nace, crece, envejece y muere. Así pues, hoy la Luna es un cadáver, ya murió. Eso es todo.

            P.- Maestro: ¿por qué se dice que las Pirá­mides de México, las Pirámides que están en Teotihuacán, son más antiguas que las de Egipto?
            R.- Las Pirámides de Teotihuacán, mi caro hermano, fueron construidas por los atlantes y no por los aztecas, como muchos suponen. Indudablemente, son más antiguas que las de Egipto; hay cronologías sobre el particular. En todo caso, quiero decirles algo importante: yo recuerdo con exactitud mis existencias an­teriores, viví en la Atlántida y sobra decir que hacíamos peregrinaciones incesantes. A veces tales peregrinaciones iban a Egipto, otras veces venían hasta Teotihuacán. Basado en esa experiencia, puedo decirles, pues, que las Pirámides de Egipto fueron construidas después de las de Teotihuacán, esto es, las Pirámides de México son más antiguas que las de Egipto. Hay cronologías religiosas que así lo afirman y los que tenemos experiencia eso­térica directa, los que recordamos nuestras existencias pasadas, aquellos que vivimos en la antigua Atlántida, sabemos que así es.

            P.- Alguien nos dijo, en una conferencia pública, que "por qué el Movimiento Gnóstico entendía que en el Cielo, o sea, los mundos superiores, ya estaba lleno el cupo para las Almas, puesto que en la Gnosis se dedicaban a controlar la reproducción". ¿Cómo podríamos explicar eso?
            R.- Sobre eso del control de la natalidad se ha hablado demasiado, mi caro hermano; to­dos los científicos están preocupados por eso. Indudablemente que la humanidad tiene altas y bajas mareas, épocas, dijéramos, de plus demográfico y épocas de minus. En todo existe un flujo y un reflujo, un ritmo incesante. Así pues, en estos instantes hay, dijéra­mos, explosión demográfica, alta marea hu­mana. Es obvio comprender que a ese plus, a esa alta marea, le sigue un descenso, un mi­nus. Así pues, no está lejano el día en que tremendas guerras y cataclismos produzcan el descenso, el minus, la baja de la marea, la disminución de la población humana. Pero como los científicos no saben nada sobre esto, no entienden esto del flujo y reflu­jo de la humanidad, nada saben sobre las Le­yes del Péndulo, del Ritmo, etc., se preocupan demasiado e intentan controlar la natalidad con procedimientos artificiosos: píldoras anti­conceptivas e innumerables sistemas que oca­sionan cáncer y muchas otras enfermedades, gravísimas para la especie humana. Nosotros, los gnósticos, tenemos métodos prácticos, sen­cillos; sabemos cómo controlar la cuestión aquella, no de la natalidad, porque eso seria criminoso, sino de la fecundación. El control de la natalidad es un delito, el control de la fecundación es un deber. Y se puede controlar: para eso tenemos el Saha­ja Maithuna, la Sexo Yoga. La clave es simple y sencilla, ya la saben todos nuestros hermanos; consiste en la conexión del Lin­gam Yoni sin la eyaculación del ens semi­nis, porque como bien dijo Paracelso, "dentro del ens seminis se encuentra todo el ens virtutis del fuego". No quiero decirles a ustedes que por medio del Sahaja Maithuna se elimine la reproduc­ción humana; es obvio que mientras exista contacto sexual, pues es claro que existe la fe­cundidad. Pero sí se pueden disminuir la can­tidad de nacimientos, y si eso es lo que quere­mos, nada mejor que el Sahaja Maithu­na, la Sexo Yoga. Eso es todo.

            P.- Maestro: algunos preguntan si no es peligroso retener la energía sexual en el hueso sacro.
            R.- ¿Qué es eso de "retener esa energía", hermano? Hablemos en este momento del es­perma o del ens seminis; seamos claros en nuestras preguntas y en nuestras respuestas. ¿Has visto, mi caro hermano, cómo los pozos en los caminos se secan, bajo la luz del Sol? Esas aguas se evaporan y se convierten en nu­bes y en rayos y en truenos. Bueno, eso es lo que hay que hacer dentro de nuestro orga­nismo. Con el Maithuna, con el calor, con el fuego del sexo creador, esas aguas seminales, ese licor espermático que reside en nuestras glándulas endocrinas sexuales, se transmuta en lo que llamamos "vapores", o "humores", para ha­blar en forma clínica. Por último, estos vapo­res se convierten en energías positivas, negati­vas; tales energías ascienden por los canales simpáticos llamados Idá y Pingalá en el Oriente. Esos canales parten desde las mismas glán­dulas sexuales hasta el cerebro, y eso está ya de­mostrado. Ciertamente, no son del todo com­pletamente físicos, dijéramos; más bien son semi físicos, semi etéricos, pero existen, se enroscan en la espina dorsal maravillosamen­te, formando el santo ocho, hasta alcanzar precisamente al cerebro. Lo que asciende, mi caro hermano, no es el semen, porque si el semen subiera al cerebro todo el mundo se volvería loco. Así pues, no­sotros no estamos reteniendo semen, estamos transmutándolo, que es cosa comple­tamente diferente, lo estamos convirtiendo en energía y eso no es un delito. Así es como nosotros cerebrizamos el semen, así es como nosotros seminizamos el cerebro. La materia se transforma en energía, mi caro hermano; eso lo dijo Einstein. Así pues, ¿por qué discutir? Si a nosotros nos provoca transmutar la materia seminal en energía, si podemos hacer subir tal energía creadora hasta el cerebro, eso no es un delito. Así se fortifica el cerebro, se desarrolla la glán­dula pineal. ¿Cómo puede ser delito que la energía sexual nos vitalice? ¿Por qué, cuál es el motivo? Lo que pasa es una cosa, mi caro hermano: todos los fornicarios, los que gozan con el placer sexual, aquellos que sienten dicha al derramar el ens seminis, quieren justi­ficar su fornicación, su lascivia; eso es todo.

            P.- Maestro: ¿cuáles son los Hijos de Dios y cuáles somos los Hijos del Diablo?
            R.- Esa pregunta está muy interesante, mi caro hermano. En todo caso, quiero decirte lo siguiente: Jesús dijo y se lo habló claro a todos los Fariseos y a todos los Saduceos, y a aquellas muchedumbres que lo escuchaban: "Hijos del Diablo sois, porque si fuerais Hijos de Dios, las obras de Dios haríais; pero vosotros no sois Hijos de Dios, sino de vuestro padre el Dia­blo". Es claro que, cuando las gentes sienten lujuria, pues procrean y se reproducen. ¿Cómo van a decir, entonces, que son, sus hijos, nacidos del Espíritu Santo, de la divi­nidad? Ahora, ¿acaso no descendemos del pe­cado original? ¿No se dice que Adán y Eva fornicaron? ¿No se dice que desobedecieron al Eterno? Entonces nosotros, que somos hijos de Adán y Eva, ¿seremos acaso Hijos de Dios? Es obvio que somos hijos del pecado original, es decir, del Diablo. ¿O es que creen ustedes que Dios es capaz de cometer el pecado original? Ahora, si Dios no es capaz de cometer el pe­cado original, ¿quién lo cometería? A todas luces resalta que quien lo comete es el Diablo. Esto que sucedió allá, en las épocas edénicas, paradisíacas, entre Adán y Eva, se repite a cada instante, mi caro hermano. Las gentes se unen por lascivia y reproducen su especie, nacen hijos que son del Diablo, porque Dios no es lujurioso ni lascivo, él no tiene lascivia. ¿Por qué, pues, achacarle a Dios los hijos del Demonio? Hijos del Diablo somos todos; el que quiera hacerse Hijo de Dios tiene que ganárselo: hay que eliminar el Yo, reducir­lo a polvo; hay que fabricar los Cuerpos Solares en la Forja de los Cíclopes, hay que sa­crificarse por la humanidad. Sólo así, mis caros hermanos, sólo así, pue­den convertirse en Hijos de Dios; no hay otra forma, no existe otra manera. Es lógico que todos los seres humanos, sin excepción, Hijos del Diablo somos, como nos lo dijo Nuestro Señor El Cristo. Jesús no es ningún mentiroso, jamás mintió, dijo la verdad. Así, nosotros, debemos marchar con firmeza, decir la verdad, lo que es y nada más que lo que es, cueste lo que cueste.

            P.- ¿Qué debemos hacer para despertar la Conciencia, y qué porcentaje de Conciencia despierta tiene actualmente la humanidad?
            R.- La humanidad tiene tan sólo un tres por ciento de Conciencia despierta, y un noven­ta y siete por ciento de Conciencia dormida. Así pues, la cosa es grave. ¿Me entiendes? Las gentes quieren, todas, ver, oír, tocar y palpar las grandes realidades de los mundos superiores; las gentes quieren recordar sus existencias pasadas, etc., etc., conversar con los Dioses. Empero, desgraciadamente, como ya te dije, la gente tiene tan sólo un tres por cien­to de Conciencia despierta y un noventa y siete por ciento de Conciencia dormida. Quien quiera palpar las grandes realidades de los mundos internos, quien quiera llegar al despertar de la Conciencia, tiene que resolverse a morir de instante en instante; eso es indis­pensable, cueste lo que cueste... Ante todo se hace urgente saber que tenemos un Yo pluralizado dentro de nosotros mismos. Tal Yo es el Seth de la mitología egip­cia: conjuntos de "Diablos Rojos", como dije­ran los antiguos Sacerdotes de la tierra de los Faraones. Esas entidades sumergidas, que vie­nen a personificar al Ego, o a Seth, como estábamos diciendo, son la semblanza de nuestros propios defectos. Dentro de cada una de esas entidades, está enfrascada nuestra Con­ciencia, embutida, embotellada, dormida. Así pues, nuestra Conciencia, dijéramos, actúa en función de su propio embotella­miento, marcha definitivamente por el cami­no del error; es egoica, desgraciadamente.
            Si queremos despertar, para poder ver, oír, to­car y palpar a los mundos superiores; para po­der parlar con los Maestros de la Blanca Her­mandad, pues se necesita destruir totalmen­te a Seth, al Ego, a los Diablos Rojos, a los Yoes. Sólo así, la Conciencia logra emanciparse, liberarse y despertar radicalmente. Cuando la Conciencia despierta, podemos ver el camino; cuando la Conciencia despier­ta, podemos ponernos en contacto con la humanidad divina que vive en las Tierras de Ji­nas; cuando la Conciencia despierta, pode­mos recordar nuestras existencias pasadas, podemos visitar otros mundos habitados, podemos parlar, cara a cara, con los Dioses del Mahamanvantara, etc. Sólo así, estando des­piertos de verdad, podemos nosotros tener co­nocimiento directo. Mientras que uno no llegue al conocimiento directo, mis caros hermanos, no pasa de ser más que un teórico: repite como un loro lo que otros dicen y eso es todo. Necesitamos te­ner Conciencia de lo que estudiamos, necesitamos beber en la fuente directa de la sabidu­ría oculta. Yo, por ejemplo, podría enseñarles a ustedes, y les estoy enseñando lo que sé, lo que me consta, lo que he vivido, no solamente en esta reencarnación, sino en mis pasa­das existencias. Y aún más: puedo hablarles a ustedes, en forma franca y sincera, sobre acontecimientos de pasados Mahamanvantaras, porque yo actué en otros Mahamanvantaras. Por lo tanto, pue­do dar testimonio de lo que me consta, de lo que he visto, de lo que he oído, y eso no es un delito. Empero si les digo, y hablemos francamente, que para despertar Conciencia se necesita una terrible disciplina esotérica.

            P.- ¿Cómo hago, Maestro, para disolver el Yo?
            R.- Bueno, ¿tú quieres disolver el Ego? Te felicito, mi estimable hermano. ¿Quieres disolver el Ego, verdad? Pues interesante, me parece interesante que disuelvas el Ego. Sólo así podrías llegar a estar despierto, mi estima­ble hermano. Claro, pero no solamente se ne­cesita saber comprender cada error, hay que saber eliminar. Krishnamurti nos habla, por ejemplo, de "comprensión". Está bien, está bien: es necesario comprender cada error. Tengamos, por ejemplo, que tú quieres eli­minar el Yo de la ira. Pues tienes que com­prender ese Yo; para ello debes utilizar la meditación, la reflexión, conocer sus resortes más internos. Porque muchas veces, le da a uno la ira por un motivo u otro; a veces por­que le tocan a uno el amor propio, o por celos, o por un frustramiento emocional, o por una reacción frente a una palabra hiriente (esto tiene tantas facetas). Pero una vez comprendido el resorte secre­to de una explosión de ira en un momento dado, hay que apelar a una fuerza superior, mi caro hermano. Esa fuerza superior está dentro de ti mismo: es la serpiente ígnea de nuestros mágicos poderes, encerrada, como dicen los indostanes, en el Chacra Mula­dhara, situado en el coxis. Me refiero, en forma enfática, a Devi Kundalini, la serpiente ígnea de nuestros mágicos poderes. A ella, sí, a ella debes tú apelar; hay que pedirle, rogarle, suplicarle elimine el Yo de la ira, aquel que comprendiste a fon­do, que estudiastes a través de la meditación y de la reflexión profunda. Para cualquier Yo, el procedimiento es el mismo. No bas­ta comprender, por ejemplo, el motivo secreto de un arranque de celos, o el origen de un odio: hay que ir más a fondo: apelar gústenos o no nos guste, pero así es, a un poder superior. Uno solo no puede hacer nada. La mente no, esa no es capaz de eliminar un defecto. Los puede cambiar de un departamento a otro, los puede rotular con distintos nombres, etc., etc., pero no desintegrarlos, reducirlos a polvo. Si queremos reducir a polvo tal o cual defecto, personificado en tal o cual Yo, pues además de comprensión se necesita eliminación, y para ello hay que apelar a Devi Kundalini. Repito: a Devi Kundalini, la serpiente ígnea de nues­tros mágicos poderes, la serpiente de bronce que sanaba a los israelitas en el desierto. ¿Entendido?

            P.- Venerable Maestro: yo insisto de nue­vo en eso del despertar. ¿Por qué los señores de la "mano izquierda", quienes no practican ninguno de los tres factores, sin em­bargo oyen y ven y están despiertos en los mundos superiores?
            R.- Con mucho gusto voy a responder tu pregunta, mi estimable hermano. Eso que tu preguntas es bastante interesante y yo, naturalmente: debo dar una respuesta. Claro, tú me la exiges y mi deber es darla. Debo de­cirte algo muy interesante; escúchame: hace algunos días, se me ocurrió invocar en los mundos superiores al Angel Adonaí, el hijo de la luz y de la alegría, el Maes­tro del Conde Zanoni, descrito tan sabia­mente por Bulwer-Lytton en su novela "Zanoni". Es claro que el Angel aquel concurrió a mi llamado y nos sentamos a platicar deliciosamente. Pero algo muy interesante me dijo el Angel; me citó a determinado filósofo que, en un tiempo, estuvo con nosotros en el Movi­miento Gnóstico y que ahora es un detractor de la Gran Causa. Y me dijo: "Ese caballero ha despertado en el mal y para el mal". Días después hube de confirmar o verificar las afirmaciones del Angel Adonaí, el hijo de la luz y de la alegría. Ciertamente, encontré en los mundos inter­nos al citado caballero; estaba el hombre com­pletamente despierto, pero en el mal y para el mal. Cuando en mis estudios esotéricos me ha tocado visitar la Luna Negra, por ejem­plo, allí me encuentro con todos esos Dia­blos Rojos, de que nos habla el "Libro de los Muertos" de los antiguos egipcios, to­talmente despiertos, y cuando penetramos en los Mundos infiernos, en esos nueve círculos dan­tescos, descritos por el Dante en su "Divina Comedia", y situados en el corazón de la Tierra, encontramos a todas esas gentes de las tinieblas, totalmente despiertas en el mal, por cierto, y para el mal. Y es que por medio de procedimientos téc­nicos y científicos, también se puede despertar, pero en el mal y para el mal. Los Diablos Rojos, por ejemplo, saben demasiado lo que les aguarda, ellos no ignoran que involucio­nando en el tiempo, dentro del mundo soterra­do, a través de los nueve círculos dantescos, un día se habrán desintegrado, reducido a polva­reda cósmica en el corazón de la Tierra. No ignoran que la Esencia se escapará de entre ese Ego, cuando el Ego haya muerto en el cora­zón de la Tierra. Y les gusta, y cuando se les advierte, no muestran ningún arrepentimiento por la Muerte Segunda, saben que su Esencia, algún día, después de escaparse, pues, del corazón de la Tierra, entrará en una nueva evolución, en la superficie y bajo la luz del Sol. Saben que su Alma volverá a ser Gnomo entre las peñas, jugueteando, más tarde vege­tal, después animal y por último reingresará al estado humano en cualquier Edad, en cual­quier Eternidad; eso no lo ignoran. No igno­ran que, cuando uno viene a este mundo físico, se le dan ciento ocho existencias. Puedo decir que todo ser humano tiene de­recho a ciento ocho existencias en el escenario de la vida, que cumplidas las ciento ocho existencias, si no se autorrealiza, entonces desciende a los Mun­dos Infiernos, involuciona en el tiempo, se reduce a polvo, para reiniciar una nueva marcha, una nueva jornada hacia adentro y hacia arriba. Eso no lo ignoran, están despiertos pero en el mal y para el mal. Así pues, lo importante es despertar en la luz. Eso es posible por medio de técnicas, a través de la santidad: disolviendo el Ego, reduciéndolo polvareda cósmica, cueste lo que cueste.

            P.- Cuando alguien pregunta, en una conferencia, cómo se puede comprobar eso de las ciento ocho existencias, ¿qué debemos responder?
            R.- Bueno, con mucho gusto, mi estimado hermano, vamos a darte la respuesta, para que la entiendas tú y se lo digas a tus amigos. Esto de comprobar, está muy bonito; pero, ¿cómo va a comprobar un dormido? Que comprueben los despiertos, porque los dormidos, dormidos están. Si tú quieres comprobarlo, como dices, o mejor digamos, verificarlo, ¡des­pierta! ¿Qué haces dormido, mi estimable hermano? ¡Despierta, despierta: sal de ese sueño en que te encuentras! El día en que tú despiertes Conciencia, entonces podrás verificar por ti mismo la exactitud de mis palabras. Sin embargo, lo que te estoy diciendo tiene documentación. Acuérdate de las ciento ocho cuentas del Collar del Buddha; acuérdate también, her­mano, de las ciento ocho vueltas que los Brahmanes, en la India, dan alrededor de la Vaca Sagrada, rezando, sí, con un Rosario o Collar de ciento ocho cuentas. Entonces van vocalizando aquellos man­trams sagrados, que se conocen como OM MANI PADME JUM en el Tíbet. Allá, antes de que los chino-comunistas invadieran esa tie­rra sagrada, existían fiestas religiosas extraor­dinarias, y las mujeres arreglaban, pues, sus bucles espléndidamente; las grandes damas eran atendidas como siempre por sus cortesa­nas, sus servidumbres o sus esclavas, y éstas debían arreglarles sus cabellos en la forma de ciento ocho bucles. Medita en eso, mi estimable her­mano, medita.

            P.- Venerable Maestro: ¿cómo podemos nosotros, los que estamos practicando el Mai­thuna, tener hijos que no sean del Diablo?
            R.- ¡Cómo se afanan ustedes por tener hijos que no sean del Diablo!, ¿no? Todavía siguen ustedes siendo diablos y quieren tener hijos que no sean del Diablo. ¿Acaso es posible tener hijos que no sean del Diablo, siendo uno Diablo? Lo mejor es que tu dejes de ser Diablo para que puedas tener Hijos de Dios, porque el Diablo no puede tener Hijos de Dios. El Diablo, Diablo es y lo que engendra son dia­blillos, gústenos o no nos guste.

            P.- ¿Quisiera usted, Maestro, como una ayuda a los hermanos que escuchan este cassette y para nosotros mismos, hablar algo sobre el fuego luciférico?
            R.- Bueno, mi estimable hermano; de modo que tú quieres que hable sobre el fuego y con el mayor gusto lo haré... Esto del fuego es realmente extraordinario. En pasados Men­sajes de Navidad he hablado sobre el fuego luciférico en su forma negativa; así es como tenemos que dar la enseñanza: en forma didáctica y dialéctica, pedagógica, progresiva. Todavía no hemos hablado sobre el fuego creador en su forma positiva. Hemos hablado del fuego luciférico en su aspecto puramente siniestro, fatal; sin embar­go, yo te digo que en el próximo Mensaje de Navidad, 1970-71, que se va a titular "El Parsifal Develado", hablaré sobre el fuego lu­ciférico en su forma trascendental, positiva. Es obvio que el fuego luciférico es, dijéra­mos, un algo divinal, se le cataloga como si fuera un Arcángel. Es claro que, desde el punto de vista trascendental, se desprendió del nimbo del Sol y se fijó en la Tierra por la fuerza de la gravedad y el peso de la atmósfera. El es el azoe y la magnesia de los an­tiguos alquimistas; es el Dragón Vola­dor de Medea, el INRI de los cristianos, el Tarot de los Bohemios; es un fuego ex­traordinario, maravilloso; sin él sería imposi­ble, verdaderamente imposible, poder rea­lizar el trabajo en la Forja de los Cíclopes. Piensa en esto, mi estimable hermano: la conexión del Lingam-Yoni, no podría realizarse sin el Phosforus Luciférico. Entonces, partiendo de ese principio, es obvio que el trabajo en la Novena Esfera se­ría algo más que imposible sin el agente luciferino. El, en fin, en sí mismo, no es ni bueno ni malo; todo depende del uso que se haga de él: si se emplea para el bien, es bueno y si se emplea para el mal, es malo. Es como la electricidad. Tu sabes que la elec­tricidad sirve, por ejemplo, para alumbrar las casas, para la industria, etc., pero en Estados Unidos se le utiliza para la silla eléctrica, para matar. Entonces tiene doble uso: es buena o es mala; depende del uso que las gentes hagan de ella. Así es el fuego luciferino, mi estimable hermano. Lucifer, en sí mismo, es el Prometeo de los antiguos griegos, es la sombra del Logos Solar, el Señor de las Siete Mansiones, el Guardián del Templo, que sólo permite el paso a aquellos que están ungidos por la sabiduría, que conocen el secreto de Hermes, que portan en su mano derecha la lámpara gnóstica. Sólo esos tienen realmente derecho a ingre­sar en el Santuario. Lucifer es, pues, el fun­damento de la autorrealización íntima del Ser; sin fuego no es posible la autorrealiza­ción, sin fuego es imposible, mis queridos her­manos, trabajar Alquimia. ¿Quién podría, por ejemplo, transmutar el plomo en oro sin el agente luciférico? ¿Acaso el crisol, por sí mismo, podría hacer la obra? Debajo del crisol debe estar el fuego flamígero; sin fuego no es posible la autorrealización.
            El Logos Solar, queriéndonos ayudar, en el amanecer del Mahamanvantara emanó de sí mismo, de su propia reflexión, un Arcángel poderoso que se hizo Señor de las Siete Mansiones, hablo en sentido alegórico; no me refiero a un individuo, hablo del fuego. Es con ese fuego, verdaderamente, como nosotros podemos transmutar el plomo en oro, como nosotros podemos convertirnos en algo diferente, en Dioses terriblemente divinos.
            Prometeo Lucifer es el mismo Ma­ha Asura de los indostanes, es el que ha descendido del Sol para crucificarse en nuestro mundo. Los buitres terribles del raciocinio le corroen las entrañas y las llamas de las pasio­nes humanas lo queman espantosamente. El Logos, queriendo manifestarse en cada mun­do, en cada planeta, emanó de sí mismo a su sombra, a su ministro, a su fuego luciférico. Desde ese punto de vista, puedo decirles a ustedes que el Trono de Lucifer es el escabel del Señor y que la semblanza superior de Lucifer, es el rostro del Logos Solar. "Demonius Est Deus Inverso", o sea, "el demonio es Dios al revés", como dicen los antiguos. Creo que con esto ya vas entendiendo, mi estimable hermano, lo que es el fuego luciférico: Prometeo, encadena­do nada menos que a la dura roca del sexo, Prometeo sufriendo por la humanidad. Dentro de este gran incendio que podría­mos llamar "Lucifer", hay Angeles y hay Diablos, columnas de Dioses y de Demonios. Recordemos a los Agnishvattas, a los Señores de la Llama, que viven en el lado positivo de la fuerza luciferina, divinal. No está de más, también, recordar a los tene­brosos luciferinos, a los fracasados de la anti­gua Tierra-Luna, al Hanasmussen-Lucifer, tétrico y horrible. Así pues, entre todo hay de todo: Angeles y Diablos. El fue­go es fuego, mi estimable hermano.

            P.- Venerable Maestro: para bien de los hermanos, y todos los otros que escuchen este cassette, ¿podría hacer el favor de responderme, si después de haber buscado el camino durante tanto tiempo, el sendero, a esta edad de setenta y tantos años podré encontrarlo?
            R.- Es obvio, mi caro hermano, que ya us­ted está en el camino, ya lo encontró. Ahora lo que tiene que hacer es recorrerlo con firme­za; eso es todo. Naturalmente, tiene que tra­bajar con los tres factores de la Revolución de la Conciencia. Jesús mismo dijo: "El que quiera venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame. Ese "negarse a sí mismo", mi caro hermano, es cuestión de disolver el Yo, el mí mismo, el sí mismo. "Tomar la cruz" es otra cosa. Recuerde usted que el palo vertical de la cruz es masculino y que el palo horizontal es femenino; en el cruce de los dos vástagos, se halla la clave de todo poder. La cruz es emi­nentemente sexual, fálica; significa nada me­nos que la Novena Esfera. Hay que bajar a la Forja de los Cíclopes para fabricar los Cuerpos Solares y llegar al Nacimiento Se­gundo. Seguir al Cristo es el tercer factor; significa sacrificio por la humanidad, estar dispuestos a hacer lo que él hizo: a dar hasta la última gota de sangre por todos los seres humanos que pue­blan el mundo. Así pues, Morir, Nacer y Sacrificarse por la Humanidad, son los tres factores de la Revolución de la Conciencia. Ha llegado usted al camino, está en el camino. Sígalo con firmeza, mi caro her­mano, sígalo.

            P.- Gracias, Maestro, por esa sabia enseñanza. Sí, es verdad que ya estoy en el sen­dero, pero recuerdo que usted nos ha dicho siempre que caminar por la "Senda del Filo de la Navaja", es difícil y que por lo tanto te­nemos, forzosamente, que matar el Ego, esos múltiples Yoes que llevamos dentro, los Demonios Rojos, de los que tanto nos ha hablado usted. Por eso le pregunto, Maestro: ¿podré yo, a pesar de mi edad, alcanzar esa luz divinal que, con tanto ahínco, he an­helado tener?
            R.- Es claro que sí, hermano, es claro que sí. Ante todo, pues, hay que tener en cuenta el poder de la lanza sagrada; recuerde lo que es ese gran poder. La lanza, en sí misma, es el emblema de la fuerza sexual viril, masculina. Hay que aprender a utilizar esa energía maravillosa del Tercer Logos, y se pue­de trabajar con la Lanza... Me viene en estos momentos, a la memoria, el recuerdo del Parsifal de Wagner, en el instante mismo en que Kundry, la seductora, in­tenta hacerle caer. ¡Extraordinario momento! Ella, viéndose fracasada llama, invoca a Klingsor. El tenebroso arroja, contra el joven, la lan­za aquella con la que Longinus hiriera el costado del Señor, pero esa lanza no pudo cau­sarle daño: la atrapa con la mano derecha y luego hace la señal de la cruz. El Castillo de Klingsor se derrumba, se convierte en polvare­da cósmica, rueda al fondo del horroroso y te­rrible precipicio. Así pues, es interesante esto de la lanza: nada menos que la fuerza sexual, el famoso It, partícula extraordinaria, formada por la letra I, y por la T, clave atlante magnífica. Si en el momento supremo de la voluptuo­sidad, es decir, durante el acto, nos concentra­mos en la Madre Divina Kundalini, y le pedi­mos que empuñe la lanza, que utilice el poder de la energía creadora para destruir a los De­monios Rojos, pues ella así lo hará. Si le ro­gamos que lance la lanza con fuerza, que la arroje con poder contra tal o cual Yo, así lo hará y reducirá a polvo, uno por uno, cada uno de esos Yoes. Pero en esto hay una didáctica. Claro, primero es necesario comprender el Yo que queremos eliminar, y comprenderlo íntegramente, a fondo, en las cuarenta y nueve regiones del subconsciente, y luego suplicar a la Madre Kundalini. Sí, en el momento supremo, en el instante de la voluptuosidad, pedirle que em­puñe la lanza, para que reduzca a ese Yo a polvareda cósmica. Así, poco a poco, con el poder de la lanza, podemos desintegrar el Ego y después acabar con los Tres Traidores, y por último ponerle término, fin, al Dragón de las Tinieblas y acabar con las bestias del mundo soterrado, dentro de las cuales está embotellada nuestra Conciencia. Estoy dándoles una clave extraordinaria, formidable, maravillosa. Sé, mi estimable her­mano, que usted ya está avanzado en años, pero todavía no ha desaparecido en usted el poder de la energía creadora. El ciclo sexual dura hasta los ochenta y cuatro años y usted no tiene ochenta y cuatro años. Aproveche esa maravillosa energía. Eso es lo que le digo, mi amigo, mi hermano.


SAMAEL AUN WEOR

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