domingo, 18 de junio de 2017

RETORNO - RECURRENCIA – REENCARNACIÓN



"Todo fluye y refluye, va y viene, sube y baja, en todo existe un sístole y una diástole. Los astros en el firmamento y los átomos en la molécula retornan siempre al punto de partida.
Las leyes de Retorno, Recurrencia y Ritmo gobiernan inteligentemente la vida y la muerte, el flujo y el reflujo, y los incesantes cambios y movimientos de la Naturaleza.
La gran maquinaria de la Naturaleza está gobernada por Leyes Inteligentes...
De acuerdo con las leyes del Ritmo todo tiene que retornar al punto de partida.
De acuerdo con las leyes de la Recurrencia todo vuelve a ocurrir tal como ocurrió.
Las leyes del Ritmo son matemáticas y las leyes de Retorno y Recurrencia son también matemáticas.
Todo en la Naturaleza funciona de acuerdo con las leyes de Número, Medida y Peso. El acaso no existe.


Los astrónomos pueden calcular matemáticamente el retorno de los soles y de los planetas. Sabemos con exactitud que cada tres meses cambian las estaciones; tres meses para la primavera, tres para el verano, tres para el otoño y tres para el invierno.
En forma rítmica todo se repite, todo vuelve a ocurrir tal como ya ocurrió. Recordemos que el reloj es redondo, recordemos que el tiempo es redondo, y que las horas van y vienen repitiéndose siempre rítmicamente, retornando las manecillas siempre a los mismos números del horario.
Si realmente queremos conocer las conexiones mutuas de todos los organismos y de todas las cosas en su forma realmente substancial y no únicamente accidental, necesitamos estudiar las leyes del Ritmo, Retorno y Recurrencia.


El hombre, -o para hablar con más exactitud- el animal intelectual en última síntesis es energía, y esto no lo puede negar la física nuclear.
Ya está totalmente demostrada la conservación de la energía, realmente la energía se transforma, pero no se destruye.
El animal intelectual perece, es perecedero; pero el "yo" energético, por el hecho mismo de ser una suma de valores energéticos de la Naturaleza, no puede perecer con la muerte del cuerpo físico y continúa en el tiempo.
Si todo retorna, el "yo" también retorna y si todo se repite, es claro que el "yo" vuelve a repetir el drama de la existencia. Esta es la Ley de Recurrencia: todo vuelve a ocurrir tal como sucedió más los resultados.
Desde el átomo hasta el Sol, y desde el protozoo hasta el hombre, toda suma de valores energéticos está sometida a las leyes del Retorno, Recurrencia y Ritmo.
Es imposible conocer realmente la mutua conexión intrínseca de todos los seres y de todos los pueblos en su entronque verdadero y concatenación auténtica, si jamás hemos estudiado las leyes del Ritmo, Retorno y Recurrencia.
Es imposible establecer un orden social perfecto si no comprendemos profundamente las Leyes de la Naturaleza".




Simplicio, citado por Ouspensky, escribió: "Los pitagóricos dijeron que las mismas cosas se repiten una y otra vez".

En conexión con esto es interesante observar las palabras de Eudemo, discípulo de Aristóteles (en el libro tercero de la Física). El dice:

"Algunas personas aceptan y algunas otras personas niegan que el tiempo se repite. La repetición se entiende en diversos sentidos. Una clase de repetición puede suceder en el orden natural de las cosas, como la repetición de los veranos, de los inviernos y otras estaciones, en que una nueva viene después que otra ha desaparecido; a este orden de cosas pertenecen los movimientos de los cuerpos celestes y los fenómenos producidos por ellos, tales como los solsticios y los equinoccios, que son producidos por el movimiento del Sol.

Pero si debemos creer a los pitagóricos, existe otra clase de repetición. Eso quiere decir que yo os hablaré y me sentaré exactamente así y tendré en mi mano el mismo palo, y todo será igual que ahora; y el tiempo, como es de suponer, será el mismo, porque si los movimientos de los cuerpos celestes y de muchas otras cosas son los mismos, lo que ocurrió antes y lo que ocurrirá después es también lo mismo. Esto se aplica también a la repetición, que es siempre la misma. Todo es lo mismo".

Un análisis a fondo sobre el Budismo, nos lleva a la conclusión de que el Buda enseñó la Ley de Recurrencia en su doctrina sobre las existencias sucesivas. A la Ley de la Recurrencia expuesta magníficamente por Eudemo en los precedente párrafos, nosotros sólo tenemos que añadirle la espiral que según Pitágoras es la curva de la vida.

El tiempo es redondo, cíclico, y todo se repite ya en espiras más elevadas, ya en espiras más bajas. Resulta interesante y doloroso al mismo tiempo, la repetición incesante de los mismos dramas, de las mismas escenas, de los mismos acontecimientos en cada una de las existencias que por Ley Cósmica se asignan a las Esencias humanas.

Un hombre es lo que es su vida. Si un hombre no modifica nada dentro de sí mismo, si no transforma radicalmente su vida, si no trabaja sobre sí mismo, está perdiendo el tiempo miserablemente .

Un hombre muere y los angustiosos momentos de su agonía, sus últimos instantes y realizaciones, sus últimas sensaciones y sus últimas penas, se encuentran íntimamente asociadas a los goces del amor que originan el nuevo nacimiento. La nueva existencia comienza exactamente en las mismas condiciones que la anterior y es claro que no puede comenzar en ninguna otra condición.

La muerte es el regreso al comienzo mismo de su vida con la posibilidad de repetirla nuevamente. Al renacer en este valle de lágrimas, el pasado se convierte en futuro de acuerdo a la Ley de Recurrencia. La vida de cada uno de nosotros, con todos sus tiempos, es siempre la misma -de existencia en existencia a través de los innumerables siglos-.

La vida de cada uno de nosotros en particular es la película viviente que al morir nos llevamos a la eternidad. Cada uno de nosotros se lleva su película y la vuelve a traer para proyectarla otra vez en la pantalla de una nueva existencia. La repetición de dramas, comedias y tragedias, es un axioma fundamental de la Ley de Recurrencia.

En cada nueva existencia se repiten las mismas circunstancias. Los actores de tales escenas siempre repetidas son las gentes que viven en nuestro interior, los "yoes psicológicos". Si desintegramos esos actores, esos "yoes" que originan las repetidas escenas de nuestra vida, entonces la repetición de tales circunstancias se haría algo más que imposible. Obviamente sin actores no pueden haber escenas, esto es algo irrebatible, irrefutable.

Reflexionemos seriamente sobre la Ley de Recurrencia o repetición de escenas en cada retorno; descubriremos por Auto-observación intima los resortes secretos de esta cuestión. Si en la pasada existencia a la edad de 25 años tuvimos una aventura amorosa es indudable que el "yo" de tal compromiso buscará a la dama de sus ensueños a los 25 años de la nueva existencia. Si la dama en cuestión entonces solo tenía 15 años, el "yo" de tal aventura buscará a su amado en la nueva existencia a la misma edad justa. Resulta claro comprender que los dos "yoes", tanto el de él como el de ella, se buscarán telepáticamente y se reencontrarán nuevamente para repetir la misma aventura amorosa de la pasada existencia.

Dos enemigos que a muerte pelearon en la pasada existencia, se buscarán otra vez en la nueva existencia para repetir su tragedia a la edad correspondiente. Si dos personas tuvieron un pleito de bienes raíces a la edad de 40 años en la pasada existencia, a la misma edad se buscarán telepáticamente en la nueva existencia para repetir lo mismo.

Dentro de cada uno de nosotros viven muchas gentes ("yoes") llenas de compromisos, eso es irrefutable. Un ladrón carga en su interior una cueva de ladrones con diversos compromisos delictuosos. El asesino lleva dentro de sí mismo un club de asesinos y el lujurioso porta en su psiquis una casa de citas. Lo grave de todo esto es que el intelecto ignora la existencia de tales gentes o "yoes" dentro de sí mismo y tales compromisos que fatalmente se van cumpliendo. Todos estos compromisos de los "yoes" que dentro de nosotros moran, se suceden por debajo de nuestra razón.

Son hechos que ignoramos, cosas que nos suceden, acontecimientos que se procesan en el subconsciente e inconsciente. El animal intelectual, equivocadamente llamado hombre, no puede cambiar las circunstancias, todo le sucede, como cuando llueve, o como cuando truena; tiene la ilusión de que hace, pero no tiene poder para hacer, todo se sucede a través de él, todo es fatal, mecánico. Sólo el Ser puede hacer, sólo el Ser puede originar nuevas circunstancias, sólo el Ser puede cambiar todo este orden de cosas, pero el animal intelectual no tiene encarnado al Ser. Nuestra personalidad es tan solo el instrumento de distintas gentes ("yoes"), mediante el cual cada una de esas gentes cumple sus compromisos.

En este valle de amarguras existen hombres máquinas de repetición absoluta, tipos mecanicistas ciento por ciento, sujetos que repiten hasta los más insignificantes detalles de sus existencias precedente, casos concretos de Egos que retornan durante muchos siglos en el seno de una misma familia, ciudad y nación. Esos son los que debido a la incesante repetición de lo mismo pueden decir, por ejemplo: me casaré a los 30 años, tendré una mujer de tal color, de tal estatura, tantos hijos, mi padre morirá a tal edad, mi madre a tal otra edad, mi negocio fructificará o fracasará, etc., y es claro que todo viene a suceder con exactitud asombrosa. Son personas que se saben su papel a fuerza de tanto repetirlo, que no lo ignoran, y eso es todo.

Entran en este asunto también los "niños prodigio" que tanto asombran a las gentes de su época; por lo común, se trata de Egos que ya saben su oficio de memoria y que al retornar lo hacen de maravilla desde los primeros años de su infancia.

En esta tierra del Samsara (mundo fenoménico) se reincorporan constantemente sujetos de repetición variada, que reviven sus existencias precedentes ya en espiras más elevadas, ya en espiras más bajas. Existe también en nuestro interesantísimo mundo cierto tipo de gentes con tendencia creciente a la degeneración, que marchan resueltamente por el espiral descendente; estos son los borrachos, los suicidas, los homosexuales, las prostitutas, los drogadictos, los asesinos, etc. Esta clase de gentes repiten en forma más y más descendente en cada existencia sus mismos delitos, hasta que al fin entran a los Mundos Infiernos.

En aparente y brillante contraste con ese tipo de vía de descenso o fracaso, pero en posición igualmente abominable, se encuentran los caballeros del alto mundo, los grandes triunfadores que adoran a la Gran Ramera, los multimillonarios, los científicos perversos que inventan armas destructivas, los tenebrosos secuaces de la dialéctica materialista que le quitan a la humanidad sus valores eternos, los fanáticos del deporte, los vanidosos batidores de récords, los cómicos que juegan con el monstruo de las mil caras (el público), las famosas estrellas de cine, que justifican todos sus adulterios con innumerables matrimonios y divorcios, los artistas degenerados de la nueva ola, los bailarines de rock, los fundadores de sectas perjudiciales, los escritores de libros pornográficos, los escépticos de todo tipo, etc., etc., etc.

El tipo de triunfador está hipnotizado por el éxito y ese es precisamente su mayor peligro, ignoran que están bajando por la espiral descendente y entran a los Mundos Infiernos embriagados por el triunfo. El tipo de triunfador sabe con exactitud lo que tiene que hacer cada vez que retorna a este escenario del mundo y repite siempre sus mismas aventuras.

Es asombrosa la Ley de Recurrencia. Las personas normales, comunes y corrientes, repiten siempre sus mismos dramas, los cómicos una y otra vez en cada una de sus existencias sucesivas repiten sus mismas payasadas, los perversos se reincorporan continuamente para repetir incesantemente las mismas tragedias. Todos estos eventos propios de las existencias repetidas van siempre acompañados de las buenas o malas consecuencias, de acuerdo con la Ley de Causa y Efecto. Cada existencia es una repetición de la pasada más sus consecuencias kármicas buenas o malas, agradables o desagradables.

Volverá el asesino a verse en la horripilante ocasión de asesinar, mas será asesinado; volverá el ladrón a verse con la misma oportunidad de robar, pero será metido en la cárcel; sentirá el bandido el mismo deseo de correr, de usar sus piernas para el delito, pero no tendrá piernas, nacerá inválido o las perderá en cualquier tragedia; querrá el ciego de nacimiento ver las cosas de la vida, aquellas que posiblemente le condujeron a la crueldad, etc., pero no podrá ver; amará la mujer al mismo marido de la existencia anterior, a aquel que posiblemente abandonó en el lecho de enfermedad para irse con cualquier otro sujeto, mas ahora el drama se repetirá a la inversa y el sujeto de sus amores partirá con otra mujer, dejándola abandonada. Así amigos, así trabaja la Ley de Recurrencia incesantemente.

Por debajo de nuestra capacidad cognoscitiva suceden muchas cosas. Desgraciadamente, ignoramos lo que por debajo de nuestra pobre razón sucede.

Salir de esta desgracia, de esta inconsciencia, del estado tan lamentable en que nos encontramos, sólo es posible muriendo en sí mismos.

Así pues, la Ley del Eterno Retorno de todas las cosas se combina siempre con la Ley de Recurrencia. Los egos retornan incesantemente para repetir dramas, escenas, sucesos, aquí y ahora. El pasado se proyecta hacia el futuro a través del callejón del presente.

Reencarnación es muy diferente. La doctrina del Gran Avatara Krisna enseña que sólo los dioses, semidioses, reyes divinos, Titanes y Devas se reencarnan.

La palabra Reencarnación es muy exigente; no se debe usar de cualquier manera: nadie podría reencarnificarse sin haber antes eliminado el Ego, sin tener de verdad una Individualidad Sagrada. Reencarnación es una palabra muy venerable; significa de hecho la reincorporación de lo divinal en un hombre, una nueva manifestación de lo divino...

De ninguna manera exageramos conceptos al enfatizar la idea trascendental de que la Reencarnación solo es posible para aquellos que ya lograron en cualquier ciclo de manifestación la unión gloriosa con la Super Alma.

Absurdo sería confundir la Reencarnación con el Retorno. Sería caer en un desatino de la peor clase afirmar que el Ego -legión de yoes tenebrosos, siniestros e izquierdos- pueda reencarnarse.

P.- Maestro, un país que fue afectado por la violencia tanto tiempo ¿se debe a la Ley de Recurrencia?

R.- Obviamente, la violencia de las multitudes en ese país fue la repetición de violencias similares ocurridas en un pasado caótico; piénsese en las guerras civiles ocurridas en épocas anteriores a la sucedida violencia, guerras de partidos políticos de derecha e izquierda repitiéndose en el presente como resultado del pasado. He ahí la Ley de Recurrencia.

P.- Maestro, si una persona ha sido correcta, se ha comportado como todo un ciudadano en el cumplimiento de sus deberes, ¿cómo operaría en él la Ley de Recurrencia en el próximo retorno?

R.- Amigos, amigos, no me digan ustedes que ese fulano haya sido un dechado de virtudes, un pozo de santidad. Por magnífico ciudadano que haya sido, tuvo sus muy humanos errores, sus escenas, sus dramas, etc., y es claro que de todo estoy hay repetición en su nueva existencia, mas las consecuencias. Así es como opera la Ley de Recurrencia.

P.- Venerable Maestro, hay cierta confusión en cuanto a la relación entre la Ley del Karma y la Ley de Recurrencia, porque tengo el concepto de que con la terminación del Karma se terminaría la Ley de Recurrencia. ¿Quisiera aclararme ese punto?

R.- Amigos, en modo alguno puede existir confusión entre las Leyes del Karma y Recurrencia, puesto que ambas son lo mismo con diferentes nombres. Indudablemente, el Karma trabaja sobre bases firmes, no es sino un efecto de la causa que nosotros mismos sembramos; por lo tanto, tiene que repetirse el hecho en sí mismo más los resultados buenos o malos.

P.- Maestro, personas que aparentemente no han hecho mal a nadie sufren de carencias económicas. ¿Tiene esto que ver con la Ley de Recurrencia?

R.- Distinguidos amigos, señores y señoras, el Padre que está en secreto puede estar cerca de nosotros o lejos. Cuando el hijo anda mal, el Padre se aleja y entonces aquel cae en desgracia, sufre por falta de dinero, pasa terribles necesidades, no se explica por sí mismo el motivo de su miseria. Ostensiblemente, tales personas creen no haber hecho mal a nadie; si estos recordaran sus existencias anteriores podrían evidenciar por sí mismos el hecho concreto de que anduvieron por pasos perdidos, posiblemente se entregaron al alcohol, a la lujuria, al adulterio, etc.

El Padre que está en secreto, nuestro propio Espíritu Divino, puede darnos o quitarnos. El sabe muy bien lo que merecemos, y si no tenemos actualmente dinero es porque El no quiere dárnoslo, nos castiga para nuestro bien. "Bienaventurado el hombre a quien Dios castiga". El Padre que quiere a su hijo le castiga siempre para su bien. En el caso concreto de esta pregunta, la víctima de los sufrimientos, repetirá las escenas del pasado más las consecuencias: pobreza, dolor, etc., etc.

P.- Maestro, ¿cuáles son los que están libres de la Ley de Recurrencia?

R.- Mirad la Ley de Recurrencia en sus aspectos superiores e inferiores de la Gran Vida. Podemos aseverar solemnemente que sólo quedan libres de la Ley de Recurrencia aquellos que logran cristalizar en su naturaleza íntima las Tres Fuerzas Primarias del Universo. El Sagrado Sol Absoluto quiere cristalizar en cada uno de nosotros esas Tres Fuerzas Primarias, colaboremos con El y sus santos designios y quedaremos para siempre libres de la Ley de Recurrencia.

Samael Aun Weor


COMPLEMENTO
COINCIDENCIAS LINCOLN-KENNEDY
1.- Como primera "coincidencia" señalaremos el hecho, ya evidente, de que ambos, Lincoln y Kennedy, fueron presidentes de los E.U.A.

2.- Tanto Lincoln como Kennedy murieron asesinados: el presidente Lincoln fue asesinado en un viernes, y en un viernes fue también asesinado el presidente Kennedy.

3.- Todos hemos leído que el presidente Lincoln se hallaba disfrutando de una representación teatral acompañado de su esposa, en presencia de la cual fue asesinado. El presidente Kennedy estaba visitando Dallas, Texas y se hallaba en un automóvil con su esposa. El también disfrutaba de una representación, por escenario las calles de la ciudad, que era la aclamación del público.

4.- El presidente Lincoln fue herido de bala por la espalda mientras estaba sentado en un palco del teatro. El presidente Kennedy fue herido de bala por la espalda mientras estaba sentado en un automóvil.

5.- Un hombre llamado Johnson sucedió al presidente Lincoln. Johnson fue presidente después del presidente Lincoln; y en Texas, el presidente Kennedy fue asesinado y el vicepresidente Johnson juró como presidente de los E.U.A., a bordo de un avión que trasladaba de vuelta a la capital el cuerpo del presidente muerto y el del nuevo presidente vivo. Johnson, pues, es el nombre de ambos sucesores.

6.- El Johnson que sucedió al presidente Lincoln era demócrata del sur de los E.U.A., y Lindon Johnson, que sucedió al presidente Kennedy, también era demócrata del sur de Texas.

7.- Pero sigamos en esta lista de "coincidencias" con los Johnson. Ambos habían sido también miembros del Senado antes de ser presidentes.

8.- Lincoln fue elegido para desempeñar su cargo de presidente el año 1860. Eso puede también ser fácilmente comprobado en los libros de historia. Así Lincoln fue presidente en 1860, y he aquí otra "coincidencia": Kennedy fue presidente en 1960, cien años después.

9.- El sucesor de Lincoln fue Andrew Johnson. Andrew Johnson nació en 1808, y el Johnson que sucedió al presidente Kennedy nació en 1908.

10.- Lincoln fue asesinado por un individuo bastante extraño, un total resentido si hemos de creer las noticias que ahora son historia; y ese asesino de Lincoln fue John Wilkes Booth, nacido en 1839. Lee Harvey Oswald que, según afirmó, asesinó al presidente Kennedy, parece haber sido también un tipo de persona totalmente insatisfecha, un resentido, que frecuentemente se hallaba en dificultades. Nació en 1939.

11.- Booth fue asesinado antes de que pudiera comparecer ante un tribunal, lo mismo que Oswald, asesinado también mientras era conducido por la policía y antes de que pudiera comparecer ante el tribunal.

12.- Estas coincidencias que hemos visto se extienden no solo a los presidentes y a sus asesinos, sino también a sus esposas porque la señora de Lincoln, esposa del presidente Lincoln perdió un hijo durante su residencia en la Casa Blanca, y la señora de Kennedy, esposa del presidente Kennedy, perdió un hijo también durante su residencia en la Casa Blanca.

13.- Lincoln tenía un secretario, y ese secretario se llamaba Kennedy. El secretario Kennedy advirtió vivamente al presidente Lincoln que no fuera al teatro donde fue asesinado. El presidente Kennedy también tenía un secretario, y este se llamaba Lincoln. El secretario Lincoln advirtió al presidente Kennedy que no fuera a Dallas.

14.- John Wilkes Booth tiró contra el presidente Lincoln por la espalda mientras el presidente asistía a una representación de teatro y corrió a esconderse en un depósito. Lee Harvey Oswald tiró contra el presidente Kennedy desde un depósito y corrió a esconderse en un teatro. Si se lee cuidadosamente esto de nuevo se apreciará lo extraño que es: un asesino tira desde un teatro y se esconde en depósito; el otro, tira desde un depósito y se esconde en un teatro.

15.- L.I.N.C.O.L.N., son siete letras. si contamos K.E.N.N.E.D.Y., encontramos que también son siete letras.

16.- Si hacemos lo mismo con JOHN WILKES BOOTH hallaremos que son quince letras. Contando LEE HARVEY OSWALD tenemos también quince letras.

17.- Se cree que Oswald mató a Kennedy y que tenía cómplices. Nada de esto fue en realidad fehacientemente probado; es un asunto de evidencia, de indicios también que Booth mató a Lincoln, ya que nadie pudo probarlo. Lo mismo que con Oswald se afirmó que tenía cómplices, pero nadie probó de manera concluyente que Oswald matara a Kennedy y que tuviese cómplices. Encaremos esto lisa y llanamente: una evidencia de indicios señala tanto a Booth como a Oswald, pero ¿cuánto de lo que pudimos leer en la prensa era verdad y hasta qué punto se estaba prejuzgando y condenando a un hombre? En ninguno de los dos casos lo sabemos, y esa es otra de las coincidencias.

18.- Fue un individuo llamado Ruby, que era un tanto fanático, el que mató a Oswald frente a las cámaras de televisión: se adelantó bruscamente a la policía, apuntó con un revólver y apretó el gatillo. Boston Corbett también era un tanto fanático; él también creía que estaba haciendo lo justo cuando mató a John Wilkes Booth. En ambos casos estos dos hombres mataron al hombre sospechoso y acusado del asesinato de un presidente. Es, sin duda alguna, otra de las coincidencias de esta larga lista, el que en ambos casos el segundo asesino, Corbett y Ruby, obraran así respondiendo a excesiva lealtad para con sus respectivos presidentes, pero en realidad en ningún caso se estableció el motivo real.

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