domingo, 9 de julio de 2017

LA REVOLUCIÓN CONSCIENCIAL

                       Amigos: estamos en una era de grandes in­quietudes. Se hace necesario reflexionar pro­fundamente, revisar principios y poner orden en nuestra mente, con el propósito de orien­tarnos sabiamente, por la senda de la Revolu­ción de la Conciencia.
            La evolución y la involución, son dos leyes que trabajan en forma coordinada y armoniosa, en todo lo creado. Ambas, en sí mismas, cons­tituyen el eje mecánico de la naturaleza.
            Existe evolución en el grano que germina, en la planta que crece y se cubre de flores y de frutos. Existe involución en el árbol que pierde sus hojas, se marchita, decrece y por último se convierte en un montón de leños.

            Hay evolución en la criatura que se gesta dentro de la matriz, en el niño que crece y se desarrolla, en el joven, en el hombre maduro, tostado por el Sol. Existe involución en el an­ciano que caduca y al fin muere.
            Hay evolución en el mundo que surge del caos, con vida pujante y activa. Existe invo­lución en el planeta que caduca y que al fin se convierte en una nueva luna.
            Nosotros no negamos la Ley de la Evolu­ción, mas comprendemos que ni ella ni su her­mana gemela, la involución, podrían llevarnos a la autorrealización íntima del Ser. Cuando hacemos de la evolución un dogma, nos convertimos en criaturas retardatarias e inútiles. Así pues, los invito a una revisión completa de principios.
            En la naturaleza existen fenómenos extraordinarios, fenómenos que muchas veces, debidamente aprovechados, nos brindan la oportunidad de entrar por la senda de la Revolu­ción de la Conciencia.
            No está de más recordar lo que es un So­lioonensius. Sucede que el Cometa Solni, de cuando en cuando, se acerca dema­siado al Sol Baleooto y produce tensión en éste. Entonces, el mismo hace que nuestro Sol de Ors, también entre en tensión eléctri­ca tremenda, lo que de hecho estremece a todo nuestro sistema solar, incluyendo al Planeta Tierra. Eso es, exactamente, un Solioo­nensius.
            Recordemos el Solioonensius de 1.917, cuyo resultado fue la Revolución Bolchevique (en la Rusia). En el antiguo Egipto de los faraones, se recuerdan también dos Solioonensius que provocaron gigantescas hecatombes. Así pues, cada vez que viene un Solioonensius, se provocan desórdenes violentos, grandes holocaustos humanos y derramamiento de san­gre. El Solioonensius que provocó la Revolu­ción Francesa, trajo de hecho una gran reforma social, al mundo entero.
            El Solioonensius de 1.917 si bien es cierto que provocó la Revolución Bolchevique, tam­bién no es menos cierto que en la misma Rusia Soviética, surgieron grandes iniciados que fun­daron Escuelas de Regeneración. Así pues, todo Solioonensius puede ser utilizado para la Revolución de la Conciencia.
            El efecto del Solioonensius del 17, todavía se siente, y si bien es verdad que por estos tiem­pos hay caos, hambre, anarquía, desorden en el mundo, también no es menos cierto que ha surgido nuestro Movimiento Gnóstico revolucionario.
            Es bueno que se sepa, de una vez y para siempre, que nosotros los gnósticos hollamos la senda de la Revolución de la Conciencia. So­bre ella nos habló El Cristo en su Evangelio, cuando dijo: "Estrecha es la puerta y angosto el camino que conduce a la luz y muy pocos son los que lo hallan".
            Esto que estamos diciendo, mis estimables jóvenes gnósticos, no sería entendido jamás por aquellos que siguen la senda del "Buen Dueño de Casa". El Gran Kabir Jesús, refi­riéndose a estos últimos, dijo: "¡Hipócritas, fariseos, sepulcros blanqueados, perversa generación de víboras, que lo de afuera del plato y del vaso limpiáis, mas lo de adentro está lleno de suciedad". También los compara con aque­llos "sepulcros blanqueados": hermosos por fuera, pero (adentro) llenos de podredumbre y huesos de muertos.
            ¿Qué se entiende por el "Buen Dueño de Casa"? ¿Qué es lo que se debe comprender por "aquel que sigue el camino del Buen Dueño de Casa"? ¡Escuchad!: la senda del Buen Dueño de Casa, es la senda de los reacciona­rios, de aquellos que aborrecen la Revolución de la Conciencia, de la gente retardataria y regresiva.
            Nosotros los gnósticos, somos diferentes: hollamos un camino de rebeldía psicológica, porque sabemos que éste, en sí mismo, es el único que puede conducirnos a la liberación final.
            Todavía está en el ambiente el efecto, o los efectos del Solioonensius del 17, y nosotros de­bemos aprovechar tales efectos, tales vibracio­nes, no para meternos por la senda regresiva o reaccionaria, o simplemente anárquica y san­grienta, sino más bien por el camino de la Re­volución de la Conciencia.
            Amigos: es urgente comprender el estado en que nos encontramos actualmente. En los antiguos tiempos de la Lemuria, en aquellas épocas en que los ríos de agua pura de vida manaban leche y miel, la humanidad estaba gobernada por el Principio Fulasnita­miano. Tal principio daba, a los seres hu­manos, vida muy larga. Entonces, normalmente se podían vivir de diez a quince siglos; había tiempo más que suficiente para formar, en nosotros mismos, los Cuerpos Existenciales Su­periores del Ser. Hoy en día, todo es distinto: la humana es­pecie está ahora gobernada por el Principio Itoclanos, que es (ciertamente) un principio animal: se muere cuando menos se pien­sa, la existencia se ha acortado demasiado. En el Egipto de los Faraones, todavía se alcanza­ba a vivir hasta los ciento cuarenta años. En la Edad Me­dia, el promedio de existencia era entre los noventa y los ciento diez años, más ahora, en este momento, ya casi no se vive. Así pues, viviendo con el principio de la vida animal (Itoclanos), nuestras exis­tencias suelen ser efímeras. Si en la época de la Lemuria, cuando se vivía de acuerdo con el gran Principio Fulasnitamiano, ha­bía tiempo más que suficiente para crear los Cuerpos Existenciales Superiores del Ser y eliminar de nuestra naturaleza todo elemento inhumano, ahora todo es diferente; necesitamos, inevitablemente, trabajar en forma intensiva sobre sí mismos, con el propósito de auto­rrealizarnos rápidamente, porque la vida se ha vuelto demasiado breve. En este momento, apenas ya sí se llega a los sesenta o setenta años. ¡Se ha acortado la existencia en tal forma, que ya casi no se vive!
            Revisando pues, principios, estudiando nuestra posición en la vida, podemos verificar, por sí mismos, que la juventud es fugaz y que se marchita como una flor, en muy pocos años. Es pues necesario que los jóvenes gnósticos se hagan mas reflexivos.
            Cuando uno está joven, se siente tan fascinado por su misma juventud, que llega a olvidarse de la vejez. Cuando al joven se le habla sobre la ancianidad, considera a esta última como algo demasiado lejano, por lo cual (dicen) no vale la pena preocuparse. Sin embargo, los hechos son hechos: pasan los años rápidamente; cuando menos se piensa, he aquí que llega la vejez.
            Algunos jóvenes se han entusiasmado por la autorrealización íntima del Ser. Hay quienes han aceptado, con gusto, los principios de la Revolución de la Conciencia, mas, fascinados por la juventud, sólo se han venido a acor­dar de hacer el trabajo sobre sí mismos en el atardecer de sus vidas, ya muy tarde. Enton­ces, es claro que no han podido concluir la Obra; han tenido que aplazarla para una exis­tencia futura.
            Si los jóvenes se propusieran de verdad aprovechar el tiempo, podrían realizar todo el Gran Trabajo en una misma existencia, aquí y ahora. En estos momentos me viene a la memoria el caso de Bernard Entrevizano, el gran alquimista medieval. Este hombre comenzó joven, mas realizó el trabajo, hizo la Gran Obra. Si los jóvenes supieran aprovechar el tiempo, lograrían realizar toda la Gran Obra en esta misma existencia. Desa­fortunadamente, como ya dije, se dejan marear por el brillo hermoso de sus dieciocho, o veinte, o veinticinco años de edad.
            Quiero, por medio del presente cassette, invitar a la juventud gnóstica a una revolución. No se trata de una revolución de sangre y aguardiente, no. Quiero referirme en forma enfática, a algo mas grande: ¡A la Revolución de la Conciencia! Realizar la Gran Obra en sí mismos, es lo mas importante.
            Quiero deciros, en forma enfática, que si os dedicáis de verdad al Gran Trabajo, podréis (si así lo queréis) transformaros ahora mismo en Dioses terriblemente divinos, con poderes sobre el fuego, sobre el aire, sobre las aguas y sobre la tierra.
            Desafortunadamente el anticristo, por estos tiempos se ha hecho manifiesto y es obvio que tiene fascinadas a las multitudes. El anti­cristo existe dentro, en el fondo de cada criatura humanoide.
            Mucho se ha hablado sobre el Yo psico­lógico, mas hoy es necesario recordar al anticristo. Este, en sí mismo, está en la raíz del Ego, del mí mismo, del sí mismo. Es, por decirlo así, la reflexión, o el desvío, o la sombra antitética del Cristo Intimo, dentro de cada ser humano.
            Se nos ha dicho que el anticristo, la gran bestia del Apocalipsis, tiene siete cabezas y diez cuernos. Esto nos recuerda los siete pecados capitales: ira, codicia, lujuria, envidia, orgullo, pereza y gula. En cuanto a los diez cuernos, no está de más recordar la Rueda del Ar­cano 10 del Tarot: la rueda fatal del Samsara. Por eso se dice que "la gran bestia sube del abismo y va a perdición".
            Delante de la gran bestia se encuentra el "falso profeta": el Ego, la bestia de dos cuernos, que habla maravillas sobre el anticristo.
            Y bien, entendido esto (comprendido) de­bemos saber que el anticristo es el autor de tantas aparentes maravillas: bombas atómicas, cohetes que viajan a la Luna, máquinas de toda especie, etc., etc., etc. ¿Quién no se inclina ante la bestia, quién no la adora? Todos dicen: "¡No hay como la bestia!", y proster­nados la veneran.
            Así pues, la juventud no debe dejarse fasci­nar por todos los milagros engañosos de la gran bestia. Sabed, pues, que la falsa ciencia moderna deviene directamente del anticristo, pero es fascinante, y toda rodilla ante ella se doblega. Cuando alguien no se hinca ante la bes­tia, los demás le critican, considerándolo reaccionario, anticuado.
            Así pues, esta fascinación que produce la bestia es espantosa, y la gente se ha olvidado que existe la ciencia pura; la gente ha prefe­rido el podridero de teorías modernas y los milagros y prodigios engañosos del anticristo. Y éste es el peligro más grave para la juventud moderna, para la juventud gnóstica revolucio­naria.
            Los jóvenes deben aprender a utilizar todos los sistemas y medios de locomoción, de trans­porte etc., etc., etc., pero sin dejarse fascinar por los milagros del anticristo. No deben olvidar, los jóvenes, que hay una ciencia pura que está muy lejos de éste podridero de teorías modernas.
            Cuando uno se autorrealiza íntimamente, tiene derecho a penetrar en el anfiteatro de la ciencia pura. Entonces recibe el Elixir de Larga Vida y se inmortaliza con su cuerpo físico, pudiendo vivir más allá de lo normal, miles y millones de años.
            ¿Ha hecho alguna vez, acaso, el anticristo un suero que nos permita vivir millones de años? Sin embargo, el anticristo fascina, y por eso la juventud debe marchar con mucho cui­dado.
            Quien logre la autorrealización ín­tima del Ser, podrá transmutar el plomo en oro y conocer la Medicina Universal, con la cual podrá realizar curaciones sorprendentes.

Conferencia dictada el día 2 de Septiembre del año 1975.

                                                                           SAMAEL AUN WEOR

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