sábado, 16 de septiembre de 2017

EL MENSAJE DE ACUARIO Cap 14 y CAP 15

SEGUNDA PARTE EL LIBRO SELLADO
"IN IMNOBUS DEBEMOS SUBJICERE VOLUNTATEM NOSTRAM VOLUNTATIS DIVINAE"

CAPÍTULO XIV EL TRONO EN EL CIELO
D
espués de estas cosas miré, y he aquí una puerta abierta en el cielo (la puerta de la glándula pineal); y la primera voz que oí, era como de trompeta que hablaba conmigo, diciendo: Sube acá, y yo te mostraré las cosas que han de ser después de éstas. Y luego yo fui en espíritu: y he aquí, un trono que estaba puesto en el cielo, y sobre el trono estaba uno sentado (el Cordero).

Y el que estaba sentado, era al parecer semejante a una piedra de jaspe y sardio (el Hijo del Hombre es hijo de la piedra viva, y todos los Maestros son hijos de las piedras preciosas del Templo. La piedra cúbica de Jesod, es el sexo). Y un arco celeste había alrededor del trono, semejante en el aspecto a la esmeralda (la aureola de la Sabiduría; el Hijo del Hombre es el Espíritu de Sabiduría). Y alrededor del trono había veinticuatro sillas, y vi sobre las sillas veinticuatro ancianos sentados (los veinticuatro ancianos que gobiernan el zodíaco), vestidos de ropas blancas; y tenían sobre sus cabezas coronas de oro. Y del trono salían relámpagos y truenos y voces: y siete lámparas de fuego estaban ardiendo delante del trono, las cuales son los siete espíritus de Dios" (Ap. 4: 1-5).
Los veinticuatro ancianos existen en el macrocosmos y en el micro-cosmos: Arriba y abajo. En el firmamento del cielo, y en el firmamento atómico del hombre.
Los siete espíritus ante el trono existen arriba y abajo, en el firmamento del cielo y en el firmamento atómico del hombre. Tal como es arriba es abajo.
Así como hay un zodíaco en los cielos, así también en la tierra hay un zodíaco viviente.
Ese zodíaco es el hombre.
"Y delante del trono del Cordero (tanto en el cielo, como en el hombre), había como un mar de vidrio semejante al cristal (el Ens Seminis). Y en medio del trono, y alrededor del trono (que está arriba y abajo, en el universo y en el hombre) cuatro animales llenos de ojos delante y detrás (los cuatro animales que simbolizan toda la ciencia del Gran Arcano" (Ap. 4: 6).
"Y el primer animal era semejante a un león (el fuego sagrado); y el segundo animal,
semejante a un becerro (la sal, es decir, la materia); y el tercer animal tenía la cara como de hombre (el mercurio de la filosofía secreta, el Ens Seminis); y el cuarto animal, semejante a un águila volando (el águila volando representa el aire) (A p. 4: 7).
El fuego filosofal debe buscarse en el Ens Seminis.
Ese fuego en sus principios no es más que una exhalación seca y terrestre, unida a los vapores seminales. Cuando el sacerdote aprende a retirarse del altar sin gastar ni una sola gota del vino sagrado, entonces esa exhalación seca y terrestre se trasmuta en el rayo terrible del Kundalini. Al llegar a estas alturas recibimos la espada flamígera.
El Ens Seminis, fecundado por el fuego se convierte en maestro y regenerador del hombre. El fuego se alimenta con el aire vital, Prana o vida universal. Realmente, el fuego a base de tanto inhalarse y exhalarse durante el éxtasis supremo del amor, llega a convertirse en el rayo terrible, que subiendo por el canal medular abre las siete iglesias.
Tenemos que decapitar al yo, con la espada flamígera de la justicia cósmica.
"Y los cuatro animales (de la alquimia sexual), tenían cada uno por sí seis alas alrededor, y de dentro estaban llenos de ojos; y no tenían reposo de día ni de noche, diciendo: Santo, santo, santo, el Señor Dios Todopoderoso, que era, y que es, y que ha de venir" (Ap. 4: 8).
Este es el terrible arcano 6 del tarot. Recordad que cuando Moisés golpea con su vara la piedra filosofal, brota el manantial de agua pura de vida.
El hombre es el sacerdote y la mujer es el altar. El vino sagrado es el Ens Seminis, el agua pura de vida.
Recordad la serpiente de cobre de Moisés entrelazada en el Tau, es decir, en el Lingam generador. Recordad, buen devoto, la doble cola de la serpiente que forma las patas del gallo solar de los Abraxas. Todo el trabajo de la Gran Obra consiste en desprenderse de los anillos encantados de la serpiente seductora; domarla, vencerla, ponerle el pie sobre la cabeza y levantarla por el canal medular, para abrir las siete iglesias.
El arcano 6, es la lucha entre el espíritu y la bestia animal. El número seis representa la lucha entre Dios y el diablo. El antagonismo entre el amor y la pasión animal. Las seis alas de los cuatro animales están llenas de ojos que nos vigilan arriba y abajo, en el cielo y en el abismo.
"¡Ay de ti, Oh Guerrero, Oh luchador, si tu servidor se hunde!"
No derrames el vino sagrado de tu templo.
"Y cuando aquellos animales daban gloria y honra y alabanza al que estaba sentado en el trono (dentro del hombre y dentro del universo), al que vive para siempre jamás (el Cordero); los veinticuatro ancianos (en el macrocosmos y en el microcosmos), se postraban delante del que estaba sentado en el trono, y adoraban al que vive para siempre jamás, y echaban sus coronas delante del trono, diciendo: Señor digno eres de recibir gloria y honra y virtud, porque tú creaste todas las cosas, y por tu voluntad tienen ser y fueron creadas" (Ap. 4: 9-11).
Los veinticuatro ancianos del zodiaco del cielo, arrojan sus coronas a los pies del Cordero. Este acontecimiento se repite en el zodíaco hombre. Los veinticuatro ancianos atómicos del cerebro, arrojan sus coronas a los pies del Cordero. "Tal como es arriba es abajo". Todo lo que sucede en lo infinitamente grande, se repite en lo infinitamente pequeño.
El Cordero es unidad múltiple, perfecta. Hay tantos corderos en el cielo, como hombres en la tierra. Realmente cada hombre tiene su Cordero.
El Cordero no es el septenario teosófico. El Cordero es el rayo Logoico de donde dimana todo el septenario teosófico.
Cuando el íntimo abre las siete iglesias debe arrojar su corona a los pies del Cordero. El íntimo es el Espíritu, la Mónada, el Ser.
El Íntimo no es el Cordero. El íntimo emanó del Cordero.
Cuando el iniciado pronuncia la séptima palabra terrible del Gólgota, entrega su espíritu al Cordero y exclama: "Padre mío: En tus manos encomiendo mi espíritu" (Lucas 23: 6).

CAPÍTULO XV EL LIBRO SELLADO
sta noche los Hermanos del Templo hemos sufrido mucho por esa pobre humanidad que tanto adoramos. El cielo esta noche se ha vestido con negros y densos nubarrones.
Aleonadas nubes que el relámpago ilumina. Rayos, truenos, tempestades, lluvias y muy grande granizo.
Esta noche todos nosotros nos entramos por las puertas del templo, llenos de muy grande tribulación. Hemos sufrido mucho por la gran huérfana que tanto amamos.
¡Pobre humanidad! ¡Pobres madres! ¡Pobres ancianos!
Algunos hermanos nos hemos acostado en lechos de profundo dolor.
En el templo se representa un drama apocalíptico.
Los hermanos somos espectadores y actores simultáneamente de este drama sagrado.
Los sacerdotes ataron dos cosas: un niño y un libro. Sobre el pecho del niño apocalíptico resplandece el libro sellado. Las cuerdas de fino y cruel cáñamo envuelven el delicado y tierno cuerpo del hermoso niño de angustias y dolores. Las crueles ataduras pasan por sobre el libro sellado. El libro está sobre el inmaculado pecho del niño. Ese niño es nuestro hijo muy amado. Suplicamos, lloramos, pedimos misericordia, y entonces es libertado el niño de angustias y el libro sellado con siete sellos.
Ahora abrimos el libro y con él profetizamos a una mujer vestida de púrpura y escarlata.
Esa es la gran ramera cuyo número es 666, y con ella han fornicado todos los reyes de la tierra. La mujer nos escucha y dice: "Yo no sabía que ustedes podían profetizarme con ese libro" Nosotros entonces dijimos: "Venimos a profetizar y a Enseñar con este libro".
Así hablamos a la mujer vestida de púrpura y escarlata; y mientras hablamos con ella, cruzan por nuestra imaginación las imágenes de cinco montes. Esas son las cinco Razas que han habido. Cada raza termina con un gran cataclismo. Pronto terminará nuestra quinta raza.
"Y vi en la mano derecha del que estaba sentado sobre el trono un libro escrito de dentro y de fuera, sellado con siete sellos" (Ap. 5: 1).
"Y vi un fuerte ángel predicando en alta voz: ¿Quién es digno de abrir el libro, y de desatar sus sellos?. Y ninguno podía, ni en el cielo ni en la tierra, ni debajo de la tierra, abrir el libro, ni mirarlo" (Ap. 5: 3). Realmente ese libro sólo puede abrirlo el Cordero Encarnado.
"Y yo lloraba mucho, porque no había sido hallado ninguno digno de abrir el libro, ni de leerlo, ni mirarlo" (Ap. 5: 4).
"Y uno de los ancianos me dice: No llores. He aquí el león de la tribu de Judá (el Verbo iniciador de la Nueva Era Acuaria), la raíz de David, que ha vencido a la bestia (dentro de sí mismo), para abrir el libro y desatar sus siete sellos" (Ap. 5: 5). Eso lo ignora la humanidad, la Gran Ramera.
"Y miré, y he aquí en medio del Trono y de los cuatro animales y en medio de los Ancianos estaba un Cordero como inmolado, que tenía siete cuernos, y siete ojos, que son los siete espíritus de Dios enviados en toda la tierra (para trabajar de acuerdo con la Ley)" (Ap. 5: 6).
"Y él vino, y tomó el libro de la mano derecha de aquel que estaba sentado en el trono" (Ap. 5: 7).
"Y cuando hubo tomado el libro, los cuatro animales y los veinticuatro ancianos se postraron delante del Cordero, teniendo cada uno arpas y copas de oro llenas de perfumes, que son las oraciones de los santos. Y cantaban un nuevo cántico, diciendo: Digno eres de tomar el libro, y de abrir sus sellos; porque tú fuiste inmolado, y nos has redimido para Dios con tu sangre, de todo linaje y lengua y pueblo y nación" (Ap. 5: 8, 9). Realmente sólo el Cordero puede abrir el libro sellado.
"Y nos ha hecho para nuestro Dios (Interno) reyes y sacerdotes, y reinaremos sobre la tierra" (Ap. 5: 10). Realmente nuestro Dios Interno es el rey y el sacerdote.
"Y miré, y oí voz de muchos ángeles alrededor del trono (que está en los cielos y dentro del corazón del hombre), y de los animales y de los ancianos; y la multitud de ellos era millones de millones, que decían en alta voz: El Cordero que fue inmolado es digno de tomar el poder y riquezas, y sabiduría, y fortaleza, y honra y gloria y alabanza. Y oí a toda criatura que está en el cielo, y sobre la tierra, y debajo de la tierra, y que está en el mar, y todas las cosas que en ellos están, diciendo: Al que está sentado en el trono, y al Cordero, sea la bendición, la honra, y la gloria, y el poder, para siempre jamás" (Ap. 5: 11-13).
"Y los cuatro animales (de la alquimia sexual) decían: Amén. Y los Veinticuatro Ancianos cayeron sobre sus rostros y adoraron al que vive para siempre jamás" (Ap. 5: 14).
Realmente el Cordero Interno de cada hombre, es absolutamente perfecto y digno de toda honra. Los hombres no somos sino pobres sombras de Pecado. Algunas gentes dicen: "Yo creo en el yo quiero; así como en el yo puedo y en el yo hago". A esto llaman dizque ser positivo. La realidad es que estas personas están afirmando a Satán.
El Cordero no es el yo. El Cordero no es ningún yo superior, ni mucho menos ningún yo inferior. Cuando el Cordero dice "YO SOY", tradúzcase así: "ÉL ES", puesto que Él es el que está hablando, y no es hombre. El Cordero está desprovisto del yo, y de todo sello de individualidad, y de todo vestigio de personalidad.
Si tu Dios Interno es el dios de algún sol, el dios de alguna constelación, sed todavía más humilde porque tú no eres sino un pobre Bodhisattva, un pobre hombre más o menos imperfecto. No cometas el sacrilegio de decir: yo soy el dios tal, o el gran Maestro fulano de tal, porque tú no eres el Maestro. Tú no eres el Cordero. Tú sólo eres únicamente una sombra pecadora de aquel que jamás ha pecado. El yo está compuesto por los átomos del enemigo secreto. El yo quiere resaltar, subir, hacerse sentir, trepar al tope de la escalera, etc. Tú, reconoce tu miseria; adora y alaba al Cordero, desvanécete, refúgiate en la nada porque eres nadie. Así, por ese camino de suprema humildad, regresarás a la inocencia del Edém. Entonces tu alma se perderá en el Cordero. La chispa volverá a la llama de donde salió. Tú eres la chispa, el Cordero es la llama.
Y por esos días, cuando ya tu alma haya vuelto al Cordero, multiplica tu vigilancia; recuerda que el yo retorna como la mala hierba. Sólo el Cordero es digno de toda alabanza, y honra, y gloria.
No te dividas entre dos "yoes", uno superior y otro inferior. Sólo existe un solo yo. El llamado yo superior no es sino un refinado concepto del Satán. Un sofisma del yo.
No desees nada, mata todo deseo de vida. Recuerda que el yo se alimenta de todo deseo.
Besad los pies del leproso. Enjugad las lágrimas de tus peores enemigos, no hieras a nadie con la palabra. No busques refugio.
Resuélvete a morir en todos los planos de la conciencia cósmica. Entrega tus bienes a los pobres; dad la última gota de sangre por la pobre humanidad doliente; renuncia a toda felicidad y entonces el Cordero inmolado entrará en tu alma. Él hará en tu alma su morada.
Algunos filósofos afirman que el Cristo trajo la doctrina del "yo" porque dijo: "yo soy" el camino, la verdad y la vida" (Juan 14: 6). Ciertamente el Cordero dijo: "YO SOY".
Sólo el Cordero puede decir "YO SOY". Eso lo dijo el Cordero; pero esto no lo podemos decir nosotros (pobres sombras de pecado). Porque nosotros no somos el Cordero. Realmente la traducción exacta y axiomática de ese "YO SOY", pronunciada por el Cordero, es la siguiente: "ÉL ES el camino, la verdad y la vida". Él lo dijo, porque lo dijo "ÉL ES". Nosotros no lo dijimos, lo dijo ÉL, ÉL, ÉL.
Él vive en las profundidades ignotas de nuestro ser. "ÉL ES" el camino, la verdad y la vida. Él trasciende todo concepto del yo, toda individualidad, y cualquier vestigio de personalidad.
Realmente el Cordero que fue inmolado es digno de tomar el poder y riquezas, y,  sabiduría, y fortaleza, y honra, y gloria, y alabanza. Él es el único digno de abrir el libro y desatar sus sellos.
El Cordero es nuestro divino Augoides. Lo único verdaderamente grande y divino, es el Cordero Inmolado.


 SAMAEL AUN WEOR

No hay comentarios:

Publicar un comentario