Toda religión confesional tiene su centro de gravedad específico. Si estudiamos juiciosamente el budismo esotérico trascendental, podemos evidenciar que es demasiado abstracto, demasiado profundo, que pertenece a ciertos estados de Chesed; esto nos permite decir con pleno acierto, que el centro de la gravedad especifico de la Religión Budista es Kether, el Anciano de los Días, el Viejo de los Siglos.
Ahora bien, si analizamos la Religión Egipcia, o Náhuatl, Azteca, Maya, Zapoteca, Persa o Caldea, descubrimos el centro de gravedad específico en Jesod (ya sabemos entre paréntesis, que la Piedra Cúbica de Jesod es el sexo, y que tal Sephirote se halla ubicado en los órganos sexuales).
Más, si estudiamos cuidadosamente el esoterismo cristiano, descubrimos el centro de gravedad específico en Tiphereth, el Hijo del Hombre; y es a la luz de éste Sephirote como debemos nosotros tratar de comprender la mística del cristianismo auténtico.

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