Es conveniente que los hermanos Gnósticos no se olviden jamás de sí mismos. Cuando digo no olvidarse de sí mismos, esto tiene que ser debidamente comprendido.
Un
atleta, un deportista, parecería como si no se olvidara de sí mismo y sin
embargo está completamente olvidado de sí mismo.
Un
anacoreta, un ermitaño, viviendo en una caverna solitaria, pasando por grandes
ayunos, con su cuerpo lleno de cenizas, complicado por las penurias,
hambriento, entregado por completo a sus cuestiones esotéricas, parecería en
realidad de verdad, como si no se olvidara jamás de sí mismo, más en verdad
está totalmente olvidado de sí mismo. ¿Por qué? Porque ha olvidado su cuerpo
físico, porque no lo mantiene como debe ser.























