Compartí ayer, de entre los
recuerdos que nos trae Facebook, el Mensaje Consciencial titulado ¡APROVECHEMOS
EL TESORO DIVINO DE LA JUVENTUD! que escribí hace cuatro años.
Alguien que conozco hace mucho
pero que no veo por más de 22 años, de pronto apareció comentando algo al
respecto de mi texto, sin tener relación con lo publicado, pero que a manera de
intentar tentarme para que caiga en hábil trampa, resultó obteniendo las
respuestas que públicamente he expuesto, mismas que sirven para desenmascarar
tantas argucias infernales de las cuales se vale el diablo cínicamente
disfrazado de sotana.






















