Bueno, hermanos, vamos a empezar nuestra
plática de esta noche.
Ruego a todos poner la atención debida...
En todo caso,
el sentido de la plática de esta noche, significa que nosotros No debemos
dejarnos llevar de las apariencias, debemos no dejarnos fascinar por las
distintas escenas de la vida.
La vida es como una película; una película
compuesta, como es natural, por muchos cuadros y escenas.
No conviene, en modo
alguno, identificarnos con ningún cuadro, con ninguna apariencia, porque todo
pasa: pasan las personas, pasan las cosas, pasan las ideas.
Todo en el mundo es ilusorio; cualquier escena de la vida, por muy fuerte
que ella sea, pasa y queda atrás en el tiempo. Lo que nos debe interesar a
nosotros, es eso que se llama el «SER», la CONCIENCIA. He allí lo fundamental,
porque el SER no pasa; el SER es el SER y la razón de ser del SER, es el mismo
SER.
Cuando nosotros nos identificamos con las distintas comedias, dramas y
tragedias de la vida, es obvio que caemos en la fascinación y en la
inconsciencia del sueño psicológico. He allí el motivo por el cual no debemos
identificarnos con ninguna comedia, drama o tragedia, porque por muy grave que
sea, pasa. Hay un dicho vulgar que reza así: «No hay mal que dure cien años ni
cuerpo que lo resista». Así que, todo es ilusorio, pasajero...
Uno a veces, en la vida, se encuentra con algunos problemas difíciles.
Sucede que a veces no encuentra uno (en la vida, dijéramos) la salida, la
solución al problema, y éste se vuelve enorme, monstruoso ante nuestra Mente.
Entonces sucumbe uno entre las preocupaciones, y dice: «¿Cómo haré, que haré?»