martes, 10 de agosto de 2010

Cosmología Azteca

 Cosmología Azteca



Tonatiuh en el Códice Borgia









En el Códice Borgia, Tonatiuh está representado en su forma característica, pintado de rojo en el cuerpo y el rostro y con el pelo de color ígneo. Ciñe su cabellera un sartal de discos de piedras preciosas, entre los cuales inserta, en la delantera, una cabeza estilizada de pájaro.









Dos cintas chalchihuitl aparecen rematadas por plumas de águila. Dos extremos del sartal que ciñe la cabeza, sobresalen hacia delante, dos hacia atrás. Sobre su cabeza se extiende un penacho que termina en dos plumas de águila









En el tabique perforado lleva una varita de piedra preciosa; del hueco de su barra-orejera cuelga una cinta chalchiuitl. Un disco solar forma su adorno de cuello. Su taparrabo es el cuauhiuiyacamáxtlatl, cuyas puntas están guarnecidas de plumas de águila, como se ve en Tonacatecuhtli y Ten Xiuhtecuhtli, Dios del Fuego.









En los dos pasajes del Códice Vaticano (figs. 384 y 385), el dios no está dibujado con tanto esmero, pero sí con la misma claridad. Su rostro y su cuerpo están pintados de rojo, el pelo de color ígneo está rodeado de una correa adornada de piedras preciosas que ostenta en la frente una cabeza estilizada de ave.



Datos oficiales de la Piedra del Sol



Es considerado como un Cuauhxicalli (receptáculo o jícara de águila), lugar donde supuestamente se depositaban los corazones humanos para ofrendarlos a la Divinidad. Indudablemente, esto tiene un simbolismo muy profundo. En la época de esplendor de los antiguos mexicanos no existieron los sacrificios humanos. El sacrificio se refería a la necesidad de matar nuestras pasiones personales (ofrendar el corazón) para que pudiera expresarse la auténtica sabiduría, la espiritualidad en el ser humano.









Asombra la exactitud geométrica de esta joya de la antropología. No cabe duda de que los que lo diseñaron fueron grandes sabios y conocedores de las ciencias más puras. En sus jeroglíficos están señalados los días, meses, años, siglos, eras cosmogónicas, la historia de la humanidad, que data desde hace millones de años.









Pesa 24,5 toneladas, tiene un diámetro de 3,57 metros y está hecho en basalto de olivino.









Se dice que los aztecas recibieron de los toltecas el plano del calendario y la maqueta en el año 1094, siguiendo las indicaciones de Huitzilopochtli. Más tarde, Izcoatl ordenó que esta piedra se tallara, la que se logró terminar en el año de 1479, durante la regencia de Axayácatl, siendo colocada en el Templo Mayor.









Al darse la destrucción de los ídolos durante la conquista española, fue enterrada, para ser descubierta en 1790 y trasladada a la torre occidental de la Catedral Metropolitana de la Ciudad de México, donde permaneció hasta el año de 1885, y de ahí llevada al Museo de Antropología e Historia de México, donde permanece actualmente.









En su contorno el calendario tenía ocho estacas a las que estaban atados algunos cordeles. Estas estacas tenían un altura de 90 cm e iban clavadas en tierra, de manera que el calendario quedaba sostenido a estas en una forma horizontal, con su cara grabada mirando hacia arriba, hacia el sol. Los cordeles se entrecruzaban, por la parte grabada de la piedra, en forma de líneas rectas. De este juego de líneas aparecían algunas figuras que concordaban exactamente con la ya conocida Cruz de San Andrés (llamada también de Quetzlacoatl) y la Cruz de Malta. Las sombras coordinadas de estacas y cordeles e indicadores registraban el paso diario del Sol sobre la superficie de la piedra, marcando fechas precisas, horarios y espacios temporales.