miércoles, 22 de abril de 2015

PSICOLOGÍA REVOLUCIONARÍA cap xix y cap xx


CAPÍTULO XIX

EL BUEN DUEÑO DE CASA


Apartarse uno de los efectos desastrosos de la vida, en estos tiempos tenebrosos, ciertamente es muy difícil pero indispensable, de otro modo es devorado por la vida.

Cualquier trabajo que uno haga sobre sí mismo con el propósito de lograr un desarrollo anímico y espiritual, se relaciona siempre con el aislamiento muy bien entendido, pues bajo la influencia de la vida tal como siempre la vivimos, no es posible desarrollar otra cosa que la personalidad.

En modo alguno intentamos oponernos al desarrollo de la personalidad, obviamente ésta es necesaria en la existencia, más ciertamente es algo meramente artificial, no es lo verdadero, lo real en nosotros.


Si el pobre mamífero intelectual equivocadamente llamado hombre no se aísla, sino que se identifica con todos los sucesos de la vida práctica y derrocha sus fuerzas en emociones negativas y en auto-consideraciones personales y en vana palabrería insustancial de charla ambigua, nada edificante, ningún elemento real puede desarrollarse en él, fuera de lo que pertenece al mundo de la mecanicidad.

Ciertamente quien quiera de verdad lograr en sí el desarrollo de la Esencia, debe llegar a estar herméticamente cerrado. Esto se refiere a algo íntimo estrechamente relacionado con el silencio.

La frase viene de los antiguos tiempos, cuando se enseñaba secretamente una Doctrina sobre el desarrollo interior del hombre vinculada con el nombre de Hermes.

Si uno quiere que algo real crezca en su interioridad, es claro que debe evitar el escape de sus energías psíquicas.

Cuando uno tiene escapes de energía y no está aislado en su intimidad, es incuestionable que no podrá lograr el desarrollo de algo real en su psiquis.

La vida ordinaria común y corriente quiere devorarnos implacablemente; nosotros debemos luchar contra la vida diariamente, debemos aprender a nadar contra la corriente...

Este trabajo va en contra de la vida, se trata de algo muy distinto a lo de todos los días y que sin embargo debemos practicar de instante en instante; quiero referirme a la Revolución de la Conciencia.

Es evidente que si nuestra actitud hacia la vida diaria es fundamentalmente equivocada; si creemos que todo de marchamos bien, así por que si, vendrán los desengaños...

Las gentes quieren que las cosas les salgan bien, "así porque si", porque todo debe marchar de acuerdo con sus planes, más la cruda realidad es diferente, en tanto uno no cambie interiormente, gústele o no le guste será siempre victima, de las circunstancias.

Se dice y se escribe sobre la vida, muchas estupideces sentimentales, más este Tratado de Sicología Revolucionaria es diferente.

Esta Doctrina va al grano, a los hechos concretos, claros y definitivos; afirma enfáticamente que el "Animal Intelectual" equivocadamente llamado hombre, es un bípedo mecánico, inconsciente, dormido.

"El Buen Dueño de Casa" jamás aceptaría la Psicología Revolucionaria; cumple con todos sus deberes como padre, esposo, etc., y por ello piensa de sí mismo lo mejor, pero sólo sirve a los fines de la naturaleza y eso es todo.

Por oposición diremos que también existe "El Buen dueño de Casa" que nada contra la corriente, que no quiere dejarse devorar por la vida; empero, estos sujetos son muy escasos en el mundo, no abundan nunca.

Cuando uno piensa de acuerdo con las ideas de este «Tratado de Psicología Revolucionaria», obtiene una correcta visión de la vida.


CAPÍTULO XX

LOS DOS MUNDOS


Observar y observarse a sí mismo son dos cosas completamente diferentes, sin embargo, ambas exigen atención.

En la observación la atención es orientada hacia afuera, hacia el mundo exterior, a través de las ventanas de los sentidos.

En la auto-observación de sí mismo, la atención es orientada hacia dentro y para ello los sentidos de percepción externa no sirven, motivo éste más que suficiente como para que sea difícil al neófito la observación de sus procesos psicológicos íntimos.

El punto de partida de la ciencia oficial en su lado práctico, es lo observable. El punto de partida del trabajo sobre sí mismo, es la auto-observación, lo auto-observable.

Incuestionablemente estos dos puntos de partida renglones arriba citados, nos llevan a direcciones completamente diferentes.

Podría alguien envejecer enfrascado entre los dogmas transigentes de la ciencia oficial, estudiando fenómenos externos, observando células, átomos, moléculas, soles, estrellas, cometas, etc., sin experimentar dentro de sí mismo ningún cambio radical.

La clase de conocimiento que transforma interiormente a alguien, jamás podría lograrse mediante la observación externa.

El verdadero conocimiento que realmente puede originar en nosotros un cambio interior fundamental tiene por basamento la auto-observación directa de sí mismo.

Es urgente decirle a nuestros estudiantes Gnósticos que se observen a sí mismos y en que sentido deben auto-observarse y las razones para ello.

La observación es un medio para modificar las condiciones mecánicas del mundo. La auto-observación Interior es un medio para cambiar íntimamente.

Como secuencia o corolario de todo esto, podemos y debemos afirmar en forma enfática, que existen dos clases de conocimiento, el externo y el interno y que a menos que tengamos en si mismos el centro magnético que pueda diferenciar las calidades del conocimiento, esta mezcla de los dos planos u órdenes de ideas podrían llevarnos a la confusión.

Sublimes Doctrinas seudo-esotéricas con marcado cientificismo de fondo, pertenecen al terreno de lo observable, sin embargo son aceptadas por muchos aspirantes como conocimiento interno.

Nos encontramos pues ante dos mundos, el exterior y el interior. El primero de estos es percibido por los sentidos de percepción externa; el segundo sólo puede ser perceptible mediante el sentido de auto-observación interna.

Pensamientos, ideas, emociones, anhelos, esperanzas, desengaños, etc., son interiores, invisibles para los sentidos ordinarios, comunes y corrientes y sin embargo son para nosotros más reales que la mesa del comedor o los sillones de la sala.

Ciertamente nosotros vivimos más en nuestro mundo interior que en el exterior; esto es irrefutable, irrebatible.

En nuestros Mundos Internos, en nuestro mundo secreto, amamos, deseamos, sospechamos, bendecimos, maldecimos, anhelamos, sufrimos, gozamos, somos defraudados, premiados, etc., etc., etc.

Incuestionablemente los dos mundos interno y externo son verifícables experimentalmente. El mundo exterior es lo observable. El mundo interior es lo auto-observable en sí mismo y dentro de sí mismo, aquí y ahora.

Quien de verdad quiera conocer los "Mundos Internos" del planeta Tierra o del Sistema Solar o de la Galaxia en que vivimos, debe conocer previamente su mundo íntimo, su vida interior, particular, sus propios "Mundos Internos". "Hombre, conócete a ti mismo y conocerás al Universo y a los Dioses".

Cuanto más se explore este "Mundo Interior" llamado "Uno Mismo", tanto mas comprenderá que vive simultáneamente en dos mundos, en dos realidades, en dos ámbitos, el exterior y el interior.

Del mismo modo que a uno le es indispensable aprender a caminar en el "mundo exterior", para no caer en un precipicio, no extraviarse en las calles de la ciudad, seleccionar sus amistades, no asociarse con perversos, no comer veneno, etc., así también mediante el trabajo psicológico sobre si mismo, aprendamos a caminar en el "Mundo Interior" el cual es explorable mediante la auto-observación de sí.

Realmente el sentido de auto-observación de sí mismo se encuentra atrofiado en la raza humana decadente de esta época tenebrosa en que vivimos.

A medida que nosotros perseveramos en la auto-observación de sí mismos, el sentido de auto-observación íntima se irá desarrollando progresivamente.

 V.M. SAMAEL AUN WEOR.

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