sábado, 8 de agosto de 2015

LA GRAB REBELIÓN cap xiii y cap xiv


CAPÍTULO XIII   MEMORIA-TRABAJ0
Incuestionablemente cada persona tiene su propia Psicología particular, esto es irrebatible, incontrovertible, irrefutable.

Desafortunadamente las gentes nunca piensan en esto y muchos ni lo aceptan debido a que se hallan atrapados en la mente sensorial.


Cualquiera admite la realidad del cuerpo físico porque lo puede ver y palpar, empero la Psicología es cuestión distinta, no es perceptible para los cinco sentidos y por ello la tendencia general a rechazarla o simplemente a subestimarla y despreciarla calificándose de algo sin importancia.


Indubitablemente cuando alguien comienza a auto-observarse es señal inequívoca de que ha aceptado la tremenda realidad de su propia Psicología.

Es claro que nadie intentaría auto-observarse si no encontrara antes un motivo fundamental.


Obviamente quien inicia la auto-observación se convierte en un sujeto muy diferente a los demás, de hecho indica la posibilidad de un cambio.

Desafortunadamente la gente no quiere cambiar, se contenta con el estado en que vive.

Causa dolor ver cómo las gentes nacen, crecen, se reproducen como bestias, sufren lo indecible y mueren sin saber por qué.

Cambiar es algo fundamental, pero ello es imposible si no se inicia la auto-observación psicológica.

Es necesario empezar a verse a sí mismo con el propósito de auto-conocernos, pues en verdad el humanoide racional no se conoce a sí mismo.

Cuando uno descubre un defecto psicológico, de hecho ha dado un gran paso porque esto le permitirá estudiarlo y hasta eliminarlo radicalmente.

En verdad que nuestros defectos psicológicos son innumerables, aunque tuviéramos mil lenguas para hablar y paladar de acero no alcanzaríamos a enumerarlos a todos cabalmente.

Lo grave de todo esto es que no sabemos medir el espantoso realismo de cualquier defecto; siempre le miramos en forma vana sin poner en él la debida atención; lo vemos como algo sin importancia.

Cuando aceptamos la doctrina de los muchos y entendemos el crudo realismo de los siete demonios que Jesús el Cristo sacó del cuerpo de María Magdalena, ostensiblemente nuestro modo de pensar con respecto a los defectos psicológicos, sufre un cambio fundamental.

No está de más afirmar en forma enfática que la doctrina de los muchos es de origen Tibetano y Gnóstico en un ciento por ciento.

En verdad que no es nada agradable saber que dentro de nuestra persona viven cientos y miles de personas psicológicas.

Cada defecto psicológico es una persona diferente existiendo dentro de nosotros mismos aquí y ahora.

Los siete demonios que el Gran Maestro Jesús el Cristo arrojó del cuerpo de María Magdalena son los siete pecados capitales: Ira, Codicia, Lujuria, Envidia, Orgullo, Pereza, Gula.

Naturalmente cada uno de estos demonios por separado es cabeza de legión.

En el viejo Egipto de los Faraones, el iniciado debía eliminar de su naturaleza interior a los demonios rojos de SETH si es que quería lograr el despertar de la conciencia.

Visto el realismo de los defectos psicológicos, el aspirante desea cambiar, no quiere continuar en el estado en que vive con tanta gente metida dentro de su psiquis, y entonces inicia la auto-observación.

A medida que nosotros progresamos en el trabajo interior podemos verificar por sí mismos un ordenamiento muy interesante en el sistema de eliminación.

Uno se asombra cuando descubre orden en el trabajo relacionado con la eliminación de los múltiples agregados psíquicos que personifican a nuestros errores.

Lo interesante de todo esto es que tal orden en la eliminación de defectos se realiza en forma graduativa y se procesa de acuerdo con la Dialéctica de la Conciencia.

Nunca jamás podría la dialéctica razonativa superar la formidable labor de la dialéctica de la conciencia.

Los hechos nos van demostrando que el ordenamiento psicológico en el trabajo de eliminación de defectos es establecido por nuestro propio ser interior profundo.

Debemos aclarar que existe una diferencia radical entre el Ego y el Ser. El Yo jamás podría establecer orden en cuestiones psicológicas, pues en sí mismo es el resultado del desorden.

Solo el Ser tiene poder para establecer el orden en nuestra psiquis. El Ser es el Ser. La razón de ser del Ser es el mismo Ser.

El ordenamiento en el trabajo de auto-observación, enjuiciamiento y eliminación de nuestros agregados psíquicos, va siendo evidenciado por el sentido juicioso de la auto-observación psicológica.

En todos los seres humanos se halla el sentido de la auto-observación psicológica en estado latente, mas se desarrolla en forma graduativa a medida que vayamos usándolo.

Tal sentido nos permite percibir directamente y no mediante simples asociaciones intelectuales, los diversos yoes que viven dentro de nuestra psiquis.

Esta cuestión de las extra-percepciones sensoriales comienza a ser estudiada en el terreno de la Parapsicología, y de hecho ha sido demostrada en múltiples experimentos que se han realizado juiciosamente a través del tiempo y sobre los cuales existe mucha documentación.

Quienes niegan la realidad de las extra-percepciones sensoriales son ignorantes en un ciento por ciento, bribones del intelecto embotellados en la mente sensual.

Sin embargo, el sentido de la auto-observación psicológica es algo más profundo, va mucho más allá de los simples enunciados parapsicológicos, nos permite la auto-observación íntima y la plena verificación del tremendo realismo subjetivo de nuestros diversos agregados.

El ordenamiento sucesivo de las diversas partes del trabajo relacionadas con el tema este tan grave de la eliminación de agregados psíquicos, nos permite inferir una "memoria-trabajo" muy interesante y hasta muy útil en la cuestión del desarrollo interior.

Esta memoria-trabajo, si bien es cierto que puede darnos distintas fotografías psicológicas de las diversas etapas de la vida pasada, juntadas en su totalidad traerían a nuestra imaginación una estampa viva y hasta repugnante de lo que fuimos antes de iniciar el trabajo psico-transformista radical.

No hay duda de que jamás desearíamos regresar a esa horrorosa figura, viva representación de lo que fuimos.

Desde este punto, tal fotografía psicológica resultaría útil como medio de confrontación entre un presente transformado y un pasado regresivo, rancio, torpe y desgraciado.

La memoria-trabajo se escribe siempre a base de sucesivos eventos psicológicos registrados por el centro de auto-observación psicológica.

Existen en nuestra psiquis elementos indeseables que ni remotamente sospechamos.

Que un hombre honrado, incapaz de tomarse jamás nada ajeno, honorable y digno de toda honra, descubra en forma insólita una serie de yoes ladrones habitando en las zonas más profundas de su propia psiquis, es algo espantoso, mas no imposible.

Que una magnífica esposa llena de grandes virtudes o una doncella de exquisita espiritualidad y educación magnífica, mediante el sentido de la auto-observación psicológica descubra en forma inusitada que en su psiquis íntima vive un grupo de yoes prostitutas, resulta nauseabundo y hasta inaceptable para el centro intelectual o el sentido moral de cualquier ciudadano juicioso, mas todo eso es posible dentro del terreno exacto de la auto-observación psicológica.


CAPÍTULO XIV
COMPRENSIÓN CREADORA

El Ser y el Saber deben equilibrarse mutuamente a fin de establecer en nuestra psiquis la llamarada de la comprensión.

Cuando el saber es mayor que el ser origina confusión intelectual de toda especie.

Si el ser es mayor que el saber puede dar casos tan graves como el del santo estúpido.

En el terreno de la vida práctica conviene auto-observarnos con el propósito de auto-descubrirnos.

Es precisamente la vida práctica el gimnasio psicológico mediante el cual podemos descubrir nuestros defectos.

En estado de alerta percepción, alerta novedad, podremos verificar directamente que los defectos escondidos afloran espontáneamente.

Es claro que defecto descubierto debe ser trabajado conscientemente con el propósito de separarlo de nuestra psiquis.

Ante todo no debemos identificarnos con ningún yo-defecto si es que en realidad deseamos eliminarlo.

Si parado sobre una tabla deseamos levantar ésta para colocarla arrimada a una pared, no sería posible esto si continuáramos parados sobre ella.

Obviamente debemos empezar por separar a la tabla de sí mismos, retirándonos de la misma y luego con nuestras manos levantar la tabla y colocarla recargada al muro.

Similarmente no debemos identificarnos con ningún agregado psíquico si es que en verdad deseamos separarlo de nuestra psiquis.

Cuando uno se identifica con tal o cual yo, de hecho lo fortifica en vez de desintegrarlo.

Supongamos que un yo cualquiera de lujuria se adueña de los rollos que tenemos en el centro intelectual para proyectar en la pantalla de la mente escenas de lascivia y morbosidad sexual, si nos identificamos con tales cuadros pasionarios indubitablemente aquel yo lujurioso se fortificará tremendamente.

Mas si nosotros en vez de identificarnos con esa entidad, la separamos de nuestra psiquis considerándola como un demonio intruso, obviamente habrá surgido en nuestra intimidad la comprensión creadora.

Posteriormente podríamos darnos el lujo de enjuiciar analíticamente a tal agregado con el propósito de hacernos plenamente conscientes del mismo.

Lo grave de las gentes consiste precisamente en la identificación y esto es lamentable.

Si las gentes conocieran la doctrina de los muchos, si de verdad entendieran que ni su propia vida les pertenece, entonces no cometerían el error de la identificación.

Escenas de ira, cuadros de celos, etc., en el terreno de la vida práctica resultan útiles cuando nos hallamos en constante auto-observación psicológica.

Entonces comprobamos que ni nuestros pensamientos, ni nuestros deseos, ni nuestras acciones nos pertenecen.

Incuestionablemente múltiples yoes intervienen como intrusos de mal agüero para poner en nuestra mente pensamientos y en nuestro corazón emociones y en nuestro centro motor acciones de cualquier clase.

Es lamentable que no seamos dueños de sí mismos, que diversas entidades psicológicas hagan de nosotros lo que les viene en gana.

Desafortunadamente ni remotamente sospechamos lo que nos sucede y actuamos como simples marionetas controladas por hilos invisibles.

Lo peor de todo esto es que en vez de luchar por independizarnos de todos estos tiranuelos secretos cometemos el error de vigorizarlos y esto sucede cuando nos identificamos.

Cualquier escena callejera, cualquier drama familiar, cualquier riña tonta entre cónyuges, se debe indubitablemente a tal o cual yo, y esto es algo que jamás debemos ignorar.

La vida práctica es el espejo psicológico donde podemos vernos a sí mismos tal cual somos.

Pero ante todo debemos comprender la necesidad de vernos a sí mismos, la necesidad de cambiar radicalmente, sólo así tendremos ganas de observarnos realmente.

Quien se contenta con el estado en que vive, el necio, el retardatario, el negligente, no sentirá nunca el deseo de verse a sí mismo, se querrá demasiado y en modo alguno estará dispuesto a revisar su conducta y su modo de ser.

En forma clara diremos que en algunas comedias, dramas y tragedias de la vida práctica intervienen varios yoes que es necesario comprender.

En cualquier escena de celos pasionarios entran en juego yoes de lujuria, ira, amor propio, celos, etc., etc., etc., que posteriormente deberán ser enjuiciados analíticamente, cada uno por separado a fin de comprenderlos íntegramente con el evidente propósito de desintegrarlos totalmente.

La comprensión resulta muy elástica, por ello necesitamos ahondar cada vez más profundamente; lo que hoy comprendimos de un modo, mañana lo comprenderemos mejor.

Miradas las cosas desde este ángulo podemos verificar por sí mismos cuán útiles son las diversas circunstancias de la vida cuando en verdad las utilizamos como espejo para el auto-descubrimiento.

En modo alguno trataríamos jamás de afirmar que los dramas, comedias y tragedias de la vida práctica resultan siempre hermosos y perfectos, tal afirmación sería descabellada.

Sin embargo, por absurdas que sean las diversas situaciones de la existencia, resultan maravillosas como gimnasio psicológico.

El trabajo relacionado con la disolución de los diversos elementos que constituyen el mí mismo, resulta espantosamente difícil.

Entre las cadencias del verso también se esconde el delito. Entre el perfume delicioso de los templos, se esconde el delito.

El delito a veces se vuelve tan refinado que se confunde con la santidad, y tan cruel que se llega a parecer a la dulzura.

El delito se viste con la toga del juez, con la túnica del Maestro, con el ropaje del mendigo, con el traje del señor y hasta con la túnica del Cristo.

Comprensión es fundamental, mas en el trabajo de disolución de los agregados psíquicos, no es todo, como veremos en el capítulo siguiente.


Resulta urgente, inaplazable, hacernos conscientes de cada Yo para separarlo de nuestra Psiquis, mas eso no es todo, falta algo más, véase el capítulo dieciséis.
V.M SAMAEL AUN WEOR.

No hay comentarios:

Publicar un comentario