sábado, 20 de junio de 2015

LA GRAN REBELIÓN cap iii y cap iv

CAPÍTULO III

LA FELICIDAD


La gente trabaja diariamente, lucha por sobrevivir, quiere existir de alguna manera, mas no es feliz.

Esa de la felicidad está en chino -como se dice por ahí- lo más grave es que la gente lo sabe pero en medio de tantas amarguras, parece que no pierden las esperanzas de lograr la dicha algún día, sin saber cómo ni de qué manera.

¡Pobres gentes! ¡Cuánto sufren! Y, sin embargo, quieren vivir, temen perder la vida.

Si las gentes entendieran algo sobre Psicología revolucionaria, posiblemente hasta pensarían distinto; mas en verdad nada saben, quieren sobrevivir en medio de su desgracia y eso es todo.


Existen momentos placenteros y muy agradables, pero eso no es felicidad; las gentes confunden el placer con la felicidad.

"Pachanga", "Parranda", borrachera, orgía; es placer bestial, mas no es felicidad... Sin embargo, hay fiestecitas sanas sin borracheras, sin bestialidades, sin alcohol, etc., pero eso tampoco es felicidad...

¿Eres persona amable? ¿Cómo te sientes cuando danzas? ¿Estás enamorado? ¿Amas de verdad? ¿Qué tal te sientes danzando con el ser que adoras? Permitid que me vuelva un poco cruel en estos momentos al deciros que esto tampoco es felicidad.

Si ya estáis viejo, si no te atraen estos placeres, si te saben a cucaracha; Dispensadme si te digo que serías diferente si estuvieseis joven y lleno de ilusiones.

De todas maneras, dígase lo que se diga, bailes o no bailes, enamores o no enamores, tengas o no eso que se llama dinero, tú no eres feliz aunque pienses lo contrario.

Uno se pasa la vida buscando la felicidad por todas partes y muere sin haberla encontrado.

En la América Latina son muchos los que tienen esperanzas en sacarse algún día el premio gordo de la lotería, creen que así van a lograr la felicidad; algunos hasta de verdad se lo sacan, más no por ello logran la tan ansiada felicidad.

Cuando uno está muchacho, sueña con la mujer ideal, alguna princesa de las "Mil y Una Noches", algo extraordinario; viene después la cruda realidad de los hechos: Mujer, muchachitos pequeños que mantener, difíciles problemas económicos, etc.

No hay duda de que a medida que los hijos crecen, los problemas también crecen y hasta se tornan imposibles...

Conforme el niño o la niña van creciendo, los zapatitos van siendo cada vez más grandes y el precio mayor, eso es claro.

Conforme las criaturas crecen, la ropa va costando cada vez más y más cara; habiendo dinero no hay problema en esto, mas si no lo hay, la cosa es grave y se sufre horriblemente...

Todo esto sería más o menos llevadero, si se tuviese una mujer buena, más cuando el pobre hombre es traicionado, "cuando le ponen los cuernos", ¿de qué le sirve, entonces, luchar por ahí para conseguir dinero?

Desgraciadamente existen casos extraordinarios, mujeres maravillosas, compañeras de verdad tanto en la opulencia como en la desgracia, mas para colmo de los colmos entonces el hombre no la sabe apreciar y hasta la abandona por otras mujeres que le van a amargar la vida.

Muchas son las doncellas que sueñan con un "príncipe azul", desafortunadamente de verdad, las cosas resultan muy diferentes y en el terreno de los hechos se casa la pobre mujer con un verdugo...

La mayor ilusión de una mujer es llegar a tener un hermoso hogar y ser madre: "santa predestinación", empero aunque el hombre le resulte muy bueno, cosa por cierto muy difícil, al fin todo pasa: los hijos y las hijas se casan, se van o le pagan mal a sus padres y el hogar concluye definitivamente.

Total, en este mundo cruel en que vivimos, no existe gente feliz... Todos los pobres seres humanos son infelices.

En la vida hemos conocido muchos burros cargados de dinero, llenos de problemas, pleitos de toda especie, sobrecargados de impuestos, etc. No son felices.

¿De qué sirve ser rico si no se tiene buena salud? ¡Pobres ricos! A veces son más desgraciados que cualquier mendigo.

Todo pasa en esta vida: pasan las cosas, las personas, las ideas, etc. Los que tiene dinero pasan y los que no lo tienen también pasan y nadie conoce la auténtica felicidad.
Muchos quieren escapar de sí mismos por medio de las drogas o el alcohol, más en verdad no sólo no consiguen tal escape, sino lo que es peor, quedan atrapados entre el infierno del vicio.

Los amigos del alcohol o de la marihuana o del "L.S.D.", etc., desaparecen como por encanto cuando el vicioso resuelve cambiar de vida.

Huyendo del "Mí Mismo", del "Yo Mismo", no se logra la felicidad. Interesante sería "agarrar al toro por los cuernos", observar al "YO", estudiarlo con el propósito de descubrir las causas del dolor.

Cuando uno descubre las causas verdaderas de tantas miserias y amarguras, es obvio que algo puede hacer...

Si se logra acabar con el "Mi Mismo", con "Mis Borracheras", con "Mis Vicios", con "Mis Afectos", que tanto dolor me causan en el corazón, con mis preocupaciones que me destrozan los sesos y me enferman, etc., etc., es claro que entonces adviene eso que no es del tiempo, eso que está más allá del cuerpo, de los afectos y de la mente, eso que realmente es desconocido para el entendimiento y que se llama: ¡FELICIDAD!

Incuestionablemente, mientras la conciencia continúe embotellada, embutida entre el "MI MISMO", entre el "YO MISMO", de ninguna manera podrá conocer la legítima felicidad.

La felicidad tiene un sabor que el "YO MISMO", el "MI MISMO", nunca jamás ha conocido.


CAPÍTULO IV

LA LIBERTAD


El sentido de la Libertad es algo que aún no ha sido entendido por la Humanidad.

Sobre el concepto Libertad, planteado siempre en forma más o menos equivocada, se han cometido gravísimos errores.

Ciertamente se pelea por una palabra, se sacan deducciones absurdas, se cometen atropellos de toda especie y se derrama sangre en los campos de batalla.

La palabra Libertad es fascinante, a todo el mundo le gusta, sin embargo, no se tiene verdadera comprensión sobre la misma, existe confusión en relación con esta palabra.

No es posible encontrar una docena de personas que definan la palabra Libertad en la misma forma y del mismo modo.

El término Libertad, en modo alguno sería comprensible para el racionalismo subjetivo.

Cada cual tiene sobre este término ideas diferentes: opiniones subjetivas de las gentes desprovistas de toda realidad objetiva.

Al plantearse la cuestión Libertad, existe incoherencia, vaguedad, incongruencia en cada mente.

Estoy seguro que ni siquiera Don Emmanuel Kant, el autor de la Crítica de la Razón Pura, y de la Crítica de la Razón Práctica, jamás analizó esta palabra para darle el sentido exacto.

Libertad, hermosa palabra, bello término: ¡Cuántos crímenes se han cometido en su nombre!

Incuestionablemente, el término Libertad ha hipnotizado a las muchedumbres; las montañas y los valles, los ríos y los mares se han teñido con sangre al conjuro de esta mágica palabra.

Cuántas banderas, cuánta sangre y cuántos héroes han sucedido en el curso de la Historia, cada vez que sobre el tapete de la vida se ha puesto la cuestión Libertad.

Desafortunadamente, después de toda independencia a tan alto precio lograda, continúa dentro de cada persona la esclavitud.

¿Quién es libre?, ¿Quién ha logrado la famosa libertad?, ¿Cuántos se han emancipado?, ¡ay, ay, ay!

El adolescente anhela libertad; parece increíble que muchas veces teniendo pan, abrigo, y refugio, se quiera huir de la casa paterna en busca de libertad.

Resulta incongruente que el jovencito que tiene todo en casa, quiera evadirse, huir, alejarse de su morada, fascinado por el término libertad. Es extraño que gozando de toda clase de comodidades en hogar dichoso, se quiera perder lo que se tiene, para viajar por esas tierras del mundo y sumergirse en el dolor.

Que el desventurado, el paria de la vida, el mendigo, anhele de verdad alejarse de la casucha, de la choza, con el propósito de obtener algún cambio mejor, resulta correcto; pero que el niño bien, el nene de mamá, busque escapatoria, huida, resulta incongruente y hasta absurdo; empero esto es así; la palabra Libertad, fascina, hechiza, aunque nadie sepa definirla en forma precisa.

Que la doncella quiera libertad, que anhele cambiar de casa, que desee casarse para escapar del hogar paterno y vivir una vida mejor, resulta en parte lógico, porque ella tiene derecho a ser madre; sin embargo, ya en vida de esposa, encuentra que no es libre, y con resignación ha de seguir cargando las cadenas de la esclavitud.

El empleado, cansado de tantos reglamentos, quiere verse libre, y si consigue independizarse se encuentra con el problema que continúa siendo esclavo de sus propios intereses y preocupaciones.

Ciertamente, cada vez que se lucha por la Libertad, nos encontramos defraudados a pesar de las victorias.

Tanta sangre derramada inútilmente en nombre de la Libertad, y sin embargo continuamos siendo esclavos de sí mismos y de los demás.

Las gentes se pelean por palabras que nunca entienden, aunque los diccionarios las expliquen gramaticalmente.

La Libertad es algo que hay que conseguir dentro de sí mismo. Nadie puede lograrla fuera de sí mismo.
Cabalgar por el aire es una frase muy oriental que alegoriza el sentido de la genuina Libertad.

Nadie podría en realidad experimentar la Libertad en tanto su conciencia continúe embotellada en el sí mismo, en el mí mismo.

Comprender este yo mismo, mi persona, lo que yo soy, es urgente cuando se quiere muy sinceramente conseguir la Libertad.

En modo alguno podríamos destruir los grilletes de la esclavitud sin haber comprendido previamente toda esta cuestión mía, todo esto que atañe al yo, al mí mismo.

¿En qué consiste la esclavitud?, ¿Qué es esto que nos mantiene esclavos?, ¿Cuáles son estas trabas?, todo esto es lo que necesitamos descubrir.

Ricos y pobres, creyentes y descreídos, están todos formalmente presos aunque se consideren libres.

En tanto la conciencia, la esencia, lo más digno y decente que tenemos en nuestro interior, continúe embotellada en el sí mismo, en el mí mismo, en el yo mismo, en mis apetencias y temores, en mis deseos y pasiones, en mis preocupaciones y violencias, en mis defectos psicológicos; se estará en formal prisión.

El sentido de Libertad sólo puede ser comprendido íntegramente cuando han sido aniquilados los grilletes de nuestra propia cárcel psicológica.

Mientras el "yo mismo" exista la conciencia estará en prisión; evadirse de la cárcel sólo es posible mediante la aniquilación budista, disolviendo el yo, reduciéndolo a cenizas, a polvareda cósmica.

La conciencia libre, desprovista de yo, en ausencia absoluta del mí mismo, sin deseos, sin pasiones, sin apetencias ni temores, experimenta en forma directa la verdadera Libertad.

Cualquier concepto sobre Libertad no es Libertad. Las opiniones que nos formemos sobre la Libertad distan mucho de ser la Realidad. Las ideas que nos forjemos sobre el tema Libertad, nada tienen que ver con la auténtica Libertad.

La Libertad es algo que tenemos que experimentar en forma directa, y esto sólo es posible muriendo psicológicamente, disolviendo el yo, acabando para siempre con el mí mismo.

De nada serviría continuar soñando con la Libertad, si de todas maneras proseguimos como esclavos.

Más vale vernos a sí mismos tal cual somos, observar cuidadosamente todos estos grilletes de la esclavitud que nos mantienen en formal prisión.


Auto-conociéndonos, viendo lo que somos interiormente, descubriremos la puerta de la auténtica Libertad.
V.M. SAMAEL AUN WEOR

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