sábado, 24 de junio de 2017

EL PARSIFAL DEVELADO Cap 42 y Cap 43


CAPITULOXLII  EL DRAGÓN DE LAS TINIEBLAS
Después de las Bodas Alquímicas con esa mujer inefable que se llama GINEBRA, la Reina de los "JINAS", hube entonces de enfrentarme valerosamente al Dragón de las Tinieblas.
Ya dije en mi pasado capítulo que la Walkiria deliciosa, exige siempre de su adorable caballero, todo género de inauditos prodigios, de valor y sacrificio.
Entre el fuego abrasador del Universo, ciertamente no existen excepciones: Hasta las DAMAS ADEPTOS deben pelear en muchas batallas, cual épicas amazonas, cuando anhelan de verdad desposarse con el Bienamado (EL BUDDHI).


Yo pensaba que después de las Bodas Alquímicas con mi adorada, entraría de lleno en una paradisíaca luna de miel, ni remotamente sospechaba que entre las guaridas sumergidas del
Subconsciente, se escondiera el izquierdo y tenebroso Mara, el padre de las tres Furias clásicas.
Gigantesco monstruo de siete cabezas infrahumanas, personificando amargamente a los siete pecados capitales...
Yo del Yo, horripilante engendro del abismo dentro del cual estaba embotellado un buen porcentaje de mi conciencia.
Al escribir estas líneas no podemos dejar de recordar aquel versículo Apocalíptico que dice textualmente: "Y fue lanzado fuera el Gran Dragón, la serpiente antigua que se llama diablo y satanás, el cual engaña al mundo entero; fue arrojado a la tierra,y sus ángeles (los Yoes que constituyen el Ego), fueron arrojados con él".
Si Miguel Arcángel y sus luminosos ángeles de la Luz Divina libraron heroicas batallas contra el Dragón, ¿por qué habría yo precisamente de ser una excepción a la regla general?
¡Válgame Dios y Santa María!, pues hasta el mismo Budha Gautama Siddharta, hubo de librar espantosas guerras contra el Dragón horripilante MARA y sus tres asqueantes Furias.
No está de más transcribir aquí en forma oportuna, cierto versículo del evangelio Buddhista que a la letra dice: "MARA (El Dragón de las tinieblas), profirió las amenazas que inspiran el terror, y suscitó tal huracán, que los cielos se oscurecieron y el mar rugió y palpitó. Pero bajo el árbol de Budhi (la Higuera símbolo del sexo), el Bienaventurado permanecía tranquilo sin temer nada. El iluminado sabía que ningún mal podía acaecerle".
¡Ah!, si el Adepto pudiese exclamar: "Yo no soy el Dragón...", si pudiese decir: "Ese monstruo nada tiene que ver conmigo...".
Empero, está escrito claramente en el libro de todos los enigmas, que MARA es el MI MISMO, el SI MISMO, en sus estados de infraconsciencia más profunda.
Zeus desde el Olimpo, gobierna el mundo, y muchas veces hacen los Dioses lo que no se espera y lo que se aguarda no sucede, y el cielo da a los negocios humanos fin no pensado. Así ha acontecido ahora.
¿Pelear contra el Dragón después de la Boda? ¡Qué sorpresa Dios mío!, extraño es lo que me pasa...
Fácil es descender a los MUNDOS-INFIERNOS; pero no lo es tanto volver. ¡Allí está el duro trabajo! ¡Allí la difícil prueba!
Algunos héroes sublimes, pocos en verdad, han logrado el regreso triunfal. Bosques impenetrables separan al averno del mundo de la luz; y las aguas del pálido río, el Cócito, trazan repliegues laberínticos en aquella penumbra, cuya sola imagen estremece.
Y rugió la gran bestia espantosamente como cuando un león ruge y se estremecieron de horror las potencias de las tinieblas.
Cuando en el inmenso bosque silano, en la sombra espléndida del Taburno, dos toros de afilados cuernos corren enfurecidos uno contra otro para pelear, los humildes pastores espantados se retiran y como es apenas natural, todo el rebaño queda allí inmóvil y mudo de terror.
Ellos con todas sus fuerzas se van llenando de terribles heridas y con todo su peso se hunden sus afilados cuernos en la carne; sus cuellos y espaldas manan roja sangre purpurina y todo el bosque profundo retiembla con sus mugidos.
Igualmente el Dragón de las tinieblas y mi alma anhelante, corrían uno contra el otro protegiéndose con sus escudos y el abismo se llenaba de estruendo.
Júpiter el venerable Padre de los Divinos y de los humanos, tiene en equilibrio, contemplando la dura brega, los dos platillos maravillosos de su balanza cósmica, y depone sobre cada uno de ellos los destinos de los dos combatientes. ¿Cuál sucumbirá? ¿En qué parte pesará la muerte? El pérfido Mara se siente invulnerable en su audacia. La esperanza y el exceso de odio le agitan.
Empuña el monstruo con su siniestra mano la temible lanza de Longibus; tres veces intenta herirme en vano; desesperado arroja contra mí el Asta Santa; eludo el golpe de la dura pica; interviene en esos precisos instantes mi Divina Madre Kundalini; se apodera de la singular reliquia y con ella hiere mortalmente al abominable engendro del infierno.
El Dragón Rojo pierde poco a poco su gigantesca estatura, se empequeñece espantosamente, se reduce a un punto matemático y desaparece para siempre en el tenebroso antro...
Terribles son los secretos del viejo abismo, océano sombrío y sin límites, donde la noche primogénita y el Caos, abuelos de la naturaleza, mantienen una perpetua anarquía en medio del rumor de eternas guerras, sosteniéndose con el auxilio de la confusión.
El calor, el frío, la humedad, la sequía, cuatro terribles campeones, se disputan allí la superioridad y conducen al combate sus embriones de átomos que, agrupándose en torno de la enseña de sus legiones y reunidos en sus diferentes tribus, armados ligera o pesadamente, agudos, redondeados, rápidos o lentos, hormiguean tan innumerables como las arenas del Barca o las de la ardiente playa de Cirene, arrastrados para tomar parte en la lucha de los vientos y para servir de lastre a sus alas veloces.
El átomo a quien mayor número de átomos se adhiere domina por un momento. El Caos gobierna como árbitro, y sus decisiones vienen a aumentar cada vez más el desorden, merced al cual reina; después de él, es ostensible que en esas regiones sumergidas sublunares el acaso lo dirige todo.
Ante aquel abismo salvaje, cuna y sepulcro de la naturaleza, ante aquel antro que no es mar ni tierra, ni aire, ni fuego, sino que está formado de todos esos elementos, que, confusamente mezclados en sus causas fecundas, deben combatir del mismo modo siempre, a menos que el LOGOS creador disponga de sus negros materiales para formar nuevos mundos, ante aquel Tártarus bárbaro, el horripilante engendro abismal exhaló su último aliento.
Entonces sucedió algo insólito, maravilloso, extraordinario. Aquella fracción de mi conciencia antes embutida entre el cuerpo descomunal del abominable monstruo, regresó al fondo de mi alma...

CAPITULO XLIII  CONCLUSIÓN DE LOS TRABAJOS LUNARES
Después de haber reducido a polvareda cósmica a MARA, el padre de las tres Furias clásicas, hube entonces de enfrentarme valerosamente a las bestias secundarias del abismo.
El día terminaba lentamente; el aire delicioso de la noche invitaba a descansar de sus fatigas a los seres vivientes que pueblan la faz de la tierra, y yo sólo me preocupaba por sostener los combates del camino y de las cosas dignas de compasión que mi memoria escribirá sin equivocarse.
¡Oh Musas inefables! ¡Oh alto ingenio Divinal!, venid en mi auxilio ¡Júpiter, venerable Padre de los Divinos y de los humanos! inspírame para que mi estilo no desdiga de la naturaleza del asunto.
Interrumpió mi sueño profundo un trueno tan fuerte, que me estremecí como hombre a quien se despierta violentamente; me levanté y, dirigiendo una mirada en derredor mío, fijé la vista para reconocer el lugar donde me hallaba; vime en una casa solitaria junto al camino tenebroso.
Sentado en un tosco sillón junto a la ventana desde la cual bien podía contemplarse el escarpado sendero, evoqué entonces los tiempos idos...
Ciertamente en otras edades yo había estado allí en la mansión del abismo y ante el mismo camino...
Nada de esto me pareció nuevo; comprendí que estaba recapitulando misterios; levantándome de la silla, abrí la vieja puerta de aquella morada y salí caminando despacito... despacito por el camino solitario...
De una sola ojeada, y atravesando con la mirada un espacio tan lejano como es dable a la penetración de la vista espiritual, ví aquel lugar triste, devastado y sombrío...
El piso estaba húmedo y yo hube de detenerme intempestivamente ante cierto cable eléctrico que yacía tendido en el suelo...
¿Un cable de cobre cargado con alta tensión? ¡Qué horror!... y estuve a punto de pisarlo...
"Es preferible morir siendo libre, que vivir estando preso". Así clamó la voz del silencio en la noche del misterio...
Y yo que alarmado intentaba en esos precisos instantes retroceder, me sentí reconfortado.
Avancé resueltamente por aquellos parajes SUB-LUNARES a lo largo de la tortuosa senda abismal...
Vía horrenda entre las pavorosas entrañas de la Luna pálida; misterioso sendero del pasado gran día cósmico... ¡Cuántos recuerdos me traes!...
¡Ah sí!, yo estuve activo en el MAHAMVANTARA anterior y viví entre los Selenitas del
Mundo Lunar...
Ahora ese viejo Mundo Lunar es un cadáver y de los Selenitas no quedan ni sus huesos...
Hondas reflexiones conmovieron terriblemente las fibras más íntimas de mi alma mientras silente caminaba por aquel sendero sumergido...
Entretanto mi cuerpo planetario aquí en la Tierra, yacía en profundo reposo...
¿Es acaso raro que el alma se escape del cuerpo físico durante la meditación? ¿Soñar? ¡No!... Ha mucho tiempo dejé de soñar... quienes despiertan conciencia ya no sueñan...
¿AUTO-CONCIENCIA? Esta es una facultad diferente y yo la tengo porque estoy bien muerto...
¿CONCIENCIA OBJETIVA? Es obvio que si no la tuviese tampoco podría informar a mis amados lectores sobre la vida en los mundos superiores...
¿Estudios?... Sí y los hago fuera de mi cuerpo físico durante el Samadhí.
Empero, volvamos a nuestro relato querido lector y perdonad esta pequeña, pero importante
disgresión.
El escarpado sendero lunar virando sorpresivamente hacia la izquierda, penetró dentro de ciertas colinas muy pintorescas...
En ellas vi algo así como un parque nacional en día domingo; un abigarrado conjunto de humanas criaturas parecía disfrutar deliciosamente de la pradera...
Para solaz y entretenimiento de muchos, algunos vendedores ambulantes iban y venían aquí, allá y acullá vendiendo globos de colores...
Símbolo viviente de la vida profana, así lo entendí; empero es ostensible que quise vivir todo aquello con intensidad...
Estaba muy absorto en todo eso, contemplando las muchedumbres de siempre, cuando de
pronto, he aquí que algo insólito e inusitado sucede; me pareció como si de verdad el tiempo se detuviera un momento...
En esos instantes de terror surge de entre la maleza un lobo sanguinario que feroz y con mirada aviesa intenta en vano agarrar su presa; ante él huyen de la felina Parca despiadada algunas gallinas que cacarean...Extraordinaria simbología oculta: Ave de corral, pusilánime, cobarde, tímida. Lobo sanguinario, cruel, despiadado...
¡Pavor! ¡Terror! ¡Espanto!..., humanos estados sublunares de la infraconsciencia humana y yo que había muerto en mí mismo..., ignoraba la existencia de esos animales dentro de mis propios infiernos atómicos...
Afortunadamente jamás en la dura brega arrojé mi Pica Santa; gracias a mi Madre Divina
Kundalini he podido exceder a muchos en fuerza y habilidad con la lanza...
Habiendo caído ya los principales demonios abismales, viles representaciones de mis defectos infrahumanos, concluyeron épicamente mis trabajos lunares dando muerte con el asta santa a muchas otras bestias infernales.
No está de más decir que hube de recoger muy rico botín de guerra después de muchas cruentas batallas...
Quiero referirme con gran énfasis a aquellas múltiples gemas preciosas de mi propia conciencia embutidas entre los deformes cuerpos abismales.
La última parte del trabajo fue de carácter completamente atómico; no es nada fácil expulsar a las malignas inteligencias de entre sus habitáculos nucleares.
Esto es ciertamente lo que se entiende por transformar las aguas negras en blancas.
Ahora tales átomos se han convertido en vehículos maravillosos de ciertas inteligencias luminosas.
Chispas magníficas capaces de informarnos sobre las actividades del enemigo secreto...
Una noche de gloria tuve la honra más grande que se le pueda brindar a un ser humano: fui visitado por el CRISTO Cósmico. El Adorable traía un gran libro en su mano derecha como diciéndome: "Vais a entrar ahora en la esfera de Mercurio".
Al ver al Maestro no pude menos que exclamar diciendo: ¡Señor!, habéis llegado más pronto de lo que yo pensaba. Todavía no os aguardaba.
El Cristo vivo respondió dulcemente: "Yo a veces demoro en llegar cuando me toca venir en el mes de marzo. Tú tienes que seguir muriendo todavía".
"¿Cómo seguir muriendo todavía? ¡Sí! respondió el Adorable: Tenéis que seguir muriendo", repitió...
Lo que sucedió luego fue prodigioso. El Maestro se elevó lentamente hacia el sol de la media noche, desprendiéndose después un poco del astro Rey como para bendecirme y perdonar mis antiguos errores...

SAMAEL AUN WEOR

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